Cuando el idioma desaparece…

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El taushiro ha sido un dialecto que aquí llamamos idioma porque en su momento su gente ha debido tener una organización social y un sistema de comunicación parecida al quipus o algo por el estilo. Todo indica que hoy está a punto de desaparecer porque su último hablante que, de acuerdo al NYT, se llama Amadeo García García, que vive en Intuto, Perú, hermano del finado Juan Garcia García que murió de fiebres en 1999, dijo, estas pasadas navidades, que lo peor para él era, o es, no tener a su hermano con el que hablar taushiro. “No tengo con quien hablar mi idioma… yo soy el último y conmigo desaparecerá… ¡y no puedo hacer nada al respecto!”- La verdad es que nadie puede hacer nada porque se trata de una fatalidad etno-histórica no solamente aplicable al taushiro.

El Catálogo de lenguas de América del Sur (Madrid: Gredos, 1984), de Antonio Tovar y Consuelo de Tovar, apunta que entra las lenguas del alto amazonas en proceso de extinción en Perú y Ecuador a comienzos de los 1980 estaban el simigae, ipaiza, oa, andoa, záparo, conambo, archidona, arabela y el taushiro hablado en el lado peruano del río Curaray. Cabalmente, el tauchiro está a punto de perecer porque su último y único representante todavía vive prácticamente lubricando con lágrimas y recuerdos el sepelio de su propia lengua, de su ancestro que no hay forma de enaltecerlo ni menos preservarlo. El final habrá de ser total.

Hacia finales del siglo XX una veintena de taushiros quedaban en una curvatura del río Amazonas protegidos de intrusos por una tupida foresta, algunos canes y mucho ruego al altísimo de que nadie apareciese, los descubriese y desbandase o explotase como había ocurrido en tiempos pasados con docenas de etnias que habitaban esparcidas las orillas ondulantes del gran río donde a comienzos del siglo XX sufrieron la aparición de siringueros abusivos y hasta esclavizadores que habían hecho morir a miles de amazónicos con el trabajo duro de la tichela y el jugo lucrativo del árbol del caucho. Los catequizadores católicos eran pocos y mal recibidos por los hambrientos de la goma. Luego vino el abuso de los buscadores y explotadores de petróleo que no vacilaron en continuar las pagas migras y los abusos a hombre, mujeres y niños de docenas de etnias que con el tiempo han ido desapareciendo de la gran hoya madre de lo que se vino a llamar el río Amazonas.

Ni que decir de los modernos acaparadores de tierras, destructores por excelencia de la manera de existir de docenas de etnias menores que por mucho tiempo han sobrevivido infamia tras infamia y que en siglo XXI van desapareciendo a paso acrecentado sin que nadie tenga en cuenta ni menos defienda el patrimonio que significan, la importancia histórica que conllevan, la autenticidad que los caracteriza, la sobrevivencia y pervivencia histórica que ofrecen ante la vista gorda de la autoridad político-social. Muy pocos consideran seriamente el rescate de semejante tesoro humano cada vez más amedrentado, descuidado, solitario e incluso burdamente ¡olvidado! Toda la América amazónica ha sido su patrimonio desde tiempo inmemorial. Desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días han pasado de un apogeo vivencial legendario a un perigeo lento y mortífero, lo que no deja de ser una vergüenza para cada una de las naciones o sociedades, la mayoría dizque cristianas, que debería reflexionar y comenzar a rescatar por todos los medios y recursos semejante tesoro suramericano.

Publicado por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Jorge V. Ordenes L. www.jvordenes:wordpress.com Académico de número de la Academia Boliviana de la Lengua. Ph.D. en literatura hispánica y Licenciado en economía de la Universidad George Washington, Washington, D.C. Ha recibido certificados de cursos de la American Management Association de EEUU, de la ONU de Nueva York, y de la organización Coverdale de Inglaterra. Habla castellano, francés e inglés. Ha enseñado literatura hispánica en EEUU durante diez años. En 1995 recibió una oferta de profesor de la Universidad Nova, de la Florida, pero desistió para regresar a Bolivia. Aparece en Who is Who in Latin America; y en Directory of Latin Americanists, Biblioteca del Congreso, EEUU Fue comentarista de Latin American Research Review, EEUU. Aparece como docente del International Law Institute, EEUU Fue electo "Jack Wolf Scholar" por la Washington Agriculture and Forestry Education Foundation. Miembro del Instituto Cultural Capilla Alfonsina desde 1978, México. Con fecha 20 de octubre de 1980 recibió una carta de felicitación del doctor Hernán Siles Zuazo por escribir y publicar Sinopsis Boliviana (Washinhton, D.C, 1970-1981). Con fecha 22 de diciembre de 1971 recibió carta de “profundo agradecimiento” del embajador de Chile en EEUU, Orlando Letelier, por la “excelente lectura” pública del poema Las alturas de Macchu Picchu de Pablo Neruda. Trabajó veintisiete años en corrección de pruebas, recursos humanos y relaciones públicas del Fondo Monetario Internacional, en Washington, de donde se jubiló en 1995. Ha ofrecido más de 900 conferencias en torno al trabajo del FMI y sobre literatura y cultura en instituciones gubernamentales y educativas de Europa, EEUU, Canadá e Iberoamérica. Ha disertado en conferencias de literatura y macroeconomía. Continúa siendo entrevistado por periódicos, radio y televisión de varios países incluyendo varias veces por la Radio Caracol de Miami, Florida, en 2007. Viaja a menudo a EEUU por motivos de familia y de trabajo de consultoría actualmente con Internacional Development Corporation de Arlington, Virginia, EEUU. Publica semanalmente la columna “Fulcros” en cinco periódicos bolivianos, eforobolivia.org y otros sitios blog de la internet. Ha enseñado en las facultades de derecho y extensión cultural de la UPSA, Santa Cruz, Bolivia. Fue invitado a ser miembro del Consejo Consultivo de la UTEPSA, 2004, Santa Cruz, donde ejerció de profesor de estilo y corrección de pruebas en 2005. Miembro del Consejo Editorial de la revista Signo, La Paz. Ofreció tres módulos (seis meses) de la historia de la literatura desde las vísperas de Colón%

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