Sembrando derechas

Sembrando derechas
Por Jorge V. Ordenes L.
Los gobiernos de extrema o casi extrema izquierda históricamente se han caracterizado por regir dictatorial y sangrientamente a menudo en nombre de un concepto equivocado de democracia que se afianza en cualquier cosa menos en la representatividad y en el consenso de la mayoría de la población respetando la Constitución vigente y las leyes, sobre todo en el caso de Bolivia del último año. Por la fuerza de la sinrazón, quitar al que tiene para distribuir mal y hasta delictivamente al que no tiene es sembrar lloviznas para cosechar tempestades.

Jamás será democrática una elección o referendo donde el decretismo, el desacato y la delincuencia se disfracen de legalismos porque lo único que hacen es gestar una cada vez más virulenta capacidad de reacción de las derechas políticas de Bolivia y del continente. Con el tiempo ¡ojo! éstas tendrán suficiente “arrastre de votos” para asegurar que las ideologías de izquierda pasen a los museos y a los anaqueles de bibliotecas, y por tiempo indefinido.

¿Dónde quedan la legalidad y los que deben vigilarla ante el creciente narcotráfico, contrabando y delincuencia? Acaso éstos más las escaseces premeditadas y regionales no son motivo de reacción justa de parte de autoridades como la Iglesia Católica? Qué de la crisis financiera internacional que ha hecho que el ministro encargado haga de avestruz, cabeza en tierra, y hable de que Bolivia está “blindada”, cuando la verdad es que no solamente está desprotegida sino que será de los países desvalidos que más sufran porque el rubro exportaciones caerá en el vacío y sin posibilidades de recuperarse ¡del altísimo desempleo y el descenso de productividad!

Tan categórica será la reacción ante los desaciertos actuales de las izquierdas, sobre todo de la boliviana, que las derechas se organizarán y triunfarán con más vigor y determinación que nunca, lo que a lo mejor tampoco es deseable ni haga bien al país. Ojalá que éstas no encuentren el justificativo, e incluso el comodín, de “movimientos sociales” realineados para gobernar a su manera que por tradición boliviana, reforzada por las izquierdas descarriadas de hogaño, postergue aún más la realización del desarrollo que desesperadamente necesita Bolivia. Si la inquina de las derechas ha de ser tan polarizada como la inquina de las izquierdas actuales, la mayoría de los bolivianos quedaremos en las mismas y el país no avanzará un adarme. Pero el tiempo transcurrirá y nosotros permaneceremos en el lodo del atraso y del ridículo nacional e internacional.

Mientras el Gobierno continúe intentando validar a empujones ilegalidades como la espuria constitución de Oruro, las detenciones arbitrarias de ciudadanos electos como el prefecto de Pando, y otros, será difícil que lo espurio sea acatado seriamente incluso si el Gobierno proclama su “aprobación” que también habrá de ser espuria. Es decir, votar por el “no” en diciembre no solamente es votar contra lo espurio, sino votar contra lo ilegal y anticonstitucional, contra lo dictatorialmente forcejeado hasta el cansancio. Y es precisamente ese forcejeo el que hoy nutre el pensamiento y la militancia de las derechas que lo único que tienen que hacer es esperar que el izquierdismo boliviano se desgaste hasta el punto de hacerles el camino cuesta abajo y expedito.

A lo que voy es que el Gobierno actual todavía está a tiempo de intentar avenirse con todas las regiones del país incluyendo Pando al que ha maltratado por pequeño y para asustar a los otros departamentos, y lo ha logrado en alguna medida pero no en toda ni mucho menos. Los actos atrabiliarios de algunos ministros han sido la mejor publicidad para votar por el no en el referendo ilegal que se avecina. Y eso también anima a cualquier oposición sea ésta nacional, departamental, provincial, local, e incluso de barrio. Descartar estos borbotones políticos es estulto. Desandar lo andado sobre todo para demostrar menos mala voluntad es menos procaz en este momento.

Desavenirse con las fuerzas opositoras, sean éstas regionales (o políticas a la antigua porque hasta la fecha no hay otras), es un error de marca mayor porque sin la participación de ellas jamás se podrá gobernar en paz, legal y, peor, productivamente. O sea que no se podrá gobernar democráticamente con la representatividad y, repito, el consenso que el concepto democracia debe conllevar sobre todo si se busca persuadir a la gente que se gobierna en nombre de la mayoría, lo que en estos momentos en Bolivia ni se cree ni, por desgracia, se espera.

Y esa creciente percepción es la que el Gobierno debe reinterpretar en el sentido de darse cuenta de que el vigor inclaudicable de la oposición de casi la mitad de la población de Bolivia mide sobre todo su falta de habilidad para gobernar en consenso. Medida que debería determinar la manera de llegar a entendimientos políticos que más tienen que ver con sacar al país del estancamiento. Sólo aprendiendo a gobernar en consenso se sabrá lo que es obedecer también en consenso.

2 Responses to Sembrando derechas

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