Apoyar versus oponerse al Gobierno

Apoyar versus oponerse al Gobierno
Por Jorge V. Ordenes L.
Desde la elección del 6 de diciembre de 2009 y su resultado abrumadoramente favorable al Gobierno central, y teniendo en cuenta el sorprendente y hasta inesperado avance electoral de Su Excelencia (S.E.) y sus adeptos en el departamento de Santa Cruz, otros departamentos de la Media Luna y la ciudad de La Paz, las cuestiones del coqueteo, el trajín político y sus elevadas fiebres camaleónicas sobre todo como fórmula de pervivencia política (y económica) por parte de actores traqueteados, menos conocidos, aspirantes y hasta metetes, han hecho que el regionalismo, autonomismo mejor dicho, humanizados y representados por el categórico “Cabildo del Millón” de hace unos años (parecen muchos más), pasen a un segundo plano e incluso a un tercer plano para favorecer el reacomodo de moros y cristianos a como dé lugar. Esto en detrimento de lo que pudo haber sido una oposición política mancomunada, posiblemente vigorosa y defensora de las leyes y el don de gentes que se creía preponderaba en la Media Luna hasta el asalto de Pando por parte del Gobierno y la detención ilegal del prefecto electo Leopoldo Fernández. Como postula el filósofo español del siglo XX, José Luis Aranguren, “La moral se esgrime cuando se está en la oposición; la política, cuando se ha obtenido el poder”.

Haber envainado posibilidades de conformar una oposición política categórica, creciente y sobre todo unida, en una coyuntura única en la historia reciente del país, ha de continuar siendo tema de mucha conversación nacional e internacional, y de resmas de escritos. Por ahora valga decir que ese momento fue decisivo para provocar, entre otras cosas subjetivas y sicológicas desalentadoras, el desbande, por no decir el desmadre, de lo que pudo haberse unido y no se unió; y que ahora ha resultado no solamente en el abrumador triunfo electoral del oficialismo en las elección del 6 de diciembre sino que también en (1) el fortalecimiento de las dirigencias gubernamentales con cientos de disidentes camaleónicos que pudieron haber conformado oposición, y (2) el perjudicial fraccionamiento de candidaturas que incluso ahora, en vísperas de la elección del 4 de abril, encuentran prácticamente imposible dejar de lado ambiciones personales y sectoriales a favor de una sola candidatura que haga oposición consolidada e inteligente de forma que se reverse los porcentajes obtenidos por el oficialismo en diciembre.

En la disyuntiva de apoyar versus oponerse al fuerte, que tanto está sirviendo políticamente a S.E. y al grupo duro del Órgano Ejecutivo (Ó.E.), éstos deberían tomarlo como pauta e incluso aprendizaje sobre la marcha (a la que están acostumbrados) de una renovada modalidad, práctica y efectiva a corto plazo, de hacer política internacional de modo que, por ejemplo, en vez de enfrentar al Gobierno de EEUU y su poderío de toda índole (negarlo es pueril, acomodarlo políticamente es inteligente), el Ó.E. debería reconocer realísticamente que Bolivia como proyecto de país (el famoso “cambio” todavía está en ciernes) es una pigricia comparado con EEUU que mientras más “imperio” se lo llame posiblemente ¡más se lo crea! Lo que resulta contraproducente y hasta esperpéntico para el liderazgo del Estado plurinacional. “Según serás, así merecerás”, dice el refranero.

Algunos de nosotros creemos que en línea con adherirse al más fuerte en este momento S.E., triunfante y aspirante seguramente a más victorias electorales, debería empezar a adherirse a la causa de combatir el narcotráfico y renegociar la ayuda estadounidense incluyendo el ingreso de agentes con el nombre que sea, menos DEA que molesta a S.E. Insisto, EEUU es poderoso pese a la increíble crisis de moralidad capitalista que representa la debacle financiera que agobia al mundo. Desde luego, esa renovada política internacional de S.E. deberá negociar términos renovados muy claros que, por ejemplo, excluyan la controvertida “inmunidad” que propende caracterizar la presencia del personal militar estadounidense fuera de EEUU.

Por otro lado, apoyar al más fuerte lógicamente significa relegar al cada vez más débil que en este momento es su excelencia el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y sus cada vez más frecuentes contratiempos internos que van desde derroche de dinero del erario hasta cortes de luz y escaseces. Al respecto yo creo que el Ó.E. debería optar por apegarse a Brasil que no solamente va ganando poderío económico, sino que internacionalmente ha conseguido el sitial privilegiado de potencia emergente. Seamos prácticos y menos timoratos.

En cuanto a la “dignidad” del ciudadano boliviano en este momento, comparada con la dignidad digamos del estadounidense, yo creo que éste todavía tiene un sistema judicial que presume inocencia, en tanto que el Estado plurinacional está propendiendo a ¡presumir culpabilidad!… y dizque buscar probar inocencia, lo que no solamente es medieval sino ¡indigno hasta la médula! Y el Ó.E. lo tolera y hasta me parece que lo fomenta… ¡increíble!

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