Los populismos de hoy

diciembre 27, 2016

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Ahora se dice que la gente que favorece oligarquías o gobiernos de multimillonarios y sus allegados, más los adeptos a ellos por camaleonadas de conveniencias políticas, admiración, emulación, frustración o envidia, están llegando al poder por el voto dizque “popular” por lo general xenófobo, racista, misogínico, caso Estados Unidos, Hungría, Polonia, Eslovaquia y el Reino Unido (Brexit), a los que en 2017 quizás se añadan Francia, Alemania y Holanda, aunque se dice que estos últimos acaso sigan el camino de la reciente elección de Austria que rechazó el racismo fascista con la elección del líder del partido de los Verdes, Alexander Van der Bellen.

 

El tal voto “popular”, que es de derechas, puede ser mayoritario en países frustrados y con políticos dañinos al proceso histórico de “contrapeso y balanceo” que casi siempre ha caracterizado el ejercicio democrático por ejemplo de EE.UU, pero que ahora ha resultado en la elección de un hombre de empresa multimillonario que nunca ha sido político ni menos ha respetado la ley que dicta que el que buscase ser presidente de EE.UU. debería mostrar sus pagos de impuestos federales cada año. Algo que el presidente electo de EE.UU. no ha acatado. Sin embargo ha sido electo con el sistema de voto del Colegio Electoral implementado en el siglo diez y nueve, en tanto que la candidato demócrata, Hillary Clinton, alcanzó una votación popular de dos millones de votos más que el señor electo… lo que debería dar qué pensar a los políticos estadounidenses.

 

La verdad histórica de los movimientos “populistas” es que casi siempre favorecieron al pobre y al desvalido desde que apareció la palabra “populismo” en Rusia en el siglo XIX. En Iberoamérica el “populismo” históricamente se ha aplicado al trabajo de políticos importantes, sus actividades y logros en el siglo XX a favor de los desvalidos con políticas que mayormente favorecieron a éstos y a su autonombrado guardián: el Estado. Se trató de prolegómenos de la social democracia que con el tiempo trastabilló.

 

Quizás lo mejor del “populismo” iberoamericano se dé en las medidas adoptadas por el presidente José Batlle y Ordónez (1858-1929) del partido colorado de Uruguay: varias mejoras del derecho laboral que prohibieron el trabajo de uruguayos de menos de trece años; restringieron la jornada de trabajo de los menores de diez y nueve; la mujer tendría 40 días de descanso durante el embarazo; se estableció la jornada laboral de ocho horas; se indemnizaría por accidentes laborales; el despido sería indemnizado dependiendo de los años de trabajo; se adoptó la jubilación a los 65 años y a cualquier edad en caso de invalidez absoluta. Por otra parte se legisló que los servicios públicos esenciales deberían ser del Estado; se estatizaron el Banco de la República y el Banco Hipotecario. El Banco de Seguros pasó a ser Banco de Seguros del Estado. En 1912 se creó la Administración de Ferrocarriles del Estado. Se promulgó la Ley del Divorcio que incluía la disolución del matrimonio por la sola voluntad de la mujer. Se secularizaron los actos públicos y se separó la Iglesia del estado.

 

En las primeras décadas del siglo veinte se adoptaron medidas “populistas” afines a las uruguayas en los gobiernos del argentino Hipólito Yrigoyen (Argentina en 1914 tenía un ingreso per cápita promedio del 92 por ciento del que tenían los diez y seis países más ricos de entonces, solo el 43 por ciento hoy). Plutarco Elías Calles, líder de la Revolución Mexicana; Lázaro Cárdenas, nacionalizó el petróleo y creó PEMEX; Getulio Vargas en Brasil; Juan Domingo Perón en Argentina; General Manuel Odría en Perú; José María Velasco Ibarra en Ecuador, inter alia. Esta ebullición política refleja el verdadero significado de “populismo”… y por desgracia sus logros a medias.

 

*El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.


