Hacar revolución en democracia

enero 28, 2007

Hacer revolución en democracia
por Jorge V. Ordenes L.
El Gobierno de Bolivia o por lo menos una parte de sus ejecutores y ex ejecutores están empeñados en tratar de persuadirnos de que buscan una “profunda revolución”en función de, y en base a, la democracia. Vivimos esa democracia precariamente pero la tenemos lo que no deja de ser una gran cosa. Ahora, ¿es posible hacer tal “revolución” a favor de los pobres del occidente del país? No, no porque muchos no entendemos lo de querer hacer profundas revoluciones en ninguna región de Bolivia sin el consentimiento de la mayoría de la población de todo el país. Proceder de otra manera es atentar contra la democracia y por lo tanto contra la dicotomía muy boliviana y actual de “revolución”en democracia.

Para empezar podemos decir que todas las regiones están más representadas que no representadas en el Congreso Nacional que, por más informal que parezca, acaba de elegir al presidente del Senado en forma democrática, por lo menos así parece. Tal elección fue su momento menos informal de los pasados doce meses. ¿Perdieron los revolucionarios del Gobierno? No, ganaron. ¿Por qué? Porque el consenso, y el voto, al que solo se llega con y en democracia ¡triunfó! Triunfó la parte básica de la ecuación, o sea la parte que sostiene a la otra; es decir, la democracia sostiene la revolución y no viceversa, y ahí radica el quid de la cuestión. Por ese quid urge destacar que pensar que Bolivia está compuesta solamente de las etnias aymara y quechua, como se colige por discursos y acciones de los miembros de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, es erróneo. No es democrático y por lo tanto no es “revolucionario”.

Al respecto, algunos de nosotros creemos que si los objetivos de la “revolución” se hicieran menos chabacanos, menos hablados, y más ejecutivos y pertinentes a la democracia que, digamos, el Anteproyecto de ley de la educación “Avelino Siñani y Elizardo Pérez”, los resultados serían mejores y menos dilatados. Tampoco vale la pena hablar de los beneficios para Bolivia de la “nacionalización” de la industria del gas si no se dice clara y definitivamente cuánto percibirá Bolivia después de pagar todas las prestaciones que las compañías han negociado exitosamente con el Gobierno. Por favor, la democracia por más revolucionaria que sea demanda más respeto a la moralidad y al pueblo, que a la ambición bullanguera. Esto me recuerda lo del “derecho al chamboneo” que mentaba un humorista colombiano cuando hace un cuarto de siglo López Michelsen subía a la presidencia.

Entender esto por desgracia escapa de la circunstancia política de un buen número de jerarcas. y ex jerarcas. Por eso los cambios de gabinete, por eso el anuncio del desarme de los ponchos rojos, y por eso la débil flexibilidad de votación en eso de los dos tercios versus mayoría simple de los delegados de la “Asamblea Constituyente”, que la precaria voluntad democrática mantiene. De todas maneras lo menos precario es que la cosa bulle pero no quema. Sobre todo no quema la democracia aunque bien traspirada está.

Otra cosa, discursear casi cinco horas es cuestión caribeña. El gobierno que procede con lo que tiene, delega. Y si delega, organiza. Y si organiza, hace. Y lo que se haga se verá. Lo veremos todos y ahí sí aplaudiremos. Obras son amores y no buenas razones que por lo general no convencen a nadie. Solo encandilan a los buscadores de dádivas de 50 bolivianos que dizque reciben por bloquear y/o asaltar y hasta ¡matar” en nombre de “movimientos sociales” que más rompen la dicotomía revolución-democracia que otra cosa. Malo, malo.

Lo antológico y una forma de romper la democracia fue la histórica declaración, posiblemente honesta y por lo tanto reveladora y revolucionaria a la mala, por lo inconstitucional, de uno de los que se fue molesto del Poder Ejecutivo. Dijo que “la tendencia al consenso frenará el proyecto de transformación” Lo que viene a ser absolutamente revelador de lo que más preocupa a la mayoría de los bolivianos, y es que este Gobierno o por lo menos algunos de este Gobierno no quieren una revolución en y por la democracia, sino que buscan ¡imponerse! Ese señor no solamente tenía, o todavía tiene, la convicción de imponerlo sino que también tiene la inocencia de admitirlo. Menos mal. De un tiempo a esta parte todos tenemos derecho al chamboneo.

