La promesa de campaña como hipérbole en México

octubre 23, 2018

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Prometer no cuesta nada ya que la retórica política es la dama más dúctil desde la época griega de Anaxímedes de Lampsaco, más tarde Aristóteles, luego Demóstenes y el romano Cicerón: proponer lo que el pueblo necesita, ser electo para luego, y con el tiempo, utilizar la realidad cambiante como elemento retórico para cumplir apenas, o simplemente incumplir, ofreciendo razones enrevesadas que dilucidarlas demanda reflexión, dedicación y trabajo … si tal es posible. En el ínterin el mundo sigue andando y la realidad late como le da la gana, o sea como antes. El discurso del presidente electo de México, que ganó las elecciones en julio, Manuel López Obrador, va yendo de “cumpliremos lo prometido” a “haremos lo posible por cumplir”; de un “no les fallaré” a un “ojalá podamos hacer más”.

López Obrador debe ascender a la presidencia de México el 1 de diciembre y con semanas de anticipación viene preparando el terreno político para quedar lo más bien posible con la avalancha de población mexicana que votó por él… y con la trayectoria de retórica de izquierda que él utilizó por años para llegar al poder en un México repleto de desafíos de toda índole incluyendo el narcotráfico, la corrupción, la crisis educativa, la violencia… y ser vecino de un EEUU regido por Donald Trump… con el que se dice, o se cree, que se acaba de llegar a un acuerdo de comercio sobre el que poco se sabe. Ojalá que sea equitativo con México aunque con caravanas de refugiados hondureños que buscan asilo en EEUU, la situación fronteriza México-EEUU puede complicarse y hasta violentarse.

Como dicen Malkin y Villegas en el NYT, López Obrador fue electo “para combatir la corrupción, reducir la creciente violencia y ver de disminuir las desigualdades sociales. Hoy esas promesas se estrellan con una realidad demasiado compleja que no cabe en la oratoria política.” Sin embargo él continúa prometiendo créditos para negocios pequeños y para la gente joven; también promete subsidios a agricultores y aumentos en pagos de jubilación para luego añadir públicamente cada vez que puede: “no gastaremos más de lo que ingresa.” Prometió retirar las tropas del ejército de las calles pero ahora dice que la policía de México no está preparada ni gana lo suficiente para lidiar con la cantidad de hechos delictivos que hoy enfrenta la ciudadanía mexicana; por eso y por el momento los soldados deben permanecer en las calles. Ofreció desautorizar la construcción de un nuevo aeropuerto para la capital pero ahora dice que a fines de octubre el voto ciudadano decidirá la suerte del aeropuerto; el problema es que, premeditadamente, menos del dos por ciento de los votantes recibirán boletas electorales. Había dicho que la economía de México era sólida… para luego afirmar que estaba en bancarrota por lo que había que aumentar la producción de petróleo 30% en los próximos dos años, ahora dice que serán seis años.

López Obrador prometió en su campaña presidencial que daría por tierra con los actuales lujos de la presidencia al punto de que afirmó que vendería el avión presidencial y viajaría en líneas comerciales, pero la ampulosa boda de su antiguo asistente de prensa, que se dio a conocer en la prensa social de México, fue calificada por el presidente electo como algo privado. Pero no dejó esa impresión entre el público… que una vez más escuchó la cada vez más mentada función hiperbólica de las recientes declaraciones del presidente electo.


La venta o el remate de la cónyuge

octubre 19, 2018

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

“Tras colocar a la mujer con ronzal de su cuello, brazo o pecho, el marido la subastaba públicamente al mayor postor…” es el argumento de la novela inglesa El alcalde de Casterbridge, de T. Hardy. S. P. Menefee, en Wives for sale, registra 387 ventas de esposas hasta comienzos del siglo XX. El cuadro “Selling a wife” (1847) de T. Rowlandson, muestra “la costumbre inglesa” de terminar un matrimonio por subasta y de acuerdo mutuo a fines del XVII. Hasta 1847 la gente común prefería rematar a la cónyuge lo que era permitido socialmente. La costumbre hoy parecería estrafalaria y hasta cruel; se tranzaba en mercados, tabernas y ferias. Los historiadores no dicen dónde y cuándo comenzó esta práctica inglesa y cuán expandida estaba. Dicen que era un divorcio expedito porque hasta ese año divorciarse legalmente necesitaba un costoso fallo del Parlamento inglés, y tardaba. R. Phillips dice que no se sabe cuán frecuentes eran los remates, y que a menudo se inventaban para satisfacer a la prensa. El historiador L. Stone dice que estas transacciones no disolvían el matrimonio original por lo que la policía comenzó a combatirlas.

