La democracia boliviana

La democracia boliviana
por Jorge V. Ordenes L.
La democracia boliviana es muy nuestra porque está basada en las urnas y los candidatos en vez de estar basada en una actitud colectiva con su institucionalidad o mejor, con sus instituciones. Éstas, la actitud colectiva y las instituciones, deberían hacer posible la Constitución Política del Estado, las leyes, y por supuesto la democracia ¡ojo!, ésta como resultado. ¡Y no al revés! Digo esto porque la mayor parte de la nacionalidad, “originaria” y no originaria, del este, del oeste, norte y sur, está cada vez más persuadida, cada una a su manera, de que la esperada “nueva Constitución” hará milagros y también hará el “nuevo país”, lo que me parece una quimera y hasta un error.

O sea que tanto la actitud colectiva conducente a una mejor democracia por desgracia ¡todavía no se han dado! He ahí la fuente de la mayoría de nuestros problemas. Y por qué no se ha dado. Porque nunca nos hemos propuesto a que se dé; en otras palabras, nunca nos hemos propuesto a terminar de hacer un país. De una forma u otra hemos creído que solamente hablando de lo multiétnico y pluricultural, estamparlo en la Constitución, la cuestión se sanjaba. Bueno pues, no había sido tan así. Nos faltaron los de vasos comunicantes, de denominadores comunes de sincretismo cultural. Nos faltó voluntad de reflexión. Ahora estamos reflexionando a la fuerza.

Para no dilatar, solamente cuando aunemos actitudes podremos llegar a actos que edifiquen instituciones que a su vez fortalezcan la democracia. No podemos seguir viviendo del eslogan “democracia”. Urge agarrar el toro por los cuernos. Necesitamos vivir mejor, para convivir también mejor pese a los regionalismos, a los deseos de revancha, de autonomías y de matonismos de Estado. Y escribo “Estado” con mayúscula porque me refiero al nuestro, hoy tan ufanado y pretencioso, que no ata ni desata en esto de percatarse de la urgencia de formar actitudes que dicho sea de paso solo se dan en el reino del libre albedrío administrado con leyes resultantes de un proceso de avenencia nacional que entre otras cosas supere lo regional sin socavarlo.

Dije en la primera línea de este artículo que la democracia era “muy nuestra”. Lo dije porque eso de “nuestra” tiene bemoles diferenciados hasta el extremo de la desavenencia y del conflicto, que es donde estamos hoy. Lo que es “nuestro” para un aymara o un quechua, o para la mayoría de los gobernantes de este momento, está lejos de lo que entiende por “nuestro” un oriental o un tarijeño, o la clase media de las ciudades de la Cochabamba, La Paz, Oruro, Potosí o Sucre. El reto es que ese “nuestro” sea más común que conflictivo para todas las regiones, para todos los bolivianos incluyendo los cientos de miles que miran el proceso desde sus hogares y puestos de trabajo de todas las regiones sin mayor participación que la de acudir a las urnas.

Por lo tanto se puede decir que jamás llegaremos a una actitud común que haga posible las instituciones que necesitamos para edificar una democracia como resultado, en vez de como razón de urna, de sufragio, que en última instancia no sirve si no nos ponemos de acuerdo, entre otras cosas, en el significado de “lo nuestro”. Por algún lugar hay que empezar. Ahora, la única forma de intentar llegar a un acuerdo sobre ” lo nuestro”, lo de todos los boliviano, es ¿con el santo y seña , y la mediación, del Gobierno central? Sería ideal pero, como van las cosas, y las actitudes, no va a suceder. ¿Cómo puede suceder?

Citando al filósofo español del siglo veinte José Ortega y Gasset se puede decir que sólo podrá suceder si cada uno de nosotros, como fundamento de “lo nuestro”, adopta un “cambio en la actitud vital”, una novísima actitud para con otros bolivianos. Con todos los otros. Sobre todo con los indiferentes por cansancio y frustración. Tomemos la iniciativa. Dialoguemos entre todos los que no hemos dialogado antes. No importa quien sea el vecino de casa, oficina, barrio, fábrica, sembradío, crianza, o lo que sea. Iniciemos conversaciones para ser conocidos y posiblemente amigos. Dialoguemos pese al Gobierno central, y pese a las dificultades de idioma e idiosincrasia. Saben por qué más digo esto? Porque nadie lo hará por nosotros. Los acostumbrados intermediarios como la jerarquía de la Iglesia católica y hasta el defensor del pueblo están agotados. Los poderes del Estado están con sus propios problemas en tanto que la Asamblea Constituyente marea al más sereno. Por desgracia se ha visto que ésta es parte del problema.

La verdad es que las instituciones que conforman los Poderes del Estado, y otras, nunca se han desarrollado del todo porque nosotros no nos hemos desarrollado como ciudadanía. Será muy difícil llegar al objetivo democracia boliviana si los bolivianos no sabemos dónde estamos ciudadanamente. Y para desarrollar ciudadanías es necesario desarrollar ciudadanos. Sólo se forma ciudadanos si conformamos un “lo nuestro” que valoremos todos. ¿Difícil? Sí, pero no imposible.

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