El liderazgo de Justin Trudeau en Canadá

julio 26, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Justin Trudeau, de 45 años, Primer Ministro de Canadá por diez y ocho meses, es muy distinto al presidente de EEUU, Donald Trump… que, a propósito, incluso habla de autoperdonarse jurídicamente porque tiene la conciencia intranquila ante las investigaciones que lo persiguen.

Según De Spiegel, Justin Trudeau es acogedor, ameno, atento, gallardo y liberal. Es defensor del medio ambiente y de mantener las puertas abiertas al comercio y a refugiados del Medio Oriente y otras partes. En cuanto a muros de frontera, Trudeau responde que Canadá da la bienvenida al mundo con los brazos abiertos. Hoy busca la reconciliación con las poblaciones nativas de Canadá. En su momento le preguntaron por qué la mitad de su gabinete eran mujeres, respondió: “porque estamos en 2015.”

Trudeau es el hijo mayor de Pierre Trudeau, Primer Ministro de Canadá de 1968 a 1984. Justin creció en las dependencias oficiales de Ottawa y quizá eso contribuyó a la formación de su personalidad y presteza mental que hoy le ayudan a arriesgar sin temor a equivocarse. Es ameno, de sangre liviana, bromea sobre sí, viste medias de distinto color e incluso boxeó públicamente durante su campaña electoral. En la universidad estudió pedagogía y literatura para después enseñar francés, sociología y teatro. También enseño snowboarding cerca de Vancouver. Adquirió prominencia luego del elogio que ofreció en el sepelio de su padre hace diez y siete años. Fue tan emotivo y relevante que impulsó su carrera como político; fue electo al parlamento en 2008 para luego tomar el liderazgo del partido liberal en 2013.

Justin Trudeau ha dicho que desde 1945 Canadá ha tenido una política internacional independiente de Gran Bretaña. Incluso desde antes de la independencia ha tenido una visión propia del mundo sobre todo porque EEUU está al sur de su frontera. Históricamente Canadá ha tenido políticas distintas del poderoso vecino con respecto a Cuba, Viet Nam y el desarme nuclear. Los canadienses afirman que no conviene a nadie que Canadá sea visto como un apéndice de EEUU. Su independencia en política exterior es un hecho histórico y todo apunta a que continuará siéndolo.

Las elecciones de 2015 tuvieron en Canadá un candidato conservador que buscaba la reelección enunciando políticas de división y temor especialmente con respecto a migrantes musulmanes, y pregonando postulados afines a las derechas llamadas “populista” de EEUU, Polonia, Hungría, Filipinas y Turquía. La política de Trudeau es de inclusión y, en vez de apartar a “los peores”, se trata de incluirlos para que todos nos ayudemos de modo que el progreso lo realicemos juntos y de la mejor manera. Emmanuel Macron, presidente de Francia, y Sadiq Khan, alcalde de Londres, dijeron que avanzar juntos era mejor, y ganaron. Trudeau está en eso y más.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, de Canadá, EEUU y México, vigente desde enero de 1994, ha beneficiado a empresas multinacionales. Según The Guardian, en 1993 EEUU tenía un déficit comercial relacionado a la industria automotriz de US$3,5 mil millones. En 2016 ese déficit llegó a $45,1 mil millones. El déficit automotriz de Canadá con México en ese periodo subió de US$1,6 a $8,7 mil millones. Pero ¡ojo! el salario del obrero mexicano de esa industria no se benefició en ningún momento del referido auge. Compañías como Honda, BMW y PKC se instalaban en México, sobornaban a dirigentes sindicales, y a otros, de modo que los sueldos de trabajadores de planta permaneciesen por los suelos sin que el gobierno de México dijese mucho. No es tan fácil el asunto como lo cree la Casa Blanca… aunque hoy ve cierto mérito en el TLCAN.

Trudeau hace poco visitó a una familia siria refugiada en Calgary que, agradecida, dio el nombre de “Justin Trudeau” a su recién nacido. El Primer Ministro, emocionado, lo alzó en brazos. Desde diciembre de 2015, Canadá ha recibido 40.081 refugiados.

