Su Excelencia y el azar

junio 22, 2008

Su Excelencia y el azar
Por Jorge V. Ordenes L.
Si ciertos componentes del Poder Ejecutivo se imponen a S.E., o si éste se impone a ellos, seguramente depende del asunto en cuestión. Pero una cosa se viene perfilando como cierta, y es que tanto S.E. como los ministros y viceministros tienen nada menos que ¡al azar! como socio mayoritario de lo que deciden. La verdad es que son practicantes de los juegos del azar en politiquería con los decreteros resultantes llenos de insulseces. Bolivia hoy está “gobernada” por jugadores donde la incertidumbre reina y, por consiguiente lo jugado ¡se pierde! Lo malo es que estamos perdiendo todos y yo creo que S.E. y sus colaboradores a lo mejor ¡no lo saben! Por el momento persisten en el error de jugar con nosotros y, paradójicamente ¡con ellos mismos! Hay pues contumacia en el error. O sea que se está vilipendiando la suerte de todos los bolivianos incluyendo ellos. También nos están haciendo perder el tiempo hoy repleto de bamboleos descabellados mientras nadie del Gobierno, hasta el momento, se sonroja. ¡Increíble!

Ahora, por razones de angurria de poder nada democrático, un espejismo de ese azar encandila a S.E. y a sus ministros hasta el punto de hacerlos creer que decidir cosas de “gobierno” de resultados políticos azarosos ¡ojo! de corto plazo, incluso de cortísimo plazo, sobre todo basados en discursos vacuos y mal escritos, además de promesas, declaraciones y contra declaraciones, y aclaraciones de declaraciones, publicidades que falta a la verdad, y otros manipuleos incluyendo algunos de hecho como repartir dinero y ambulancias además de querer llevar soldados en aviones de carga; estas tonterías, decía, vienen a ser una especie de triunfo espejístico que sólo ellos parecen aplaudir, aunque no creo que todos.

Estas repartijas de “resultados” de corto plazo vienen a ser los vidrios y los collares de baratijas que los europeos trajeron a un comienzo para impresionar a los indios americanos. Y así lo pregonan S.E. y su gabinete porque el azar lo exige, y la ignorancia de harta hueste que conforman los movimientos sociales adictos a las baratijas se estrella con la seriedad y muchas verdades que por desgracia quedan empolvadas, por no decir pisoteadas, en el devenir de ese juego con nuestro futuro. Pero nadie es tonto todo el tiempo.

Sabemos que a mediano plazo buscar lío con Europa porque no hay empleo para los bolivianos que seguramente regresarán; hacer vista gorda a la escasez de gas y a su alza de precio en Bolivia; hacer arreglos turbios para trasladar soldados al Congo; dar información errónea sobre la producción de coca; organizar tumultos frente a la embajada de EEUU y hablar de romper relaciones diplomáticas; minar los deseos de autonomía de importantes departamentos; convulsionar a Tarija después de haber alterado maliciosamente a Sucre; hablar tonterías del presidente Alan García y sus políticas (cuando Perú es un país mucho más importante económica y políticamente que Bolivia); todas estas fechorías y otras, a mediano plazo, no tienen la menor posibilidad de arrojar resultados a favor de S.E. y sus “leidísimos” colaboradores, y menos el resto de nosotros, claro. Y ahí precisamente está lo inconcebible, o sea creer que el azar politicoide dará resultados cuando está visto que no habrá tal.

Y digo que no dará resultados porque en estos momentos dirigentes campesinos nacionales como Víctor Hugo Velasco y el campesino cochabambino Alejo Véliz, que en su momento otorgaron el beneficio de la duda a S.E. y su posible capacidad de gobernar, ahora se dan cuenta (porque no creen en el corto plazo ni menos en los juegos de azar como fórmula de gobierno) de que el país anda a la deriva. Incluso un dirigente aimara como Jaime Apaza, según los medios, dijo que el “Gobierno” de S.E. era nada menos que excluyente porque entre otras cosas no tomaba en cuenta los diversos sectores sociales del país. Es que ya son dos años y medio de azar de corto plazo que dejó de dar dividendos, y que el mediano plazo clama por resultados positivos que hasta ahora no llegan.