Para concluir, si la democracia auspicia o permite la revolución como vía de mejoramiento, ¿para qué llamarla revolución?. ¿Acaso no se trataría de política de progreso a favor de los pobres de Occidente y de otras regiones? ¿Acaso alguien se opone a que el Altiplano y regiones aledañas tengan más y mejores caminos, escuelas, hospitales y sobre todo el sentimiento de que todos los demás bolivianos estamos dispuestos a poner el hombro en un cometido no solamente esperado por todos sino muy merecido. Para dar empleo y mejorar condiciones de vida se necesitan más recursos que discursos, buena voluntad y persistencia.


Un mundo no es el mundo

enero 19, 2007

Un mundo no es el mundo
por Jorge V. Ordenes L.
Una característica persistente aunque zigzagueante de los grupos que gobiernan Bolivia en este momento es que están persuadidos de que su mundo es el mundo, lo que es un error. A propósito,
de la persuasión pocos o quizá ninguno de ellos pasa al convencimiento porque prácticamente todos están aprendiendo que no toda la carga se arregla en el camino ni mucho menos, y que las metidas de pata cuestan hoy y costarán sobre todo en la historia del país. Vaticino que ese mundo no tardará en pasar las primeras facturas que a más de uno no solo costará el cargo sino el prestigio y otras cosas. Es fácil hacer el ridículo así como es difícil salir de él. Mire usted, señor lector, la historia reciente de Bolivia y verá que las cosas han cambiado de siglas y de cariz, pero no de sustancia. Los viejos vicios persisten en medio de espejismos, promesas, y usufructo despiadados de la ignorancia y la pobreza de muchos bolivianos. Las muertes y los heridos causados por este histrionismo son, por desgracia, el comienzo de un vía crucis más abultado que por razones repetitivas estamos conminados (¿condenados?) a sufrir. Ojala me equivoque.

Decía que lo de “su mundo es el mundo” es un error porque se trata de una postura antidemocrática y, como si fuera poco, inviable. Por qué. Porque pregonando democracia y actuando antidemocráticamente o arbitrariamente es autoeliminante; es decir, la antidemocracia o la imposición de cualquier mundo en un mundo como el boliviano, multiétnico, pruricultural, pluriansioso, pluricereblal, multipreocupado, plurinecesitado, pluriconfuso, y pluri varias cosas más, siempre propenderá al conflicto antidemocrático autodestructor que, en el caso del actual Gobierno de Bolivia, significa pugna y hasta violencia entre los mismo grupos gobernantes que sufrirán los embates de sus propias fórmulas. “Cría cuervos que te quitarán los ojos” reza el adagio castellano, que no sé cómo se dirá en aymara o quechua que para el caso no importa. Y en el proceso pagamos y sufrimos todos, claro, incluyendo aymaras, quechuas y otros respetables bolivianos.

Aquí el elemento “imposición” es el bastidor del desacierto antidemocrático que refiero. El problema mayor de este proceso es su altísimo costo porque una vez que pasen los temporales, digamos en un año o dos, habrá que empezar de nuevo. Quizá la experiencia sirva como recordatorio de los políticos que vengan después que “imponer” cualquier cosa, sobre todo en las sufridas sociedades bolivianas, no va con nada ni con nadie. Ya no. La imposición usando colectividades azuzadas por pregones de venganza y “justicia social” es una forma infantil de hacer las cosas. Bolivia no es Venezuela ni menos Cuba. Venezuela tiene una historia dura y larga de gobiernos irresponsables con los pobres, de ahí que millones de ellos voten por Hugo Chávez en forma esperanzada y enceguecida. Cuba ha sido hecha y mantenida hasta hoy en gran medida por los errores de política exterior de EEUU. De no haber el bendito bloqueo, es probable que Cuba sea otra. Bolivia, o las Bolivias mejor dicho, continúan jugando a tener un país. Digo “jugando” porque todavía hoy se considera válido eso de querer gobernar para beneficio de una parte de la población. Otra vez vamos tras lo lúdico. Es que no cambiamos. Hay una contumacia en el error que hasta ahora nadie ha podido alterar a favor de todos los bolivianos.

