Los populismos en capilla

abril 26, 2017

Por Jorge V. Ordenes

El cansado y cansador populismo de izquierdas derrotado en las recientes elecciones de primera vuelta en Francia de la Quinta República en las que su candidato, Jean Luc Mélechon, de La Francia Insumisa, logró el 19,6 por ciento del voto; y el ensorbebesido populismo de derechas de Marine Le Pen, del Frente Nacional, que alcanzó el 21,5 (impulsado por el Brexit y la elección del actual presidente de EEUU) están siendo debilitados y hasta rechazados por el simbólico triunfo del candidato centrista, Emmanuel Macron, que sacó el 23,8 por ciento pese al presunto hackeo de la elección por parte de los rusos. Macron dice que para empezar a gobernar recogerá lo mejor del nacionalismo de Charles de Gaulle y del socialismo de François Mitterrand. Además, los otros cuatro candidatos perdedores decidieron apoyar a Macron porque Le Pen no place aunque dice que persistirá.

Es probable que Macron gane la segunda vuelta en unos días. De ahí habrá que ver el resultado para llenar los 577 escaños de la Asamblea Nacional, la Cámara Baja del Parlamento. La primera vuelta de estas elecciones será el 11 de junio y la segunda una semana después. Macron necesita ganar cientos de escaños para ver de gobernar Francia donde el promedio de la gente aporta el 40 por ciento o más de su sueldo en impuestos, el desempleo amenaza, y el asunto del fanatismo musulmán recalcitra los ánimos de franceses y otros sobre todo por la violencia que ha venido generando. No será fácil.

El populismo de derecha estadounidense se va quedando en “mandatos ejecutivos” que no pasan el Congreso lo que esta semana puede perjudicar el flujo de recursos que el Gobierno necesita para funcionar; tampoco ha podido reducir recursos para las “ciudades santuario” ya que jueces federales le han salido al paso; amén de que la pared de la frontera con México tampoco ha encontrado suficientes apoyo en el Congreso para aprobar los veinte mil millones de dólares que se necesitarían. Pese al matonismo verbal del populista, México no pagará un real ni tiene por qué pagar. Ahora, en otro tenor, lo que algunos llaman “imperio”, que en castellano se llama Estados Unidos, por lo menos tiene un poder judicial y un Congreso que impiden que el “populismo” de su presidente salga con la suya.

El Brexit populista también encuentra escollos como los impulsos de Escocia por dejar el Reino Unido porque prefieren ser parte de la UE y del euro. Gibraltar también prefiere permanecer en la UE para lo que tendría que asociarse con España lo que ha provocado que haya ingleses que digan que recurrirán a la guerra para que el Peñón siga Inglés. También dijeron públicamente que si una vez derrotaron a un país hispano para recuperar territorio, esta vez no vacilarían en “defender” Gibraltar. Las cosas están intrincadas y por eso la primer ministro, Theresa May, ha decidido llamar a nuevas elecciones para asegurar su mandato.

Ambos populismos pulularon también en Iberoamérica y fracasaron o están fracasando, como el del peronismo kirchnerista de Argentina, el PT en Brasil, el chavismo que está en capilla en Venezuela, el orteguismo de Nicaragua que se ha visto obligado a sonreír a los rusos, en Ecuador donde falta ver cómo gobernará el sucesor de Correa, y en Bolivia el gobierno se mantiene por la relativamente poca población en un territorio inmensamente rico del que todavía se vive y donde la poca empresa privada hace malabares para subsistir a menudo sonriendo al gobierno. La mayoría de las empresas del Estado al parecer dan pérdida; el contrabando y el comercio de la coca abundan.

El neoliberalismo en Bolivia históricamente habló de popularidad y populismo y se creyó salvador, pero quedó corto en cuanto al trabajo serio, pertinente, y en cuanto a una distribución equitativa del ingreso empezando por generarlo. Los populismos mimetizan, engañan, postergan y ¡frustran! No hay como el sistema gallardo que mantenga separados e independientes los tres poderes del Estado ¡y gobierne!… que sobre todo significa ¡educar!