Relaciones de Cuba y EE.UU. ¿solo en términos de igualdad? Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz La prensa internacional informa que de acuerdo al gobierno cubano las relaciones entre Cuba y EE.UU. “solo deben darse en términos de igualdad”. El problema con el referido postulado cubano es que conlleva, tácitamente y por deducción, una desafortunada admisión de ¡desigualdad!… que, por donde se vea, contradice paradójicamente lo que seguramente quiso decir o inferir el postulado inicial de la autoridad cubana la que, por lo menos, debió haber dicho dónde y cómo se debe implementar tal invocada “igualdad.” Pero el asunto no es tan sencillo como parece. En relaciones internacionales invocar el concepto de “igualdad” de cualquier país iberoamericano con EE.UU. no solamente es inconducente y hasta denigrante, sino que es simplemente erróneo y hasta baladí porque, por donde se mire, las diferencias entre uno y otro son obvias tanto históricas como actuales. Para empezar, EE.UU. es un mundo en sí y no solamente un país. Ilustro: lo que el mundo utiliza mayormente, para efectuar pagos monetarios de importación, deudas internacionales e incluso nacionales, prácticamente todos los días en todas partes, desde Rusia, China, Europa y los demás, es el dólar de EE.UU. …y no pesos cubanos ni moneda boliviana ni pesos argentinos, ni yuan, ni euros ni rublos. A propósito, al dueño del dólar se lo ha bautizado, sobre todo en Bolivia, tanto en el Chapare como en la informalidad del contrabando y hasta por los gobernantes, nada menos que como “el Imperio”, lo que, a propósito, viene a ser otra admisión de que uno es menos, o sea un “no imperio”. Que no seamos “iguales” a EE.UU. ni seamos “imperio”, de ninguna manera debería quitarnos la habilidad de analizar por qué no somos “iguales” a EE.UU. ni por qué no somos “imperio” o lo que se asocie con la condición de “imperio”. A ver, deshojemos el asunto. Algunos de nosotros creemos que no se trata de “analizar” sino de “hacer”. Reconociendo que para “hacer” las cosas bien en una colectividad o país o región, hay que diseñar la forma de hacerlas seriamente sin mucho palabrerío logogrífico ni doctrinario, sea éste político o religioso. ¿Qué y cómo puede el gobierno de Cuba hacer “de igual a igual” con el “imperio” del norte ya sea su Gobierno u otro ente (que seguramente ha de ser un representante o representantes de la empresa privada) después de medio siglo de totalitarismo comunista que todavía se proclama dominante, intolerante y absolutista? La verdad es que a la mesa de negociación con capitalistas estadounidenses (u otros) en general se llega con capital en potencia y la habilidad de negociarlo. O sea que se llega con potencial extractivo (minería, petróleo y agricultura que inviten la inversión capitalista) o minerales, productos agrícolas, manufacturas, etc. que buscan comprador. Ahora: el capital en dólares… y los recursos que se ofrezcan a ese capital… ¿crean el espejismo de una negociación “de igual a igual”? … No hay tal. Y no hay tal porque la “desigualdad” radica en que los dólares se imprimen a gusto y placer de EE.UU. …sin perder valor. En tanto que el potencial extractivo de las Cubas y las Bolivias se agota, incluyendo el agrícola porque éste siempre dependerá, para su exportación, de la riqueza del dueño de los dólares o del que posea los dólares. Decía que hay que “hacer”. Y para hacer el país necesita educar libremente no solo doctores en medicina y atletas de juegos olímpicos, o hijastros de la madre tierra. Se trata de que el albedrío educativo vuele desde el ciclo primario hasta el universitario en aras del conocimiento universal y variado, sin interferencias políticas de ninguna clase. Por supuesto que la educación fiscal debe competir con la privada en todo nivel y profesión. Solo la competencia dirá cual de las dos forma a los mejores que con el tiempo puedan competir… en y con cualquier “imperio”. El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.

