Poner a Bolivia “en el mapa”

febrero 17, 2007

Poner a Bolivia “en el mapa”
por Jorge V. Ordenes L.
De un tiempo a esta parte hay gente que dice que desde que el actual grupo ingresó al Gobierno, “Bolivia ha sido puesta en el mapa”… como si Bolivia no hubiese estado con su propio color en el mapamundi desde hace tiempo, y también en las estadísticas por haber sido y continuar siendo el país más pobre de Suramérica. Claro, lo que en realidad se quiere decir en lenguaje figurado y hasta barroco es que, con mayoría de población indígena, no deja de ser novedoso y justo que un representante de la etnia aymara haya salido presidente. Desde luego tal implica que “por fin Bolivia” está en la prensa y la boca de comunicadores y gobernantes del exterior sobre todo de países europeos también por el asunto étnico-político. Bueno pues, la verdad es que la cuestión no es tan sencilla como para resumirla con “mapas” ni con rebuscados remordimientos de la conciencia europea por lo de los 500 años, etc. Rebuscados y acomodados por ONG’s mayormente europeas y sus pupilos teorizadores de escritorio y de salón ¡y bolivianos!. Pero, a ver, si vamos a hablar de mapas ¿qué realmente se ha puesto en el mapa desde comienzos de 2006?

Yo diría que por encima de todo, desde que este Gobierno ha tomado las riendas del encabritado potro nacional, los departamentos de Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija, o sea la bautizada “media luna”, han sido puestos en el mapa sí, pero ¡en el mapa de Bolivia! porque recién este año pasado el Occidente en general se han dado cuenta de que Bolivia es más grande de lo que creía; es decir, es tan grande como el color que los mapas muestran desde hace más de cien años. El problema es que mucha gente de poder en este “país”, de Occidente y de Oriente, que estuvo o fue parte del poder central, ¡nunca miró el mapa! y por eso ignoró lo que más hizo falta: un concepto total de nacionalidad basado en la realidad socio-económica de todo el mapa nacional, no solamente del mapa político. Eso de “país del Altiplano”, tan mentado por los medios y por gente de gobiernos y educadores de aquí, de allá y más allá, por fin está ampliándose para comenzar a ser la Bolivia real que debió haber sido desde comienzos del siglo XX si no antes. Recién los bolivianos nos estamos dando cuenta de que la naturaleza de Bolivia es más verde que gris, y que el verde del llano también tiene voz, puede gritar, y tiene razón.

También se ha puesto “en el mapa de Bolivia” el clamor de autonomía expresado sobre todo por los departamentos integrantes de la Media Luna y, si las comarcas de Occidente se enterasen de lo que la autonomía significa para cada una de ellas, entre otras cosas para coartar aunadas todas las regiones los históricos desmanes de los gobiernos centrales ¡ojo! también se adherirían al pedido de autonomía. Pero la sapiencia de la ONG’s y sus fieles e infieles pupilos no da para tanto ni mucho menos. Hasta ahora se han mostrado más “grises” que “verdes”. Y grises de popularismos y socialimos fáciles de pregonar entre gente desesperada, pero muy difíciles de llevar a la competitividad y productividad que todos lo bolivianos necesitamos.

Desde luego se ha puesto en el mapa de Bolivia la infinita capacidad de impertinencia que van demostrando varios funcionarios del Gobierno. Amén de nepotismo galopante. Nunca ha habido más rimbombancia, esperpento, poses y acomodos que llevan a nuevas alturas los vicios de siempre. La esperanza de que los gobernantes aprendan y que enseñen que la historia y la compleja sicología de los bolivianos, llenas de frustración y de angustia, que incluso los hacen desentenderse de sí mismos, nunca han sido tan simples como ellos han creído y lo están practicando. En este momento urge reflexionar mas allá de “mapas” y de postulados caducos que no conocían la globalización, la China y la India de hoy, el celular, la fibra óptica, la red internet, y la velocidad que éstos han imprimido a las relaciones humanas. La metidas de pata también transitan más rápido. Hoy, la sustitución de importaciones, por ejemplo, tan sostenida por Raúl Prebish y Aníbal Pinto en los años de la guerra fría, está completamente sustituida por los tratados multilaterales y/o bilaterales de comercio. Se trata de calidad, precio, cantidad, respeto al contrato, a los convenios y a las leyes como elementos contribuyentes al mayor empleo y por lo tanto a la menos pobreza. También hoy, el respeto a uno como líder es la mejor forma de ganarse el respeto de los demás.

A la ciudadanía del mundo poco importa que los bienes y servicios sean producidos por empresas del estado o privadas. La cuestión es producir y comercializar competentemente. Que lo pongan a uno en cualquier “mapa” por exportar gas natural a mejor precio significa poco. Y nada cuando se termine el gas. Sí habrá “mapa” para el que tenga éxito en exportarlo con valor agregado que pague impuesto y dé empleo, y que ayude a elevar el nivel de vida de cualquier región o regiones de Bolivia y del mundo.


