Estatizar aquí, allá y acullá

mayo 23, 2012

Estatizar aquí, allá y acullá

Por Jorge V. Ordenes L. *

La Unión Europea, que sabe de estatizar, define una empresa pública como cualquier empresa donde los poderes públicos ejerzan, directa o indirectamente, una influencia dominante en razón de la propiedad, la participación financiera y/o las normas que las rijan. Las nacionalizaciones en Bolivia, del siglo XX hasta la fecha, caben dentro de esta definición.

 

No hace mucho un alto funcionario del Gobierno Plurinacional de Bolivia   invitaba a los países del planeta a estatizar la empresa privada. Incluso Su Excelencia hizo eco de esta proclama que como arenga puede ser que sincope con los conocidos postulados del Gobierno, pero como curso factible de realización no salva ni las primeras pruebas de riesgo y conocimiento, o sea saber lo que se busca para bien de la gente y no de un capricho poco original ya que, como política, resultó un fracaso en la órbita soviética y ahora en Cuba que más bien está desnacionalizando, y todos lo sabemos.

 

Es un error pensar en estatizar empresas privadas nacionales y/o internacionales exitosas que pagan mayormente impuestos nacionales y locales de ley (me refiero a las que no evaden ni sobornan) y que han hecho posible grandes adelantos en todo los campos del saber y del quehacer, mayormente para bien, desde hace siglos. A propósito, el problema de la evasión de impuestos es político ya que la aritmética elemental no miente ni en economía.

 

Estatizar empresas es complicado porque no solamente depende del voto de la gente que de una u otra forma se verá afectada por la estatización, sino ¡ojo!… porque el factor riesgo impide, o debería impedir, que un Estado tenga la audacia, la entereza lúdica, el apoyo de la ciudadanía y la puerilidad política de arriesgar lo que no es suyo sino del pueblo, o sea el dinero en efectivo que a menudo incluso sale de las reservas monetarias del Banco Central. Arriesgar los activos del Estado en Bolivia por razones políticas ha sido una nefasta experiencia desde al Revolución de 1952. La mente y el teclado vuelan… si entramos en detalle que abarcaría a la mayoría de las empresas estatales creadas desde 2005. Ni hablar de YPFB y sus ingentes necesidades de capitales de inversión que paradójicamente se busca que sean ¡privados!

 

Recordemos una vez más que generalmente la empresa privada arriesga su capital, nunca el del pueblo o sea el dinero del Estado. Y si esa empresa arriesga dinero pedido prestado de un banco y la inversión fracasa, sólo ella es responsable ante el banco que, si no recibe puntual pago, enjuicia y, en un país ordenado jurídicamente, la empresa perderá aún más para cumplir. De ahí que lo que interesa analizar es el factor riesgo que lógicamente está inhiesto en toda aventura sobre todo financiera, desde las cuentas de ahorro individual hasta las grandes inversiones en bolsas de valores y sus derivados.

 

El ser humano históricamente ha protegido, mejorado y hasta perfeccionado lo suyo, lo propio, mucho mejor que si se le encomienda proteger lo comunitario, lo de todos, lo estatal. ¿Por qué? Porque perfeccionar lo suyo, arriesgando, nutre constantemente la esperanza de alcanzar reconocimiento e incluso renombre, dinero y fama. En el mundo moderno se llama “emprendedor” con éxito. Si en el proceso le quitas la posibilidad de acumular dinero o sea capital, dejará de hacer y peor, dejará de pensar lo que hará que la sociedad, con un gobierno que restringe, deje de progresar como otras sociedades contemporáneas… que es lo que aconteció con la URSS. La programación estatal jamás ha ganado ni ganará a la libre imaginación y sus posibilidades de progreso sorprendente e incluso inimaginable. Un sistema político que grave impuestos y permita que la imaginación aplicada iguale las condiciones de vida para arriba, o sea que amplíe la clase media, como ha hecho Brasil, Chile y Uruguay, tendrá posibilidades de gobernar mucho tiempo lo que está comprobado en los países desarrollados, pese a todo.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