Sabemos que su excelencia todavía lidera a los cocaleros del Chapare. Tal es reñido con el sentido común, con la ética elemental y con la ley que en democracia se debe respetar por sobre todos los peligros y tentaciones. Socavar el sistema que me hizo presidente no solamente es contraproducente sino, repito, autodestructivo. Ahí existe imposición por parte de su Excelencia y sobre todo de los que lo aconsejan. Ni qué decir cuando los chapareños invaden Cochabamba y arrazan con la vida de un joven boliviano de diez y ocho años, Christian Urresti Ferrel, en la forma más salvaje. Si esa es la manera de protestar por lo que sea, ¿qué librará a los persuadidos del Gobierno actual de una posible suerte afín o algo por el estilo? El que a hierro mata a hierro muere. Por supuesto que es lamentable la muerte de Nicomedes Gutiérrez, manifestante cocalero. Una diferencia es que Christian murió en su ciudad, y Gutiérrez no.

Otra cosa, la Cancillería de Bolivia recientemente redactó un documento que al parecer circuló entre el cuerpo diplomático en el exterior, y por internet, en el que maltrata la verdad con respecto a lo acontecido en Cochabamba diciendo que la manifestación de los cocaleros fue pacífica y que los que defendieron su ciudad fueron los agresores cuando la verdad es exactamente lo contrario y todos lo sabemos. Si el tal documento es genuino, puede ser que no lo sea por las faltas de ortografía, se trata de otro intento de manipuleo de la democracia que, de ser cierto, refuerza mi tesis.


La popularidad de los movimientos

enero 14, 2007

La popularidad de los movimientos
por Jorge V. Ordenes L.
“Los movimientos populares” es una combinación de términos que en Bolivia viene adquiriendo categoría de sagrario, cuando la verdad es que nadie sabe cuán populares son los tales movimientos, ni si popularidad alguna tiene movimiento. No hay horda que sea popular ni siquiera entre los montoneros que la forman. La horda une a salvajes hambrientos de salvajadas que bien pueden resumirse en revanchismo, racismo y destrucción que tras espejismos revindicadores creen que fuera de la ley lograrán qué ¿ayudar a gobernar? Qué error. Error de gobernantes es instar a que la horda actúe fuera de la ley, y error de gobernados descarriados, realmente “gobernados”, es proceder como “movimiento” dizque “popular”.

Se quema la propiedad pública como el edificio de la Prefectura de Cochabamba en la forma más cobarde y encima el Poder Ejecutivo sitúa a la Policía boliviana entre la espada y la pared, o entre hacer respetar el mandato de la Constitución y obedecer a un ministerio chapareizado cuando Cochabamba, y desde luego Bolivia, es mucho más, muchísimo más, que el Chapare. Menos mal que su Excelencia tuvo más cabeza y palió el conflicto que se gestaba con la Policía Boliviana.

El desbarajuste de “movimientos” y “popularidades” es tal que incluso en la víspera de la elección que elevó al poder al actual Gobierno la gente voto más contra el pasado de politicastros que por un futuro socialista dependiente de gente extranjera que recién ahora está mostrando no sólo uñas sino garras socio-políticas, entre otras cosas. Desgraciadamente lo malo se aprende en momentos, en tanto que lo bueno se aprende cuesta arriba o no se aprende. Como lo dije alguna vez, toma a un burro cinco minutos destruir un pesebre; en tanto que el carpintero se tarda días en terminar uno nuevo. Bloquear un camino es tan elemental como ilegal y costoso. No bloquear y recurrir a la ley al sistema legal es más lento e intrincado, claro, sobre todo en Bolivia donde la oposición política en estos momentos tampoco encuentra norte.

