La indignidad del bono

La indignidad del bono
Por Jorge V. Ordenes L.
Aquí se trata de la indignidad del mentado “bono dignidad”, la que se afianza en tres argumentos. El primero tiene que ver con la dignidad nata del hombre, y de la mujer claro. O sea que no por recibir ningún “bono” el anciano boliviano ni ningún otro gana o pierde ninguna “dignidad”, ni menos en función a un pago. Todos deberíamos saber que la dignidad es inherente al ser humano desde hace marras y como tal está protegida por la Constitución Política del Estado y las leyes que, en el caso de Bolivia, todavía no han sido sustituidas; ni menos por ninguna “justicia comunitaria”. También está protegida por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. El segundo argumento se basa en que el tal “bono” se paga en medio de la sufrida y hasta resquebrajada dignidad de los ancianos.
El tercero se fundamenta en la violada dignidad de los departamentos geográficos de la Media Luna que como se sabe han sufrido los recortes vengativos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) resultantes de la porfía ideológica de izquierda de algunos miembros vociferantes del Poder Ejecutivo; esto cuando el mismísimo Vicepresidente hace unos días destacaba por televisión las bondades financieras de Bolivia provenientes de las exportaciones de gas además de las cuantiosas inversiones acaecidas dizque desde que él y su hueste se hicieron cargo del país, con las que se hubiera podido pagar cualquier bono sin afectar el IDH.

El “bono dignidad” es indigno porque se paga a ciudadanos de la tercera edad que para empezar, y pese a la condición de salud debilitada de un gran porcentaje de ellos, deben acudir a la cola de un banco o cooperativa (por lo general voluntariosa que debería mantener mejor y con mayor profesionalismo los antecedentes de cada jubilado) para cobrar los doscientos bolivianos mensuales a los que tienen derecho desde febrero de este año, dinero que de acuerdo a los mismos ancianos alcanza, en el mejor de los casos, para algo de sustento, transporte y medicinas. Se trata de una ilusión provocada por razones políticas de la que es víctima un segmento muy necesitado e indefenso de la población, lo que no deja de ser cruel y, peor, innecesario.

La verdad es que el tal bono levanta las expectativas de los ancianos que en última instancia, insisto, resultan más frustrados que nunca. Esto porque no es de genios concluir que la mayor necesidad de cuidado individual, personal y constante de éstos ciudadanos solamente lo puede dar el sistema de asilos donde se reciba alojamiento, limpieza, sustento y cuidado médico sobre todo, como ya dije, cuando los dineros estatales se contabilizan más que nunca. O no es cierto lo que dice el Vicepresidente. O qué dicen las ONGs al respecto. Por favor, también la población de ancianos de Bolivia constituye un movimiento social que dicho sea de paso en su momento el Gobierno utilizó en manifestaciones públicas para justificar la reducción del IDH. ¡Qué engaño! ¡Y qué inocentada de algunos mayores, claro!

Digo que el bono se paga mensualmente a un costo mayor porque según un significante porcentaje de los que hacen cola, venir una vez al mes a cobrar es más oneroso, incómodo e irritante desde varios puntos de vista incluyendo el costo de transporte y el riesgo físico que tal conlleva para un anciano, y eso para empezar. Era menos malo con el Bonosol que obligaba al anciano acudir al banco una vez al año. Todos sabemos que a menudo es necesario el favor de un familiar porque no muchos ancianos se desplazan sin ayuda ni menos leen sin lentes (que a menudo no tienen porque no cuentan con el dinero para acudir a un oculista y/o porque nunca lo han hecho). Por otro lado la compañía de un pariente puede convertirse en arma de doble filo porque el que se queda con el dinero ¡es el tal pariente o acompañante! en vista de la incapacidad física y emotiva del anciano…lo que más tiene de hurto que otra cosa.

En cuanto a la indignidad de la reducción del IDH cuando era y es obvio que el erario nacional tenía y todavía tiene los fondos para pagar el “bono dignidad” sin perjudicar a las colectividades de la Media Luna, algunos de nosotros creemos que, en estos momentos, si se trata de aceptar un referendo dizque revocatorio lo primero que el CONALDE debe demandar públicamente es la aceptación de una seria y profunda revisión de la espuria constitución de Oruro; la aceptación de la autonomía departamental; y por supuesto exigir la restitución total de los dineros del IDH. Lo peor es que además de imperfecto, asimétrico y contrario a los intereses de la Media Luna (por las dobles “carnetizaciones” y otras triquiñuelas ilegales, solapadas y hasta de presunta índole terrorista) es que bajo cualquier punto de vista aceptar el referendo revocatorio significaba seguir la corriente centralista del Gobierno que busca dictar, lo que es simplemente inaceptable en este momento de trifulca judicial que empezó con el desacato de la aprobación de la constitución espuria de Oruro, algo también indigno.

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