Prólogo a Loén:un mundo apócrifo olvidado de Nicomedes Suárez

Prólogo
El profesor y amigo Nicomedes Suárez Aráuz y su esposa Kristine Cummins de Suáres me han distinguido pidiéndome que escriba el Prólogo de su compendio-libro LOÉN: Un mundo apócrifo y olvidado, Antología de las obras leonianas y la aestética Amnesis, lo que hago con gusto sobre todo porque se trata de un boliviano que se ha distinguido fuera del territorio de Bolivia (y no digo “fuera de Bolivia” porque Nicomedes es parte de Bolivia), concretamente en EEUU, como profesor de literatura en Smith College, una institución de educación terciaria de mujeres localizada en la ciudad de Northhamton, estado de Massachusetts.

A propósito, Smith College (en EEUU y otros países la acepción college es a menudo sinónimo de universidad) que abrió sus puestas en 1875, se debió a la acaudalada señora Sofía Smith (y no a dádivas de ningún gobierno) que en su testamento dejó establecido que parte de su fortuna fuese a financiar un College de mujeres que llevase su nombre. Con el tiempo se convertiría en una afamada institución de enseñanza donde han estudiado mujeres de renombre en diferentes campos de actividad como Margaret Mitchell, autora premiada de la novela Lo que el viento se llevó; Sylvia Plath, poetisa ganadora del premio Pulitzer; Julie Nixon Eisenhower, hija del presidente D. Eisenhower; Nancy Reagan, esposa del presidente Ronald Reagan; Bárbara Bush, esposa del presidente George Busch (padre); Julia Child, autora de libros de cocina, y otras.

El autor, “Nico”, como cálidamente deja llamarse por muchos, es sobre todo un literato formado en la lectura y reflexión de los mundos creados por la imaginación artística e histórica de poetas, novelistas, ensayistas, historiadores, analistas, críticos, intérpretes del arte más reivindicador, antiguo y por lo tanto señero que es la literatura basada sobre todo en la comunicación, en la palabra escrita o combinaciones de ésta en nuestra cultura, que como actividad es más antigua que la prostitución y más venerable que ninguna otra dedicación humana pese a ser la menos ufana cuando es auténtica, y la más generosa porque dicho sea de paso la buscan practicar no solamente moros y cristianos sino aficionados y aprendices que en muchos casos tardan en dejar de serlo.

Nico es sobre todo poeta barroco ahijado del superrealismo del siglo XX al que complementa y hasta suplementa con las originales sutilezas de su teoría literaria de la amnesis que sintetiza en el libro que prologo. En este sentido es, junto con Ricardo Jaimes Freyre, un teorista literario en un país donde no se han dado otros. Los estudios y vivencias internacionales de Jaimes Freyre y de Suárez Aráuz han sido elementos decisivos en la formación de la voluntad y habilidad creadoras de ambos teoristas porque algunos de nosotros creemos que para llegar a ser teorista literario es necesario llenar los requisitos sobre todo de filólogo a carta cabal… lo que exige un conocimiento serio de las teorías literarias y sobre todo de la historia literaria de una cultura, de un idioma o de varios. Nico conoce las literaturas escritas en castellano y en inglés, y las ha estudiado en Argentina, Inglaterra y en la Universidad de Ohio donde sacó su doctorado en literatura comparada en 1976. Luego ha seguido estudiando y aportando desde el atalaya cultural que ofrece un Ph.D. y sobre todo su estela en la que se encuentra Loén: un mundo apócrifo y olvidado…

Al respecto quepa destacar la triste verdad de que en lo que va de 2010 no hay universidad privada de Bolivia que ofrezca licenciatura en literatura de ningún idioma, ni tampoco en filosofía, historia de Bolivia (menos universal) e historia del arte, lo que explica en buena medida la falta de habilidad cultural afín que sirva de aglutinante y denominador común de manera que los regionalismos y las diferenciaciones étnicas, tan agudizadas en nuestros días, disminuyan a favor del desarrollo de elementos culturales universales y válidos que han servido a otros países de base única e irremplazable para constituirse en naciones.

El profesor Suárez ha dividido el libro que prologo en cinco partes que son: I. Cronología del Amnesis; II. Apreciaciones críticas; III. Los escribanos de Loén; IV. De Loén al Amnesis; y V. Cinco poetas amazónicos bolivianos. No he visto la cronología del Amnesis al comienzo pero las Apreciaciones provienen de escritores de variada eminencia como Enrique Linh Carrasco (1929-1988), poeta, dramaturgo, novelista, crítico y dibujante chileno; Jorge Luis Borges; Barry Katz de la Universidad del Commonwealth de Virginia; un artículo ilustrado publicado en la revista Proa en febrero de 1990 del poeta argentino premiado, ensayista, traductor, productor de teatro, editor de la revista Cartón de poesía, Manuel Serrano Pérez; un artículo del autor boliviano, analista literario y miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua y profesor de literatura en universidades estadounidenses, Oscar Rivera-Rodas, publicado en Handbook of Latin American Studies en 2005; un artículo de Rubén Vargas publicado en Mar con Soroche. Santiago, Chile, 2007; y un artículo del miembro de la Academia Boliviana de la Lengua Marcelo Arduz Ruiz publicado en el diario La Prensa, La Paz, 2009. Todos escriben alusivas apreciaciones literarias.