La venta o remate de esposas ha existido desde tiempo inmemorial en muchas culturas con la posible excepción de Tailandia, Indonesia, la Roma Antigua y el antiguo Israel. Prohibiciones parciales se dieron en Inglaterra, Japón y otros. Han sido practicados en India, EEUU, China, Escandinavia, Nepal, Colombia, Guatemala, las Indias holandesas y otras regiones. Tales prácticas han existido en países cristianos y musulmanes, y a menudo se asemejaron a la venta de ganado porque se trataba a las esposas como mercancía. Ella pertenecía al marido lo que venía a ser un hecho brutal, patriarcal, feudalista y esclavista. El historiador N.G.L. Hammond dice que en la Grecia antigua los tebanos aniquilaron a los orcómenos (de Arcadia) y vendieron a sus mujeres y niños como esclavos… “violencia que fue criticada por Polibio.” Pero en la Roma antigua, dice J. Rüpke, vender una esposa era un crimen… y el vendedor estaba sujeto a ser sacrificando a los “dioses menores”. Los germánicos en general consideraban a la esposa comerciable con los romanos. Según P. G. Gleis: “un lombardo mató a un sirviente que quiso casarse con una mujer libre, y vendió como esclava a la mujer del muerto.” La vieja ley germánica permitía la venta de la esposa en caso de adulterio, y la llegada del cristianismo no alteró la costumbre. Gleis dice que la Ley Teotónica permitía la venta de la cónyuge y sus hijos solamente como último recurso.

Archivos del occidente rural de la Francia medieval especifican venta de esposas. En Hungría, hacia 1114 dC., un sínodo dictaminó: “Cuando una esposa de la nobleza dejase a su marido por tercera vez, ella debía recibir clemencia… pero si era plebeya habría de venderse… Según Gleis, Canuto II “El Grande” de Dinamarca (1018-1035) decretó que ninguna mujer (criada) sería obligada a casarse con un hombre que no le agradase aunque ofreciese pagar por ella, pero si quisiese pagar…. El historiador D. J. Chandler dice que de 1750 a 1826 en Colombia se aplicaba la ley colonial española que permitía el matrimonio entre esclavos aunque el dueño no lo aprobase, y prohibía la separación de padres e hijos en caso de venta. La práctica en Inglaterra duró hasta 1857 cuando se facilitó el divorcio. Y con ello pasó a la historia la tendencia a practicar e incluso fantasear el remate de esposas.


Hitler y Napoleón

octubre 8, 2018

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Las comparaciones entre Adolf Hitler (1889-1945), nacido en Braunau am Inn, Austro-Hungría, y Napoleón Bonaparte (1769-1821) nacido en Córcega, uno de los militares más notables y estudiados de la historia, existen por lo que tenían en común: los dos eran extranjeros en los países que rigieron, Hitler era austriaco y Napoleón italiano; ambos invadieron Rusia y salieron mal parados cuando el plan, de cada uno, era invadir Inglaterra; ambos se dice que tenían memoria fotográfica; los dos eran un poco menos de 1,73 m. de estatura; cada uno en su momento tomó militarmente la ciudad rusa de Vilna, hoy Vilnius capital de Lituania, un 24 de junio. Napoleón la tomó en su avance a Moscú de 1812 y después en su desastrosa retirada cuando soldados y oficiales de la Grande Armée fueron bien recibidos en Vilnius aunque miles murieron y fueron enterrados en fosas comunes descubiertas en 2002. Antes de la segunda guerra mundial, Vilnius tenía una gran población judía: incluso Napoleón la llamó “la Jerusalén del Norte”. El 22 de junio de 1941 Hitler lanza la operación Barbarossa contra la URSS y toma Vilnius el 24 de junio. La población judía fue distribuida en guetos y sistemáticamente aniquilada en el infame “Panerial” y otros lugares.

El 24 de junio de 1940 y después de haber ocupado París, el líder del Tercer Reich, decide recorrerla y lo impresiona al punto de querer hacer de Berlín una ciudad más bella que la capital de Francia. La monumental tumba de Napoleón Bonaparte le atrae en particular, de la que se dice que al salir comentó: ”…fue el momento más grandioso y notable de mi vida.“ Como tributo al Corso, Hitler ordena que los restos del hijo de Napoleón que descansaban en Viena, Austria, sean trasladados a París y depositados al lado de los restos de su padre. El hijo en su momento fue Napoleón II Bonaparte, “Aguilucho” (1811-1832), rey de Roma, hijo de María Luisa de Austria, nacido en París, murió en Viena.

