Mundos aparte

Mundos aparte
Por Jorge V. Ordenes L.
Los recientes encuentros de horas televisadas entre representantes del Gobierno y los Prefectos y algunos de sus asesores han ilustrado los distintos mundos en que cada uno de estos grupos se desenvuelve y vive. Se trata de mundos aparte. Pero como nada es perfecto ni esos mundos están perfectamente aparte: ¿Dónde están las mayores y más distantes diferencias?, ¿dónde éstas son menores? y ¿dónde pululan los posibles puntos de convergencia?
De entrada se puede postular que un elemento positivo de todo este despliegue ha sido precisamente el poder concluir que esos mundos son distintos y están aparte, y que desde esa perspectiva se debería comenzar a plantear el intrincado problema de cómo vincular esos mundos de modo que el país sea factible de una vez por todas, lo que a todas luces ha de ser una tarea difícil pero no imposible sobre todo a principios de 2008. Se trata de un notable avance que si se resuelve, Bolivia saldrá adelante como nunca. Si no se resuelve, hay peligro de todo tipo incluyendo el desmembramiento del país con la violencia que tal puede conllevar.
La mayor y más distante diferencia radica en la inexperiencia que ha tenido y desde luego todavía tiene, más que nunca, el Gobierno central en lidiar con un “interior” del país que no acate sin cuestionamientos lo que diga o determine el Gobierno que dicho sea de paso no solamente ha radicado en La Paz, sino que ha pervivido y se ha desempeñado en toda institución que por designio del Gobierno central ha ejercido el poder de éste en cualquier punto de la geografía nacional. O sea que los regionalismos, entre otros, tienen su origen en el manejo monopolista, politizado y a menudo percibido como incompetente del poder central del Gobierno, sus representaciones regionales y el cuestionable accionar de éstas a través de las décadas, más que en cuestiones de raza y cultura a las que se achaca mil culpabilidades injusta y hasta equivocadamente.
Un ejemplo de la influencia y control de autoridad centralista que el Gobierno de Bolivia ha perdido, y que de mil maneras demuestra que no se acostumbra a haber perdido, es la que históricamente ha ejercido sobre prefectos y prefecturas con sus respectivos tinglados de personal, presupuesto, responsabilidades y poder de acción que una y mil veces ha sido utilizado política y económicamente a favor del Gobierno central, lo que ya no va. Al respecto es importante recalcar que desde que los prefectos son electos y las prefecturas ya no están a disposición y mandato del Poder Ejecutivo, las regiones han adquirido el poder y la responsabilidad de cuestionar a éste que es precisamente lo que ha estado pasando desde la elección de prefectos. http://www.eforobolivia.org

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