El esperpento al poder en EE.UU.

enero 25, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El esperpento es una figura literaria estrafalaria ideada hacia 1920 por el novelista español de la Generación de 1898, Ramón del Valle Inclán, creador de la narrativa de dictadores iberoamericanos con la novela Tirano Banderas. Ésta dice algo muy alusivo a los desplantes del flamante presidente de EE.UU., Su Excelencia Donald Trump: “Santos Banderas les garanta que el día más feliz de su vida será cuando pueda retirarse y sumirse en la oscuridad a labrar su predio, como Cincinato. Crean, amigos, que para un viejo son fardel muy pesado las obligaciones de la presidencia”. (Col. Austral, 5ª Ed. p. 17).

Con las múltiples y numerosísimas manifestaciones públicas en contra de S.E. en las principales ciudades de EE.UU. y del mundo, sobre todo de mujeres, ocurridas el sábado 21 de enero, un día después de su toma de posesión, más su paradójica visita también ese sábado a las oficinas centrales de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. donde alabó a esa Repartición luego de haberla denigrado públicamente días antes… entre otras manifestaciones habladas y escritas sobre todo en twiters, todas esperpénticas, se puede decir que desde el día después de haber tomado la presidencia es probable que ya se sienta como Cincinato y quiera que todo esto se acabe aunque ese “todo” recién empieza. La resaca ha de costar a S.E.… como el percatarse de que “hacer muros” no solamente es de charlatanes sino de ilusionistas.

Como candidato dizque republicano en junio de 2016 S.E. se burló de los otros diez y seis candidatos insultando a la mayoría de ellos, denigrando a la mujer en los debates y sobre todo en grabaciones no solamente esperpénticas sino denigrantes en las que aludía a las partes femeninas íntimas con desplante machista de donjuanesco conquistador (aunque ni el Burlador de Sevilla ni Juan Tenorio llegaron tan bajo). Se burló públicamente de los lisiados, de los musulmanes, de los estadounidenses descendientes de Africanos y Mexicanos de estadía ilegal a los que llamó “asaltantes” y “violadores”, aunque en su discurso inaugural ¡ojo! se contradijo al decir: “cabe recordar ese viejo adagio que nuestros soldados nunca olvidarán, no importa si somos negros, marrones o blancos, todos sangramos la sangre roja de los patriotas”.

Prometió que el primer día de mandato derogaría lo hecho por el presidente Obama. Y lo está intentando pese a que su gente le está comenzando a decir que tal cosa no es fácil. En su discurso inaugural también dijo que muchos estadounidenses “están atrapados en la pobreza entre escombros de las que una vez fueron fábricas hoy esparcidas en el paisaje cual lápidas”; también aludió al sistema educativo de EE.UU.: “está repleto de dinero pero deja a nuestros hermosos estudiantes en la supina ignorancia”. Terminó diciendo que esta “carnicería se acaba aquí y ahora”.

La anterior es una de sus más esperpénticas e incluso desaforadas afirmaciones que el ciudadano común del país no ha de olvidar fácilmente. Es la manera negativa, insultante y contradictoria en que ha asentado su candidatura “populista” de derecha aunque cabe aclarar que la pobreza también atrapa a los barrios pobres de las ciudades como Chicago donde el crimen, sobre todo de gente pobre de color, mata a ciudadanos cada noche; aunque en la ciudad de Nueva York la situación mejora.

Esperpéntico es afirmar: “de hoy en adelante EE.UU. será primero” ; debemos proteger nuestras fronteras de los estragos causados por “países que fabrican nuestros productos”. ¿Cómo? ¿Proteger a EE.UU. de productos de China, México, Colombia o Vietnam? ¡Qué protección es esa! ¡Todos deberíamos saber que producirlos en EE.UU. costaría más al consumidor estadounidense!

Alguien tiene que decir a S.E. que el comercio internacional existe desde hace miles de años sobre todo por los factores de competitividad, algo que en Bolivia, por ejemplo, lo entienden al dedillo los contrabandistas y los empleados de aduanas… sin connotación esperpéntica.


Once años de ruleta

enero 19, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz *

Los años de ruleta con fichas de cada uno de los bolivianos que solamente mueven unos cuantos que gobiernan, sobre todo al nivel nacional, han significado muy poco para la educación de los bolivianos. Las gobernaciones, alcandías y otros también han movido fichas en el tablero de lo que desde hace once años se apoda Estado Plurinacional y su invertebrada población.

El 22 de enero de 2006, tomando el poder, Su Excelencia (S.E.) discurseaba que para tener seguridad jurídica en Bolivia “primero tiene que haber seguridad social”… “resolviendo el problema económico, el problema de educación, el problema de empleo, fundamentalmente, para que no hayan protestas sociales”.