La economía argentina actual

abril 13, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Un dicho de Eva Perón (1919-1952) que ha perdurado es: “donde existe una necesidad nace un derecho”, que tiene relevancia en 2017 porque Argentina tiene la necesidad de recuperar la senda de la sensatez a la que su pueblo tiene derecho. Ya es tiempo.

Luego de que el ganador Mauricio Macri, hoy presidente constitucional de Argentina, lograra en segunda vuelta el 51,4 por ciento del voto en las elecciones del 22 de noviembre de 2015, el candidato presidencial kirchnerista, Daniel Scioli, destacando los logros de los doce años de kirchnerismo, dijo: “se deja la tasa más baja de desempleo de los últimos años… y la tasa más baja de desendeudamiento desde 1976”.

El problema de lo dicho por Scioli es que la “tasa baja de desempleo” se pagó con una inflación galopante, con intentos de control de precios y con un dólar de EEUU que subía de valor frecuentemente. Evidentemente el “desendeudamiento” tuvo una trayectoria desordenada, politizada, conflictiva nacional e internacionalmente sobre todo et.al. con la detención del “Belgrano”en África, y solo hubo “desendeudamiento” serio durante el reciente gobierno de Mauricio Macri.

El hotel Waldorf Astoria de Manhattan en el pasado ha sido lugar de reuniones de “diplomacia secreta”, pero pocas han sido tan inesperada como la reunión que se llevó a cabo el siete de diciembre de 2015 ya que en una sala de conferencias estaban, después de una década de amargas escaramuzas entre argentinos y representantes de los “fondos buitres”, el representante argentino, el economista Luis Caputo, y los representantes de Elliot Management: Jonathan Pollock y Jay Newman que, después de quince años de espera, en esta reunión habían acordado nada menos que un monto de US$27 mil millones en pago que entre otras cosas permitiría a Argentina ingresar nuevamente a los mercados de capital. El asunto se resolvió satisfactoriamente con la rúbrica de las dos partes.

La semana pasada Argentina vendió bonos en el mercado internacional por un valor de US$16,6 mil millones, un monto récord logrado por un país en desarrollo, según el New York Times. El 26 de diciembre de 2016 en Argentina el Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas se dividió en dos y Luis Caputo devino en el primer Ministro de Finanzas a partir de enero de 2017. La firma Elliot por su lado recibió US$2,4 mil millones, o el 392 por ciento de su capital inicial invertido en bonos, de acuerdo al Ministerio.

Temprano en abril de 2017 el Fondo Monetario Internacional (FMI) hacía saber a través de la agencia Reuters que la economía argentina necesitaba continuar e incluso ampliar las reformas de comercio libre que había venido adoptando en los últimos diez y seis meses ya que éstas estaban dando frutos que habrían de hacer posible un renovado y sostenible crecimiento económico sin inflación y con estabilidad cambiaria. Reuters también cita al actual Primer Subgerente del FMI, David Lipton, diciendo en abril que: “en tanto estas reformas en Argentina sean retadoras y por su naturaleza lentas en implementarse y tener efecto, su aplicación sentará las bases de un crecimiento económico sólido y diversificado. El diario bonaerense La Nación dice que Lipton felicitó al presidente Macri por su política económica gradual que poco a poco también reducirá el déficit fiscal.

Ya se ven los primeros signos positivos que dicen que este año y el próximo la economía argentina se fortalecerá. En ese contexto cabe destacar que JPMorgan, Bank of America, Merryll Lynch, Citigroup, Goldman Sachs y Morgan Stanley de Nueva York han hecho saber hace unos días que las economías que más crecerán en América Latina en 2017 serán Argentina (3%), Colombia (3%) y Perú (4%) lo que promete tiempos mejores para el trabajador argentino hoy desalentado y hasta frustrado con los sueldos que se dice que no cubren el mes. De ahí las huelgas que en buena medida son organizadas por la numerosa gente allegada al gobierno anterior. Éste no pudo controlar la inflación ni mucho menos.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


