Emmanuel Macron aprueba ley laboral pese a protestas

septiembre 27, 2017

 

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Después de semanas de negociaciones con sindicatos y organizaciones patronales, el 22 de septiembre el presidente francés, de 39 años y políticamente centrista, en una sesión televisada y ante el consejo de ministros, aprobó una nueva ley laboral de 200 páginas que debería ser el comienzo de una renovación del modelo social francés, hoy exhausto por lo oneroso y sobre todo asfixiante de la empresa privada. Las finanzas de la empresa pública tampoco han sido soportables porque el monto de impuestos recabados no es lo que debería ser. Se trata del proyecto estrella de su mandato con el que espera renovar el ímpetu industrial francés que ahora adolece de frustración e inapetencia además del diez por ciento de desempleo de la población activa. “Somos la única gran economía de la Unión Europea (UE) que en las últimas tres décadas no ha logrado derrotar el desempleo masivo” dijo Macron a la revista Le Point del 20 de septiembre. Laurent Berger, líder del sindicato CFDT, por su parte dijo que estaba “profundamente decepcionado” por algunos puntos de la nueva ley… pero no convocó a manifestaciones. El líder del partido de izquierda radical “Francia Insumisa”, Jean-Luc Mélechon, hizo un llamado a “tomar” París para afrontar este “golpe de estado social”. El primer ministro, Eduard Philippe, comentó que la nueva ley ayudaría a Francia “a compensar los años perdidos de desempleo masivo”.

Si se trata de meses e incluso años de “vacas flacas”, es imposible compensar ese alto costo con la holgura de las escasas épocas de “vacas gordas” cuando las hay. Pero esto no queda claro a los miles de manifestantes que paralizaron los esfuerzos de reforma del presidente François Hollande. Y eso que era un socialista conocedor de la situación económica de Francia. Esos manifestantes también han venido haciendo las cosas difíciles para Emmanuel Macron, con manifestaciones recientes de docenas de miles de personas que se oponen a su reforma. La aceptación pública de Macron ha descendido al 40%. Pero éste no descansa y con el Parlamento a favor lleva las de ganar en parte porque ha recurrido al método acelerado de ordenanzas evitando así los prolongados debates legislativos. Los términos de la ley se publican en el Diario Oficial la semana del 24 de septiembre y se dice que entrarán en vigencia inmediatamente.

Según el Hoffington Post, la reforma flexibilizará los despidos y las contrataciones, reforzará la posición negociadora de las empresas sobre las condiciones laborales y el salario. Asimismo se establece la negociación directa entre la empresa y los trabajadores sobre todo la que tenga menos de 50 empleados. Estos deberán elegir un representante que posea la facultad de negociar directamente y llegar a acuerdos definitivos sin que en esto entre el concepto de “sindicato”. El proceso de despido se simplificará y la indemnización se incrementará del 20 al 25% del salario. Los sindicatos por su lado dicen que se da mucho poder a las empresas… y se reducen los derechos de los trabajadores.

Hasta ahora despedir supernumerarios era poco menos que imposible y éstos, organizados, por lo general han hecho vista gorda a la realidad microeconómico de que los costos variables de una empresa, privada o pública, como las gangas y beneficios, e incluso los salarios, deben fluctuar dependiendo del momento sobre todo si se tiene al euro como moneda ya que ésta tradicionalmente ha experimentado poca inflación desde su incepción en once países europeos el 1º de julio de 2002 entre ellos Francia. Macron sabe que las legislaciones laborales de Alemana y los países escandinavos incluyen cláusulas que Francia debe emular, y sabe que las autoridades de la UE tiene “los dedos cruzados” a favor de que Macron tenga éxito en su cometido reformista no solo porque Francia vigorizaría su economía sino que también apaciguaría los ánimos de mucho izquierdista europeo sobre todo del sur de Europa… e Iberoamérica, et al.


