Cambiar la mentalidad

junio 14, 2012

Cambiar la mentalidad

Por Jorge V. Ordenes L.*

Rafael Correa, presidente de Ecuador, insiste en cambiar la mentalidad del suramericano de modo que éste acepte el socialismo y se olvide del capitalismo sobre todo el de empresas de periodismo. Seguramente también ha de querer deshacerse del capitalismo en general y reemplazarlo con el estatismo centralizado a lo Luis XIV, Rey de Francia del siglo XVIII, que proclamaba que el Estado ¡era él! Fidel Castro postuló algo parecido excepto que su estatismo ha tenido nimios resultados porque, después de medio siglo de poco menos que reinado de los Castro, ha tenido que aceptar un capitalismo dosificado que clama mayor dosis tanto de libre empresa como de libertades civiles que ojalá lleguen como aceptación de un fallido experimento comunista. “Errar es humano y perdonar es divino”, pero la contumacia en el error de medio siglo poco tiene que ver con perdones sino con los emuladores que por razones clínicamente inexplicables ¡los hay!

Un socialismo sin capitalismo que lo ayude a financiarse fue en buena medida lo que hundió a la Unión Soviética… y todavía mantiene en limbo el futuro de Corea del Norte, Cuba e Irán. Y un capitalismo desbocado y corrupto, sin un socialismo que proteja a la población relativamente menos dotada, fue el que gestó la inmensa crisis de EEUU sobre todo a partir de 2008, que hoy representa un reto sin precedentes en proceso de planteo y posible solución. Como ejemplos de equilibrios entre capitalismo y socialismo están Alemania y los países escandinavos. En Suramérica Brasil, Chile, Uruguay y Perú.

Al respecto, quizá no haya duda de que Su Excelencia (S.E.), el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, esté de acuerdo con el Sr. Correa y con los Castro en eso de querer cambiar mentalidades de la población pero ¡ojo!, ahí radica el problema de mentalidades dictatoriales porque cualquiera que lea no 20.000 libros, sino una relevante docena, se dará cuenta de que el encomiado “socialismo” y el vilipendiado capitalismo son vectores paralelos que no pueden separarse porque se necesitan y hasta se añoran para repartirse responsabilidades, culpabilidades y logros. De ahí que el uno sin el otro, en soledad, jamás perdure. Son como los rieles del tren: siempre juntos por conectores durmientes o quizá no tan durmientes, pero nunca separados anárquicamente porque entonces no hay tren posible que ruede sobre ellos, ni el del Estado ni ningún otro. Hay caos inamovible de lustros y, como ejemplos ahí están en Bolivia, entre otros: la falta de un Poder Judicial independiente y aceptado; el asilo político de bolivianos en países vecinos; la desatinada ley del desacato; YPFB y su falta de inversionistas privados; la demagogia marítima y Chile como “tema difícil“ para S.E.; la inseguridad alimentaria de Bolivia; las protestas de los ciudadanos de Mallku Khuta; la IX Marcha de Protección del TIPNIS; la huelga de hambre de cónyuges de policías; los bloqueos de la Fed. Nac. de Cooperativas Mineras de Bolivia, FENCOMIN; el entrevero de Colquiri; el desasosiego de las FFAA y, para colmo de desatinos, las acusaciones de S.E. a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de no ocuparse de los DDHH en EEUU cuando en este momento hay más de veinte instancias dirigidas a EEUU por concepto de violaciones o posibles violaciones de los DDHH. El que EEUU no haya firmado la Convención Interamericana de DDHH (Canadá tampoco) en ningún momento ha sido óbice para que la Comisión no actúe cuando debe. Menos hablar de fustigar el capitalismo en África como postuló S.E.; más de un líder africano le respondió cortés pero categóricamente que la inversión privada ha sido, es y será bienvenida en África.