“Seguridad jurídica” en Bolivia no hubo y no la hay. ¿La razón? El reconocimiento poco jurídico de que una oposición política electa, libre y garantizada, supiese más que uno que gobierna, sobre todo en el Congreso Nacional y lo que éste apruebe o desapruebe en lo que va a la conformación del Poder Judicial y su independencia. La espera de casos que necesitan curso legal en Sucre raya en lo inverosímil lo que enferma a muchos bolivianos que esperan años un amago de justicia. El costo en desprestigio y dinero es incalculable.

Recalquemos: para que en Bolivia empiece a haber “seguridad social” es imprescindible tener primero “seguridad jurídica” seria, competente y expedita porque, por ejemplo, cuando un boliviano es víctima de lo que se llama “justicia comunitaria”, éste pueda hacer juicio a los perpetradores de modo que se llegue a un veredicto constitucional de un Estado Plurinacional que hasta la fecha no lo tiene.

La adicción al politiqueo lucrativo, la mentira de haber dicho que se tiene pero no se muestra títulos universitarios, la inconcebible escasez de agua potable no solamente en Cochabamba, LAMIA y sus entretelones tétricos, el narcotráfico, el contrabando también lucrativo a como dé lugar, la epidemia del crimen callejero, las colas y falta de cupos en las inscripciones escolares, la COB y sus demandas consabidas, el desorden del SOAT, entre otros, son producto directo de la falta de educación, primaria, secundaria y terciaria competente en Bolivia… y causa de la desnutrición de muchos bolivianos. El reciente logro en Abu Dhabi del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de San Juan de Yapacaní es una notable excepción. En las pruebas PISA andaríamos coleros, como en el fútbol y en general el deporte internacional.

Es que el hecho de que una parte del pueblo se trague lo del Dakar, o que nos paliemos porque Papelbol ofrezca material ecológico, o que el renovado Código Penal sea una copia de la ley ecuatoriana… no son suficientes para decir que las cosas mejoran en Bolivia. Ni menos para decir nada de la educación. Demandar que un funcionario público tenga que hablar un idioma nativo es una aberración. Lo que más tenemos que aprender todos es un buen castellano porque lo necesitamos para comunicarnos en forma oral y escrita incluso en la función pública.

Bolivia tiene un inmenso problema económico incluyendo desde luego las plagas del desempleo y el subempleo porque mantienen a la mayoría de la población en la ignorancia lata o en la ignorancia funcional. Que se proclame políticamente que el analfabetismo ha disminuido en los últimos diez años no lleva a ninguna parte si no se complementa sistemáticamente, o sea constantemente y relevantemente, hasta silenciosamente, con estudios de primaria, secundaria y universidad serios. Lo chicos bolivianos se lo merecen, siempre se lo han merecido. Ha sido el desenfreno mal educado de los-no-chicos que tiene a Bolivia en una endémica ignorancia que en última instancia es la razón de no tener un Poder Judicial independiente de la política.

Que a uno lo fijen a un “palo santo” es falta sobre todo de vertebración educativa y, por ende, falta de país afianzado en la ley cuya existencia debería ser el antídoto del salvajismo. Las hormigas no tiene la culpa de tener hambre y todos deberíamos saberlo.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


Fuera del tiesto

enero 13, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Al parecer el presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia afirmó recientemente sin tapujos que “si vamos a estar toda la vida sometidos a la ley, no se puede hacer casi nada”, lo que, para empezar, es contradictorio al juramente que Su Excelencia (S.E.) hizo al tomar la presidencia de Bolivia en el Palacio Legislativo. Con ese juramento S.E. se comprometió a respetar la Constitución y las leyes del Estado Plurinacional, nada menos. Sin respetar e incluso enaltecer la leyes, simplemente nos remontamos a la época de cuando los humanos vivían en cavernas y hacían lo imposible por sobrevivir.

Sabemos que la ejemplar organización de los oriundos americanos antes de la llegada de los españoles hizo posible el orden humano que se refleja en buena medida en notables reliquias escritas como en el venerable Popol Vuh de los quichés, en los registros rupestres de Amambai de los guaraníes y la gran tradición oral del Tupa, Ñamandú, Ayvú y el Augatupyry o personificación del bien que había que emular personal y colectivamente. Ni hablar de la consigna quechua de considerar la mentira, la pereza y otras infracciones muy contrarias a la ley sobreentendida de los incas. O sea que la reglamentación y las leyes existían en el mundo americano mucho antes de que llegaran los k’aras europeos.

Hablando de Europa, el jurista francés Fréderic Bastiat en su libro La ley (1850) postula que cada individuo tiene el derecho natural de defender su persona, su libertad y su propiedad. Añade que el Estado viene a ser la fuerza común que protege y defiende al individuo y sus derechos. Nadie de autoridad debe saquear este derecho de ningún ciudadano o grupo de éstos. Ni menos la autoridad máxima de un país. Si bien el Dakar hace olvidar, dizque a algunos, desde luego no a todos, los problemas económicos de Bolivia, jamás nada nos debe hacer olvidar el respeto a la ley y su vigencia perenne y solemne.