Dizque la prensa en contra

febrero 8, 2007

Dizque la prensa en contra
por Jorge V. Ordenes
El Poder Ejecutivo del Gobierno de Bolivia se afana en decir que la prensa boliviana está en su contra, cuando la purísima verdad es que esa prensa mayormente reporta y comenta lo que ve, escucha y/o siente como la profesión y los cánones de la libertad de prensa mandan en un país donde los días tiene de todo menos de aburridos. Se trata de una ciudadanía que tiene deseo y hasta necesidad de que se reporte lo informativo, o sea lo que acontece porque tal le incumbe y le importa porque lo afecta. Y todos deberíamos saberlo. Se trata de sentimientos y necesidades que en Bolivia tienen tradición. Y el que quiera afectarlos caprichosamente, por no decir mordazmente, se estrellará contra paredes.

Hoy lo inmediato apremia, y es que la profesión se va convirtiendo en un peligro para la integridad física de los periodistas, camarógrafos y hasta redactores y directores de medios, según vamos viendo. Lo malo es que ¡ojo! primero sería el personal de prensa en general. Una vez diezmado éste, la próxima línea sería la del ciudadano y sus derechos constitucionales. Y ahí las cosas tocan el corazón de la democracia. Ojala que sólo sean divagaciones mías, aunque divagar jamás ha sido ilegal en democracia. La divagación no será noticia pero sí es hija de ésta.

Yo creo que lo que está en contra de lo que hace o deshace el Gobierno en buena parte es eso, lo que hace y lo que deshace; también lo que dice, lo que promete, lo que se desdice, lo que se contradice, lo poco que hace con la aquiescencia de la mayoría de los bolivianos, y lo que calla. Todo tras confundir por eso de que en río revuelto ganancia de “pescadores”; o sea ganancia de algunos encumbrados porque, dicho sea de paso, las perennes renuncias, reemplazos y cambios de personal estatal ruborizan a los colaboradores y turiferarios de la cruzada de tergiversaciones que se afinca en una realidad de un nepotismo pocas veces visto. Si se busca ocultar o traspapelar los desatinos y las metidas de pata, tal no se podrá lograr porque entre otras cosas es imposible tapar el sol con un dedo. Con solo observar la caterva de empleados presupuestívoros que todavía ganan más que su Excelencia se ilustraría el punto. He ahí las universidades estatales, entre otros entes, para probarlo.

A propósito, “pescar” para comer o hacer comer no tiene nada de malo, o para enseñar a pescar; pero no para tergiversar las complicadas verdades en un afán de ganar qué ¿adeptos? No creo. Es más un afán de imponer un “socialismo” remendado y hecho a codazos con la ayuda de ciertos venezolanos con dinero y algunos otros que proclaman el triunfo dizque de “la prensa libre”.
Cuando de libre y realmente democrática tiene poco o quizá nada.

Tal recuerda el postulado del dictador (y presunto periodista) Benito Mussolini que en un editorial de Avanti en julio de 1912 decía que el periodismo no era una profesión sino una misión… “nuestro periódico es nuestro partido, nuestro ideal, nuestra alma, y nuestra insignia que nos llevará al triunfo”. Por lo que se ve, escucha y lee, sobre todo en la prensa y en la internet, esos codazos también son cuestionables por la inconsistencia y el encono con que se dan siguiendo lo del dictador italiano. La contumacia en el error persiste y por supuesto despampana a nacionales y extranjeros.

Por otro lado un socialismo consistente, bien pensado y mejor presentado a los que votamos en elecciones, daría como resultado una prensa también consistente. Pero lo cierto es precisamente lo contrario que trae a la memoria al escritor irlandés Oscar Wilde que en Profundis, en 1904, decía que “el periodismo moderno, al darnos la opinión de los maleducados, nos mantiene al tanto de la ignorancia de la ciudadanía”. Esto porque los educados opinan menos, e incluso el Gobierno preferiría que, por el momento, no opinasen. De de eso se trata.

Para muestra basta un botón: si hoy el Ejecutivo cedió ante las demandas de los mineros cooperativistas bullangueros y decididos, imagínese el lector cómo será si el Oriente, Norte, Sur, y la clase media de las ciudades dicen ¡no! a ningún socialismo por más que esté salpicado de retórica en torno a los ¡500 años!, a los pobres desvalidos, a los postergados, a los analfabetos y a los “movimientos sociales” que dicho sea de paso están en todo el país y en todos los rincones, y no todos son mineros ni mucho menos. Insisto, ese intento de socialismo remendado se estrellará contra movimientos sociales de corte histórico. Así, los que crean que el Cabildo del millón, y otros recientemente realizados en Santa Cruz y en otras capitales de departamento, no constituyen sendos e importantes movimientos sociales, se equivocan; es decir, no leen la prensa ni la ven y/o escuchan.

Por lo anterior y docenas de razones más, el Gobierno central debería persuadirse de una vez por todas que necesita la prensa libre de verdad, sobre todo si comienza a gobernar en nombre de todos lo bolivianos. Lo ayudaría porque, entre otras cosas, lo tranquilizaría.


