Estatizar aquí, allá y acullá

Estatizar aquí, allá y acullá

Por Jorge V. Ordenes L. *

La Unión Europea, que sabe de estatizar, define una empresa pública como cualquier empresa donde los poderes públicos ejerzan, directa o indirectamente, una influencia dominante en razón de la propiedad, la participación financiera y/o las normas que las rijan. Las nacionalizaciones en Bolivia, del siglo XX hasta la fecha, caben dentro de esta definición.

 

No hace mucho un alto funcionario del Gobierno Plurinacional de Bolivia   invitaba a los países del planeta a estatizar la empresa privada. Incluso Su Excelencia hizo eco de esta proclama que como arenga puede ser que sincope con los conocidos postulados del Gobierno, pero como curso factible de realización no salva ni las primeras pruebas de riesgo y conocimiento, o sea saber lo que se busca para bien de la gente y no de un capricho poco original ya que, como política, resultó un fracaso en la órbita soviética y ahora en Cuba que más bien está desnacionalizando, y todos lo sabemos.

 

Es un error pensar en estatizar empresas privadas nacionales y/o internacionales exitosas que pagan mayormente impuestos nacionales y locales de ley (me refiero a las que no evaden ni sobornan) y que han hecho posible grandes adelantos en todo los campos del saber y del quehacer, mayormente para bien, desde hace siglos. A propósito, el problema de la evasión de impuestos es político ya que la aritmética elemental no miente ni en economía.

 

Estatizar empresas es complicado porque no solamente depende del voto de la gente que de una u otra forma se verá afectada por la estatización, sino ¡ojo!… porque el factor riesgo impide, o debería impedir, que un Estado tenga la audacia, la entereza lúdica, el apoyo de la ciudadanía y la puerilidad política de arriesgar lo que no es suyo sino del pueblo, o sea el dinero en efectivo que a menudo incluso sale de las reservas monetarias del Banco Central. Arriesgar los activos del Estado en Bolivia por razones políticas ha sido una nefasta experiencia desde al Revolución de 1952. La mente y el teclado vuelan… si entramos en detalle que abarcaría a la mayoría de las empresas estatales creadas desde 2005. Ni hablar de YPFB y sus ingentes necesidades de capitales de inversión que paradójicamente se busca que sean ¡privados!

 

Recordemos una vez más que generalmente la empresa privada arriesga su capital, nunca el del pueblo o sea el dinero del Estado. Y si esa empresa arriesga dinero pedido prestado de un banco y la inversión fracasa, sólo ella es responsable ante el banco que, si no recibe puntual pago, enjuicia y, en un país ordenado jurídicamente, la empresa perderá aún más para cumplir. De ahí que lo que interesa analizar es el factor riesgo que lógicamente está inhiesto en toda aventura sobre todo financiera, desde las cuentas de ahorro individual hasta las grandes inversiones en bolsas de valores y sus derivados.

 

El ser humano históricamente ha protegido, mejorado y hasta perfeccionado lo suyo, lo propio, mucho mejor que si se le encomienda proteger lo comunitario, lo de todos, lo estatal. ¿Por qué? Porque perfeccionar lo suyo, arriesgando, nutre constantemente la esperanza de alcanzar reconocimiento e incluso renombre, dinero y fama. En el mundo moderno se llama “emprendedor” con éxito. Si en el proceso le quitas la posibilidad de acumular dinero o sea capital, dejará de hacer y peor, dejará de pensar lo que hará que la sociedad, con un gobierno que restringe, deje de progresar como otras sociedades contemporáneas… que es lo que aconteció con la URSS. La programación estatal jamás ha ganado ni ganará a la libre imaginación y sus posibilidades de progreso sorprendente e incluso inimaginable. Un sistema político que grave impuestos y permita que la imaginación aplicada iguale las condiciones de vida para arriba, o sea que amplíe la clase media, como ha hecho Brasil, Chile y Uruguay, tendrá posibilidades de gobernar mucho tiempo lo que está comprobado en los países desarrollados, pese a todo.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua

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