El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.


Junípero Serra fundador de misiones

julio 19, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

En 1769 el cacique de Sica Sica, Alejandro Chiquimamani, viaja a La Paz acompañado de hilacatas para entregar los recaudos a la autoridad paceña, en vez de darlos al corregidor de su comarca que desviaba lo recaudado. También en 1769, el padre franciscano Miguel José “Junípero” Serra (mallorquín, 1713-1784) inicia labor pionera en la hoy California, EEUU. También en 1769 estalla la guerra territorial entre Connecticut y Pennsylvania, colonias inglesas. O sea que la violencia de una forma u otra era frecuente en las Américas del norte y del sur durante el siglo XVIII.

El 16 de julio, La Paz, Bolivia, celebra uno de los primeros gritos libertarios y revoltosos de Suramérica que fue sofocado cruelmente. El 16 de julio de 1769 en la California de España, y el 16 de julio de 1809, en La Paz, Alto Perú, Virreynato de Lima, las cosas no pueden ser más contrastantes. En aquella se comienza a edificar en grande, en ésta se gesta el ahorcamiento de Pedro Domingo Murillo y otros patriotas mártires.

En el mundo de 2017, cada vez más globalizado, el 16 de julio también se debería recordar el inicio de la obra colonizadora de los españoles misioneros del siglo XVIII en lo que vino a llamarse California, que comienza con la fundación de la primera misión de San Diego de Alcalá (hoy San Diego), el 16 de julio de 1769, por el franciscano Junípero Serra, en los campos de San Diego donde, entre otros cometidos, él siembra los primeros viñedos, naranjales, higueras y olivares, catequiza y educa. Se trata de una cruzada misionera cristiana inverosímil por lo apaciguada… y positiva por sus causas nobles.

Enterado, el rey de España, Carlos III, cuyo imperio abarca más de la mitad del mundo conocido, autoriza la fundación de veintiuna misiones en California en los siguientes 54 años, además de fortines militares y cárceles en San Diego, Santa Bárbara, Monterrey y San Francisco. Los jesuitas y otras órdenes religiosas españolas, italianas y francesas también fundaban y trabajaban misiones en América incluyendo en lo que vino a ser Bolivia.

El doctor en filosofía, padre Junípero Serra, enseña filosofía durante quince años en Palma de Mallorca. En 1749 es destinado a México y viaja con su amigo y biógrafo Francisco Palau. Enseña en el Colegio de San Fernando. En 1750 trabaja exitosamente en las misiones de Sierra Gorda y en el centro-sur de México. Luego regresa a la ciudad de México donde permanece siete años trabajando en las poblaciones aledañas ganándose el prestigio de religioso asceta de éxito e incluso fama. Por eso y por su efectiva labor misionera, en 1769 integra la segunda expedición a Alta California liderada por Gaspar de Portolá.

Cuando la expedición llega a lo que hoy es San Diego, el padre Junípero se queda con algunos otros para fundar la misión. El resto continúa en busca del puerto de Monterrey que ya había sido utilizado por marinos españoles. El cometido resulta infructuoso y es Junípero que explora y encuentra el puerto en 1770, donde funda la segunda misión de San Carlos Barromeo. Habiendo sido nombrado presidente de las misiones de Alta California, él sienta residencia y organiza su centro administrativo cerca de San Carlos, en Carmel del Mar, donde radica e imparte instrucciones hasta el fin de sus días.

Bajo su presidencia también se fundan las misiones de San Gabriel Arcángel (actual Los Ángeles) en 1771, San Luis Obispo (1772), San Juan Capistrano (1776), San Francisco de Asís (1776), Santa Clara de Asís (1777) y San Buena Ventura (1782). En cada una los franciscanos organizan poblados donde catequizan e instruyen a los nativos en agricultura y crianzas de ganado. Su éxito se debe a que las misiones estaban alejadas de la autoridad colonial y, con el tiempo, lejos del gobierno de México. Esto hasta el siglo XIX cuando se abandonan los cometidos con la toma de California por parte de EEUU. Junípero, que está enterrado en California, es canonizado por el Papa Francisco el 23 de septiembre de 2015.