La IV parte, Los escribanos de Loén, cuenta que el cronista Gonzalo Mendoza de Arroyos (1538-1600), que es un afortunado invento del profesor Suárez lo mismo que la Loén poblana y campestre, relata en su libro (de Mendoza de Arroyos) Relaciones y comentarios [las itálicas son mías] la historia de unos escribanos de crónicas de Loén que habiendo perdido a su Oficial Mayor de nombre Abelardo Núñez de Arce, “caen” en el pasatiempo de crean juegos lingüísticos que con el tiempo se compilarían bajo el título de Altas cosas [las itálicas son mías]. Destaco “caen” porque de conquistador a escribano seguramente era caer en la inactividad física para explorar la actividad metal e incluso intelectual, sobre lo que diré algo más adelante. Por otro lado aquí el autor hace una digresión importante por lo histórica, y es la constante agresión por parte de piratas ingleses a los puertos y costas americanas sobre todo antes de que los perseguidos protestantes llegaran a las costas de Massachusetts a comienzos del siglo XVII. Los piratas más notables actuaban como agentes de la corona inglesa y hasta fueron condecorados con la orden de “sir”, como sir Francis Drake, uno de los piratas más temibles de la época.

Luego Nico dice que la obra culta lingüística de los escribanos de Loén es mencionada nada menos que por el autor de la afamada y única Historia natural y moral de las Indias (1590), el jesuita José de Acosta (1540-1600) que si bien en enero de 1574 visitó La Paz, en abril Chuquisaca incluyendo Potosí, para después participar en la expedición del Virrey Francisco de Toledo por el río Pilcomayo contra los chiriguanos y luego regresar a Lima en octubre, nunca, por desgracia, llegó a Loén de Moxos. Además, Acosta en su obra, hace casi nula referencia directa a actividades de los españoles. Su obra está dedicada a los aborígenes, a la flora y la fauna, a la geografía y a las regiones con un detalle impresionante e informativo para la época en que escribió.

Luego Nico aborda la afortunada contribución de Luzgardo Rea de Aguirre que según los diaristas de Loén sugirió “plasmar escritos” con partes de la oración gramatical, con sólo artículos o sólo sustantivos. Otro sugirió la utilización de textos de juicios judiciales para manipulaciones lingüísticas y muchas sugerencias que en última instancia más rinden tributo, estructuralmente, al deconstruccionismo de un Derrida, y literariamente al enunciado del escritor mexicano Alfonso Reyes (1889-1959) que en “Un tema de la vida es sueño” en Capítulos de literatura española (1951) dice “La mente literaria…no procede sólo por asociaciones ideológicas. Sino también por simples asociaciones verbales”. Y el verbo se hizo carne y habitó en la sensibilidad del lector sereno, verdadera autoridad, diría Suárez Araúz.

Aquí caben dos comentarios generales. Uno, que los “conquistadores de Loén”, pese a las aclaraciones del autor, me parecen demasiado cultos y letrados para ser conquistadores españoles que más eran de poco hablar y mucho accionar, sobre todo cuando la Gramática castellana de Antonio Nebrija se había publicado en 1492 y escasamente se conocían los términos gramaticales sobre todo por aventureros y hombres de armas en general, aunque desde luego existieron cronistas cultos y conocedores de las posibilidades del idioma incluyendo el cronista Diego Felipe de Alcaya (Santa Cruz de la Sierra 1581-?) que en su notable crónica Relación cierta… narra la presencia histórica de andinos e incluso incas en las zonas de Moxos y otras del Oriente hoy boliviano; y el poeta español Martín del Barco Centenera (1535-1605) autor de Argentina y conquista del Río de la Plata,… (1602) poema al estilo de la Araucana de Ercilla en que incluye las octavas “Gran Moxó Señor del Paytiti” que refieren reinos fantásticos y fabulosos de la región de Moxos. El poema de Del Barco no solamente dio origen al nombre de un país sino que también al del Río de la Plata, nada más y nada menos. Alcaya y Del Barco fueron contemporáneos a los escribanos de Loén. Después de todo, esa incultura generalizada combinada con el arrojo y el afán de riqueza más la tendencia a creer en monstruos, amazonas y aparecidos de los conquistadores hizo muy difícil la implementación significante de las Leyes de Indias, entre otras cosas.

