Un mundo no es el mundo

Un mundo no es el mundo
por Jorge V. Ordenes L.
Una característica persistente aunque zigzagueante de los grupos que gobiernan Bolivia en este momento es que están persuadidos de que su mundo es el mundo, lo que es un error. A propósito,
de la persuasión pocos o quizá ninguno de ellos pasa al convencimiento porque prácticamente todos están aprendiendo que no toda la carga se arregla en el camino ni mucho menos, y que las metidas de pata cuestan hoy y costarán sobre todo en la historia del país. Vaticino que ese mundo no tardará en pasar las primeras facturas que a más de uno no solo costará el cargo sino el prestigio y otras cosas. Es fácil hacer el ridículo así como es difícil salir de él. Mire usted, señor lector, la historia reciente de Bolivia y verá que las cosas han cambiado de siglas y de cariz, pero no de sustancia. Los viejos vicios persisten en medio de espejismos, promesas, y usufructo despiadados de la ignorancia y la pobreza de muchos bolivianos. Las muertes y los heridos causados por este histrionismo son, por desgracia, el comienzo de un vía crucis más abultado que por razones repetitivas estamos conminados (¿condenados?) a sufrir. Ojala me equivoque.

Decía que lo de “su mundo es el mundo” es un error porque se trata de una postura antidemocrática y, como si fuera poco, inviable. Por qué. Porque pregonando democracia y actuando antidemocráticamente o arbitrariamente es autoeliminante; es decir, la antidemocracia o la imposición de cualquier mundo en un mundo como el boliviano, multiétnico, pruricultural, pluriansioso, pluricereblal, multipreocupado, plurinecesitado, pluriconfuso, y pluri varias cosas más, siempre propenderá al conflicto antidemocrático autodestructor que, en el caso del actual Gobierno de Bolivia, significa pugna y hasta violencia entre los mismo grupos gobernantes que sufrirán los embates de sus propias fórmulas. “Cría cuervos que te quitarán los ojos” reza el adagio castellano, que no sé cómo se dirá en aymara o quechua que para el caso no importa. Y en el proceso pagamos y sufrimos todos, claro, incluyendo aymaras, quechuas y otros respetables bolivianos.

Aquí el elemento “imposición” es el bastidor del desacierto antidemocrático que refiero. El problema mayor de este proceso es su altísimo costo porque una vez que pasen los temporales, digamos en un año o dos, habrá que empezar de nuevo. Quizá la experiencia sirva como recordatorio de los políticos que vengan después que “imponer” cualquier cosa, sobre todo en las sufridas sociedades bolivianas, no va con nada ni con nadie. Ya no. La imposición usando colectividades azuzadas por pregones de venganza y “justicia social” es una forma infantil de hacer las cosas. Bolivia no es Venezuela ni menos Cuba. Venezuela tiene una historia dura y larga de gobiernos irresponsables con los pobres, de ahí que millones de ellos voten por Hugo Chávez en forma esperanzada y enceguecida. Cuba ha sido hecha y mantenida hasta hoy en gran medida por los errores de política exterior de EEUU. De no haber el bendito bloqueo, es probable que Cuba sea otra. Bolivia, o las Bolivias mejor dicho, continúan jugando a tener un país. Digo “jugando” porque todavía hoy se considera válido eso de querer gobernar para beneficio de una parte de la población. Otra vez vamos tras lo lúdico. Es que no cambiamos. Hay una contumacia en el error que hasta ahora nadie ha podido alterar a favor de todos los bolivianos.

Sabemos que su excelencia todavía lidera a los cocaleros del Chapare. Tal es reñido con el sentido común, con la ética elemental y con la ley que en democracia se debe respetar por sobre todos los peligros y tentaciones. Socavar el sistema que me hizo presidente no solamente es contraproducente sino, repito, autodestructivo. Ahí existe imposición por parte de su Excelencia y sobre todo de los que lo aconsejan. Ni qué decir cuando los chapareños invaden Cochabamba y arrazan con la vida de un joven boliviano de diez y ocho años, Christian Urresti Ferrel, en la forma más salvaje. Si esa es la manera de protestar por lo que sea, ¿qué librará a los persuadidos del Gobierno actual de una posible suerte afín o algo por el estilo? El que a hierro mata a hierro muere. Por supuesto que es lamentable la muerte de Nicomedes Gutiérrez, manifestante cocalero. Una diferencia es que Christian murió en su ciudad, y Gutiérrez no.

Otra cosa, la Cancillería de Bolivia recientemente redactó un documento que al parecer circuló entre el cuerpo diplomático en el exterior, y por internet, en el que maltrata la verdad con respecto a lo acontecido en Cochabamba diciendo que la manifestación de los cocaleros fue pacífica y que los que defendieron su ciudad fueron los agresores cuando la verdad es exactamente lo contrario y todos lo sabemos. Si el tal documento es genuino, puede ser que no lo sea por las faltas de ortografía, se trata de otro intento de manipuleo de la democracia que, de ser cierto, refuerza mi tesis.

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