Hambre de esperanzas

enero 31, 2014

Hambre de esperanzas

Por Jorge V. Ordenes

Cuando los bolivianos más esperábamos que la venta de gas a Argentina iba por buen camino; que la exportación a Brasil iba a prosperar; y que la exportación a Chile y Paraguay se podían negociar favorablemente para beneficio de todos los bolivianos, resulta que las reservas de gas del país no alcanzan las cifras mentadas desde hace lustros, lo que viene a ser una desilusión. Peor todavía si leemos que las inversiones del rubro han disminuido y que no parece, en este momento, que se vayan a restituir lo que significa que ni el gas, la presunta última reserva extractiva significante del país, somos capaces de comercializar. La poca esperanza que teníamos en la comercialización del gas se desvanece entre logomaquias oficiales de todo tipo que lo único que consiguen es que se las escuche menos, que nos enconemos más entre nosotros y que el hambre de esperanza aumente entre los que vivimos en este mar de conflictos que, entre otras cosas indeseables, está causando una alarmante fuga de ciudadanos bolivianos al exterior en busca de empleo remunerado decentemente.

También está causando fractura tras fractura institucional, como Huanuni, y fracturas regionales entre gente que había puesto una considerable esperanza en el Gobierno liderado por “originarios” mestizos. La esperanza es lo último que se debería perder, pero, en el caso de la Bolivia actual, cada vez hay más hambre de ella. Y, peor, cada vez hay más necesidad de ella porque los países por lo general no mueren. O sea que la desesperanza no mata, por lo menos esperemos que no mate a Bolivia ¿Cómo se puede robustecer la esperanza en el futuro de un país que esté constituido, entre otras cosas, de una “Media Luna autonómica y un Occidente dizque unitario?

Yo creo que dada la incertidumbre que agobia y aletarga  (y enferma) a toda la población, el Gobierno central debería dar un giro hacia la racionalidad y declararse mucho más amigo de la inversión privada nacional y extranjera, sobre todo la del gas, y de los minerales que ahora tiene buen precio internacional. Es más, el Gobierno debería negociar la “desnacionalización” inmediata de las empresas “nacionalizadas” de modo que éstas se calmen y retornen al sendero de las inmensamente necesarias inversiones que el sector necesita para ver si realmente hay más gas en Bolivia. Con sólo actuar, negociar, y hablar menos de “nacionalización”, se ganaría. Mantener la hueste de presupuestívoros a raya no debería ser mayor problema. Para eso están las leyes. También se puede reforzar la parte jurídica sin mucha alharaca de modo que la gente empiece a ver resultados en vez de sepultados.

Organice el Gobierno el sistema impositivo de modo que todo el sector privado, incluyendo el informal, paguen los impuestos de ley. Con sólo conseguir que toda empresa o negocio o actividad productiva de Bolivia pague esos impuestos se anotaría un logro histórico que ningún gobierno ha conseguido. Usted, señor presidente, ha tenido el 54 por ciento del voto. Usted lo puede hacer.

Ahora, nada de esto impide que el Gobierno perfeccione la iniciativa estatal de formación de cooperativas, empresas estatales, industrias mixtas o lo que sea, incluso en la industrialización del gas. Y si con el tiempo el Estado gana la partida competitiva a las empresas privadas, todos aplaudiremos. Y muchos apoyaremos a esas empresas estatales de modo que perduren y crezcan para beneficio de todos. Y, por favor, dejemos de insultar a países extranjeros que poco tienen que ver con el manejo de nuestras esperanzas dado nuestro inmenso territorio (el doble de la Francia actual). Por favor, la Alemania actual cabe en lo que ahora es territorialmente ¡el departamento de Santa Cruz!

Otra cosa señor Presidente. Bolivia necesita empleo para reducir bloqueos, huelgas, fugas de capital humano y otras manifestaciones de sus propios votantes que en algún momento lo abandonarán y le harán la permanencia en el Gobierno difícil. Si usted no da un golpe de timón a la nave de sus ambiciones ideológicas, ésta no llegará a ningún puerto como no está llegando a ningún puerto de agua dulce la ya famosa “Asamblea Constituyente”. Ojalá que llegue pero hasta el momento, francamente, no creo que tal sea el propósito. El propósito es imponer y no negociar. Malo, y usted lo sabe.

No hace mucho alguien decía que de los cientos de bolivianos que se van del país cada día ninguno tiene como destino Venezuela o Cuba, dos países que su Excelencia, el Presidente Constitucional de la República de Bolivia, considera modelos. Ojalá lo fueran, pero desgraciadamente no son. Y ahí precisamente está la noción política que urge alterar porque por ese lado nadie va a ninguna parte que no sea más dolor, menos esperanzas y hasta desesperanza. La verdad es que los bolivianos sólo necesitamos un cambio de actitud de manera que nuestros actos resulten otros. Usted ha aprendido mucho en los últimos nueve meses. Se nota, lo que está muy bien. Es de felicitarlo. Pero use lo que va sabiendo de modo que nuestras esperanzas renazcan.

Columna “Fulcros” en Opinión o equivalente en El Nuevo Día, 22 de octubre de 2006; Correo del Sur, 23 de octubre de 2006, Sucre; La Palabra, 23 de octubre de 2006, Trinidad. eforobolivia.com


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