Europa y “la destrucción creativa”

mayo 19, 2012

Europa y “la destrucción creativa”

Por Jorge V. Ordenes L.*

Los conceptos de acumulación de riqueza inherente al capitalismo y su resultante aniquilación para volverla a producir fueron inicialmente aludidos en el Manifiesto comunista de 1848, para luego ser elaborados con mayor detalle en el libro IV de El capital (1863) de C. Marx. En el siglo XX el sociólogo alemán W. Sombart, hacia 1913, fue el primero en utilizar en sus escritos la frase “la destrucción creativa” como una inercia (provocada) que tiende a socavar e incluso destruir la riqueza existente por medio de guerras y crisis económicas con el propósito de generar renovada riqueza en mayor cuantía, cobertura y posibilidades. Hacia 1942 el economista austriaco-estadounidense, Joseph Shumpeter, postuló que ese ineludible afán de “destrucción creativa” del capitalismo a la larga lo llevaría a su debilitamiento y posible destrucción. Desde entonces varios teoristas como David Harvey,  Marshall Berman y Manuel Castells, entre otros, han encontrado en la “destrucción creativa” una formidable tarima intelectual para justificar desde los desplazamientos geográficos de “la creatividad” capitalista, hasta “la destrucción” inevitable gestada por la innovación de toda índole lubricada por la globalización de ambos impulsos e incluso de lo éticamente aceptable y, desde luego, de lo inaceptable.

 

Ahora, la pregunta ineludible del momento es si la “destrucción creativa” está en plena ejecución en la Unión Europea que encuaderna la mayor crisis financiera (fundamentalmente ética) de todos los tiempos encabezada por Grecia. La respuesta es afirmativa. Me explico.

 

En pleno mayo de 2012 el forzado ajuste presupuestario de cada país de la zona del euro, sostenido sobre todo por Ángela Merkel, Canciller de Alemania (y el gobierno de Finlandia), es audaz, irreverente y hasta quimérico porque pretende imponer no sólo disciplina fiscal a través de un acuerdo que incluye la obligación de volver a adherirse a un déficit máximo del tres por ciento del PIB o menos, sino que pretende deshacerse de los factores estructurales (y aquí está la parte destructiva) que en países como Grecia, España, Italia, Irlanda y Holanda (Inglaterra no está en el Euro) prevalecen… como la corrupción (sustento tradicional de muchos), los presupuestos sociales de salud, educación, jubilación, desempleo más los esporádicos desembolsos de ayuda a empresas estatales y bancos privados (España hoy) que por razones cíclicas endógenas o exógenas necesitan financiamiento como en el caso de los bancos financiadores lúdicamente de la burbuja inmobiliaria que desde 2008 afecta sobre todo a las zonas atemperadas del Mar mediterráneo: Grecia, Italia y España donde, dicho sea de paso, alemanes, escandinavos, ingleses y otros gozan del sol verano tras verano… en propiedades inmuebles demandadas económicamente por ellos.

 

De todos los factores contribuyentes a los déficits, la corrupción, éticamente injustificable pero no menos existente, está ligada a los vectores culturales e históricos que la amamantan y rigen, y a la manera de proceder del Poder Judicial de cada país y hasta de cada región. Ahora, ¡ojo!, intentar alterar y menos sustituirlo o “destruirlo” de la noche a la mañana (Grecia en estos momentos) es, como digo, quimérico. Y como no se puede “destruir”  tampoco se puede “crear” lo nuevo. Quizá se pueda debilitarlo pero poco más. No es tan sencillo.

 

La crisis europea de hoy, por lo menos en los países aludidos de la zona del Mar Mediterráneo, más Portugal, Irlanda, Holanda y por ahí también Francia, guardando cierta distancia de guarismos y circunstancia, ha de ser difícil que den luz verde al designio marxista-estadounidense-merkeliano de “destruir para crear”. ¿Por qué? Porque las colectividades de estos países, alfabetas y mayormente bien comidas (hasta hoy), soportan cada vez menos los recortes de gastos sociales implementados por gobernantes europeos de centro-derecha avezados en la política de intereses creados y su protección.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


El “milagro alemán” y sus costos

mayo 11, 2012

El “milagro alemán” y sus costos

Por Jorge V. Ordenes L.*

La prensa internacional viene diciendo que la economía alemana muestra signos de recuperación por encima de lo pronosticado luego de haber registrado números negativos el cuarto trimestre de 2011 principalmente debido a la cada vez más débil demanda agregada de las economías europeas que confrontan una crisis financiera sin precedentes. En marzo de 2012 las órdenes de compra de productos industriales alemanes registraron un aumento de 2,2 por ciento, 2,00 por ciento los bienes de inversión y 3,00 por ciento los bienes de consumo. Los fabricantes de vehículos Beyerische Motoren, Volkswagen and Daimler han tenido un aumento sin precedentes de ventas en China. El Washington Post acota que “con el reciente nivel de desempleo, el más bajo desde la reunificación, los trabajadores alemanes están asegurándose los aumentos salariales más elevados de las últimas dos décadas”, en tanto que la mayor parte de la zona del euro gime y desde luego sufre la política de austeridad financiera impuesta a rajatabla sobre todo por el conservadorismo europeo representado especialmente (pero no solamente) por la canciller alemana, Angela Merkel, y por el recientemente derrotado presidente de Francia, Nicolas Sarkozy. Es probable que el eje “Merkozy” haya pasado a la historia con la elección del presidente Hollande en Francia. No tardaremos en verlo.

 

De todas maneras vale la pena sopesar la opinión y el punto de vista de alemanes de dentro y fuera de Alemania que hoy postulan que el ajuste alemán ha sido doloroso y estoico sobre todo desde la crisis de comienzos de los años 2000 que afectó al “milagro alemán” y sobre todo a la clase trabajadora que tuvo que pagar un alto precio… mayormente silencioso.

 

Según ellos, las reformas comenzaron en 2003 cuando Alemania registraba un doce por ciento de desempleo. La solución oficial inapelable fue adoptar una política de ofrecer trabajo con menos sueldo (de unos mil euros al mes en promedio que apenas alcanzaban a un recién casado) y más flexibilidad en cuanto a trabajar 38 en vez de 35 horas semanales porque de lo contrario se decía amenazantemente que las fábricas no tendrían más alternativa que emigrar a países como Rumania donde la fuerza laboral aceptaría sueldos menores. El objetivo era reducir el desempleo alemán a un costo financiable y… ¡se lo redujo! Las fábricas no emigraron ni los precios de exportación subieron desproporcionalmente. Eso sí, la edad de jubilación se subió de 65 a 67 años en 2007 y si alguien subsidiado estatalmente optaba por pedir limosna, los inspectores calculaban los euros recolectados y los descontaban del subsidio. El resultado fue el descenso del desempleo de algo más de cinco millones, a tres millones  en cinco años.

 

Desde el punto de vista macroeconómico y si Alemania hubiese continuado con el marco como unidad monetaria, lo que pudo haber hecho es devaluar el marco de modo que todo lo demás alemán incluyendo sueldos y costos hubiese encontrado un ajuste inmediato excepto lo importado, desde insumos hasta mercadería de otro tipo, que costarían más en marcos quizá con algo de inflación. Pero, claro, el euro no se puede devaluar lo que hoy favorece a Alemania pero resulta desbastador para una Grecia, por ejemplo.

 

El cimiento del “milagro alemán” está sobre todo en la resignación, el sentido de sacrificio y el espacio de maniobra (buena educación, cuidado médico, et. al. financiados por el estado) que ha tenido históricamente la clase media alemana que incluye la trabajadora. La huelga, el paro, el bloqueo como recurso de presión no cabe en la mente alemana, tampoco en su idiosincrasia porque sabe que es dispararse en el pie o peor, es disparar en la imagen del país en el exterior. Cree y confía en la negociación y sobre todo en la idoneidad y competencia de sus representantes. De ahí la gran posibilidad de avenirse antes de echar por tierra el acuerdo. Pero que los ajustes tienen costo, no cabe duda, incluso en Alemania.