George Bernard Shaw, de Tolstoy a Stalin

septiembre 20, 2017

 

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El dramaturgo irlandés George Bernard Shaw (Dublin 1856-RU 1950) fue admirador del líder ruso José Stalin. El anarquista exiliado en Londres, Peter Kropotkin, y el nihilista Segius Stepniak seguramente le hablaron de la renovación espiritual que comenzaría en Rusia. Su famoso drama La casa del corazón partido lo subtituló “Una fantasía a la manera rusa de temas ingleses”, que muestra la influencia del ruso Chekhov. Y es que la literatura rusa de los 1880 motivó muchedumbres y a él inmensamente, en particular Ana Karenina y La guerra y la paz de Leon Tolstoy a quien llamaba “el maestro”. El arte ruso y en particular la literatura para Shaw constituían un universo alternativo en el que Rusia era una esperanza.

De familia burguesa protestante, autodidacta, luego del divorcio de sus padres en 1876, Shaw se mudó a Londres con su madre que era músico, y hermanas. En 1898 contrajo matrimonio con la irlandesa Charlotte Payne-Thowsend de familia acomodada. Hizo crítica literaria y de música; elogiaba a Richard Wagner, pero no le fue bien hasta que incursionó en el teatro. Enaltecía a Ibsen. En su primera obra teatral, Casas de viudos (1892) critica las injusticias sociales. En La profesión de la señora Warren (1894) critica la prostitución y el capitalismo que paga por ella. Su obra teatral es didáctica y atrajo a las clases sociales que él criticaba. Conoció los abusos de trabajadores, mujeres, niños desvalidos de la Europa de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Leyó a Marx y en 1884 se hizo socialista y se inscribió en la Sociedad Fabiana que no favorecía la violencia.

Para él, el triunfo de la revolución rusa en octubre de 1917 supuso el fin del zarismo y de los poderosos que habían abusado por siglos. Joseph Stalin devino líder. Su brutal dictadura llegó a eliminar más de veinte millones de rusos mucho de ellos campesinos, a tiempo que George Bernard Shaw adquiría fama internacionalmente como dramaturgo. Admiraba a Stalin. Lo consideraba el líder del reparto de la riqueza entre el proletariado ruso, el europeo y el del mundo. Hasta el día de su muerte tuvo una fotografía enmarcada de Stalin en su dormitorio. Su admiración fue vigorizada por el traspié que significó para Occidente la crisis del año 1929. La cruel Gran Purga rusa, la hambruna de Ucrania y el Pacto Stalin-Hitler no lo hicieron cambiar de parecer. Esa admiración fue reafirmada cuando visitó oficialmente la URSS en 1931 y fue recibido con una guardia de honor, emblemas gigantescos con su retrato y la muchedumbre gritando “heil Shaw”. Se le ofreció un enorme banquete para celebrar su cumpleaños 75. Luego Stalin le concedió una visita privada de dos horas que él calificó de “simpática y de buen humor”.

Resulta increíble observar el culto de Occidente por el dramaturgo irlandés, autor de obras sin duda maestras como Pygmalion, Hombre y superhombre y San Joan, et. al. Admiraba a la URSS como método de gobierno para “reivindicar masas”… lo que hasta hoy resulta paradójico y, como dijo el NYT: “la gran separación de orbes de la guerra fría quizá no fue tan sencilla como parece. La obsesión endémica de Shaw por la URSS es una fuerza que todavía late en nosotros: el deseo de ver en la URSS las virtudes que hacen falta en Occidente”.

El día de su muerte el primer ministro de la India, Jawaharlal Nehru, dijo: “él fue no solamente una de las grandes figuras de su época, sino que influyó el pensamiento de un gran número de seres humanos de dos generaciones.” Su influencia puede resumirse en el mandato de ser un escéptico que cuestiona creencias, hábitos y costumbres que han tenido vigencia por mucho tiempo, como el sitial social de las mujeres, los niños, los desvalidos y los homosexuales (se dice que él lo era). Ante la reacción organizada a sus ideas y principios, él oponía su derecho a la libertad de expresión. Criticaba cualquier tipo de crueldad, despreciaba el propagandismo y sobre todo la mentira lo que no deja de ser… ¡paradójico!