En nombre de los “movimientos populares” hoy se socava la Constitución queriendo hacer prevalecer ese desbarajuste en base a una especie de seudoautoridad de la “asamblea constituyente”que jamás nadie le ha conferido. Menos se le ha conferido autoridad de carta blanca porque tener la obligación y compromiso de preparar una nueva Constitución nunca ha querido decir que nadie de esa Asamblea tenga autoridad para decir o hacer nada más. Por otro lado se desconoce y hasta se ultraja la Constitución al cuestionar el referendo de Cochabamba cuando la máxima autoridad de ese departamento, legal hasta la médula, recurre a él. Claro, se teme que el referendo ratifique la autonomía que no conviene a totalitarios.

Se distorsiona y se usufructúa de la multietnicidad y pluricultulalidad del país con fines populacheros de raigambre caribeña. Se marea la democracia gobernando por decreto sabiendo que hay un Congreso que por más alicaído que esté ¡no hay otro!, y es donde se deberían ventilar diferencias en pos de vigorizar ese foro tras consenso y funcionalidad. Si los que gobiernan creen que pueden convencernos, ¡qué mejor que un Congreso vigorizado para hacerlo constitucionalmente!

La oposición política hoy reacciona a codazos y sin estrategia. Actúa a la antigua en un accionar que esquiva lo obvio que es tomar la iniciativa formando y conformando ofertas concretas que motiven por lo menos a algunos “originarios” de Occidente a pensar en que el mundo puede girar en torno a otros valores y no en torno a desvalores como los que nos merodean y hasta irrumpen en total detrimento de nuestra dignidad y don de gentes, y de la ley. La forma de hacer “política” de hace unos cuantos años en Bolivia ya no va. Si hay algo menos cuestionable y hasta rescatable en este momento es que la política del futuro, o el que pretenda hacer política, tiene que apartarse de lo trillado y proceder a la manera de un nuevo país abarcando las aspiraciones y demandas de todos los segmentos de la población, pobre y no tan pobre, del este y del oeste, que por desgracia los gobernantes del momento explotan con el eufemismo de “movimientos populares” basados en ideologías inactualizables.

Por lo anterior, debe haber forma de mostrar que el bien de los hasta hora desamparados de Occidente, y de otras regiones, radica en negociar la llegada de empleo; de la carretera que se pavimenta y se señaliza; de la escuela con maestros y equipos; del hospital con médicos, camas, y demás; de una autoridad más incorrupta que corrupta. Ahí está el verdadero reto. Insisto, la oposición política al actual Gobierno debe afianzarse también en los desamparados. Es parte del asunto confeccionar un discurso creíble, y ahí está el reto intelectual ¡y qué reto! inédito en Bolivia, de modo que los actuales desesperados que pueblan esas hordas vislumbren posibilidades en otro tipo de gobernanza que entre otras cosas dé por tierra con el eufemismo de “movimiento popular”.


La exigencia de visa a estadounidenses

enero 5, 2007

La exigencia de visa a estadounidenses
por Jorge V. Ordenes L.
Exigir visa a estadounidenses tiene que ver con ¿dignidades?, ¿represalias?, ¿ignorancia?, ¿politiquería?, ¿sumisión a extranjeros?, ¿una combinación de estas cinco? Ninguna, tiene que ver con estulticia, o sea estupidez. ¿Por qué? Porque es tonto dispararse en el pie. Por eso. Pero se ha dado más de un caso en Bolivia en que dispararse en el pie ha sido por llamar la atención y/o cobrar seguro. Lo lato es que cualquier razón se descubre rápidamente, como se descubre que exigir visa a estadounidenses no es solamente tonto sino innecesario. Entre otras cosas nefastas, será pasto de corrupción de los cuatro consulados que Bolivia tienen en un mundo de 300 millones que es EEUU, y, peor, será causa de pelea entre gente boliviana para ser asignada como cónsul. Así no más es todavía nuestra idiosincrasia pluricerebral.