Pero Hitler no ocupó París para turistear y envidiar su belleza. Primero y con prioridad ordena la destrucción de monumentos de la primera guerra mundial entre ellos el del general héroe francés, Charles Mangin (1866-1925), “El Carnicero”, que decía que “ganar guerras costaba mucho muerto;” veterano de las guerras coloniales, general en la primera guerra mundial en la que fue un dolor de cabeza para los alemanes en las batallas de Verdun, Aisne, Marne y Ailette. Y el monumento de Edith Cavell, una enfermera inglesa que había sido fusilada por haber ayudado a soldados aliados a escapar de Bruselas ocupada por los nazis. Hitler de ninguna manera iba a permitir ninguna muestra que atentara contra la hegemonía alemana.

Su admiración por París hizo que ordenase a su amigo arquitecto, Albert Speer, revivir el plan de construcción masiva de edificios públicos en Berlín de modo que se destruyese París no con bombas (aunque después la quiso dinamitar) sino con una arquitectura superior. ¿No es París hermosa? Hitler preguntó a Speer. “Berlín tiene que ser mucho más hermosa y cuando la terminemos, París no será ni su sombra.” Hitler postulaba que: “si dices a menudo una gran mentira a la larga se convierte en verdad.” En tanto que Napoleón había dicho: “la religiosidad de los pobres impide que asesinen a los ricos.” Se asemejaron en que ambos subestimaron a las colectividades de otros, y sobreestimaron las propias pero… Napoleón fue un soldado a carta cabal. Hitler un artista enajenado, oportunista y genocida.


El que Trump hable y cause hilaridad en la ONU

octubre 2, 2018

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Que un presidente de cualquier país hable ante la Asamblea General de las ONU en Nueva York y lo que diga sea lo suficientemente descuidado y hasta provocativamente político por lo general causa sonrisas en el auditorio, quizá murmullo y poco aplauso, lo que resulta más normal que anormal por la diversidad de posiciones políticas divergentes y hasta encontradas que caracterizan al mundo representado que esta vez incluía a 130 jefes de estado y docenas de otras delegaciones. Pero que un presidente de EEUU crea que dirigirse a la asamblea de la ONU es como arengar a un grupo de seguidores en territorio estadounidense no solamente es impertinente y hasta raro, sino que es increíble… y por lo tanto injusto y hasta vergonzoso… porque la mayoría del pueblo de EEUU no se lo merece ni mucho menos. El que la asamblea se ría sonoramente luego de que Trump, al minuto de comenzar, diga que “EEUU nunca ha estado mejor que durante su presidencia”, y que éste al notar la hilaridad de la concurrencia tenga el desplante de decir: “no esperaba una reacción así… pero… bueno… okey.”

El que la asamblea se riese sonoramente es nada menos que la manera diplomática y mundialmente unánime de decir a Trump que él no viene persuadiendo a nadie de que lo que hasta ahora ha hecho internacionalmente tenga “mérito incuestionable.” Su discurso duró algo más de media hora y reflejó la divergencia que existe entre la actual Casa Blanca, con el motto “EEUU primero”, y el mundo con la excepción quizá de Rusia. Trump menospreció y hasta socavó las instituciones que el mundo creó y preservó desde hace 70 años. La idea del mandatario estadounidense es que “las naciones van mejor solas.” “EEUU está gobernada por estadounidenses. Rechazamos la idea de globalismo, preferimos la de patriotismo.” Para añadir: “Cada uno aquí presente y el que escucha en el mundo tiene un corazón patriota que siente un amor intenso por su patria…” Como si ser patriota significase despreciar y hasta entrar en disputas con el mundo que desde luego se lo necesita para comerciar, convivir, dar, recibir y desde luego tranzar pacíficamente.

Fuera de las consabidas sesiones de fotografía, la curiosidad internacional lógicamente se centró en el sonado acontecer del juez Brett Kavanaugh y el deseo de Trump de que sea aprobado como juez de la Corte Suprema del país, un cargo vitalicio que mucha gente considera demasiado importante para darlo a un individuo acusado de abusar sexualmente a estudiantes en sus épocas universitarias. También en el posible y sonado despido del conocido subdirector de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), Rod Rosenstein. Estos por encima del interés en Irán o Corea del Norte. Como dice Robin Wright en The New Yorker: “Trump mencionó a Rusia solo una vez cuando se refirió al gasoducto Rusia-Alemania, pero omitió referirse a la intromisión rusa en las elecciones de EEUU de 2016, y a las manipulaciones rusas para afectar elecciones en otras democracias occidentales, o a las intervenciones en Siria y los ataques mortíferos con agentes químicos en Inglaterra.” Esto a tiempo de que las agencias de seguridad de EEUU tildan a Rusia de amenaza mayor a la democracia de EEUU. En el almuerzo servido a líderes, Trump saludo al canciller ruso S. Lavrov. Putin no estaba. Paradójicamente, en docenas de alocuciones políticas en su país, Trump insistía en que EEUU era “el hazme reír del mundo”. Esta vez, en la ONU… lo fue él.


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