La popularidad de los movimientos

La popularidad de los movimientos
por Jorge V. Ordenes L.
“Los movimientos populares” es una combinación de términos que en Bolivia viene adquiriendo categoría de sagrario, cuando la verdad es que nadie sabe cuán populares son los tales movimientos, ni si popularidad alguna tiene movimiento. No hay horda que sea popular ni siquiera entre los montoneros que la forman. La horda une a salvajes hambrientos de salvajadas que bien pueden resumirse en revanchismo, racismo y destrucción que tras espejismos revindicadores creen que fuera de la ley lograrán qué ¿ayudar a gobernar? Qué error. Error de gobernantes es instar a que la horda actúe fuera de la ley, y error de gobernados descarriados, realmente “gobernados”, es proceder como “movimiento” dizque “popular”.

Se quema la propiedad pública como el edificio de la Prefectura de Cochabamba en la forma más cobarde y encima el Poder Ejecutivo sitúa a la Policía boliviana entre la espada y la pared, o entre hacer respetar el mandato de la Constitución y obedecer a un ministerio chapareizado cuando Cochabamba, y desde luego Bolivia, es mucho más, muchísimo más, que el Chapare. Menos mal que su Excelencia tuvo más cabeza y palió el conflicto que se gestaba con la Policía Boliviana.

El desbarajuste de “movimientos” y “popularidades” es tal que incluso en la víspera de la elección que elevó al poder al actual Gobierno la gente voto más contra el pasado de politicastros que por un futuro socialista dependiente de gente extranjera que recién ahora está mostrando no sólo uñas sino garras socio-políticas, entre otras cosas. Desgraciadamente lo malo se aprende en momentos, en tanto que lo bueno se aprende cuesta arriba o no se aprende. Como lo dije alguna vez, toma a un burro cinco minutos destruir un pesebre; en tanto que el carpintero se tarda días en terminar uno nuevo. Bloquear un camino es tan elemental como ilegal y costoso. No bloquear y recurrir a la ley al sistema legal es más lento e intrincado, claro, sobre todo en Bolivia donde la oposición política en estos momentos tampoco encuentra norte.

En nombre de los “movimientos populares” hoy se socava la Constitución queriendo hacer prevalecer ese desbarajuste en base a una especie de seudoautoridad de la “asamblea constituyente”que jamás nadie le ha conferido. Menos se le ha conferido autoridad de carta blanca porque tener la obligación y compromiso de preparar una nueva Constitución nunca ha querido decir que nadie de esa Asamblea tenga autoridad para decir o hacer nada más. Por otro lado se desconoce y hasta se ultraja la Constitución al cuestionar el referendo de Cochabamba cuando la máxima autoridad de ese departamento, legal hasta la médula, recurre a él. Claro, se teme que el referendo ratifique la autonomía que no conviene a totalitarios.

Se distorsiona y se usufructúa de la multietnicidad y pluricultulalidad del país con fines populacheros de raigambre caribeña. Se marea la democracia gobernando por decreto sabiendo que hay un Congreso que por más alicaído que esté ¡no hay otro!, y es donde se deberían ventilar diferencias en pos de vigorizar ese foro tras consenso y funcionalidad. Si los que gobiernan creen que pueden convencernos, ¡qué mejor que un Congreso vigorizado para hacerlo constitucionalmente!

La oposición política hoy reacciona a codazos y sin estrategia. Actúa a la antigua en un accionar que esquiva lo obvio que es tomar la iniciativa formando y conformando ofertas concretas que motiven por lo menos a algunos “originarios” de Occidente a pensar en que el mundo puede girar en torno a otros valores y no en torno a desvalores como los que nos merodean y hasta irrumpen en total detrimento de nuestra dignidad y don de gentes, y de la ley. La forma de hacer “política” de hace unos cuantos años en Bolivia ya no va. Si hay algo menos cuestionable y hasta rescatable en este momento es que la política del futuro, o el que pretenda hacer política, tiene que apartarse de lo trillado y proceder a la manera de un nuevo país abarcando las aspiraciones y demandas de todos los segmentos de la población, pobre y no tan pobre, del este y del oeste, que por desgracia los gobernantes del momento explotan con el eufemismo de “movimientos populares” basados en ideologías inactualizables.

Por lo anterior, debe haber forma de mostrar que el bien de los hasta hora desamparados de Occidente, y de otras regiones, radica en negociar la llegada de empleo; de la carretera que se pavimenta y se señaliza; de la escuela con maestros y equipos; del hospital con médicos, camas, y demás; de una autoridad más incorrupta que corrupta. Ahí está el verdadero reto. Insisto, la oposición política al actual Gobierno debe afianzarse también en los desamparados. Es parte del asunto confeccionar un discurso creíble, y ahí está el reto intelectual ¡y qué reto! inédito en Bolivia, de modo que los actuales desesperados que pueblan esas hordas vislumbren posibilidades en otro tipo de gobernanza que entre otras cosas dé por tierra con el eufemismo de “movimiento popular”.

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