Mientras peleamos entre nosotros

Mientras peleamos entre nosotros
Por Jorge V. Ordenes L.
Mientras nos desgañitamos y pagamos altísimo precio defendiendo principios y actos de violencia inconstitucional que nunca debieron haber llegado al grado de discordia, pérdida de tiempo y de oportunidades que sobre todo algunos del Poder Ejecutivo (PE) ha llegado a calificar de “importantes” y hasta “de vida o muerte”, sobre todo con eso de “no cambiar ni una coma” de la espuria constitución de Oruro (afortunadamente parece que ya se perfila el cambió de más de una coma), o con sus impulsos dictatoriales de ideología importada y hasta conminada por elementos caribeños y europeos; mientras todo esto y más ha venido aconteciendo, decía, el Gobierno de Brasil el mes pasado comenzó la construcción de las represas Santo Antonio y Jirau en el río Madera relativamente cerca de la frontera con Bolivia. Según los habitantes del lado boliviano y esto desde hace años, el hábitat humano y desde luego la biodiversidad se verán seriamente afectados, así como cualquier posibilidad de negociación internacional que beneficie al lado boliviano y sus lugareños ya sea con electricidad a un precio especial u otro tipo de compensación sobre todo por los posibles desalojos y otros daños.
Nadie de nuestro PE ha dado señales de conocer del asunto. Al contrario, varios se han dedicado a politizar la zona en forma violenta e incomprensible dado el costo de lo que aquí refiero, y vaya uno a saber el costo de cuántas cosas más. La verdad es que mientras pugnamos puerilmente entre nosotros, el mundo sigue andando y sobre todo Brasil que desde años viene hablando de sus necesidades energéticas que vale la pena recordar que van desde la construcción de una tercera planta nuclear (y un submarino nuclear) hasta la edificación de setenta represas en la hoya del Amazonas hasta 2030. ¿Quién del PE podría dar un informe en este momento de cómo semejante cantidad de proyectos afectará los intereses de Bolivia y sobre todo la navegación por los ríos Madera y Amazonas? En vista de que las organizaciones departamentales de Pando y Beni están siendo sujetas a un incomprensible amedrentamiento político ¿quién vela hoy por los intereses de Bolivia en esas zonas?
Yo creo que el Gobierno y sobre todo Su Excelencia (SE) deberían saber que Brasil es conocido en el orbe ecológico (que tanto preocupó a los “redactores” de la constitución de Oruro) por su desbastadora y constante arremetida contra el medio ambiente. La agrupación Greenpeace denunciaba este año que el país vecino destruía la foresta amazónica a razón de una extensión equivalente a seis campos de fútbol ¡por minuto! Lo que no deja de preocupar dada la importancia de esa foresta en el reciclaje de gases que afectan a todo el planeta. La organización Fondo Mundial pro Naturaleza (World Wide Fund for Nature) anunció también este año que una quinta parte del agua dulce del mundo corre por el río Amazonas.
Y qué de las represas San Antonio y Jirau ¿qué características específicas tienen? Según el Washington Post, el señor Marcio Porto, director de construcción de la compañía estatal Furnas Centrais Eléctricas, las dos represas son el resultado de más de seis años de planificación relacionada con la ingente necesidad de energía eléctrica que tendrá Brasil en las décadas venideras. San Antonio y Jirau costarán cinco mil millones de dólares y se espera que produzcan 6.450 megawatios de electricidad. La extensión de la superficie del agua retenida de San Antonio será de 223,74 kilómetros cuadrados lo que demandará que alrededor de 300 familias tendrán que ser evacuadas de esa zonas.
La organización protectora del medio ambiente brasileño, Ada Acaí, estima que 1.500 familias se verán desplazadas. Por otro lado la organización Ríos Internacionales, que ha estudiado el impacto de la construcción de estas represas, estima que las zonas donde serán construidas ofrecen en estos momentos una de las biodiversidades más ricas del mundo. La organización Kaninde, que estudia los asuntos de los habitantes indígenas del Amazonas, hizo saber que por lo menos tres tribus todavía aisladas serán afectadas por la construcción de represas.
El señor Porto y otros voceros de las reparticiones oficiales de cuidado del medio ambiente brasileño por su lado declararon públicamente que no creían que tribu alguna habitaba esas áreas, lo que quiere decir que los trabajos han comenzado sin que los mismos brasileños se pongan de acuerdo sobre el costo-beneficio de semejante cantidad de represas que por simple lógica habrán de tener un impacto significante en el medio ambiente que, sobre todo en los casos de San Antonio y Jirau, han de afectar las aguas y orillas bolivianas y por lo tanto a los habitantes. Nuestra obligación es determinar el grado de impacto. Y como elegimos gobiernos para que se ocupen de estas cosas, exigimos al PE ponerse en campaña técnica y diplomática de modo que sepamos en qué medida debemos cobrar o no costos al país vecino. En este momento no creo que nadie lo sepa.

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