La ley del Estado Plurinacional y más concretamente la Constitución vigente, también dice que el presidente boliviano no puede volver a ser presidente ¡por cuarta vez!… emulando nada menos que al rey borbón de Francia, Luis XIV, que a principio del siglo XVIII dijo monárquicamente “el Estado soy yo”. O a los dictadores Antonio Oliveira Salazar, Anastasio Somoza Debayle, Rafael Leónidas Trujillo, Francisco Franco, Alfredo Stroessner, Augusto Pinochet, Fidel Castro, entre otros. Además el electorado boliviano dijo no a la reelección de S.E. en el histórico referéndum de febrero de 2016. El diario The New York Times decía no hace mucho en un editorial que la derrota de febrero de S.E. fue resultado de hechos concretos y consumados, como los derivados de las corruptelas presuntamente asociadas con la Sra Zapata, y no de coberturas tendenciosas de ninguna prensa.

Una verdad es que la gestión de S.E. ha logrado distribuir buena parte de la riqueza que hasta hace poco ingresó a la economía boliviana como resultado de las exportaciones sobre todo de gas, minerales y productos agrícolas que luego bajaron de precio y comenzaron a eclipsar los años de apogeo en los que las reservas monetarias del país ascendieron considerablemente aunque de un tiempo a esta parte han descendido sin vestigio de que la bonanza vuelva ni mucho menos.

Al respecto, señor presidente, ¿no sería mejor pasar a la historia como un gobernador aceptable en vez de convertir lo hecho en un periodo de “vacas flacas” sin posibilidad de repetir lo alcanzado en más de una década de gobierno?… la segunda más larga de la historia de Bolivia después de los años en el poder de Víctor Paz Estenssoro?

En este sentido, menos mal que también se cita a S.E. diciendo hace poco que “tiene tres años para prepararse y volver a su chaco”… que debe estar en el Chapare y no en la acicalada Orinoca. Sería por demás de atinado e históricamente destacable… y muy dentro del tiesto.

* Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


Fuera del tiesto

enero 13, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Al parecer el presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia afirmó recientemente sin tapujos que “si vamos a estar toda la vida sometidos a la ley, no se puede hacer casi nada”, lo que, para empezar, es contradictorio al juramente que Su Excelencia (S.E.) hizo al tomar la presidencia de Bolivia en el Palacio Legislativo. Con ese juramento S.E. se comprometió a respetar la Constitución y las leyes del Estado Plurinacional, nada menos. Sin respetar e incluso enaltecer la leyes, simplemente nos remontamos a la época de cuando los humanos vivían en cavernas y hacían lo imposible por sobrevivir.

Sabemos que la ejemplar organización de los oriundos americanos antes de la llegada de los españoles hizo posible el orden humano que se refleja en buena medida en notables reliquias escritas como en el venerable Popol Vuh de los quichés, en los registros rupestres de Amambai de los guaraníes y la gran tradición oral del Tupa, Ñamandú, Ayvú y el Augatupyry o personificación del bien que había que emular personal y colectivamente. Ni hablar de la consigna quechua de considerar la mentira, la pereza y otras infracciones muy contrarias a la ley sobreentendida de los incas. O sea que la reglamentación y las leyes existían en el mundo americano mucho antes de que llegaran los k’aras europeos.

Hablando de Europa, el jurista francés Fréderic Bastiat en su libro La ley (1850) postula que cada individuo tiene el derecho natural de defender su persona, su libertad y su propiedad. Añade que el Estado viene a ser la fuerza común que protege y defiende al individuo y sus derechos. Nadie de autoridad debe saquear este derecho de ningún ciudadano o grupo de éstos. Ni menos la autoridad máxima de un país. Si bien el Dakar hace olvidar, dizque a algunos, desde luego no a todos, los problemas económicos de Bolivia, jamás nada nos debe hacer olvidar el respeto a la ley y su vigencia perenne y solemne.

La ley del Estado Plurinacional y más concretamente la Constitución vigente, también dice que el presidente boliviano no puede volver a ser presidente ¡por cuarta vez!… emulando nada menos que al rey borbón de Francia, Luis XIV, que a principio del siglo XVIII dijo monárquicamente “el Estado soy yo”. O a los dictadores Antonio Oliveira Salazar, Anastasio Somoza Debayle, Rafael Leónidas Trujillo, Francisco Franco, Alfredo Stroessner, Augusto Pinochet, Fidel Castro, entre otros. Además el electorado boliviano dijo no a la reelección de S.E. en el histórico referéndum de febrero de 2016. El diario The New York Times decía no hace mucho en un editorial que la derrota de febrero de S.E. fue resultado de hechos concretos y consumados, como los derivados de las corruptelas presuntamente asociadas con la Sra Zapata, y no de coberturas tendenciosas de ninguna prensa.