El otro comentario tiene que ver con la ausencia de aborígenes en la crónica de Loén, que seguramente eran los que con su trabajo mayormente forzado alimentaban e incluso defendían a los conquistadores-escribanos. Con todo, está claro que el énfasis está en el hallazgo de 1965 de la piragua con los pliegos, y el inicio del importante elemento del olvido y su resultante afán creador para sustituir de alguna manera y en alguna medida lo ido o simplemente olvidado, lo que nos recuerda la ponencia del poeta inglés Matthew Arnold (1822-1888) que en “Absence” (1852) dice And we forget because we must // And not because we will. Debemos olvidar por obligación // y no porque olvidaremos.

Los cinco poetas amazónicos bolivianos son creaciones post amnésicas de Nico, o mejor, son él, y nunca investigadores de carne y hueso darán con él a no ser que lean el cuarto párrafo de ENTES POÉTICOS, que está en el libro que prologo, en que Nico confiesa: “Mi esquizofrenia consciente parte de una metáfora clave: el imaginario olvido de mi mismo para ser otros. Es decir, esa metáfora es la amnesia.”

Pero Suárez nunca olvida ni pasa por alto un elemento latente, vacilante, huraño, oculto pero presente en claro oscuro y tono grave en su obra de Loén y sobre todo en su poesía abstracta, barroca y sugerente en forma tácita, y es el amor a su tierra beniana, verde, cálida maternalmente, compañera fiel, generosa de agua, de especies y de especias; amor también a su adoptado ancestro movima, oriental boliviano por sobre todas las cosas, y por extensión a su ámbito regional amazónico. Sobre la Bolivia andina y/o andina-oriental no recuerdo haber visto nada aunque sí sobre América y el mundo.

Suárez Araúz recurre a la amnesia como ley natural para posibilitar la existencia pasada de una gran cultura movima o moxeña que desde luego la imaginación puede, y según él debe, posibilitar como existencia “real”. La de los reinos prodigiosos que menciona el poeta español Del Barco Centenera, entre otros. Incluso bajo el subtitulo de Amnesia Histórica cita al filósofo francés Ernest Renan justificando lo del olvido o la deformación de la historia; lo que no es nuevo, ni Nico pretende hacerlo primicia, porque incluso en la vieja Grecia, Eumelo de Corinto tomó la historia de la desaparecida Éfira y la adaptó como la historia de Corinto, y todos le creyeron.

Una cosa más, cuando Nico conversa incluso hoy, por razones estrictamente sicológico-literarias, continúa cifrando vivencias de olvido que rememora a duras penas y que no parece que se haga el que rememora o intenta recordar. Yo creo que las recupera o cree que las recupera y completa con imaginación barroca y febril, a menudo difícil de discernir incluso por él mismo, al punto de que cuando lo embosca la necesidad de hablar en serio tiene que decirlo: “en serio… quiero decirte…” Su autenticidad lo persigue inmisericordemente aunque él se vea en la imposibilidad de admitirla porque para él es olvido, es la amnesia desnuda en danza del fuego que sirve de expiación perenne. Sobre ella el ave Fénix. Por eso Loén necesita desesperadamente del prójimo para existir, persistir mejor dicho: lo que a Nico nunca faltará. Como escribió Francisco de Quevedo en Epícteto traducido, cap. IV, en la célebre época del Loén inolvidable o quizá algo después, “En lo aparente que me ofrece la fantasía, eres fantasma, y no lo que pareces.”

Otro mérito literario de Suárez Araúz radica, fuera de su original estilo superrealista de notable capacidad sugestiva y evocadora (por medio de la cual el observador o lector crea sus propio orbe de abstracciones y deducciones) en que a la manera de José Ortega y Gasset dice… si no salvo mi circunstancia no me salvo yo. Lo que viene a significar un horizonte infinito de posibilidades que engendra el gran obsequio cósmico del olvido o la amnesia. Dádiva salvadora y redentora del ser humano pensante que por medio de la imaginación, la fantasía y sobre todo la vida que el mismo cosmos le ha concedido, puede hacer de sí, su circunstancia, del mismo cosmos e incluso del mismísimo olvido, un capullo de lo que idóneamente guste o venga en gana sin que nadie ni nada lo restrinja, ni pueda, ni se atreva, insisto, a limitarlo porque corre el peligro de caer en el agujero negro, también cósmico, del olvido. Un olvido que se olvide de sí mimo… lo que haría sonreír a Nico como diciendo “de eso se trata”. Es este sentido la teoría literaria de Suárez es un halago a la existencia en la imaginación, fantasía y libertad como equilibrio volitivo pero vital; por otro lado y por desgracia, tan vilipendiado como posibilidad creadora sobre todo hogaño, en Bolivia.

Jorge V. Ordenes L., Ph.D., Literatura Hispánica
Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua
Enero de 2010

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