La democracia boliviana

febrero 2, 2007

La democracia boliviana
por Jorge V. Ordenes L.
La democracia boliviana es muy nuestra porque está basada en las urnas y los candidatos en vez de estar basada en una actitud colectiva con su institucionalidad o mejor, con sus instituciones. Éstas, la actitud colectiva y las instituciones, deberían hacer posible la Constitución Política del Estado, las leyes, y por supuesto la democracia ¡ojo!, ésta como resultado. ¡Y no al revés! Digo esto porque la mayor parte de la nacionalidad, “originaria” y no originaria, del este, del oeste, norte y sur, está cada vez más persuadida, cada una a su manera, de que la esperada “nueva Constitución” hará milagros y también hará el “nuevo país”, lo que me parece una quimera y hasta un error.

O sea que tanto la actitud colectiva conducente a una mejor democracia por desgracia ¡todavía no se han dado! He ahí la fuente de la mayoría de nuestros problemas. Y por qué no se ha dado. Porque nunca nos hemos propuesto a que se dé; en otras palabras, nunca nos hemos propuesto a terminar de hacer un país. De una forma u otra hemos creído que solamente hablando de lo multiétnico y pluricultural, estamparlo en la Constitución, la cuestión se sanjaba. Bueno pues, no había sido tan así. Nos faltaron los de vasos comunicantes, de denominadores comunes de sincretismo cultural. Nos faltó voluntad de reflexión. Ahora estamos reflexionando a la fuerza.

Para no dilatar, solamente cuando aunemos actitudes podremos llegar a actos que edifiquen instituciones que a su vez fortalezcan la democracia. No podemos seguir viviendo del eslogan “democracia”. Urge agarrar el toro por los cuernos. Necesitamos vivir mejor, para convivir también mejor pese a los regionalismos, a los deseos de revancha, de autonomías y de matonismos de Estado. Y escribo “Estado” con mayúscula porque me refiero al nuestro, hoy tan ufanado y pretencioso, que no ata ni desata en esto de percatarse de la urgencia de formar actitudes que dicho sea de paso solo se dan en el reino del libre albedrío administrado con leyes resultantes de un proceso de avenencia nacional que entre otras cosas supere lo regional sin socavarlo.

Dije en la primera línea de este artículo que la democracia era “muy nuestra”. Lo dije porque eso de “nuestra” tiene bemoles diferenciados hasta el extremo de la desavenencia y del conflicto, que es donde estamos hoy. Lo que es “nuestro” para un aymara o un quechua, o para la mayoría de los gobernantes de este momento, está lejos de lo que entiende por “nuestro” un oriental o un tarijeño, o la clase media de las ciudades de la Cochabamba, La Paz, Oruro, Potosí o Sucre. El reto es que ese “nuestro” sea más común que conflictivo para todas las regiones, para todos los bolivianos incluyendo los cientos de miles que miran el proceso desde sus hogares y puestos de trabajo de todas las regiones sin mayor participación que la de acudir a las urnas.

Por lo tanto se puede decir que jamás llegaremos a una actitud común que haga posible las instituciones que necesitamos para edificar una democracia como resultado, en vez de como razón de urna, de sufragio, que en última instancia no sirve si no nos ponemos de acuerdo, entre otras cosas, en el significado de “lo nuestro”. Por algún lugar hay que empezar. Ahora, la única forma de intentar llegar a un acuerdo sobre ” lo nuestro”, lo de todos los boliviano, es ¿con el santo y seña , y la mediación, del Gobierno central? Sería ideal pero, como van las cosas, y las actitudes, no va a suceder. ¿Cómo puede suceder?

Citando al filósofo español del siglo veinte José Ortega y Gasset se puede decir que sólo podrá suceder si cada uno de nosotros, como fundamento de “lo nuestro”, adopta un “cambio en la actitud vital”, una novísima actitud para con otros bolivianos. Con todos los otros. Sobre todo con los indiferentes por cansancio y frustración. Tomemos la iniciativa. Dialoguemos entre todos los que no hemos dialogado antes. No importa quien sea el vecino de casa, oficina, barrio, fábrica, sembradío, crianza, o lo que sea. Iniciemos conversaciones para ser conocidos y posiblemente amigos. Dialoguemos pese al Gobierno central, y pese a las dificultades de idioma e idiosincrasia. Saben por qué más digo esto? Porque nadie lo hará por nosotros. Los acostumbrados intermediarios como la jerarquía de la Iglesia católica y hasta el defensor del pueblo están agotados. Los poderes del Estado están con sus propios problemas en tanto que la Asamblea Constituyente marea al más sereno. Por desgracia se ha visto que ésta es parte del problema.

La verdad es que las instituciones que conforman los Poderes del Estado, y otras, nunca se han desarrollado del todo porque nosotros no nos hemos desarrollado como ciudadanía. Será muy difícil llegar al objetivo democracia boliviana si los bolivianos no sabemos dónde estamos ciudadanamente. Y para desarrollar ciudadanías es necesario desarrollar ciudadanos. Sólo se forma ciudadanos si conformamos un “lo nuestro” que valoremos todos. ¿Difícil? Sí, pero no imposible.


A %d blogueros les gusta esto: