Las neuronas argentinas

mayo 24, 2007

Las neuronas argentinas
Por Jorge V. Ordenes L.
El Presidente de Argentina, Néstor Kirchner, dijo recientemente en un discurso que a su país no sólo lo habían vaciado patrimonialmente “sino que lo han vaciado de neuronas”. Luego especificó mejor y dijo que había que “volver a construir el sistema neuronal del Estado”. Esto último quizá sea una referencia a la necesidad de poner coto a los numerosos casos de corrupción que han surgido sobre todo durante los últimos cuatro meses.
Considerando que las neuronas son un componente crucial del sistema nervioso, sería difícil imaginar lo que está sucediendo en Argentina sin el “nervio”, como sentido de fuerza, vigor y determinación, que se necesita para postergar decisiones que la mayoría de la población espera como, por ejemplo, la de si Néstor Kirchner, o su esposa, la primera dama de la nación y senadora, Alicia Fernández de Kirchner, será candidato a la presidencia de la república en representación del partido justicialista en las elecciones de octubre de este año, sobre todo cuando no hay oposición política significante ni la habrá este año.
Ahora, no hay duda que el Presidente sacaría mayor votación ganadora que su esposa, pero también es cierto que anunciar la candidatura de la senadora Kirchner caería bien a los argentinos que trabajan y/o negocian con el extranjero, incluyendo el Gobierno, porque es más o menos de dominio público que ella sería una mejor autoridad máxima para ello entre otras cosas porque su esposo fue el que enardeció a varios círculos financieros internacionales al dejar de tomar en serio miles de millones dólares en bonos de deuda que Argentina devengaba a países extranjeros luego de la crisis de 20001-02. Por otro lado, el año pasado el Presidente simplemente ignoró la presencia la princesa Beatriz de Holanda que había llegado en visita oficial. El punto es que se necesita mucho nervio para mantener en vilo a adeptos y detractores políticos cuando éstos últimos se están beneficiando de la indecisión obvia aunque inesperadamente premeditada. Será que las elecciones de Buenos Aires, del 3 de junio, tendrán que ver con el asunto.
Con una economía argentina que ha venido creciendo a algo más del ocho por ciento por quinto año consecutivo; con un proyectado ingreso récord de 5000 millones de dólares por concepto de exportaciones en 2007, del que 1250 millones irán a las arcas del Estado; con ese torrente de dólares de exportación que ejerce presión de revalúo del peso… que, de producirse, sería oneroso para los que pagan en moneda nacional (salarios, etc.) y políticamente costoso, el Gobierno no ha tenido más alternativa que seguir interviniendo en el mercado con la reciente compra de 225 millones de dólares de modo que su abundancia sea menor y su precio se mantenga entre 3,07 y 3,10 pesos.
La inflación, que las autoridades prefieren no recalcar porque parece que se está convirtiendo en un problema de veracidad que está molestando a las bases incluyendo las justicialistas, y a otros; y con un panorama fiscal donde la recaudación nacional crece al veinticinco por ciento en tanto que los gastos van creciendo al cuarenta por ciento (sesenta por ciento por concepto de jubilaciones), el nuevo electo presidente tendrá que hacer malabares de mucho nervio para intentar decir a la gente que la situación es mejorable. El panorama empeora cuando se añade la incidencia de gran corrupción que se ha venido descubriendo en los últimos seis meses al punto de relegar los próximos comicios a un segundo plano.
El escándalo de corrupción que más ha acaparado la atención de la gente, nacional e internacionalmente, es el presunto pago de por lo menos cuatro millones de dólares en sobornos y favores (en espera de beneficios, qué más va a ser) por parte de la compañía de construcción sueca Skanskca; amén de presuntas acusaciones de evasión de pago de impuestos, etc., que parece que la empresa ha comenzado a pagar.
Según la revista The Economist, implicados en el escándalo también parecen estar importantes compañías como Repsol, el Banco de Desarrollo de Brasil (BNDES), la Transportadora Gas del Norte (TNG) y por lo tanto Techint que la controla, el Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS), entre otras, al punto de que el 21 de mayo el Presidente Kirchner dijo, de acuerdo al diario El País de Madrid, que se trataba de “un acto de corrupción entre privados, independientemente de que haya funcionarios involucrados… Tenemos cantidad de éstos… y lo importante es que a uno no le tiemble la mano cuando son responsables”.
Ojala que el sistema judicial argentino, amén del Gobierno en general, se pongan a la altura que la ética y la idoneidad que el pueblo argentino, e Iberoamericano, se merecen. En un mundo cada vez más globalizado, el increíble “nervio” de las telecomunicaciones hace que todos no sintamos un poco culpables de los actos ilícitos donde éstos se produzcan, sobre todo en un país como Argentina donde uno espera que el idóneo desempeño de la responsabilidad pública se imponga.


