Fuera del tiesto

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Al parecer el presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia afirmó recientemente sin tapujos que “si vamos a estar toda la vida sometidos a la ley, no se puede hacer casi nada”, lo que, para empezar, es contradictorio al juramente que Su Excelencia (S.E.) hizo al tomar la presidencia de Bolivia en el Palacio Legislativo. Con ese juramento S.E. se comprometió a respetar la Constitución y las leyes del Estado Plurinacional, nada menos. Sin respetar e incluso enaltecer la leyes, simplemente nos remontamos a la época de cuando los humanos vivían en cavernas y hacían lo imposible por sobrevivir.

Sabemos que la ejemplar organización de los oriundos americanos antes de la llegada de los españoles hizo posible el orden humano que se refleja en buena medida en notables reliquias escritas como en el venerable Popol Vuh de los quichés, en los registros rupestres de Amambai de los guaraníes y la gran tradición oral del Tupa, Ñamandú, Ayvú y el Augatupyry o personificación del bien que había que emular personal y colectivamente. Ni hablar de la consigna quechua de considerar la mentira, la pereza y otras infracciones muy contrarias a la ley sobreentendida de los incas. O sea que la reglamentación y las leyes existían en el mundo americano mucho antes de que llegaran los k’aras europeos.

Hablando de Europa, el jurista francés Fréderic Bastiat en su libro La ley (1850) postula que cada individuo tiene el derecho natural de defender su persona, su libertad y su propiedad. Añade que el Estado viene a ser la fuerza común que protege y defiende al individuo y sus derechos. Nadie de autoridad debe saquear este derecho de ningún ciudadano o grupo de éstos. Ni menos la autoridad máxima de un país. Si bien el Dakar hace olvidar, dizque a algunos, desde luego no a todos, los problemas económicos de Bolivia, jamás nada nos debe hacer olvidar el respeto a la ley y su vigencia perenne y solemne.

La ley del Estado Plurinacional y más concretamente la Constitución vigente, también dice que el presidente boliviano no puede volver a ser presidente ¡por cuarta vez!… emulando nada menos que al rey borbón de Francia, Luis XIV, que a principio del siglo XVIII dijo monárquicamente “el Estado soy yo”. O a los dictadores Antonio Oliveira Salazar, Anastasio Somoza Debayle, Rafael Leónidas Trujillo, Francisco Franco, Alfredo Stroessner, Augusto Pinochet, Fidel Castro, entre otros. Además el electorado boliviano dijo no a la reelección de S.E. en el histórico referéndum de febrero de 2016. El diario The New York Times decía no hace mucho en un editorial que la derrota de febrero de S.E. fue resultado de hechos concretos y consumados, como los derivados de las corruptelas presuntamente asociadas con la Sra Zapata, y no de coberturas tendenciosas de ninguna prensa.

Una verdad es que la gestión de S.E. ha logrado distribuir buena parte de la riqueza que hasta hace poco ingresó a la economía boliviana como resultado de las exportaciones sobre todo de gas, minerales y productos agrícolas que luego bajaron de precio y comenzaron a eclipsar los años de apogeo en los que las reservas monetarias del país ascendieron considerablemente aunque de un tiempo a esta parte han descendido sin vestigio de que la bonanza vuelva ni mucho menos.

Al respecto, señor presidente, ¿no sería mejor pasar a la historia como un gobernador aceptable en vez de convertir lo hecho en un periodo de “vacas flacas” sin posibilidad de repetir lo alcanzado en más de una década de gobierno?… la segunda más larga de la historia de Bolivia después de los años en el poder de Víctor Paz Estenssoro?

En este sentido, menos mal que también se cita a S.E. diciendo hace poco que “tiene tres años para prepararse y volver a su chaco”… que debe estar en el Chapare y no en la acicalada Orinoca. Sería por demás de atinado e históricamente destacable… y muy dentro del tiesto.

* Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua

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