La OTAN es más que un tratado militar

abril 5, 2017

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Europa fue devastada por la segunda guerra mundial (1938-1945). El 3 de abril de 1948 el presidente de EEUU, Harry S. Truman, firmó el decreto de $13.000 millones de ayuda estadounidense a Europa conocido históricamente como el Plan Marshall. La intención también fue que esa recuperación económica luego comprase productos estadounidenses ayudando así a la economía de EE.UU. en recesión. La URSS impide que Polonía y Checoslovaquia recibiesen esa ayuda lo que contribuyó a la creación de la “Cortina de Hierro” que separó Europa del Este de la del Oeste. En 1949, la expansión del comunismo persuadió a EEUU y a once países europeos a formar la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN. La URSS y sus aliados comunistas formaron el Pacto de Varsovia en 1955. Así nació la “guerra fría” entre ambos bloques que duró de 1945 hasta 1991.

Con ese trasfondo histórico más la creación de la Unión Europe, y el euro, cabe destacar la importancia de la atinada política de EEUU de financiar, por encima de su obligación, el presupuesto de la OTAN que mantuvo hasta la elección del actual president de EEUU que está exigiendo que Europa y sobre todo Alemania pague más a la OTAN o sea ¡que se rearme! ¡Que se rearmen los países europeos!… dirá Mr. Trump: “de modo que EEUU gaste mucho menos.” Lo que resulta poco menos que… ¡increíble!

El presidente Trump parece descartar las razones y los entretelones históricos, estratégicos e incluso idiosincráticos que históricamente han hecho que EEUU financie la OTAN por encima de su cuota. Desde 1945 ese financiamiento ha conseguido que los países europeos que protagonizaron la primera y segunda guerras mundiales del siglo XX, a un costo en vidas y hacienda sin precedentes en la historia del mundo, soslayen la tentación de rearmarse a fin de evitar que los europeos desaforados, fanáticos y revanchistas… que nunca faltan, lleven a sus países a la guerra ¡que nadie, excepto ellos, querría!

El presidente Trump últimamente se ha venido percatando de que expresarse, desconociendo razones, tiene el costo de hacer papelones como está ocurriendo con sus elocusiones en torno a: “Obamacare”, la “Pared”, NAFTA, el ingreso de musulmanes de algunos países a EEUU, formar una coalisión viable entre republicanos en el Congreso, lo hecho en pos del medio ambiente, su afición por el señor Putin y las presuntas ingerencias electrónicas rusas en la candidatura de la señora Clinton, et. al. Papelones que tal vez no dejen de ser buenas noticias. Mientras más aprenda el Mandatario, mejor… en vista de los bajos guarismos de su desempeño presidencial en las recientes encuestas.

En 2017 las derechas europeas incluso llamadas “populistas” vociferan más que nunca buscando de ganar en las urnas. Menos mal que en Austria, Holanda y Bulgaria se los ha rechazado electoralmente. Se acercan las elecciones de Alemania que nunca ha dejado de tener minorías recalcitrantes sobre todo de derecha e incluso de ultraderecha hoy exhacerbadas por el inmenso flujo de inmigrates musulmanes. Muchos germanos buscan reconstituir su legendaria idea de das Abendland o “la tierra del atardecer” o Pegida (europeos contra la islamización de Occidente). En Francia la cuestión es si la ultraderecha crece e incluso gana las elecciones que se avecinan.

Los ejércitos europeos no son lo que han sido sobre todo en la primera mitad del siglo XX. A nadie conviene que Europa se rearme, menos conviene o gusta a la mayoría de los auropeos que como buenos letrados, por lo menos la inmensa mayoría, recuerda la tentación que significa para muchos, sobre todo alemanes, austriacos y otros, cualquier iniciativa de rearme que lleve a revanchismos que urge evitar, entre otras cosas, manteniendo el gasto militar como estaba, administrado acertadamente por la OTAN y financiado en buena medida por EEUU… que hoy parece perder la brújula de la historia europea.

*El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.