Ahora es entre cuervos originarios

Ahora es entre cuervos “originarios”

Por Jorge V. Ordenes L.

El poeta y ensayista Franz Tamayo echa la culpa al criollo y al mestizo cuando en Creación de la pedagogía nacional (1910) dice: “¿Queréis que os diga, señores bolivianos, una asombrosa verdad insospechada e infinitamente fecunda en consecuencias para nuestra educación nacional? El indio se desmoraliza y se corrompe al aproximarse a vosotros, a vuestra civilización, a vuestras costumbres, a vuestros prejuicios, y de honesto labrador o minero pretende ser ya empleado público, es decir, parásito nacional. Y su nuevo ideal es ser ministro, coronel u obispo; y como no todos pueden serlo, nace allí el hormiguero de sentimientos envenenados, la envidia insomne y la ambición insatisfecha”.

Más acertado que desacertado y vigente en la Bolivia de 96 años después, excepto que esa “asombrosa verdad insospechada e infinitamente fecunda” no solamente ha tenido consecuencias en la educación nacional, sino en todo lo que ha hecho de nexo entre lo étnico y lo cultural que ha tejido el intento de criollos y mestizos de forjar un país. O sea que el criollo y el mestizo, desde 1825, hicieron poco más que “criar cuervos” entre los mismos criollos y mestizos de todas las latitudes que, por donde veamos la historia, no hicieron más que “quitarse los ojos” entre ellos, sobre todo entre políticos y sus turiferarios, o “parásitos nacionales” como los llama Tamayo; lo que de refilón ¡ojo! dio mal ejemplo y permitió, sobre todo desde 1952, que los “cuervos” también se multiplicaran (en progresión geométrica) entre los “originarios”de hoy. La anarquía que estamos presenciando en la primavera de 2006 lo demuestra. Se trata de una avalancha de fuerzas que tienen el desacato y el desvarío como elementos comunes, ¡y con qué ímpetu!

El ideal del indio, o de cualquiera, de “ser ministro, coronel u obispo” no tiene mucho de extraordinario ni de malo. Lo que tiene de malo es que busque ser cada una de estas cosas, sobre todo ministro, embajador, presidente, o lo que sea, sin mejorar una jota lo de antes. Al contrario si por “quinientos” o 181 años el indio ha visto y ha sido víctima de abuso, desacato, corrupción, desgobierno y pugna, en que su mejor arma ha sido la sumisión, lo lógico sería que los Uyustos del momento, y sus amigos criollos y mestizos, sacasen en limpio que tratar de repetir lo que hicieron los “criadores de cuervos” solamente los llevará, o nos llevará a todos mejor dicho, a la ruina con la posible pérdida del territorio nacional… que seguramente muchos de fuera de Bolivia lo ven con buenos ojos.

También tiene de malo que se esquive la práctica de la sumisión como arma. Lo digo en serio. Excepto que la sumisión debería ser a la Constitución del país, y a las leyes, de modo que la aberración de recurrir al asalto del cerro Posokoni (tiro que salió por la culata del Gobierno); la aberración de oponerse a la legalización de motorizados; de hacer que encarcelados crean tener voz de decisión; de socavar la autoridad y responsabilidad de los Poderes Judicial y Legislativo; de continuar desvirtuando el rol del Estado; de descuidar el pedido de autonomía de medio país; de hacer hablar de asuntos militares a los países vecinos, etc., quedasen mayormente en el tintero o cuando más en el orbe de las especulaciones. Sólo el respeto a la ley y a la Constitución puede hacer que esos 181 años de lo que se ha venido a percibir como marginalización del indio transcurran a la velocidad de la luz.

Hasta ahora los postulados de Tamayo se vienen probando válidos. Lo triste es que los “originarios” y sus allegados no se den cuenta de que haber conseguido el 54 por ciento del voto que los elevó al poder es un hecho democrático sí, pero un hecho muy volátil porque los “cuervos” tienen la habilidad de alimentase de cualquier desperdicio orgánico y/o inorgánico. Es un hecho que propende a retornar al dicho, con su “trecho” y todo. Y quedarse en “dichos” o logomaquias es lo que siempre han hecho los que Tamayo identifica como “señores bolivianos”. Otra vez, la historia lo demuestra.

Si alguien debería saber todo esto es precisamente el liderazgo de la gente “originaria”. El 54 por ciento del voto se puede ir como el humo si no se sabe plantear los problemas. Es imposible encontrar soluciones si primero no se plantean las cosas. Las decisiones desaforadas las sufrimos todos. Pero todos no quedamos nombrados en la historia. Los que quedarán nombrados son los presidentes, sus decisiones, y sus ministros. Por algo se habla del “veredicto de la historia”. Y la autoridad que no cuide ese veredicto simplemente no debería estar donde está porque, entre otras cosas, nos hace quedar mal a todos los bolivianos y, peor, nos hace perder tiempo.

El “hormiguero de sentimientos envenenados” jamás se podrá eliminar si no hay un giro hacia la legalidad ¡y una permanencia en ella! de “originarios” y de no originarios. Por desgracia no hay luz en el túnel lo que quiere decir que “cuervos” de toda laya y cultura continuarán comiendo los ojos de la nacionalidad.

“Ahora es entre cuervos y originarios”. Columna ” Fulcros” en Opinión o equivalente en El Nuevo Día, 15 de octubre de 2006, Santa Cruz; Correo del Sur, 16 de octubre de 2006, Sucre; La Palabra, 16 de octubre de 2006, Trinidad; Los Tiempos, 17 de octubre de 2006, Cochabamba; Signo, 67-68-69, 2004-2005, La Paz, p.73. eforobolivia.com

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