Como jugadores de azar creen que si insisten en su afán lúdico pueden ganar partidas cuando lo menos tonto sería aceptar que no han ganado ninguna, ni las nacionalizaciones. Y que por eso la probabilidad de que pierdan, entre otros, el referendo revocatorio (otra jugada de azar) les está causando dolores de cabeza. De ahí su persistencia en alevosamente haber querido coartar el referendo de Tarija en medio de la opereta de vociferar contra EEUU cuando, a propósito, éste es tan vasto y complejo que sin él, Hugo Chávez y desde luego S.E. se esfumarían. ¿Por qué? Porque el gobierno de EEUU juega poco al azar. Su naturaleza práctica está nada menos que empezando a ganar la partida sin batahola porque incluso o Chávez, el presidente venezolano, ha tenido que reducir la producción de petróleo de Venezuela porque faltan repuestos para las máquinas que en su momento se trajeron de EEUU. ¿Qué haría S.E. con El Alto si EEUU deja de comprar a Bolivia? ¿Seguir jugando al azar?


La insulsez como constante

junio 22, 2008

La insulsez como constante
Por Jorge V. Ordenes L.
El “nuevo modelo” de la economía de Bolivia enunciado por el Poder Ejecutivo es una insulsez más de gente que proclama haber leído miles de libros que seguramente han versado sobre todo menos economía y finanzas, y menos todavía sobre finanzas internacionales. Tampoco parece haber leído historia en el sentido de desconocer el fracaso de las economías estatales donde éstas se hayan tratado de apoyar en otras entidades estatales del mundo desde 1917. La historia de Bolivia ilustra con lujo de detalles el fracaso del Estado metido a empresario que, por lo visto, los insulsos que hoy tienen el poder desconocen y, peor, ¡ignoran la actitud vital de la mayoría de las etnias que hacen Bolivia! ¡Increíble!
Los que dominan el Ejecutivo dictan antidemocráticamente que la ideología de izquierda debe prevalecer a toda costa al punto de querer hacer calzar la realidad macroeconómica y microeconómica de lo que entienden por Bolivia dentro de esa ideología caduca. Ahí radica la insulsez que aludo. Se trata de un desvarío que por donde se lo mire apunta al fracaso y desde luego a la postergación de la erradicación de la pobreza de la mitad de los habitantes del proyecto de país que todavía es Bolivia que en este momento ni Poder Judicial tiene, aunque todavía hay tiempo para enderezar las cosas.
En primer lugar, cualquier intento de “expansión del Estado nacional productor”; de “industrialización de los productos naturales” para “ dizque modernizar y tecnificar la pequeña y mediana industria”, “garantizar el mercado interno” y distribuir la hipotética riqueza… necesita una Constitución Política del Estado aceptada por todas las regiones de Bolivia que haga posible la reorganización de ese “Estado” que en este momento no existe jurídica ni económicamente. Ni siquiera políticamente. Por favor, urge hacerse asesorar competentemente si uno ignora.
Lo que existe hoy es una crisis constitucional, entre otras. Y si vivimos una crisis constitucional lo primero que hay que hacer, señores del Ejecutivo, es plantearla para intentar solucionarla en función a lo que demande la mayoría del pueblo de todo el país, no solamente lo que quieran ustedes, su amos venezolanos y de ONGs, y algunos “movimientos sociales”. Digo algunos porque los bolivianos que hasta ahora han votado por la autonomía departamental también son movimientos sociales que alcanzan más de la mitad del país sobre todo si el Ejecutivo se abstuviese de obstaculizar los referendos con triquiñuelas montoneras e ilegales (si basamos la legalidad en la Constitución antigua que todavía debería regir).
Ahora, para expandir “el Estado nacional productor” primero tenernos que definir que entendemos en este momento por “Estado productor” porque el adjetivo “nacional” se sobreentiende dentro del significado de “Estado”, si o no señores leídos del Gobierno que a menudo hacen declaraciones sin el visto bueno de S:E. que por otro lado estoy seguro que las vetaría. A lo que voy es que en este momento lo “estatal” más importante está en crisis. Me refiero a la industria del gas que por haberse decretado “estatal” en forma precipitada, mal pensada y peor ejecutada, hoy no puede cumplir los contratos internacionales con Argentina; no puede contraer otros contratos de exportación; no está pudiendo satisfacer el abastecimiento interno; escasea la inversión que desesperadamente se necesita; ni menos existe un YPFB que tenga la menor perspectiva de salir adelante. Entonces ¿de qué “Estado productor” habla el representante del Gobierno con la desfachatez que lo caracteriza cuando lo único que está produciendo en este momento es la agroindustria oriental, la minería de Potosí que incluye empresas privadas como San Cristóbal y otras que por la puerta trasera del país están ingresando con la venia sumisa del los promulgadores de la producción estatizada?
Lo de “modernizar y tecnificar la pequeña y mediana industrias” es más retórica insulsa sobre todo por lo pleonástica ya que, para empezar, no se puede “modernizar” sin “tecnificar” ni “tecnificar” sin “modernizar”. Palabras cuyos significados cuentan menos que el ruido que producen al pronunciarlas entre dejos televisados de presunta sabiduría, cuando la verdad es que no se está diciendo nada. Otra verdad es que para tecnificar la pequeña industria es necesario desarrollar la mediana y desde luego la gran industria, como la agrícola que en la Media Luna se debería estimular en vez de entorpecer. Y otras que también necesitan infraestructura de autopistas y caminos, y cientos de servicios que el Estado nunca podrá satisfacer en parte porque jamás ha dado resultado en otros países, y en esto reto a los sabihondos del Ejecutivo a que nombren un solo país que en este momento tenga un sector estatal productivo que haya satisfecho las necesidades básicas de los ciudadanos, como el derecho a disentir políticamente, a criticar si restricciones estatales, y a movilizarse como le venga en gana. Les ayudo, no hay. Entonces, a qué tanta insulsez.