El desarrollo económico de China

mayo 5, 2007

El crecimiento económico de China
Por Jorge V. Ordenes L.
El crecimiento económico de China continental de más del nueve por ciento por año durante varios años es insostenible porque está basado mayormente en el valor en divisas de las exportaciones que a su vez se basan en un yuan obstinadamente subvalorado pese a los reclamos de la competencia internacional. Por otro lado, el estímulo del consumo interno continúa ignorado por las autoridades. La inversión y las empresas extrajeras, que tanto acoge el régimen político, busca generar productos mayormente de exportación. La corrupción continúa pese a la pena capital, etc., y las violaciones de los derechos humanos siguen. Así, el sistema político centralizado tiene como talón de Aquiles precisamente ese alto crecimiento económico insostenible basado en las exportaciones, y en un sistema político-económico acaparador que no comparte beneficios con la población como ésta se merece.
China es el tercer exportador más importante del mundo y dentro de poco ha de ser el primero en parte porque controla de cerca vastos insumos de capital y trabajo, y tiene amplio espacio de desarrollo porque viene del subdesarrollo, y del fracaso socio-económico del sistema comunista que se estableció en 1949 y que comenzó a desmantelarse en 1990. Un dato revelador: el número de trabajadores empleados por el Gobierno bajó de 110 millones en 1995 a 62 millones en 2005 en detrimento de lo que el ciudadano chino ha estado acostumbrado a esperar del Gobierno central que ahora más que nunca tiene recursos.
Pese a ese notable e inédito crecimiento económico registrado sobre todo en base a cifras crecientes de exportación, como van las cosas, hay nubarrones en su horizonte que si no se los ve y se los espera con el apronte que seguramente también ha de ser inédito, los dólares del castillo, de los castillos mejor dicho, se pueden convertir en naipes y el peso de los naipes podría aplastar el modelo y/o segmentos significantes de él.
En primer año universitario de macroeconomía se enseña que el producto interno bruto (PIB) debería medirse sumando el total del consumo interno al total de las inversiones, más el gasto del gobierno, más, o menos, la diferencia positiva o negativa de las exportaciones con relación a las importaciones. Bueno, el total de consumo interno personal en China es un raquítico treinta y ocho por ciento de su producto interno bruto (PIB), comparado por ejemplo con EEUU cuyo guarismo de consumo del PIB es setenta por ciento.
Lo incomprensible es que el gobierno, que controla crecientes reservas y las posibilidades que éstas brindan, no quiera o quizá no sepa mejorar el poder adquisitivo de la población como por ejemplo aumentando salarios de modo que la demanda aumente y el consumo también. Revaluando el yuan, que según el Instituto Peterson está sobrevalorado en un cuarenta por ciento, también se haría que el obrero ganase más en términos reales, y viviese mejor…en fin. No hay peor ciego que el que no quiera ver, claro.
En cuanto al gasto del Gobierno y las instituciones que controla, el énfasis es invertir en industrias que participen en el desarrollo y la ampliación, nacional e internacional, de plantas y equipo de productores de insumos que China necesita para exportar aún más. Un indicador es la urgente necesidad de generar más electricidad. China en este momento tiene once plantas nucleares de generación de electricidad en funcionamiento, pero el Instituto Tecnológico de Massachussetts opina que hasta 2050 y al paso que China va, necesitará doscientas plantas nucleares más. Ahora, académicos de la afamada Universidad Tsinghua dicen que el país necesitará ¡300 plantas más!
Dado el expediente de descuidos en la producción de químicos y medicamentos en y de China, las organizaciones ecológicas del mundo, y otros, están sobresaltadas ante tal planteo. Después de todo la URSS, en época de necesidad diseñó (pobremente) y construyó una docena de plantas nucleares una de las cuales, Chernovyl, detonó desastrosamente en 1986. Desde el accidente nuclear de Three Mile Island, Pennsylvania, EEUU, en 1979, las regulaciones son más exigentes aunque, dado el confidencial comportamiento chino, será difícil sopesar la calidad de lo que hagan.
La empresa privada que va gestándose en China difícilmente será suficiente para satisfacer las necesidades de empleo de la población. La cultura china del “danwei”, basada en un Estado paternalista, tendrá que pervivir con la relativa opulencia de los que triunfan en la empresa privada. Recordemos que el danwei hacía que el Estado cuidase al ciudadano desde la cuna hasta la tumba. En este momento la cantidad de población educada que todavía prefiere la seguridad de educación, cuidado de la salud y jubilación que ofrece un puesto de gobierno habrá que respetar y asalariar en forma de manera que el gasto fiscal resulte en un aumento de la demanda interna que, insisto, China necesita para aventar los nubarrones que la dependencia en las exportaciones representa.


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