Chávez y sus cachorros ante la burguesía (II)

Chávez y sus cachorros ante la burguesía (II)
Por Jorge V. Ordenes L.
La nueva ley de educación aprobada engorrosamente de prisa por el Congreso chavista de Venezuela el 13 de agosto de 2009 dictamina cosas aberrantes, como tomar el control a la fuerza de la Iglesia católica, del sistema educativo venezolano en todos sus niveles, y de la totalidad de los medios de difusión; acciones que el dictador ha comenzado a imponer a contrapelo de la historia de Venezuela y del continente, y a contrapelo de lo que en ciencias sociales se entiende por burguesía. Y aquí es donde radica la pobreza del discurso chavista que por lo visto Correa, Morales, Ortega y el depuesto Zelaya, además de los arribistas que los rodean, acatan como si se tratase de maná intelectual.

En cuanto al control estatal de la Iglesia católica, para nombrar un elemento de la ley de educación de Chávez, éste está reñido con lo prescrito por su admirado comunista italiano Antonio Gramsci quien, una vez formado el Partido Comunista Italiano en enero de 1921, dirige el periódico comunista L’Ordine Novo donde ¡ojo! editorializa respetando las posiciones de los católicos y rechazando las tradicionales posiciones anticlericales del movimiento comunista.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde que el italiano comunista escribiese del fin de las burguesías y el capitalismo. Además, recordemos que durante buena parte del siglo XX estaba de moda entre los intelectuales, artistas y otros ser identificados como antiburgueses. Gramsci fue uno de sus francotiradores ideológicos por sus escritos prescriptivos del porqué y el cómo se llega al comunismo. Su condena de la burguesía italiana fue también nítida pero cautelosa porque sabía que no era cuestión de arrasar. No era tonto.

Al respecto, los consabidos consejeros españoles, alemanes y otros comunistas seguramente encuentran incómodo que el mandatario venezolano mencione simplistamente a “la burguesía” como blanco de tiro sobre todo cuando la dizque nueva ley de educación tiene el lúdico propósito de nada menos que eliminar el “estado burgués”, lo que no deja de ser un enfermizo eufemismo ya que, por un lado, refleja un conocimiento irreverente de las ciencias sociales y de la historia de la caída de la URSS y, por otro lado, indica desconocimiento de los postulados teórico-socialistas de la socialdemocracia que en opinión de muchos es el único socialismo que no ha fracasado. Al contrario, se fortalece. Pero empecemos delimitando lo de burguesía.

La burguesía terrateniente y luego capitalista-bancaria, etc. se formó en Europa y el resto del mundo desde la Edad Media, etc. La burguesía media o de clase media la continúan constituyendo los profesionales con poder adquisitivo y de práctica privada o empleados por empresas privadas y por los gobiernos nacional, regional y municipal. La burguesía pobre o proletariado es la población de menos poder adquisitivo y de menor contribución a las arcas del estado. Una política competente hace que este segmento de la población adquiera mayor poder adquisitivo, pero para eso no es necesario dañar lo positivo de las otras dos burguesías que existen y que han costado un mundo de esfuerzo desarrollarlas.
Después de la segunda guerra mundial la experiencia político-social dicta que la mejor forma de administrar las tres burguesías mencionadas es en base a la legalidad parlamentaria y judicial democrática libre donde la burguesía y el proletariado votan por igual representando a todas las tendencias políticas incluyendo las de izquierda. Esto no está aconteciendo en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Al contrario, en éstos se está yendo por el sendero oscuro reflejado en el libro Las venas abiertas… que Chávez obsequió al presidente Obama, cuando, dicho sea de paso, debió haberle obsequiado El otro sendero, Los misterios del capital y sobre todo, El misterio del capital de los indios amazónicos, parte I y II, del investigador peruano Hernando de Soto (donde se trata de la informalidad y del apego a la propiedad privada y la empresa de los indígenas amazónicos).
El quid está en que el sistema incluya un equitativo, idóneo y progresivo sistema de pago de impuestos nacionales como ocurre desde hace tiempo en los países donde gobierna la socialdemocracia. Y digo “progresivo” porque el que gana más paga más impuesto y el que gana menos paga menos. Un empresario próspero escandinavo, por ejemplo, en estos momentos paga hasta un setenta por ciento de impuesto sobre sus ganancias empresariales y con el treinta que le queda tiene casa propia y otras cosas. La socialdemocracia de su gobierno le ofrece los mejores resultados de un socialismo bien administrado (con un mínimo de corrupción) o sea cuidado de salud de altísima calidad sostenible, educación de kindergarten al doctorado universitario también de calidad, y una jubilación adecuada. O sea que el setenta por ciento paga por resultados socialistas que deberían ser el modelo de los comunistas doctrinarios, equivocados y desesperados de la Suramérica de hoy.

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