Cuando el nacionalismo embiste

julio 13, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Al concluir la reciente reunión del G-20 en Hamburgo, el presidente francés, Emmanuel Macron, dijo que el mundo estaba más dividido que nunca. Se refería por un lado al nacionalismo “popular” o “populismo” que mayormente cuestiona y hasta rechaza la cooperación internacional, y por otro a los que creen en la continuación de esa cooperación que ha costado forjar desde 1945 y cuyos frutos deberían ser claros pero que no lo son para los populistas hoy triunfalistas en países importantes como EEUU.

Acaparador del término “populismo”, el nacionalismo cree que ha llegado su época de poder aunque internacionalmente busca conocidos, porque amigos no tiene, que compartan un podio de aislamiento en nombre de una antiglobalización comercial, un rechazo del calentamiento climático, un menoscabo de la OTAN, y un rechazo de la realidad de millones de refugiados que buscan amparo. Prédica que la mayoría de los países del mundo no comparten. Más bien el ciudadano común de estos países se muestra incrédulo de que en 2017 haya tanta gente inmisericorde y tan poco leída, sobre todo de lo acontecido en el mundo en los últimos 72 años. El tal “populismo” es toda una enseñanza de lo que, paradójicamente, él mismo no sabe.

La cooperación internacional es perjudicial para los nacionalistas que por desgracia han sido electos en países de talla como EEUU, y de menos talla como el Reino Unido, Polonia y Hungría. Menos mal que Holanda, Austria y Francia lo han rechazado electoralmente. Rusia, una dictadura oligárquica, baila con la que más le sonríe en este caso la presidencia de EEUU que hoy es tropel, porque la prensa, buena parte del poder judicial, mucho político y público estadounidense bregan y hasta pugnan por encontrar respuestas a lo que acontece. Incluso han nombrado un juez especial para investigar el muy posible nexo entre Rusia y la reciente elección presidencial de EEUU. Putin insiste que Rusia no se ha inmiscuido en esa elección, pero las evidencias que surgen muestran lo contrario. Y continúan surgiendo para rubor y desprestigio del ruso.

Por supuesto que el presidente Trump pierde sueño en torno a lo que pueda descubrir y dar a conocer el juez especial sobre todo ahora que hay mucho más “trapo sucio al sol” que hace un mes. Y esos ¨trapos” emergen cada día cuando el tropel Trumpista decía e insistía que no existían. El senado y la cámara de representantes también investigan una situación repleta de dichos y contradichos que surgen diariamente incluso por el afamado twiter que el presidente Trump utiliza a ultranza incluso con faltas de ortografía y otras manifestaciones muy de él por demás de increíbles por lo simplonas y comprometedoras que incluso sus más cercanos colaboradores le han sugerido que deje de escribirlos.

La reciente reunión de Hamburgo del G-20 ha reflejado la polarización de lo que refiero luego de los programados aplausos a Trump en Varsovia y las manifestaciones en Alemania. Esta reunión del G-20 ha sido la primera en país de libre expresión ya que la de 2015 fue en Turquía y la de 2016 en China, ambos prohíben las manifestaciones de protesta. No fue así en Hamburgo donde las enormes manifestaciones sobre todo (pero no solamente) contra el “populismo” de países históricamente importantes que hoy se oponen sobre todo al comercio y cooperación internacionales lo que resulta no solamente increíble sino erróneo y por lo tanto deleznable.

Si hubo gente que por medios electorales llevó a sitiales de mando a individuos cuya forma errónea y descartable de ver las cosas debe ser rechazada en las urnas, “la gente leída” debe despabilarse y acudir a votar en mayor número de modo que la ignorancia y su insaciable angurria de conflicto y dividendo espurrio cedan el poder sobre todo en EEUU donde la tradición de contrapeso y balanceo de los poderes del estado ha sido históricamente efectiva, pese a todo. El reto hoy es sin precedente.

