El racismo recalcitra nuevamente en EEUU

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Aunque la separación de hijos y padres se alivió la semana pasada, crece la crítica en EEUU y el mundo a la práctica de la Casa Blanca de arrebatar niños, algunos de pecho, de sus padres migrantes en la frontera con México para llevarlos a sitios desconocidos. Se encarcela o exilia a buen número de padres y madres. Ahora el reto es volver a unir padres e hijos que no ha de ser fácil porque los niños están esparcidos por todo el país. Se trata de una cruel práctica de mentes enajenadas de racismo. Se lo vio en la trágica manifestación del año pasado, de blancos racistas y antisemitas, en Charlottesville, Virginia. Éstos odian la verdad etnográfica de EEUU de una disminución de gente blanca y un aumento en los no blancos lo que enardece a los blancos del gobierno empezando por el Presidente, motor de esta debacle. Claro que la historia de EEUU tiene antecedentes vergonzosos. Y no me refiero a los esclavistas derrotados en la guerra civil del siglo XIX, ni a los campos de concentración en los que se encarceló a estadounidenses de origen japonés durante la segunda guerra mundial.

En 1879 el militar Richard H. Pratt abrió la Carlisle Indian School en Pensilvania. Un internado financiado por el gobierno para “educar” sí o sí  a los jóvenes indios. Según la investigadora Becky Little del NYT, el propósito era “matar al indio y salvar al joven”. Fue modelo de más de 150 escuelas del país. Si la ley Dawes, 1887, delimitaba los territorios de los indios, la Ordenanza Haircut mandaba no dar alimento ni atención a los jóvenes de pelo largo… que mayormente eran indios. El sistema Carlisle obligaba al indio a parecerse al anglosajón (que le había quitado sus tierras), también a hablar y usar nombres en inglés y a dejar sus costumbres religiosas y culturales. Al ser internados, desvinculaban a los chicos de sus familiares y tribu lo que presentaba problemas cuando los muchachos volvían a sus casas. En ellas insistían en dejar atrás lo indígena porque “ya no servía”, a favor de costumbres de los blancos anglosajones que dizque “eran el futuro”. Esa educación buscaba eliminar al máximo los vínculos nativos. La confusión reinaba. Los internados eran semilleros de tuberculosis, influenza y otras enfermedades infecciosas que mataban educandos a granel. En el cementerio de Carlisle había un sector donde solo se enterraba estudiantes. Entre 1879 y cuando se cerraron estos internados en 1918, cerca de 200 estudiantes se enterraron en el cementerio.

Pero hay secuelas. El National Indian Child Welfare Association de EEUU registra que del 25% al 30% de niños indígenas todavía eran retirados de sus familias cuando en 1978 el Congreso aprueba la Ley del Bienestar Infantil Indígena. De esos niños, el 85% fueron alejados de sus comunidades completamente aptas para acogerlos. Hoy esa Ley permite a las tribus escoger la educación que deban recibir sus hijos y dónde. Pero hay otro problema, el Departamento de Salud y Recursos Humanos del gobierno federal registra que en 2016 la educación de los niños negros e indios absorbió demasiado presupuesto de bienestar social. La ley de Idiomas Nativos de 1990 protege el derecho del niño nativo a estudiar su idioma e historia en las escuelas de la Oficina de Educación Indígena, pero el trauma del sistema Carlisle por desgracias perdura ya que en 2014, por ejemplo, solo el 64% de niños nativos se graduó de secundaria, el número más bajo de los graduados en general.

Publicado por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Jorge V. Ordenes L. www.jvordenes:wordpress.com Académico de número de la Academia Boliviana de la Lengua. Ph.D. en literatura hispánica y Licenciado en economía de la Universidad George Washington, Washington, D.C. Ha recibido certificados de cursos de la American Management Association de EEUU, de la ONU de Nueva York, y de la organización Coverdale de Inglaterra. Habla castellano, francés e inglés. Ha enseñado literatura hispánica en EEUU durante diez años. En 1995 recibió una oferta de profesor de la Universidad Nova, de la Florida, pero desistió para regresar a Bolivia. Aparece en Who is Who in Latin America; y en Directory of Latin Americanists, Biblioteca del Congreso, EEUU Fue comentarista de Latin American Research Review, EEUU. Aparece como docente del International Law Institute, EEUU Fue electo "Jack Wolf Scholar" por la Washington Agriculture and Forestry Education Foundation. Miembro del Instituto Cultural Capilla Alfonsina desde 1978, México. Con fecha 20 de octubre de 1980 recibió una carta de felicitación del doctor Hernán Siles Zuazo por escribir y publicar Sinopsis Boliviana (Washinhton, D.C, 1970-1981). Con fecha 22 de diciembre de 1971 recibió carta de “profundo agradecimiento” del embajador de Chile en EEUU, Orlando Letelier, por la “excelente lectura” pública del poema Las alturas de Macchu Picchu de Pablo Neruda. Trabajó veintisiete años en corrección de pruebas, recursos humanos y relaciones públicas del Fondo Monetario Internacional, en Washington, de donde se jubiló en 1995. Ha ofrecido más de 900 conferencias en torno al trabajo del FMI y sobre literatura y cultura en instituciones gubernamentales y educativas de Europa, EEUU, Canadá e Iberoamérica. Ha disertado en conferencias de literatura y macroeconomía. Continúa siendo entrevistado por periódicos, radio y televisión de varios países incluyendo varias veces por la Radio Caracol de Miami, Florida, en 2007. Viaja a menudo a EEUU por motivos de familia y de trabajo de consultoría actualmente con Internacional Development Corporation de Arlington, Virginia, EEUU. Publica semanalmente la columna “Fulcros” en cinco periódicos bolivianos, eforobolivia.org y otros sitios blog de la internet. Ha enseñado en las facultades de derecho y extensión cultural de la UPSA, Santa Cruz, Bolivia. Fue invitado a ser miembro del Consejo Consultivo de la UTEPSA, 2004, Santa Cruz, donde ejerció de profesor de estilo y corrección de pruebas en 2005. Miembro del Consejo Editorial de la revista Signo, La Paz. Ofreció tres módulos (seis meses) de la historia de la literatura desde las vísperas de Colón%

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