 

*El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.

 


Cuando los Andes sollocen

mayo 4, 2012
Cuando los Andes sollocen
Por Jorge V. Ordenes L.*
El conocido teorista y profesor estadounidense de economía, Hyman P. Minsky, (seguidor y suplementante de los planteos de J. M. Keynes) propendió ligar la fragilidad de los mercados financieros, en los ciclos normales de una economía relativamente organizada, con burbujas de inversiones especulativas endógenas e incluso inherentes a esos mercados financieros.
 
Mirando el asunto de otro ángulo y/o en otras palabras, Minsky postula en sus escritos que en épocas de prosperidad, cuando el flujo de caja de las grandes corporaciones aumenta por encima de lo necesario para cumplir con sus deudas, se gesta una especie de creciente euforia especulativa que tarde o temprano resulta en una formidable inhabilidad de pagar esas deudas lo que a su vez provoca una crisis financiera que tiene como característica principal restringir el crédito… lo que contrae aún más la posibilidad de crear empleo, aumentar la demanda agregada, recolectar másimpuestos que pagan sueldos y  beneficios sociales, etc. De ahí que la inversión especulativa, las mentiras y corruptelas, que conducen a la internacionalización de sus nefastos tentáculos, tengan que ser supeditadas a regulaciones que sólo los gobiernos nacionales electos limpiamente pueden implementar y hacer respetar. Minsky hoy vemos que fue profético.
 
Haciendo un paralelo entre el raciocinio económico del Profesor y el presente geopolítico-social suramericano podríamos decir que los seguidores recalcitrantes del Foro de San Paulo como los chavistas de Venezuela, ante la gravedad de la enfermedad de su líder, se están portando como los inversionistas especulativos de los países capitalistas porque como éstos, que acaparan el dinero pisoteando regulaciones y hasta cambiando las leyespara favorecerlos, aquellos no solamente quieren soslayar leyes y constituciones sino que buscan acaparar el poder a como dé lugar recurriendo incluso a un ¡golpe de estado! que daría por tierra con la posibilidad de una elección presidencial que, por las urnas y pese a la ayuda cubana, podría apartarlos del poder de una vez por todas. Desde luego achacarían el golpe de estado a las fuerzas de oposición política al actual Gobierno de Hugo Chávez lo que les permitiría pregonar a los cuatro vientos las razones por las que “se verían obligados” a simplemente tomar el poder por la fuerza. Y aquí es donde la cosa se pone continental.
 
Cuba necesita la ayuda que el gobierno de Chávez le ha estado proporcionando en forma sostenida no solamente con petróleo y derivados sino con discursos condenatorios del bloqueo norteamericano, de la exclusión de Cuba de la OEA y de las reuniones cumbre de las Américas, etc. Incluso el presidente Chávez recientemente anunció que abogaría por la expulsión de EEUU de la Corte Interamericana de DD. HH. Por todo esto y más será difícil que el Gobierno de Raúl Castro no apoye  esfuerzos que prolonguen el chavismo en Venezuela. Por eso las repetidas reuniones recientes entre representantes de los gobiernos cubano y venezolano.
 
Pero también será difícil que el gobierno de Brasil e incluso el gobierno de Colombia vean con buenos ojos una penetración ampliada del populismo cubano en Suramérica. Venezuela tiene treinta millones de habitantes e ingentes reservas de hidrocarburos y otras riquezas que de caer en manos hegemónicas con nexos iraníes y con gobiernos populistas como los de Bolivia, Ecuador, Nicaragua que a codazo limpio quieren ganar popularidad, y otros simpatizantes de conveniencia como Argentina. Si de las palabrotas, gritos e insultos se pasa a la confrontación física, será difícil que EEUU permanezca indiferente. Una cosa es el “río revuelto” con pescadores financieros y politicastros, todos angurrientos, y otra muy distinta es el, o los ríos… teñidos de sangre nada menos que con los picos andinos de espectadores. Como las piedras “tienen sexo” los testigos sufrirán.
 
* El autor es Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua.