Las neuronas argentinas

Las neuronas argentinas
Por Jorge V. Ordenes L.
El Presidente de Argentina, Néstor Kirchner, dijo recientemente en un discurso que a su país no sólo lo habían vaciado patrimonialmente “sino que lo han vaciado de neuronas”. Luego especificó mejor y dijo que había que “volver a construir el sistema neuronal del Estado”. Esto último quizá sea una referencia a la necesidad de poner coto a los numerosos casos de corrupción que han surgido sobre todo durante los últimos cuatro meses.
Considerando que las neuronas son un componente crucial del sistema nervioso, sería difícil imaginar lo que está sucediendo en Argentina sin el “nervio”, como sentido de fuerza, vigor y determinación, que se necesita para postergar decisiones que la mayoría de la población espera como, por ejemplo, la de si Néstor Kirchner, o su esposa, la primera dama de la nación y senadora, Alicia Fernández de Kirchner, será candidato a la presidencia de la república en representación del partido justicialista en las elecciones de octubre de este año, sobre todo cuando no hay oposición política significante ni la habrá este año.
Ahora, no hay duda que el Presidente sacaría mayor votación ganadora que su esposa, pero también es cierto que anunciar la candidatura de la senadora Kirchner caería bien a los argentinos que trabajan y/o negocian con el extranjero, incluyendo el Gobierno, porque es más o menos de dominio público que ella sería una mejor autoridad máxima para ello entre otras cosas porque su esposo fue el que enardeció a varios círculos financieros internacionales al dejar de tomar en serio miles de millones dólares en bonos de deuda que Argentina devengaba a países extranjeros luego de la crisis de 20001-02. Por otro lado, el año pasado el Presidente simplemente ignoró la presencia la princesa Beatriz de Holanda que había llegado en visita oficial. El punto es que se necesita mucho nervio para mantener en vilo a adeptos y detractores políticos cuando éstos últimos se están beneficiando de la indecisión obvia aunque inesperadamente premeditada. Será que las elecciones de Buenos Aires, del 3 de junio, tendrán que ver con el asunto.
Con una economía argentina que ha venido creciendo a algo más del ocho por ciento por quinto año consecutivo; con un proyectado ingreso récord de 5000 millones de dólares por concepto de exportaciones en 2007, del que 1250 millones irán a las arcas del Estado; con ese torrente de dólares de exportación que ejerce presión de revalúo del peso… que, de producirse, sería oneroso para los que pagan en moneda nacional (salarios, etc.) y políticamente costoso, el Gobierno no ha tenido más alternativa que seguir interviniendo en el mercado con la reciente compra de 225 millones de dólares de modo que su abundancia sea menor y su precio se mantenga entre 3,07 y 3,10 pesos.
La inflación, que las autoridades prefieren no recalcar porque parece que se está convirtiendo en un problema de veracidad que está molestando a las bases incluyendo las justicialistas, y a otros; y con un panorama fiscal donde la recaudación nacional crece al veinticinco por ciento en tanto que los gastos van creciendo al cuarenta por ciento (sesenta por ciento por concepto de jubilaciones), el nuevo electo presidente tendrá que hacer malabares de mucho nervio para intentar decir a la gente que la situación es mejorable. El panorama empeora cuando se añade la incidencia de gran corrupción que se ha venido descubriendo en los últimos seis meses al punto de relegar los próximos comicios a un segundo plano.
El escándalo de corrupción que más ha acaparado la atención de la gente, nacional e internacionalmente, es el presunto pago de por lo menos cuatro millones de dólares en sobornos y favores (en espera de beneficios, qué más va a ser) por parte de la compañía de construcción sueca Skanskca; amén de presuntas acusaciones de evasión de pago de impuestos, etc., que parece que la empresa ha comenzado a pagar.
Según la revista The Economist, implicados en el escándalo también parecen estar importantes compañías como Repsol, el Banco de Desarrollo de Brasil (BNDES), la Transportadora Gas del Norte (TNG) y por lo tanto Techint que la controla, el Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS), entre otras, al punto de que el 21 de mayo el Presidente Kirchner dijo, de acuerdo al diario El País de Madrid, que se trataba de “un acto de corrupción entre privados, independientemente de que haya funcionarios involucrados… Tenemos cantidad de éstos… y lo importante es que a uno no le tiemble la mano cuando son responsables”.
Ojala que el sistema judicial argentino, amén del Gobierno en general, se pongan a la altura que la ética y la idoneidad que el pueblo argentino, e Iberoamericano, se merecen. En un mundo cada vez más globalizado, el increíble “nervio” de las telecomunicaciones hace que todos no sintamos un poco culpables de los actos ilícitos donde éstos se produzcan, sobre todo en un país como Argentina donde uno espera que el idóneo desempeño de la responsabilidad pública se imponga.

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