Hablar de “cambiar mentalidades” es tan quimérico como el romanticismo del siglo diez y nueve donde la imposibilidad de “cambiar mentalidades” llevaba al suicidio, como el del gran articulista, narrador y mejor dramaturgo español, Mariano José de Larra. Arturo Borda viene a ser un ejemplo boliviano. En esas estamos.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


Europa: de crisis financiera a existencial

junio 1, 2012

Europa: de crisis financiera a existencial

Por Jorge V. Ordenes L.*

Grecia está desesperada y hasta resignada a la costosísima dragmatización y por lo tanto a su salida del euro; España se engolfa en necesidades de miles de millones de euros para salvar bancos y pagar deudas impagables sin ayuda; Italia se desvela más o menos en las mismas; e Irlanda y Portugal  tambalean. Entre tanto los gobiernos y bancos privados del grueso de Europa reclaman pago, reciben menos y cobran cada vez más por primas de nuevas ediciones de bonos hasta hacer prácticamente imposible nuevos créditos pese a los “cortes de pelo” y a una epidemia de reuniones cumbre y de otros rangos que hasta ahora han logrado poco.

 

Pero quién tiene la culpa de que la UE se encuentre en este trance. Hoy podemos identificar a por lo menos cuatro culpables: (1) la Nueva democracia o derecha política griega y la izquierda conformada por PASOK que cada vez que pudieron, estando en el poder y cada uno por su lado, contrajeron créditos excesivos que gastaron sin considerar la necesidad de crecimiento y competitividad económicos y peor, ocultaron los crecientes déficits de modo que (2) el crédito privado continuó entrando desmedidamente al punto de que, según el economista M.E. El-Erian de PIMCO: “el ingente crédito privado descuidó sus propias responsabilidades de evaluar la cada vez más deteriorada capacidad de pago del gobierno griego.”  (3) Una verdad incontrovertible es que el gobierno griego y los acreedores europeos se sentían protegidos por el afán y hasta ímpetu de integración de la UE basados en el euro. Recordemos que fueron Alemania y Francia los primeras en quebrantar las reglas de control de presupuestos nacionales cuando se lanzó el euro y, claro, los demás se sintieron con la libertad de emularlos y luego descarriarse hasta el límite de lo técnicamente aceptable incluso fraguando cifras por doquier. La falta de vigilancia y controles empeoró todo. (4) Los gobiernos representados en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y secundados por un competente cuerpo técnico debieron haber tomado cartas en los asuntos monetarios y fiscales sobre todo cuando estos se desbocaron en varios países miembros del FMI y de la zona de euro. En este sentido todos los gobiernos de la UE tienen algo de culpa de la debacle actual.

 

Pero ¡ojo! los que menos culpa tienen son los feligreses griegos o sea el pueblo que, a cambio del voto electoral, los políticos corruptos ofrecieron y extendieron dádivas del sector salud, jubilación, educación, etc. que la gente humilde aceptó porque el que más o el que menos, en cualquier país del mundo, hubiera aceptado.

 

La verdad es que el intento de unión monetaria en base al euro de economías históricamente tan dispares como la alemana y la griega, sin una unión fiscal e incluso política (que recién ahora se mencionan y sopesan), estaba destinada a la crisis sobre la que el líder del partido verde alemán, Joschka Fischer, acaba de comentar: desafortunadamente la brigada de bomberos que intenta apagar el incendio griego está liderada por Alemania y su canciller Angela Merkel…“intenta apagarlo con gasolina o sea con la austeridad impuesta a los griegos que en tres años ha pasado de crisis europea financiera a una crisis existencial”. Si el euro se desbarata “también se desbaratará la Unión Europea (UE)… y causará su salida de la escena mundial”. Puede ser que Fischer exagere pero la complejidad de la crisis demanda acción concreta y menos revuelo.

 

Todos sabemos que la UE todavía tiene la capacidad económica y técnica par generar crecimiento y salir de la crisis financiero-existencial que los agobia si extienden créditos supervisados del Banco de Inversiones, Fondo de Estabilización, Banco Central Europeo, FMI y acaso ediciones de bonos europeos. Lo que falta es empeño político y una Alemania… líder del cometido. Este es el momento de salvar a Europa y es paradójico que toque a “la perdedora” de la segunda guerra mundial tener que liderarlo.

 

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua