Hacar revolución en democracia

Hacer revolución en democracia
por Jorge V. Ordenes L.
El Gobierno de Bolivia o por lo menos una parte de sus ejecutores y ex ejecutores están empeñados en tratar de persuadirnos de que buscan una “profunda revolución”en función de, y en base a, la democracia. Vivimos esa democracia precariamente pero la tenemos lo que no deja de ser una gran cosa. Ahora, ¿es posible hacer tal “revolución” a favor de los pobres del occidente del país? No, no porque muchos no entendemos lo de querer hacer profundas revoluciones en ninguna región de Bolivia sin el consentimiento de la mayoría de la población de todo el país. Proceder de otra manera es atentar contra la democracia y por lo tanto contra la dicotomía muy boliviana y actual de “revolución”en democracia.

Para empezar podemos decir que todas las regiones están más representadas que no representadas en el Congreso Nacional que, por más informal que parezca, acaba de elegir al presidente del Senado en forma democrática, por lo menos así parece. Tal elección fue su momento menos informal de los pasados doce meses. ¿Perdieron los revolucionarios del Gobierno? No, ganaron. ¿Por qué? Porque el consenso, y el voto, al que solo se llega con y en democracia ¡triunfó! Triunfó la parte básica de la ecuación, o sea la parte que sostiene a la otra; es decir, la democracia sostiene la revolución y no viceversa, y ahí radica el quid de la cuestión. Por ese quid urge destacar que pensar que Bolivia está compuesta solamente de las etnias aymara y quechua, como se colige por discursos y acciones de los miembros de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, es erróneo. No es democrático y por lo tanto no es “revolucionario”.

Al respecto, algunos de nosotros creemos que si los objetivos de la “revolución” se hicieran menos chabacanos, menos hablados, y más ejecutivos y pertinentes a la democracia que, digamos, el Anteproyecto de ley de la educación “Avelino Siñani y Elizardo Pérez”, los resultados serían mejores y menos dilatados. Tampoco vale la pena hablar de los beneficios para Bolivia de la “nacionalización” de la industria del gas si no se dice clara y definitivamente cuánto percibirá Bolivia después de pagar todas las prestaciones que las compañías han negociado exitosamente con el Gobierno. Por favor, la democracia por más revolucionaria que sea demanda más respeto a la moralidad y al pueblo, que a la ambición bullanguera. Esto me recuerda lo del “derecho al chamboneo” que mentaba un humorista colombiano cuando hace un cuarto de siglo López Michelsen subía a la presidencia.

Entender esto por desgracia escapa de la circunstancia política de un buen número de jerarcas. y ex jerarcas. Por eso los cambios de gabinete, por eso el anuncio del desarme de los ponchos rojos, y por eso la débil flexibilidad de votación en eso de los dos tercios versus mayoría simple de los delegados de la “Asamblea Constituyente”, que la precaria voluntad democrática mantiene. De todas maneras lo menos precario es que la cosa bulle pero no quema. Sobre todo no quema la democracia aunque bien traspirada está.

Otra cosa, discursear casi cinco horas es cuestión caribeña. El gobierno que procede con lo que tiene, delega. Y si delega, organiza. Y si organiza, hace. Y lo que se haga se verá. Lo veremos todos y ahí sí aplaudiremos. Obras son amores y no buenas razones que por lo general no convencen a nadie. Solo encandilan a los buscadores de dádivas de 50 bolivianos que dizque reciben por bloquear y/o asaltar y hasta ¡matar” en nombre de “movimientos sociales” que más rompen la dicotomía revolución-democracia que otra cosa. Malo, malo.

Lo antológico y una forma de romper la democracia fue la histórica declaración, posiblemente honesta y por lo tanto reveladora y revolucionaria a la mala, por lo inconstitucional, de uno de los que se fue molesto del Poder Ejecutivo. Dijo que “la tendencia al consenso frenará el proyecto de transformación” Lo que viene a ser absolutamente revelador de lo que más preocupa a la mayoría de los bolivianos, y es que este Gobierno o por lo menos algunos de este Gobierno no quieren una revolución en y por la democracia, sino que buscan ¡imponerse! Ese señor no solamente tenía, o todavía tiene, la convicción de imponerlo sino que también tiene la inocencia de admitirlo. Menos mal. De un tiempo a esta parte todos tenemos derecho al chamboneo.

Para concluir, si la democracia auspicia o permite la revolución como vía de mejoramiento, ¿para qué llamarla revolución?. ¿Acaso no se trataría de política de progreso a favor de los pobres de Occidente y de otras regiones? ¿Acaso alguien se opone a que el Altiplano y regiones aledañas tengan más y mejores caminos, escuelas, hospitales y sobre todo el sentimiento de que todos los demás bolivianos estamos dispuestos a poner el hombro en un cometido no solamente esperado por todos sino muy merecido. Para dar empleo y mejorar condiciones de vida se necesitan más recursos que discursos, buena voluntad y persistencia.

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