Un anteproyecto irrisorio

Un anteproyecto irrisorio

Por Jorge V. Ordenes L.

En castellano correcto la primera redacción de una posible ley puede llevar el nombre de “anteproyecto”, aunque en el caso que refiero a continuación mejor sería llamarla “borrador de proyecto de ley”. Esto porque el “Anteproyecto de ley de la educación boliviana ‘Avelino Siñani y Elizardo Pérez'”, redactado (creo) por el  Ministerio de Educación y Culturas de Bolivia (sí “Culturas” con “s” al final), está siendo preconizado por algunas autoridades de rango que al parecer están más del lado de su Excelencia que del lado del Vicepresidente. Éste de fama intelectual; aquél a menudo impredecible. Y se nota. Se nota que el referido “Anteproyecto” ha sido redactado a la ligera. Esto por las generalizaciones y hasta errores conceptuales, las contradicciones, y las impertinencias de que adolece. En rigor, al leerlo uno no sabe si reír o llorar. La verdad es que el “Anteproyecto” necesita revisiones substanciales para poder acercarse a la categoría de válido lo que resulta inverosímil. Pero ahí está, y urge sopesarlo porque se trata de un trabajo del Poder Ejecutivo del país, nada más y nada menos.

El “Título 1” del “Anteproyecto”, que versa sobre lo que debe ser el “Marco filosófico y político de la educación boliviana…”, en su inciso 1., y en otros acápites, habla nada menos que de un “Sistema Educativo Plurinacional”… lo que es una frase mal rebuscada porque “Plurinacional” en castellano significa varias naciones o países, cuando la palabra que seguramente quisieron utilizar fue “pluricultural” o quizá “plurioriginaria”, aquélla obviamente enhiesta en el Artículo primero de la Constitución Boliviana hoy vigente más que nunca.

Otras generalizaciones e incluso errores son las frases adjetivadas que identifican dizque las bases de lo que debe ser la educación “Plurinacional”. Al respecto y según el “Anteproyecto”, esa educación debe ser “descolonizadora” y “liberadora” (como si el 6 de agosto de 1825 no significase nada para la mayoría de los bolivianos); “anti-imperialista” (como si fuera fácil identificar lo que hoy es un imperio que esté haciendo mal a los bolivianos cuando enviamos delegación tras delegación a casi implorar a los estadounidenses que renueven tratados de comercio con Bolivia, etc.). El inciso 5 del Título 1, dice que la educación debe ser “laica, pluralista y espiritual porque respeta la espiritualidad de cada cultura y la libertad de creencias religiosas, promueve los valores propios y rechaza todo tipo de imposición dogmática religiosa”. Bueno, para empezar, lo de laico no se aviene del todo con lo de espiritual y menos con la libertad de creencias religiosas dadas las recientes amenazas espetadas más o menos oficialmente a la educación religiosa de Bolivia. En cuanto a eso de “imposición dogmática religiosa” recordemos que en 1825, cuando se fundó de veras la República, y sobre todo en el gobierno de Antonio José de Sucre, se destacó con éxito único en América del Sur el hecho de que la educación laica lancasteriana se adoptaba en Bolivia, y que cualquier forma de “imposición dogmática religiosa” era inaceptable. Hasta ahora la jerarquía regular de Iglesia Católica boliviana se acuerda de lo que significaron los decretos de Sucre. Urge que los redactores del “Anteproyecto” se den un paseo por esas páginas memorables del laicismo boliviano. Lo de que la educación debe ser “transformadora de las estructuras económicas, sociales, culturales, políticas e ideológicas” es un viejo discurso que se lo viene escuchando desde 1952 con poco resultado enaltecedor.

Ahora, y si tal fraseología se refiere a que todos debemos aceptar un gobierno comunistoide que quiera imponerse con fines que justifiquen los medios, los que sean, habrá problemas porque tal no cuaja en la mente de más de la mitad de los bolivianos. Y dentro de unos meses cuajará menos dada la impotencia administrativa del Poder Ejecutivo, y su obsesión con lo que porfía en llamar “Asamblea Constituyente”… que hasta la fecha no ha hecho más que perder tiempo y dinero, a más de incomodar a los sucrenses.

Hay otras “joyas” que el lector ha de encontrar e incorporar a la antología de puerilidades que, en mayor o menor grado, caracterizan los dichos y hechos de los gobernantes bolivianos de todas las épocas. Se equivocan los que creen que todo esto es nuevo. Yo creo que mientras más se cree en el cambio, y pese a las ansiedades, más quedamos en lo mismo. O sea que la historia se repite, con batahola pero se repite.

El mejor consejo que se puede ofrecer a los redactores del “Anteproyecto” es que tanto “originarios” como no originarios necesitamos que de una vez por todas se enseñe en Bolivia, seriamente, la aritmética, la escritura y la lectura del castellano, y otros idiomas si se quiere. Con sólo ese logro este Gobierno habrá hecho época. En secundaria hay que enseñar mejor la historia de Bolivia y sobre todo la gramática que, por lo que se colige, hoy tiene mala nota en todo el país multiétnico y pluricultural.

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