El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.


La plaga de los religiosos pederastas

julio 5, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El Papa Francisco ha estado ocupado reemplazando personal de rango del Vaticano, como el cardenal alemán Gerhard Müller que se opuso a la decisión papal de permitir que católicos divorciados accedan a la comunión según el Papa lo refirió en su libro El júbilo del amor publicado en 2016. El cardenal Müller arguyó que lo dicho por el Papa Francisco estaba en conflicto con las enseñanzas de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio. Al parecer los subalternos del Vaticano tardan en percatarse de que el que decide y manda es el Papá, hoy Francisco, y esto desde San Pedro.

El cardenal Müller era encargado de la afamada Congregación de la Doctrina de la Fe responsable también del espinoso asunto de los religiosos pederastas que es una plaga multinacional encubierta por décadas con artimañas e influencias que perduran en medio de nuevas acusaciones contra el cardenal australiano George Pell, otro alto funcionario del Vaticano.

El cardenal Pell, de 76 años, es conocido por australianos que acudieron infructuosamente a él para pedir que tomará acción contra religiosos pederastas de su país. Hoy no solamente es acusado de pederastia, sino de haber hecho vista gorda a los actos de religiosos pederastas en Australia desde cuando era autoridad en la localidad minera de Ballarat. El Papa ha concedido licencia indefinida al cardenal Pell para que en Australia lidie con las acusaciones. Ha nombrado como reemplazo a su subalterno, el jesuita monseñor Luis Ladaria Ferrer.

El diario Huff Post dijo recientemente que el Vaticano, liderado por el Papa Juan Pablo II, sabía de sacerdotes pederastas que el Vaticano encubría ante las comisiones gubernamentales en este caso de Australia. Un informe de la Iglesia Católica Australiana señala que entre 1980 y 2015, 4500 personas denunciaron casos de pederastia perpetrados por miembros de la Iglesia. Según el Informe, entre 1950 y 2010, se identificaron 1889 agresores: 572 sacerdotes, 597 hermanos religiosos, 543 laicos y 96 hermanas religiosas. El primer ministro australianos calificó estos datos de vergüenza nacional” sobre la que el cardenal Pell ha de tener algo que decir.

La pregunta es: cómo es posible que un religioso con antecedentes de escándalo puede llegar a un puesto alto en la jerarquía vaticana y permanecer. El cardinal Pell ha debido saber que el siete por ciento del clero australiano ha sido acusado de pederastia entre 1950 y 2010. Omitió saberlo hasta que le cayó encima legalmente porque de confesionario está claro que nunca le hizo efecto ni mucho menos.

 El año pasado el Papa Francisco confirmó que había dos mil casos de pederastia pendientes en el Vaticano y que dotaría de más gente a la Congregación de la Doctrina de la Fe para acelerar los procesos que no cesan de llegar. Un problema del Vaticano hoy es el rezago de casos no resueltos por la injustificable inacción de la Iglesia que se remonta a los años 1980, quizá antes, y perdura inexplicablemente.

De todas maneras Francisco llegó al papado en 2013 con la promesa de crear una Iglesia más abierta empezando por reformar la burocracia vaticana y eliminar la pederastia que caracterizó a los dos papados anteriores. Recordemos que habló de “comités poderosos” de protección de niños, tribunales para procesar a obispos y “tolerancia cero” con sacerdotes pederastas. Desafortunadamente estas promesas no se han cumplido hasta el momento.

El periodista italiano, Emiliano Fittipaldi, autor del libro Lujuria, publicado este año, que versa sobre abuso sexual en el Vaticano con el capítulo inicial dedicado al Cardenal Pell, opina que lo que acaba de acontecer demuestra que la revolución de Francisco, en lo que toca al abuso sexual, ha quedado en promesas.

Libros aparte, esperemos que esto cambie porque la pederastia, o abuso sexual de niños y niñas, es infame y debe ser erradicada de una vez por todas. Quizá el matrimonio de religiosos sea el único paliativo.

El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.