El legado de Ángela Merkel

noviembre 6, 2018

El legado de Angela Merkel

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

La canciller de 64 años de edad, luterana, nacida y educada en lo que fue Alemania del Este, ha decidido dejar el puesto de mayor autoridad política de Alemania porque el resultado de las recientes elecciones de Hesse no favoreció a su partido demócrata cristiano ni a ella después de 13 años de mandato en un país relativamente tranquilo y próspero pese a las tormentas políticas que lo han acosado. Su sucesora favorita y líder de su partido enfrenta hoy el reto del señor Friedrich Merz, social conservador derechista del grupo BlackRock. Si éste triunfa por sobre Annegret Kramp Kerrenbauer, conocida en como la “mini-Merkel,” los tres años restantes de la Canciller serían intrincados… aunque puede haber elecciones y tenga que salir antes de 2021. De todas maneras, la Canciller tiene tiempo de ajustar la transición. Como dice el NYT: “Es el momento de sopesar el trabajo de uno de los más extraordinarios líderes de nuestro tiempo.”

En Merkel hay poco de carisma, arrojo o elocuencia a lo Helmut Khol, pero sí hay sencillez, comportamiento cauto, atención a lo dicho, voz queda en el discurso… y relevancia en la opinión o comentario sin mucho adjetivo. Lo reflejó su slogan de la reciente elección: ”Por una Alemania donde la vida continúe buena y la disfrutemos.” Pero en medio de esa calma surge el populismo de derechas, categórico e impetuoso en Europa y en otras partes, cuando Vladimir Putin presentaba una Rusia hostil, y el estadounidense Donald Trump comenzaba a capear realidades inconmovibles relacionadas con la OTAN, Rusia, Corea del Norte, el medio ambiente, la frontera con México, el comercio mundial. et. al., e Inglaterra forcejeaba su salida de la Unión Europea (UE).

Ante este cúmulo de retos sin precedentes, Merkel demostró su integridad y temple de líder del mundo libre en momentos en que éste carecía de líder. Fue la señora Merkel, la científico de Alemania del Este, la primera mujer canciller de Alemania, que se plantó ante Trump y Putin luego de haber abierto las puertas de su país a cerca de un millón de refugiados del Medio Oriente… que con el tiempo le han venido costando políticamente y han dado alas no solamente a la derecha alemana, en parte representada por el partido “Alternativa para Alemania,” sino a las derechas de varias partes de Europa y del mundo incluyendo Brasil. Ante los nerviosismos del arribo de refugiados ella simplemente decía: “wir schaffen das”: “…lo haremos.” Se le atribuye titubeos pero, más que estos, Merkel ha tenido emprendimientos señeros como acordar los tres rescates financieros de Grecia que han sido por demás de determinantes. “Soy un poco liberal, algo social-cristiana y un poco conservadora”… dijo en 2009. Lo demostró cuando dio luz verde a una votación sobre el matrimonio entre individuos del mismo sexo en el Bundestag: votó “no” con la minoría.

La Canciller defendió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, y dijo que Alemania aumentaría su aporte al equivalente del 2% de PIB de Alemania. Encuestas en torno a defensa en más de 24 países dieron un 52% de apoyo a Merkel, por encima de los líderes de China, EEUU, Francia y Rusia. Setenta por ciento votaron desconfianza en Trump. Quedan retos como fortalecer la UE y el euro, la salida de Inglaterra de la UE, los encontrones con Trump y otros populistas. y lidiar con Rusia y China. La herencia de Merkel no solamente inspirará… sino que impulsará las fuerzas serenas y edificantes del mundo.


Europa y “la destrucción creativa”

mayo 19, 2012

Europa y “la destrucción creativa”

Por Jorge V. Ordenes L.*

Los conceptos de acumulación de riqueza inherente al capitalismo y su resultante aniquilación para volverla a producir fueron inicialmente aludidos en el Manifiesto comunista de 1848, para luego ser elaborados con mayor detalle en el libro IV de El capital (1863) de C. Marx. En el siglo XX el sociólogo alemán W. Sombart, hacia 1913, fue el primero en utilizar en sus escritos la frase “la destrucción creativa” como una inercia (provocada) que tiende a socavar e incluso destruir la riqueza existente por medio de guerras y crisis económicas con el propósito de generar renovada riqueza en mayor cuantía, cobertura y posibilidades. Hacia 1942 el economista austriaco-estadounidense, Joseph Shumpeter, postuló que ese ineludible afán de “destrucción creativa” del capitalismo a la larga lo llevaría a su debilitamiento y posible destrucción. Desde entonces varios teoristas como David Harvey,  Marshall Berman y Manuel Castells, entre otros, han encontrado en la “destrucción creativa” una formidable tarima intelectual para justificar desde los desplazamientos geográficos de “la creatividad” capitalista, hasta “la destrucción” inevitable gestada por la innovación de toda índole lubricada por la globalización de ambos impulsos e incluso de lo éticamente aceptable y, desde luego, de lo inaceptable.

 

Ahora, la pregunta ineludible del momento es si la “destrucción creativa” está en plena ejecución en la Unión Europea que encuaderna la mayor crisis financiera (fundamentalmente ética) de todos los tiempos encabezada por Grecia. La respuesta es afirmativa. Me explico.

 

En pleno mayo de 2012 el forzado ajuste presupuestario de cada país de la zona del euro, sostenido sobre todo por Ángela Merkel, Canciller de Alemania (y el gobierno de Finlandia), es audaz, irreverente y hasta quimérico porque pretende imponer no sólo disciplina fiscal a través de un acuerdo que incluye la obligación de volver a adherirse a un déficit máximo del tres por ciento del PIB o menos, sino que pretende deshacerse de los factores estructurales (y aquí está la parte destructiva) que en países como Grecia, España, Italia, Irlanda y Holanda (Inglaterra no está en el Euro) prevalecen… como la corrupción (sustento tradicional de muchos), los presupuestos sociales de salud, educación, jubilación, desempleo más los esporádicos desembolsos de ayuda a empresas estatales y bancos privados (España hoy) que por razones cíclicas endógenas o exógenas necesitan financiamiento como en el caso de los bancos financiadores lúdicamente de la burbuja inmobiliaria que desde 2008 afecta sobre todo a las zonas atemperadas del Mar mediterráneo: Grecia, Italia y España donde, dicho sea de paso, alemanes, escandinavos, ingleses y otros gozan del sol verano tras verano… en propiedades inmuebles demandadas económicamente por ellos.

 

De todos los factores contribuyentes a los déficits, la corrupción, éticamente injustificable pero no menos existente, está ligada a los vectores culturales e históricos que la amamantan y rigen, y a la manera de proceder del Poder Judicial de cada país y hasta de cada región. Ahora, ¡ojo!, intentar alterar y menos sustituirlo o “destruirlo” de la noche a la mañana (Grecia en estos momentos) es, como digo, quimérico. Y como no se puede “destruir”  tampoco se puede “crear” lo nuevo. Quizá se pueda debilitarlo pero poco más. No es tan sencillo.

 

La crisis europea de hoy, por lo menos en los países aludidos de la zona del Mar Mediterráneo, más Portugal, Irlanda, Holanda y por ahí también Francia, guardando cierta distancia de guarismos y circunstancia, ha de ser difícil que den luz verde al designio marxista-estadounidense-merkeliano de “destruir para crear”. ¿Por qué? Porque las colectividades de estos países, alfabetas y mayormente bien comidas (hasta hoy), soportan cada vez menos los recortes de gastos sociales implementados por gobernantes europeos de centro-derecha avezados en la política de intereses creados y su protección.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


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