diciembre 21, 2016

El gobierno de Venezuela confisca juguetes El gobierno de Venezuela confisca juguetes. Se sabe que la Venezuela de los últimos tiempos sufre de ausencia no solamente de democracia en el sentido cabal de la palabra que todos conocemos o deberiamos conocer, sino que también sufre una inflación que en diciembre va llegando al ¡470 por ciento! y en aumento, lo que significa un tormento para la inmensa mayoría del pueblo venezolano ya sea madurista u opositor al Gobierno. En estos momentos ese pueblo no sabe qué hacer o qué no hacer para enfrentar semejante desbarajuste no solamente económico sino ciudadano que se agudiza por varias razones entre las que se encuentra, prominentemente, la reciente desesperada y demente medida oficial de ordenar a la Guardia Nacional Venezolana que ¡confisque!… nada menos que millones de juguetes, importados por firmas venezolanas, antes de que lleguen a los estantes de venta al público con la excusa de que las referidas firmas venezolanas están cobrando precios demasiado elevados. Esto como si el comprador no tuviese la potestad poco menos que sagrada, y el sentido común, de decidir si el juguete es caro o no pese a la galopante inflación. La idea baladí y hasta maliciosa del gobierno es dizque distribuir estos juguetes a precios de obsequio supuestanente entre la gente desvalida, mientras la mayoría de la gente venezolana se queda sin la posibilidad de adquirirlos a tan solo pocos días de Navidad. Oficialmente no se dijo dónde iría el dinero de la venta barata de los juguetes. Lo que en primera y última instancia, a no ser que las cosas se aclaren, constituye ¡hurto! Nada menos que el Poder Ejecutivo de Venezuela recurriendo a la confiscación forzada sin precedentes… que se sepa. Encima de la referida inflación que desde hace rato viene encareciendo diariamente los precios de la carne, las legumbres, los medicamentos, el transporte, la vivienda, etc. y desde luego el precio del dólar de EE.UU. que escasea; fuera de la expulsion del MERCOSUR que no hace mucho sufrió Venezuela y que el Gobierno de Maduro no acepta; además de la creciente pobreza de la población víctima también de un alto índice de criminalidad y de delitos de toda índole que hacen que la gente, entre otras cosas, propenda a emigrar a Brasil, Colombia, España, EE.UU. y otros países; fuera de la bronca entre un Congreso venezolano que lucha por llevar a Venezuela por la vía legal y sobre todo a un plebiscito sobre el mandato del Presidente Maduro; fuera del riguroso e injusto trato de los detenidos por razones políticas; y teniendo en cuenta la confusión generada por la reciente confiscación de billetes de guarismos inflados; y fuera del clamor interamericano articulado en varias oportunidades por el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro. La veradad es que ahora en Venezuela hay que afrontar nada menos que el desacato gubernamental al derecho a la propiedad comercial cuyo precio al por menor, en el caso concreto de los juguetes confiscados, por supuesto que debería ser determinado por, y solo basarse en, las leyes de la oferta del vendedor y la demanda del comprador minorista… que desde el siglo XVIII se llama la ley de la oferta y la demanda, o sea de la fueza o las fuerzas del mercado. Estas fuerzas por supesto que pueden ser afectadas con impuestos, gravámenes, cuotas, y otras medidas que necesariamente tienen que ser aprobadas democráticamente por el Congreso nacional electo, lo mismo que el Poder Ejecutivo, y a veces expuestas al Poder Judicial. Lo que en la Venezuela de hoy es poco menos que una quimera… pese a los buenos oficios que hasta ahora han procurado introducir en la patria de Simón Bolívar tanto el Papa Francisco como el ex presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y otros. Ya lo dijo nada menos que el sabio griego Anacarsis en el siglo VII a.C. :“juega de modo que procedas seriamente” Pero el gobierno venezolano de hoy juega seriamente a proceder nefastamente”. Por lo que se ve hay socialismos que duran gastando el dinero de la gente… hasta que éste se acabe, claro.

diciembre 14, 2016