Por más que uno busque, no hay razón para exigir visa a estadounidenses que vienen con dinero de gasto turístico o de inversión que los bolivianos necesitamos poco menos que desesperadamente, sobre todo para nutrir un sector económico tan importante como el de servicios. Por si no saben los que deben saber, el sector servicios de todos los países es el que da más empleo. La contribución del sector servicios al producto interno bruto (PIB) de todos y cada uno de los países del mundo es el mayor y más importante. En Bolivia el sector exportador, incluyendo el de hidrocarburos, es importante en cuanto a valor en divisas, pero no ofrece el mayor empleo. Repito el sector servicios lo supera en importancia como contribuidor al PIB de Bolivia. Por eso digo que atentar contra este sector vertebral de la economía es estúpido. Más claro agua.

“Agua” que hace recuerdo a ese dicho del poeta y crítico de arte francés, Charles Baudelaire, que dice que hay instancias en que “la vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama”. Pero por más cama que cambie enfermo queda. O sea que no importa cuántas medidas raras tome la actual Cancillería porque, como van las cosas, los mayores e históricos problemas de Bolivia, que con el paso del tiempo vamos viendo que van convirtiéndose cada vez más en males de índole multiétnica y pluricerebral, y moral, no podrán plantearse debidamente. Es más, no habrá quién los plantee y por lo tanto las soluciones van quedando en el estribo de la quimera.

Alguien de rango del Gobierno dijo que exigir visa a estadounidenses era cuestión “de dignidad”. Me imagino que se refiere a la dignidad del boliviano, lo que viene a ser una perogrullada porque por ningún lado el boliviano gana dignidad ¡con exigir visa!. Yo diría más bien que la pierde porque se limitan la posibilidades de vender lo boliviano. Vender a buen precio es justo porque es el momento de encuentro de la oferta y la demanda del mercado. Y si es justo ¡es digno!, según el ateniense Platón y otros. Sólo se gana dignidad en el mundo actual con la elaboración, aprobación e implementación de leyes que sirvan de bastidor al comportamiento de moros y cristianos, a la inversión gravada de acuerdo al monto y al producto; a la propiedad que paga impuestos justos; al contrato, a la competitividad de productos primarios, manufacturados y semimanufacturados, hechos por particulares o por el Estado. Vender electricidad estatal o privada a Chile, en vez de gas, sería bueno, ¡encomiador! Y desde luego DIGNO de admiración. Ahí sí el concepto dignidad tiene asidero. Pero exigir visa a estadounidenses, no lo tiene.

Otro alguien del Gobierno dijo que la exigencia de visa era “en represalia” a las exigencias de visa de ingreso a bolivianos. Aquí es fácil. Los bolivianos van o intentan ir a EEUU, España, Argentina, Brasil y a otros países, a buscar el empleo.. que los sabios de Bolivia no ofrecen. En tanto que los gringos vienen a Bolivia sobre todo a sostener empleo, y a darlo, particularmente cuando vienen a invertir, y todos deberíamos saberlo. Pretender ignorarlo es simplemente digno de los que no tienen la menor aspiración de viajar a EEUU por frustrados, o de facilitar el ingreso de gente que tradicionalmente ha buscado ayudar más que perjudicar. Si algunos han perjudicado, como por ejemplo la Standard Oil en los años 1930, o la Gulf de los años 1960, es porque los gobernantes bolivianos lo permitieron y todos sabemos que las cosas no fueron transparentes, y que la que más sufrió fue la “dignidad” de Bolivia. La verdad es que las compañías extranjeras que en lustros recientes han hecho batería y media en combinación con autoridades de los gobiernos del momento han sido todo menos estadounidenses.

Ahora, es necio menoscabar a EEUU a sugerencia de cubanos, venezolanos y quizá otros, en función a la aguda credulidad de huestes desinformadas o mal informadas, ¿por qué? Porque en todos los países hay gente buena, menos buena, y mala. Catalogarlos a todos de cuestionables, cuando se los necesita, es, insisto, necio.