Kim Jong-un o la locura desaforada

septiembre 15, 2017

 

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Amenazar con ataques nucleares en el siglo XXI es de enajenados mentales que juegan al machismo político como si se tratase de un juego de canicas de callejón en las que el ganador se ríe de los demás tal como lo hizo el dictador de Corea del Norte el domingo 3 de septiembre en el Teatro del Pueblo de Pyongyang al lado de su esposa Ri Sol-Ju (que acaba de tener su tercer hijo), luego de lanzar un cohete de largo alcance sin importarle que éste violase el espacio aéreo de Japón. Kim Jong-un cree que esclavizar recursos incluso humanos ipnotizándolos con delirios de victoria… ¿gestará admiración? ¿envidia? y acaso ¿miedo en Corea del Sur, EEUU y otros? ¡Qué idiotez!… pero idiotez con armas nucleares lo que es motivo de alarma e indignación en Corea del Sur y otros países. Los científicos Ri Hong Sop y Hong Sung Mu, que hacen bombas de hidrógeno se dice que hasta cien veces más potentes que la que cayó en Hiroshima en 1945, estuvieron en la celebración. Pero ¿cuál es a historia que llevó a Corea a la situación actual?

La primera dinastía de toda Corea se remonta a antes del año 194 a.C. Japón la ocupó de 1910 a 1945, enfrentó guerrillas que tuvieron entre sus líderes a Kim II-sung. En 1945 Corea fue dividida en el paralelo 38: URRSS en el norte hasta 1950, y EEUU en el sur hasta junio de 1950. La República Popular de Corea del Norte nace en septiembre de 1948. Kim II-sung deviene Premier y los soviéticos se retiran diciendo que Corea del Sur debía conquistarse. El Norte invadió el Sur el 25 de junio de 1950 dando comienzo a la primera “guerra caliente” de la guerra fría en la que la URSS no participó directamente, mientras que EEUU y la ONU intervinieron ganando, hasta que China intervino lo que condujo, después de un millón de muertos, al armisticio del 27 de julio de 1953. La Península quedó dividida nuevamente en el paralelo 38. No hay tratado de paz, solo armisticio que dura hasta hoy. De ahí la volatilidad del momento actual con un Norte con cohetes de largo alcance y bombas atómicas quizá capaces de alcanzar territorio estadounidense.

Su reciente sexta prueba nuclear subterránea motivo la aprobación el 11 de septiembre de nuevas sanciones de parte del Consejo de Seguridad de la ONU… que no parecen tener efecto porque la economía de Norte creció 4% en 2016. Esta resolución no resultó tan estricta como quería el presidente de EEUU por oposición de Rusia y China que insisten en no “desestabilizar” al Norte. Por eso no incluye restricciones de viaje sobre todo de fuerza laboral norcoreana que se vende por divisas, ni congelamiento de activos en el exterior. Tampoco reduce la exportación de textiles ni la importación de petróleo. Aunque reitera una resolución de 2009 que instruye a los países que comercian con el Norte que inspeccionen los navíos de ingreso y salida pero sin recurrir a la fuerza en caso de incumplimiento, lo que resulta ridículo porque invita a burlar la resolución.

Ante la posibilidad de que Kim lance cohetes a las cercanías de Guam, la prensa estadounidense conjetura que la administración de Trump quizá no tenga más alternativa que recurrir a nuevas sanciones que incluyan la amenaza militar, el espionaje, y prohibir a bancos chinos que hacen negocios en EEUU, a que los hagan en Corea del Norte. Lo interesante es que Trump estaría utilizando la misma táctica que utilizó Obama para persuadir a Irán a que negociase su postura relacionada con armas nucleares de 2015, y que Trump después caracterizo como un “obsequio a Irán”.

El domingo 10 de septiembre Corea Norte anunció que, de adoptarse nuevas sanciones en su contra, infligiría “gran pena y sufrimiento a EEUU”. De todas maneras la aprobación de la sexta resolución por Rusia y China demuestra preocupación por el desaforado proceder de Kim Jong-un que no parece percatarse del juego “a la ruleta rusa” en que se ha metido. El 12 de septiembre Corea del Sur anunció que recurriría al magnicidio para detener a Kim, y reactiva gente al respecto.