Masización en vez de nacionalicación

junio 22, 2008

MASIZACIÓN en vez de nacionalización
Por Jorge V. Ordenes L.
Las “nacionalizaciones” que se van actuando para la televisión con desplante histriónico de corte esperpéntico, repetitivo y poco convincente ¿son favorables en alguna forma o medida al proyecto de país que continúa siendo Bolivia? No, no creo. Y no lo creo porque de lo “nacionalizado” hasta ahora por el Gobierno actual lo único que hemos sacado es frustración por la incapacidad de cumplir con los contratos de exportación de gas firmados también histriónicamente por S.E. y su séquito que seguramente continúa blandiendo el postulado freudiano de “no queremos amos sino socios” cuando la verdad es que no se trata de uno ni del otro, sino de atraer capital para explorar, explotar, añadir valor y exportar mayor cantidad de gas natural a Argentina y a otros países incluyendo Chile. En otras palabras, se trata de resultados positivos en momentos en que el precio de los hidrocarburos en el mundo está por las nubes, y no de melodramas televisados diseñados para crédulos de promesas que ya no caben en sus arqueos mentales tan lubricados por el consumo de la bendita coca.
En este circo de varias pistas S.E. continúa demostrando incapacidad para atraer capital de inversión al país. A propósito, en 2007 Bolivia fue el país suramericano que menos inversión atrajo, una vergüenza. Además, con las “nacionalizaciones” nos estamos quedando ¡sin socios! y solamente nos va quedando el Poder Ejecutivo como “amo” y señor de todo lo nuestro, de todo lo que pertenece al pueblo de Bolivia del oriente, norte, sur y occidente de la geografía que constituye Bolivia, según nos enseñaron en la escuela.
En la medida en que se quiera rebuscar el burdo placer de hacerse por la fuerza y desde luego ilegalmente de lo ajeno, por supuesto que se satisface a gente que por su limitado conocimiento, y porque tiene poco que perder, festeja la “nacionalización” como si fuera un gran avance político y social, cuando la verdad es que las “nacionalizaciones” perpetradas durante los últimos cincuenta y tantos años, incluyendo las de este Gobierno, lo único que han logrado es postergar el planteo y las solución de los problemas sociales de Bolivia. Pero, ¿se trata realmente de “nacionalizaciones”?
No, el Gobierno no ha “nacionalizado” nada porque el término “nacionalizar” viene de “nación”, y este Gobierno no cuenta con toda la nación boliviana, sólo tiene una buena parte del Occidente (no todo) y poco más. Entonces, lo que está pasando por “nacionalización” realmente es una MASIZACIÓN. O sea que las empresas vienen a ser del MAS que ahora está en el Gobierno, y tras eso van ciegos como el avestruz y su hueco histórico. Pero hay más.
Hay más porque puede ser que las consabidas MASIZACIONES sean resultado de recomendaciones interesadas de los agentes de las ONGs y sus turiferarios que las favorecen dizque como tónico político del Gobierno en momentos en que la Media Luna, más pro autonomía departamental que nunca por los resultados de los referendos de Beni y Pando, se ha constituido en un sello de lacra y sacramento del fracaso de los torcidos esfuerzos del Poder Ejecutivo por coartar el voto democrático del pueblo. La abstención se debió al amedrentamiento sembrado por el Gobierno.


