Los dos tercios

Los dos tercios
Por Jorge V. Ordenes L.
Los dos tercios del voto para aprobar cada uno y todos los asuntos de la Asamblea Constituyente y sus comisiones es el último tubo de oxígeno que todavía da vida a la comatosa legalidad de la democracia boliviana. Insistir en los dos tercios del voto no solamente significa salvar el único y último nexo con la salubridad electoral, sino que también significa salvar la única vía de incorporación legal de la autonomía departamental a la nueva Constitución. Es precisamente el voto de los dos tercios y su pronta implementación que viene a ser el mejor antídoto del voto de mayoría simple que quiere imponer la propuesta oficial en Sucre. Ese antídoto debemos utilizar con toda legalidad, insistencia y serenidad ante los ímpetus totalitarios de los que buscan arrebatarnos Bolivia en nombre de un totalitarismo que de cuerdo no tiene nada y de enloquecido tiene todo. Increíble.

Quebrantar el esquema de los dos tercios significa entregar el país a un centralismo demente y vengativo que provocaría violencia y hasta una guerra civil entre dizque “K’haras” por un lado y aborígenes occidentales por otro. De ganar ellos, y según postulados escritos de la plana mayor del Gobierno, si ciertos, significarían dar por terminada la era del castellano, el cristianismo, la democracia, el boliviano como moneda, los nombres de ciudades, la poblaciones, la calles y plazas, el carnaval, la semana santa, el himno nacional, los himnos departamentales, la bandera nacional y las departamentales, etc. También significa echar abajo todos nuestros monumentos y símbolos patrios incluyendo la obra de Bolívar y Sucre (qué diría Chávez con su preferencia por lo bolivariano) para reemplazarlos con símbolos presuntamente andinos. No dicen que harán con la música pentatónica que siempre ha sido una de las muestras más significantes de nuestra simbiosis cultural. Hasta la rueda y la mula tendrían que erradicarse. Ni hablar de vacunas, penicilinas y condones, todo tendría que volver a como estaba en 1532. Ridículo.

Lo curioso es que los individuos más recalcitrantes del Gobierno central, muchos de ellos “K’haras” de raza, creen que todavía pueden imponer en Bolivia lo que algunos de ellos bautizan como “redistribución del poder simbólico” y “reemplazo de todo lo individual por lo colectivo”, entre otras ideas que por lo alocadas, si ciertas, deben llamar la atención al colectivo nacional e internacional incluyendo a los “originarios” de la Media Luna, y personas como Raúl Castro y Hugo Chávez.

A propósito, los Castro en Cuba nunca han querido redistribuir ningún “poder simbólico”. O sea que no se han ido por las ramas de las ideologías de izquierda. Han confiscado, limitado la libertad de reunión, expresión y movimiento, y lo han hecho a sangre y fuego durante medio siglo a costa de millones de emigrados, encarcelados y postergados. Pero ahora Raúl Castro reconoce que el poder tiene que pasar a otra gente que probablemente inicie un proceso de cambio en Cuba, lo que deja huérfanos ideológicamente a los redistribuidores del “poder simbólico” de Bolivia. Hugo Chávez depende en una gran medida de la gran industria privada venezolana para ofrecer empleo y pagar impuestos, etc. O sea que los condenadores de “K’haras”, y de lo que estos supuestamente representan, lucubran por escrito pero no piensan. Y todo dizque en nombre de “los andinos” que por desgracia no parecen haberse percatado del aprovechamiento de que están siendo objeto. El día que se percaten, los Andes tronarán como en sus mejores épocas.

Por otro lado los genios del Poder boliviano actual vienen enunciando por internet y quizá por otros medios que Bolivia debe regresar a lo precolombino. Pero no dicen a qué época porque, por si no lo han descubierto, la cuestión andina es más compleja de lo que ellos exponen. Para su información, duró alrededor de 1700 años que ahora sabemos conllevó docenas de alteraciones profundas no solamente desde el punto de vista del “poder simbólico” sino del poder mitológico que por donde se analice es más importante y profundo que cualquier asunto simbólico. Por ejemplo, para el estudioso serio de lo andino el mito de la Llama astral es más importante que el mundano símbolo de la wippala, el “poncho rojo”, o el látigo. El periodo incaico duró menos de 100 años, y no fue el más representativo de lo andino ni mucho menos.

Quebrantar el voto de los dos tercios significaría la opresión de los K’haras por orden de los andinos de modo que los papeles dizque se reviertan y los K’haras hagan de servidumbre de los otros. Sabemos que en Bolivia no tenemos los mejores manicomios del mundo, pero sí tenemos en este momento los mayores ¡enajenados! Lo único que podría salvarse es la inocencia de su Excelencia, el Presidente, que bien puede resumirse en el dicho: “es fácil sacar un campesino del campo pero es imposible sacar el campo de un campesino” lo que no tiene nada de malo pero sí de vulnerable.

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