Se anuncia el fin de la guerra del banano, pero

Se anuncia el fin de la guerra del banano, pero
Por Jorge V. Ordenes L.
Afortunadamente, el 15 de diciembre de 2009 en Ginebra, Suiza, sede de la Organización Mundial de Comercio (OMC), países africanos, caribeños, europeos, latinoamericanos y EEUU dieron su respectivo y ejemplar visto bueno a un tratado histórico “amplio y definitivo” que de ahora en adelante permitirá un comercio internacional más equitativo del banano sobre todo por parte de los europeos como importadores. Esto porque, hasta la fecha, los intrincados sistemas preferenciales del Reino Unido y Francia por décadas favorecieron la importación de banano procedente de sus ex colonias de África, el Caribe, el Pacífico, y en particular de productores franceses de Martinique y Guadaloupe, en perjuicio de los exportadores de América Latina. El acuerdo incluye la suma de 200 millones de euros que las ex colonias recibirán de la UE a manera de compensación.

A propósito, Bolivia con sus caprichos ideológicos socialistoides, combinados con sus insultos racistas al más alto nivel, queda colero en cuanto a presentar, en teoría, un caso convincente que entre otras cosas permita exportar más banano con cierta regularidad, y sobre todo facilite recuperar las ventajas de un ATPDEA que EEUU le niega en función a la equivocada razón gubernamental del Estado plurinacional de priorizar el cultivo de cocales. Éstos cubren hoy 32.000 hectáreas del territorio nacional, veinte mil de las cuales son de cultivo excedentario dizque “de exportación”, cuando todos sabemos que también nutren y hacen posible la creciente producción de cocaína, y desde luego desperdician el esfuerzo labriego también excedentario que más aumenta el subempleo. Pero volvamos al banano.

La cuestión del banano al nivel planetario ha sido una de las pugnas más antiguas del sistema multilateral de comercio después de la segunda guerra mundial. Ha generado considerables debates y procedimientos en los que han intervenido docenas de miembros de la OMC, y ha dado lugar a múltiples resoluciones jurídicas adoptadas por grupos especiales de solución de diferencias como el Órgano de Apelación además de los llamados arbitrios especiales.

Todo esto desde que en julio de 1991 Costa Rica expresase, en la reunión del Consejo del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), su preocupación de que la Unión Europea estaba a punto de implementar un régimen de importación de bananos que discriminaba a los países de América Central. Por entonces Costa Rica también propuso que la entonces Ronda Uruguay llegara a un acuerdo para lograr el libre comercio de bananos. Colombia, Honduras, México, el Perú y Venezuela apoyaron la posición de Costa Rica. EEUU, dados sus intereses bananeros en Latinoamérica, se sumo poco después.

Según la OMC, hasta el 1º de julio de 1993 cada estado miembro de la Unión Europea (UE) mantenía su propio régimen de importación de bananos. A partir de entonces entró en vigor un nuevo régimen para esa importación en toda la UE lo que condujo a docenas de prolongadas negociaciones que no llegaron a puerto para la exportación mundial del banano que, según estadísticas de la OMC, en 2008 alcanzó la significante cifra de US$ 8.812 millones correspondiendo el 19 por ciento a Ecuador, 8 a Costa Rica, 7 a Colombia, 5 a Filipinas, 4 a Guatemala, 2 a Honduras, 1 a Costa de Marfil, 1 a Panamá, 1 a México, y 1 por ciento a Perú para un total de todos éstos de 49 por ciento de comercio mundial.

Lo que significa que hasta mediados de diciembre de 2009 casi la mitad de los exportadores eran discriminados comercialmente por importadores como la UE que en 2008 compró nada menos que el 49 por ciento de la producción mundial por un valor de US$ 4.338 millones; EEUU el 18 por ciento con US$ 1.373 millones; Japón el 9 por ciento con $830 millones; Rusia el 7 por ciento con US$ 671 millones; y Canadá el 3 por ciento con US$ 312 millones.

Cabe destacar que la Ronda Doha de negociaciones para liberar, simplificar y hacer menos desequilibrado el comercio mundial, sobre todo de alimentos, continúa siendo un reto de inmensas dimensiones e implicaciones que tienen que ver con derechos humanos, democracia, paz y equidad universales. En este contexto la cuestión del banano es minúscula. Y digo minúscula porque, por ejemplo, el 18 de noviembre de 2009 concluyó en Roma una serie de reuniones de la Cumbre de la Seguridad Alimentaria de las Naciones Unidas sin ningún resultado positivo, fuera de insistir repetidamente en la necesidad de llegar a acuerdos que aseguren el pan de cada día de millones de seres humanos del mundo que mueren de hambre cada año.

Los negociadores reconocieron que los precios de alimentos en el mundo están por debajo de los niveles de 2008 a causa de la crisis financiera global, y que los precios pueden subir descontroladamente por falta de acuerdos de la Ronda Doha que debería tener al alimento como tema principal pero que hasta ahora ha sido tema de desacuerdos. Ahí radica el principal y no menos prominente reto futuro.

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