Una verdad es que la gestión de S.E. ha logrado distribuir buena parte de la riqueza que hasta hace poco ingresó a la economía boliviana como resultado de las exportaciones sobre todo de gas, minerales y productos agrícolas que luego bajaron de precio y comenzaron a eclipsar los años de apogeo en los que las reservas monetarias del país ascendieron considerablemente aunque de un tiempo a esta parte han descendido sin vestigio de que la bonanza vuelva ni mucho menos.

Al respecto, señor presidente, ¿no sería mejor pasar a la historia como un gobernador aceptable en vez de convertir lo hecho en un periodo de “vacas flacas” sin posibilidad de repetir lo alcanzado en más de una década de gobierno?… la segunda más larga de la historia de Bolivia después de los años en el poder de Víctor Paz Estenssoro?

En este sentido, menos mal que también se cita a S.E. diciendo hace poco que “tiene tres años para prepararse y volver a su chaco”… que debe estar en el Chapare y no en la acicalada Orinoca. Sería por demás de atinado e históricamente destacable… y muy dentro del tiesto.

* Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


La geopolítica de apertura internacional en crisis*

enero 6, 2017

De las explosiones de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki en 1945 nació en concepto de comunidad global contra el terror de una guerra con armas atómicas. Los 60 millones de muertos de la segunda guerra mundial también tuvieron su efecto en los humanos que a través de sus gobiernos optaron por la cooperación que dio pie a la creación de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales que impulsaron la gestación de una serie de corrientes de intercambio sin precedentes en la historia del mundo.

 La invención del chip en 1958 permitió el desarrollo vertiginoso de los medios de comunicación al punto de que en 1961 ya se hablaba de la “aldea global” fortalecida a partir de septiembre de 1969 con la creación de la red Internet. La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y el final de la guerra fría gestaron alivio y esperanza de que los totalitarismos tanto de izquierda como de derecha habrían de ser dizque asunto histórico.

La globalización tuvo su mayor apogeo en el ámbito político-económico-comercial: Tratado de Roma (1953) que conformó la Unión Europea, Alianza para el Progreso (1961), Acuerdo de Cartagena (1964), Pacto Andino (1969), Los Tratados de Schengen (1985), Maastricht (1991), Comercio de América del Norte, NAFTA, (1994), Comercial de los Pueblos (2006), MERCOSUR y docenas de tratados bilaterales que fomentaron el comercio internacional en algunas regiones pero no en todas.

Así, entre 1981 y 2002, el porcentaje de personas que vivían con menos de dos dólares al día en Asia de Este, Pacífico y China disminuyó del 84,8 % a 40,7 % ; en América Latina disminuyó del 29,6% a tan solo el 23.%; y en África Subsahariana aumentó del 73,3% al 74,9% lo que todavía significa un fracaso de la globalización comercial con respecto a los países pobres. A Propósito, el saldo comercial de Bolivia con el exterior, de enero a diciembre de 2015, arrojó un déficit de US$509 millones; 2016 ya sabemos que arrojó un déficit aún mayor, de US$935 millones. Mejorar es una obligación… pero habrá que ver cómo se logra una mejor institucionalización del país. 

 El problema del momento y sobre todo desde la reciente elección del presidente de EE.UU. es que las fuerzas capitalistas entronadas en la derecha política recalcitrante hablan de cerrar fronteras y coartar la marcha del comercio internacional incluyendo el movimiento de personas que, por ejemplo con Brexit, temen, no siendo ingleses, no poder seguir trabajando en el Reino Unido. La derecha francesa habla de un “Frenxit”, etc.

La idea es comprar menos en el exterior para producir más en el país es una aberración. En EE.UU. la oferta política que se viene: dar empleo interno y castigar a las empresas que abran e incluso mantengan fábricas en el exterior, hizo, por ejemplo, que la compañía estadounidense Ford cancelara recientemente una importante inversión de fabricación de automóviles en México. Se trata de un ejemplo de intimidación gubernamental que da por tierra con la idea de globalización que tanto ha servido para sentar las bases de la cooperación internacional a través del derecho. Ha costado mucho concretar tratados de comercio que den resultados, y cuesta aún más mantener resultados y mejorarlos disminuyendo el desempleo y el subempleo.

Si el Occidente del planeta se ofusca ante la tentación de soluciones falsas, nacidas de desilusiones fraguadas y angurria política, los pilares institucionales e intelectuales en los que ha venido descansando el orden internacional desde la segunda guerra mundial quizá se debiliten y hasta se quiebren. Ignorar las historia del mundo es volver al pasado que ha costado superar, en buena medida, en base a la globalización.

 *El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.


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