No hay “bien” que por mal no venga

No hay “bien” que por mal no venga
Por Jorge V. Ordenes L.
Las promesas del populismo iberoamericano son un dechado de bondades dirigidas a la gente pobre que tiende a engrosar por el momento ese populismo liderado por izquierdistas incluyendo teoristas europeos que hoy laminan oropeles que adornan con sus supuestos méritos. El problema mayor de éstos y los líderes duros del momento de Bolivia, Ecuador Nicaragua y Venezuela es que para dizque cumplir esas promesas tienen necesariamente que contar con un capitalismo internacional económicamente creciente que les permita sostener sus experimentos político-sociales de extrema izquierda… que los pobres no comprenden porque para éstos no es cuestión de comprender sino de que las promesas sigan viniendo en función a enunciadas nacionalizaciones y otros atropellos que en Bolivia se han traducido en un par de bonos y promesas de tierras, hoy en Pando, que menguan las ansias populistas de promesas de más “bien” pero nada más. Este experimento en probeta hueca resultará en una cuantiosa pérdida de recursos ya cantada por la disminución de la actividad económica por demás de observable, la creciente corrupción, el aumento del narcotráfico y la pérdida de tiempo lo que suma, a todas luces y en cualquier nomenclatura, un costosísimo MAL.

Me refiero a que los capitalismos de EEUU, Europa y Asia, hasta hace dos años prósperos, y la social democracia de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay están en recesión económica y en Argentina, además, en franca transición política. Y esto lógicamente viene haciendo más tortuoso el camino de los teoristas de izquierda y sus seguidores que incluso contaron con que los traspiés diseñados por ellos y fraguados por el Órgano Ejecutivo (ÓE), como el que armaron con el Departamento de Estado de un EEUU económicamente creciente que resultó en la expulsión de embajadores, iban dizque a favorecer al ÓE en base a la supuesta necesidad capitalista de EEUU de mantener sus intereses mineros en Bolivia y desarrollar otros en el orbe del gas natural, además de seguir combatiendo el narcotráfico. Pero la realidad ha sido otra causada en parte por la crisis financiera mundial, y porque la inversión estadounidense ha disminuido en Bolivia significantemente con la mina San Cristóbal haciendo de cencerro, tan allegado éste a algunos duros del ÓE que en su momento lo perifonearon como un “bien”. Pero los tiros van saliendo por culatas.

A lo anterior se añade la torpeza de buscar “dignidad” en el mantenimiento del ATPDEA como si el que te lo concedió y te lo pueda volver a conceder ¡fuera un sindicato! Se buscó otro fraguado “bien” que por desgracia resultó en el desempleo de miles de bolivianos inocentes muchos de los cuales habían puesto sus esperanzas en el ÓE. Otro tanto está ocurriendo con Perú que necesitamos como mercado más que nunca pero que el populismo cree que debe retar. ¡Increíble! Y todo porque lo ordenan los venezolanos a nulo costo para ellos. Una verdad es que ni queriendo los regímenes populistas podrán reemplazar el poder adquisitivo internacional o de importación de los países industriales ni ahora ni un en fututo pronosticable.

Las políticas a empellones de los gobiernos populistas hoy cuesta arriba y con triquiñuelas fueron caviladas, teorizadas y compiladas por europeos y sus turiferarios iberoamericanos durante los años 1990 en adelante, y hay escritos que lo comprueban, como la espuria constitución de Oruro diseñada por españoles incluso antes de enero de 2003. Pero el momento en que fue cavilada había un capitalismo septentrional y asiático saludable y fuerte que hoy ha dejado de ser. O sea que para cubanizar América Latina o una parte de ella la premisa izquierdista fundamental era que el capitalismo siguiera prosperando porque sólo así podía seguir explotando a los pobres no solamente de América sino del mundo. Y se le podía seguir vendiendo lo que compraba, por supuesto.

Está claro que un importante segmento de “prosperidad” capitalista estadounidense ha seguido comprando petróleo venezolano, dinero que permite al presidente de ese país ofrecer ayuda de todo tipo no solamente a Bolivia, Nicaragua, etc. sino también al seguramente enjuiciable ex presidente de facto de Honduras, Manuel Zelaya. Con ese dinero los cuatro populistas suramericanos han encandilado nada menos que a la Organización de los Estados Americanos (OEA) con un legalismo de conveniencia que esta OEA se ha tragado sin tomar en cuenta la infraganti intención de los líderes de estos cuatro países de buscar por todos los medios, entre otras cosas inconstitucionales, perpetuarse en el poder quebrantando así un elemental principio democrático. Se trata desde luego de un mal populista ¿realizable? No, no creo porque vivimos un momento de un capitalismo internacional alicaído y malhumorado, y ahí precisamente radica ¡el bien del mal!

Veremos cómo se porta la OEA en el caso del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, y su denuncia que pone en capilla al presidente Hugo Chávez.

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