Exceder el mandato

Por Jorge V. Ordenes L
El mandato concedido a los representantes de la Asamblea Constituyente tiene que ver con prepararse y organizarse para escribir una nueva Constitución y nada más. O sea que debería tratarse de un cometido edificante que de ninguna manera debería utilizarse para hacer otra cosa, como perder el tiempo hablando de fraccionar el país en base a descalabros raciales que, llevados al extremo lógico, sólo conduciría a la división del territorio en ocho millones de pedazos ya que por ese camino cada uno de nosotros tendría la prerrogativa de hacer de su genoma, diferentes a todos los demás, una sólida, solemne y “originaria” solicitud de territorio. Si ciertos señores informados a medias y/o mal informados, o informados en y por tendencias resentidas, rebuscan la razón racial ¿quién habrá de ser el que tire la primera piedra enarbolando esta o aquella “raza”? Tonterías. Bolivia ha sido constituida multiétnica y pluriculturamente lo que está bien para empezar y todos deberíamos saberlo incluyendo los de la Asamblea Constituyente. Para eso se les paga. También deberían saber los límites de su mandato.

Por otra parte cabe recordar a los Uyustos que pueblan los escaños del teatro de Sucre, que históricamente desde los griegos, romanos, europeos feudales, y europeos aristócratas, revolucionarios del siglo XVIII, europeos y americanos de la época moderna y posmoderna hicieron del racismo una manifestación completamente supeditada a las leyes y regulaciones que si bien se respetaron en grado diverso, a la larga se estamparon en las leyes modernas de todos los países que se respetan. La ignominia del nazismo en Alemania fue racial y quizá fue la muestra más clara de que con etnocentrismos no se llega a ninguna parte que no sea el crimen. Insisto, ambular solapadamente por temas raciales en la Asamblea Constituyente es salir del cause autorizado. Si a los asambleístas se paga con dinero público, lo que menos pueden hacer es respetar al pueblo y sujetarse a la comisión encomendada que no tiene nada que ver con “refundar” el país ni menos refundirlo despedazándolo.

En primer lugar lo de “multiétnico” de la Constitución es aceptable en la medida en que describe el mestizaje que ha habitado y habita el territorio nacional desde antes de 1825, lo que impide que nadie de los aymaras, quechuas, lecos, pakawaras, araonas, baurés, weenhayeks, tapetes, y docenas de otros puedan reclamar pureza étnica. Lo pluricultural se va también por ahí. Y ahí termina el asunto. Cuestión que más se presta a una interpretación folklórica y quizá turística que de ninguna manera ofrece fundamento alguno para organizar nada que no sea folklórico y turístico.

Que lo racial y lo cultural para muchos van de la mano es cierto. Pero obligar a rezar el padrenuestro en aymara a los alumnos de primaria no aymaras de Santa Cruz es atrabiliario porque el aymara nunca ha sido un idioma nacional, ni mucho menos. Con que todo Bolivia lo rece, si lo reza, en castellano sería una gran cosa porque con el castellano quizá lleguemos a entendernos entre multiétnicos y pluriculturales. Tratar de imponer una regulación atrabiliaria también es exceder autoridad. Tal es por desgracia la idiosincrasia que abunda en la Asamblea Constituyente. Por favor, exceder autoridad no lleva a ninguna parte. Más de media Bolivia hoy se opone a que los aymaras y quechuas que pululan en los estratos del poder hagan lo que les venga en gana. No están solos ni nunca lo han estado. Hacer de la verdad una mueca es estulto.

Todos sabemos que la cuestión surgida en Sucre la semana pasada tiene la inequidad económica y la pobreza de la mayoría de la población como trasfondo. En el caso de este gobierno y sus huestes (cada vez más descontentas y hasta fraccionadas) se trata de una cuestión ideológica acarreada a medias que, entre otras cosas dizque socialistas, busca quitar al boliviano que tiene activos en vez de hacer producir al que no tiene lo que es, insisto, un cometido económico que debería identificarse como tal y no disfrazarlo de otra cosa. He ahí la madre del cordero que la Asamblea Constituyente debería acatar con nombre y apellido a efectos de redactar un borrador de Constitución que se someta al veredicto de todas las “etnias” de modo que sirva de fundamento de lo que se debe hacer para sacar el país adelante sobre todo ahora que las “nacionalizaciones” están comenzado a provocar la reacción extranjera.

La ley hoy, empezando por la Constitución, es o debería ser el elemento aglutinante de o entre “etnias”. Que unas “etnias” históricamente han abusado de otras “etnias” no cabe duda. Pero que éstas recurran al revanchismo camuflado es inadmisible. Lo admisible es acatar la ley. Con excesos de autoridad lo único que conseguimos es soslayar la verdad. Y la verdad es, hoy, la pobreza de Bolivia que merece atención preferencial lo que significa, entre otras cosas, trabajar seriamente en la redacción de una ley fundamental que se llama Constitución. Lo demás es demagogia.

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