Los desatinos perduran

octubre 31, 2009

Los desatinos perduran
Por Jorge V. Ordenes L.
El mayor desatino administrativo de la corona española durante el periodo colonial de América y otros lugares fue el centralismo palaciego cuya peor característica fue proceder a nombrar virreyes, gobernadores, corregidores y otros sin que éstos ni siquiera conociesen un representante oriundo de la zona de destino, o sea un originario, y menos un metro cuadrado del terreno de América, las islas Filipinas, o las Marianas. La mentalidad hecha comisión impuesta a sangre y fuego fue mantener el desatinado statu quo tal como éste se diseñaba en Europa sin tener en cuenta, sobre todo a partir de mediados del siglo XVI, las realidades humanas de oriundos, mestizos y criollos. Para cuando transcurría el siglo XVIII y se registraban raudales de riqueza que zarpaban de nuestras entrañas topográficas, y se leían en Europa las abundantes crónicas y cartas americanas que contenían literatura a menudo admirable pero fantástica que más exacerbaba los ánimos de los nombrados que otra cosa, el daño estaba hecho. Los oriundos se cansaron por la acumulación de desatinos y buscaron el cambio que llegó a comienzos del siglo XIX.
Pero a qué viene todo esto. A que nada menos que el Gobierno de S.E., Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, siguiendo quizá un fleco de la diáspora socialista del Foro de Sao Paolo de 1990, está repitiendo el error de los reyes habsburgos y borbones de la corona española de los siglos coloniales de América al nombrar funcionarios de gobierno por lealtad a la comisión oficial y no por competencia profesional y ¡social! es decir, en discordia con la cultura y costumbres de la gente que se tenga que servir que entre otras cosas paga los sueldos de los burócratas. Esto se nota hasta en las desordenadas por no decir desorbitadas conferencias de prensa que dan representantes del Gobierno e incluso sus máximas autoridades. Éstas menosprecian y hasta desprecian la prensa libre como seguramente la hubiese despreciado Felipe II o el Virrey Toledo.
Un ejemplo específico del centralismo colonial de Bolivia es, ahora que dizque estamos en los umbrales del socialismo del siglo XXI, el último paso para recoger el título universitario “en provisión nacional” que hoy requiere presencia en la sede de Gobierno que la mayoría de los graduados del interior del Estado Plurinacional no pueden satisfacer y que últimamente requiere ¡una coima de cien dólares! por documento para el emisario corrupto que viaja a La Paz, paga y recoge. Y éste ¿no tiene que lidiar con representantes de un ministerio del Órgano Ejecutivo (Ó.E.)?
Por otro lado el Ó.E. y sus turiferarios vienen mencionando la palabra “democracia” desde que llegaron al poder pero hasta ahora los desempleados de Bolivia siguen desempleados, los originarios siguen esperando, y los apolíticos están cada vez más desilusionados porque la pobreza no ha disminuido y el desencanto cunde sobre todo por el afán del Gobierno de imponer en vez de persuadir y consensuar. En otras palabras explicar lo que quieren, y si los demás no queremos lo que ellos quieren jamás deberían imponerlo porque entonces, otra vez, estamos en la era de la torpeza colonial. Otro ejemplo, la constitución espuria de Oruro sigue siendo una amenaza de cubanización impuesta por un cuestionado proceso electoral que ojalá no se repita en diciembre aunque hacia comienzos de noviembre de 2009 hay cada vez más gente dentro y fuera del país que desconfía del biométrico como los mestizos y criollos desconfiaban de la Leyes de Indias durante la Colonia.
El 12 de octubre, día de la raza en muchas partes de América, los escandinavos otorgaron el Premio Nóbel de economía de 2009 a los profesores estadounidenses Elinor Ostrom y Oliver Williamson. La profesora Ostrom ganó el premio no tanto por sus conocimientos de economía en una época de crisis esencialmente financiera (y ética), sino por su trabajo en el área aplicada de la economía social en que prueba la ineficacia del centralismo estatal o corporativo del desarrollo humano. Su afortunado concepto multidisciplinario de “la tragedia del ciudadano común” postula que la autoridad, la que sea, tiene que avenirse con el poblador de una región, comarca o localidad a través de la aproximación y el diálogo en pos de ver y conocer cómo ese lugareño ha hecho las cosas y cómo quiere seguir haciéndolas de modo que la autoridad aprenda de él y consiga a su favor el amor propio, el orgullo, la avenencia y el visto bueno de la gente para poder salir adelante. Al salir adelante las comunidades, cada una a su manera y en armonía con el medio y el cometido de progreso, la pobreza disminuye y el país avanza. El investigador Hernando. de Soto postula algo parecido en torno a originarios peruanos.
Que es precisamente lo contrario de lo que pretende con sus imposiciones el actual Ó.E. de Bolivia y su entorno juramentado de un socialismo que busca imponer sin indagar, insisto, tal como lo hizo la corona española en la historia de América.


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