Afganistán indómito por sentencia histórica

septiembre 6, 2017

 

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

En 1879, cuando Bolivia empezaba la Guerra del Pacífico en parte por maquinaciones de ingleses, Afganistán se veía invadida por ingleses que guerreaban con rusos en lo que se llamó “la gran jugada” de hegemonía y dominio. En la guerra fría Rusia y guerrilleros afganos ayudados por EEUU guerrearon por años lo que resultó en la salida de los rusos en 1989. Y ahora en 2017, la “guerra de terror” continúa. El presidente de EEUU decide aumentar el aporte bélico a Afganistán.

La República Musulmana de Afganistán está en el centro-sur de Asia, tiene 652.864 Km cuadrados mediterráneos montañosos al norte donde está el Indo Kush y los Himalayas, tiene 33 millones de habitantes y un PIB de $66 mil millones (Bolivia tiene 11.411.000 habitantes y un PIB de $40 mil millones). Hoy el gobierno de Kabul lucha, con la ayuda de EEUU y otros países, contra el Talibán que ostenta la ley Sharía. También lucha contra el ISIS. Llamada desde hace siglos “el panteón de imperios”, Afganistán es un dechado de etnias que por siglos han guerreado entre sí lo que ha sido tentación de ingleses, rusos y estadounidenses que históricamente han encontrado aliados en un grupo u otro con la intención de doblegar a los demás, pero han fracasado.

Según el London Fin. Times, el 31 de agosto políticos y escritores afganos se reunieron para celebrar el aniversario del día de la unión de las tribus Baluch y Pushtun, pero la celebración fue queda porque el año pasado en un discurso de esa fecha se dijo que ambas tribus estaban siendo víctimas de “enemigos comunes”, sin detallar lo que es “común” en esos lares porque el amigo de hoy puede devenir en el enemigo de mañana y viceversa dependiendo de alianzas de conveniencia temporal que no cambia desde hace siglos. El historiador griego Herodoto escribió sobre los Pushtun en el siglo V a.C. Los Tajiks, segundo grupo más numeroso después de los Pushtum, son también antiguos. Dos millones y medio de Uzbecks viven en las zonas montañosas del norte. El mismo número de Hazaras viven en el medio del país al oeste de Kabul la capital. Menor número de Punjab y árabes, entre otros, viven en los valles y colinas del sur.

Hoy, catorce grupos étnicos viven en Afganistán. Cada uno es protegido por la Constitución y es mencionado en el himno nacional. Pero la influencia extranjera ha modificado el devenir sobre todo en el ámbito religioso. La mayoría de los afganos son musulmanes sunitas, pero los Hazara devinieron musulmanes chiís por influencia de los persas Safavid. Los Sijs de India también encontraron audiencia. La mitad de los afganos habla Dari, una forma de Farsi. Muchos Tajik viven en poblados a lo Irán. Los Baluchis viven ruralmente.

Estas diferencias han sido exacerbadas por la política. Los intentos de los Pushtun por unificar el país en el siglo XIX causó resentimiento en otros grupos, en tanto que potencias extranjeras amplificaron esas diferencias. Más tarde el Irán religioso chií apoyaba a las milicias Harara que luchaban contra los rusos en los 1980, en tanto que Arabia Saudita, sunita, y Pakistán, apoyaban al Pushtun talibán.

El tribalismo ha hecho que la gente sea mucho más regionalista que nacionalista. Los políticos regionales defienden a su región no así a su país lo que favorece el nepotismo y perjudica el interés nacional. Disputas étnicas del Parlamento a menudo terminan en pugilatos. Estudiantes de la Universidad de Herat pelean por imponer un idioma u otro en los letreros. Las estaciones de radio despiden a locutores que aludan regionalismos. Las tropas Pushtun rehúsan combatir a talibanes Pushtun. Y al gobierno central no le queda más que intentar aunar la nacionalidad. Fomentar el odio étnico hoy es penado por ley, y los nuevos carnets de identidad destacan la unidad nacional. Pero la mayoría de los afganos continúa resintiendo, cual sentencia histórica imperecedera, la presencia de “enemigos comunes” que amenazan a las legendarias etnias.


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