Hablemos del Estado

Hablemos del Estado
Por Jorge V. Ordenes L.
Según una encuesta de Latinobarómetro (de Santiago de Chile) realizada entre el 1° de septiembre y el 11 de octubre de 2008 y publicada en la revista inglesa The Economist del 13 de noviembre de 2008, más del ochenta por ciento de los 20217 latinoamericanos entrevistados en diez y ocho países incluyendo Bolivia manifestó su preferencia por un Estado nacional encargado de administrar las escuelas, los servicios de salud, agua y electricidad, las jubilaciones, las universidades, la industria del petróleo y afines; algo más del setenta por ciento de los encuestados se mostró a favor de que el Estado administrase las telecomunicaciones y el financiamiento de los partidos políticos. También la misma encuesta mostró preferencia, mayor que hace unos meses, porque la democracia alternativa y representativa de toda la población fuese la forma de gobierno preferida lo que va a contrapelo de lo que buscan el mandatario venezolano y el presidente constitucional de Bolivia.

O sea que el Estado en los países latinoamericanos debería tener una responsabilidad cada vez mayor en la conducción de prácticamente todos los servicios básicos lo que está bien siempre y cuando destaquemos la importancia de ver ¡de qué Estado estamos hablando! Si se trata de un Estado organizado, respetado, competente y democrático, o por lo menos en proceso de alcanzar estos goles, yo creo que podernos seguir abordando el tema con cierto grado de optimismo. Digo un Estado organizado y competente porque tiene que ver sobre todo con ¡el financiamiento! de lo que las colectividades esperan de sus respectivos Estados.

Para satisfacerlas, señores del Estado y sobre todo del Gobierno o sea del Poder Ejecutivo (PE), tiene que fluir dinero, cada vez más dinero sin inflación, idóneamente y con déficit financiable, al erario nacional y a las entidades que el pueblo quiere que administre un Estado hábil. Objetivo que solamente se consigue ¡ojo! sincronizando planes y esfuerzo con una creciente empresa privada que habrá de ser la que invierta capital, trabaje y se la deje trabajar dotándola rutinariamente de insumos como diesel, y que pague impuestos fiscalizados de A a Z que servirán para financiar los servicios básicos que espera y se merece la gente sobre todo la necesitada que en Bolivia puebla los llamados “movimientos sociales” sin excepción ni menos engaños ni corruptelas. Otro sí será hacer que la empresa estatal, como YPFB, rinda y genere recursos lo que, poniéndose la mano al pecho señores del Estado boliviano, está por verse sobre porque la corrupción cunde. De todas maneras y románticamente ¿cuenta el Estado boliviano con una empresa privada productiva y creciente capaz de coadyuvar el esfuerzo sobre todo en este momento, o sea a finales de 2008 y comienzos de 2009? No, no es el caso. ¿Por qué? Porque el Estado actual y su Poder más recalcitrante que es el PE han hecho y siguen haciendo todo lo posible por enemistarse con los países tradicionalmente importadores de productos bolivianos. Menos mal que la Unión Europea no ha cerrado sus puertas por el momento. O sea que vamos a contrapelo, entre otras cosas, de lo que piden las encuestas.

La verdad es que no ha habido forma, en lo que llevamos de república, de que los componentes del Estado, o sea los Poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo se avengan entre ellos de tal forma, y ellos con la realidad social del país, que cada uno pueda trabajar, o sea plantear sus problemas respectivos de modo que en concierto y en consulta con los otros dos, fortaleciéndose, se comience a edificar el Estado empezando con hacer que la Constitución, las leyes vigentes y los proyectos de leyes abarquen a toda la población incluyendo, insisto, a los que ahora se ha dado el conveniente motete de “movimientos sociales”, y ahí radica el mayor fracaso de lo que insistimos en llamar “la democracia boliviana” que ahora, más deformada que nunca, busca constituir a como dé lugar un “Legislativo” dizque unicameral dirigido por un PE dictatorial que intenta subyugar arbitrariamente. Nuestra barroca idiosincrasia tampoco ayuda.

En América Latina hoy algunos Estados (sobre todo Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela) están en proceso de imponer un tipo de izquierdismo a la Cubana que atropella los derechos constitucionales corroyendo, sobre todo en Bolivia y por el momento, la autoridad del Poder Judicial prácticamente desmantelado, y el Poder Legislativo prácticamente sitiado con premeditación, alevosía y ventaja.

El Gobierno actual está obnubilado de ideología de izquierda extrema que ostenta fines sin escatimar medios para lograrlos. De esto se ha venido escribiendo bastante y diciendo más tanto por los medios difusivos como en las conversaciones de cena y café. Y mientras el Gobierno esté obnubilado por desgracia no podrá alcanzar la categoría de organizado, respetable y competente que todos nos merecemos. Ante una realidad deformante con ésta, ¿de qué Estado podemos hablar en la Bolivia actual?

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