No es cuestión de referendos solamente

junio 22, 2008

No es cuestión de referendos solamente
Por Jorge V. Ordenes L.
La oposición política aprobó en el Senado los ahora endebles referendos revocatorios porque dizque el Poder Ejecutivo, con S.E. a la cabeza, estaban por ¡decretar! la celebración de un referendo de aprobación o reprobación de la espuria constitución de Oruro. Al aprobar los revocatorios se dice que se evitó el eminente referendo de la constitución espuria, cosa que, dicho sea de paso, la ley boliviana increíblemente permite, sí ¡por decreto! Claro, el temor de la oposición del Senado fue que la posible aprobación popular de lo espurio hubiera significado un fracaso de la inmensa población de bolivianos que repudia el referido documento. Con todo, el argumento de la oposición es cuestionable.
Es cuestionable porque algunos de nosotros creemos que el raciocinio topa con el hecho indiscutible de que nada detendría a S.E. y su gente a llevar a cado un referendo de aprobación o reprobación de la constitución espuria por decreto ¡ojo! después de celebrar los revocatorios; aunque habría que ver el resultado de la consulta revocatoria de S.E. desde luego, lo que de por sí viene a ser intrigante y hasta interesante por lo menos en teoría. Por eso hoy hay gente en el Poder Ejecutivo que preferiría evitar los referendos revocatorios porque sencillamente podrían perderlos. Vacilan también en dar el voto a bolivianos residentes en el exterior porque también temen perder, lo que no deja de ser posible e irreversible desde luego.
Y digo en teoría porque cualquier referendo habrá de ser víctima de la mentada compra de carnets de identidad para que la gente no vote, mezclada con otras formas de cohecho ya practicado por gente oficialista con dinero en efectivo. Esto se está viendo en las agitadas vísperas de los referendos de autonomía de Beni, Pando y Tarija. A esto hay que añadir el rumoreado voto de extranjeros que tienen carnet de identidad boliviano y podrían votar, lo que ante cualquier jurado imparcial es inadmisible. Pero todos sabemos que en el proyecto de país en que todavía vivimos todo es posible en momentos en que carecemos dolosamente de una Corte Nacional Electoral imparcial e independiente. Tampoco hay un Poder Judicial y, cuando lo haya, vaya uno a saber si será apolítico e imparcial, y competente, claro.
Insisto, la cuestión se embadurna de incertidumbre y desconfianza por la copucha en torno a la capacidad del Poder Ejecutivo de manipular y hasta manosear resultados de referendos y elecciones nacionales, lo que pone en primer plano la necesidad mayúscula de establecer múltiples y competentes observadores nacionales y extranjeros en cualquier ejercicio de sufragio de la población boliviana. Para empezar, no hay en este momento poder constituido que vigile semejante comportamiento. De ahí que todo referendo y/o elección organizados o decretados por el Gobierno central propendan a ser considerados por la mayoría de los bolivianos como corruptibles e incluso maleados de entrada. Así de mal estamos y a qué negarlo.
Y aquí es donde el referido voto de la oposición pecó de simplista. En opinión de algunos de nosotros, hubo que haber debatido en el senado y en presencia de y ante amplia cobertura periodística nacional e internacional, el tipo de vigilancia nacional y extranjera, conformado en consenso multiregional boliviano, que ausculte cualquier ejercicio electoral de modo que la idoneidad, sobre todo de elecciones controversiales como han de ser por mucho tiempo las bolivianas, se vea garantizada.
Esa vigilancia debió ser exigida por los opositores y sobre todo por las regiones de modo que el mundo vea la democracia enfermiza que tenemos. Y que si los llamados movimientos sociales invaden la Plaza Murillo como lo han hecho repetidas veces en forma violenta, y como ha acontecido premeditadamente en Sucre más de una vez, habrá que administrar los dichos y hechos con énfasis publicitario porque hay interés internacional en el acontecer boliviano, y porque la verdad propende a manifestarse cuando se pugna por ello. Aquí se debió pugnar y no se pugnó. Todos sabemos que por el lado oficial hubo y habrá abundante financiamiento venezolano para pagar a los busca líos que todos hemos visto llegan sin invitación pero con poder de entorpecimiento premeditado y apoyado incluso por las cuarenta ONG que pululan con poder invasivo de nuestra soberanía. La máquina publicitaria del Gobierno debe ser contrarrestada con ahínco y constancia.
Es relativamente fácil hacer referendos y elecciones en Bolivia. Los aparatos nacionales y regionales están aceitados al punto de que los resultados se ven mucho antes que en otros países, lo que no deja de ser desarrollo logrado a codazos pero logrado al fin. Lo que en Bolivia continúa subdesarrollado y sujeto a cuestionamientos es la idoneidad del ejercicio electoral sobre todo nacional. Y los entes de oposición al Gobierno actual deben tomar conciencia de que el problema mayor no está en tener referendos y elecciones, sino en la seriedad y credibilidad de los mismos.