Sale al-Bashir, queda su estela en Sudán

abril 18, 2019

Sale al-Bashir, queda su estela en Sudán

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El dictador, general Omar Hassan al Bashir gobernó y el pueblo lo soportó 30 años, más tiempo que ningún otro líder desde que el país devino independiente en 1956. Fue visto internacionalmente como un paria. En los 1990 agasajó a Osama bin Laden lo que hizo que EEUU activase sanciones que en 1998 incluyeron el bombardeo de una fábrica en Jartum por considerarla allegada a Al Qaeda. Gobierna los 21 años que dura la desastrosa guerra del sur de Sudán en la que hace arrojar bombas de barril de aviones en poblaciones indefensas, incendia iglesias cristianas, niega enviar alimentos a habitantes de las montañas Nuba, tortura prisioneros víctimas de la terrible “Janjaweed,” la milicia del gobierno, en tanto EEUU, Reino Unido, Unión Europea, Unión Africana, China, Rusia y los países del Golfo buscan luego maneras de avenirse con él. En 2011 el país se divide y Sudán del Sur consigue su independencia. Pero al-Bashir sigue la lucha brutal con rebeldes en otras regiones del país. Incluso envía miles de soldados a conflicto de Yemen donde todavía están… y se ignora si serán repatriados.

El pueblo de Sudán acaba de sacar a al-Bashir. Pero otro general, A. Auf, ministro de defensa y confidente de al-Bashir, toma el poder, ambos acusados de haber cometido crímenes en Darfur lo que hace que la Corte Penal Internacional los impute por crímenes de guerra. Auf dura 24 horas y es reemplazado por otro general, A.B. Burhan, lo que no satisface al pueblo y sus años de descontento, meses de protestas, docenas de muertos en manos de las fuerzas de seguridad, y perennes demandas populares de “cambio,” para por desgracia caer en manos de militares cómplices de al-Bashir. Éstos dizque anuncian que liberarán a los prisioneros políticos, y que se inicia un período de dos años de transición en que se suspende la vigencia de la Constitución, y que el proceso será dirigido por un consejo militar que por el momento disuelve el gobierno y declara toque de queda a partir de las 10 de la noche.

La proclama y sus bemoles enardecen a la población que entre otras cosas denuncia “el reemplazo de un ladrón… por otro,” y las redes sociales proclaman: “si cayó uno… caerá otro…” como también ocurrió recientemente en Argelia donde el clamor popular depone al dictador lo que, junto a lo acontecido en Sudán, es posible que represente una nueva “primavera árabe” que de 2010 a 2013 demanda libertades civiles y políticas en los países árabes. Comienza el 17, diciembre, 2010 en Túnez donde la policía decomisa la mercadería y cuentas de ahorro del vendedor ambulante, Mohamed Boauzizi, que opta por inmolarse en protesta. Durante su agonía de días, el pueblo se rebela contra el dictador de Túnez, Zine el Adibine Ben Ali, que dimite. El mundo árabe imita a Túnez y los líderes de Egipto (Mubarak), Libia (Gadafi, con la ayuda de la OTAN), Argelia (Buteflika) pasan a la historia. En Siria y Yemen (el conflicto continúa, y se ven seriamente afectados Al Assad, y Saleh, respectivamente. Solo Catar y los Emiratos Árabes Unidos se vieron inafectados.

Como editorializa el Washington Post: “El señor Trump debe aprender de la caída del señor al-Bashir. Lo que ha acontecido en Argelia y Sudán muestra que el ciego apoyo de su administración a autócratas árabes como al-Sissi, de Egipto, y bin Salman, de Arabia Saudita, es apostar mal.” Ya podía activar las sanciones globales de la ley estadounidense Magnitsku para juzgar y sentenciar a culpables de corrupción y abusos en Sudán.


“Gobernaré un billón de años”

febrero 2, 2017

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

“Gobernaré un billón de años” se reporta que dijo a voz en cuello el dictador Yahya Jammed cuando se enteró de que había perdido las elecciones presidenciales del 1º de diciembre de 2016 después de haber sido presidente de facto de la República de Gambia durante 23 años… y de querer continuar siéndolo con el presunto apoyo de otros líderes africanos que al final le dieron la espalda. Por otro lado, las excentricidades de Jammed, como proclamar que podía curar el SIDA con una mezcla de hierbas, o amenazar con degollar a todos los homosexuales de su país, atemorizaron a la amedrentada población.

La tercera parte de la población de Gambia registra uno de los índices de desarrollo humano más bajos ocupando el puesto 175 de 188 países, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tiene 1,9 millones de habitantes. La agencia de refugiados de las NNUU dijo en enero que por lo menos 45.000 personas, la mayoría niños, había salido del país como resultado de los recientes encontrones socio-políticos. Según la ONU, 10.000 se refugiaron el Italia en el mes de octubre de 2016. Jammed se sabe que era dueño de una flota de Rolls-Royces, que compró una casa de 3,5 millones de dólares en Maryland, EEUU, y que su hija estudiaba en una escuela de Nueva York que cuesta 40.000 dólares al año.

Como diría Alcides Arguedas en “La plebe en acción” de su Historia de Bolivia: “El odio a los estudiosos y letrados, instintivo en gentes ignorantes, ásperas y soliviantadas por la demagogia de los traficantes y logreros, suele tener manifestaciones de grosera crueldad o de baja rufianería.” El prolongado régimen hipercorrupto, represivo e impopular de Yahya Jammed se creyó inamovible lo que lo enajenó… como debería enajenar a todo régimen que busque por todos los medios “legales” y no legales adueñarse del poder.

El ganador de las elecciones de diciembre en Gambia fue Adama Borrow (de 51 años de edad, ex guardia de seguridad de una tienda de Londres, y ex agente de ventas de propiedad inmueble) quien, desde el vecino Senegal, reclamaba respeto a su triunfo electoral en tanto que miles de ciudadanos dejaban el país temerosos de que el dictador tomara represalias contra los que habían votado por Borrow. Éste juró su mandato presidencial en la embajada de Gambia en Senegal con el apoyo de varios países africanos. Éstos intentaron negociar la salida del dictador Jammed que insistió en permanecer en el poder “un billón de años”.

La suerte de tener tratados internacionales como ECOWAS (en inglés), Comunidad Económica de Estados de África Occidental, que une a la mayoría de los países africanos en defensa de la democracia, los valores liberales, los derechos humanos y la libre expresión, hizo que con el beneplácito de La Unión Africana y las Naciones Unidas, 7.000 soldados de países amigos ingresasen a Gambia para deponer a Jammed. A las horas y sin mucho ajetreo, éste comenzó a negociar su partida con los presidentes de Guinea y Mauritania además de Marcel Alain de Sousa de ECOWAS, en tanto que los comandos de las fuerzas armadas de Gambia decidieron desobedecer a Jammed y no enfrentar a las fuerzas extranjeras.

Mientras el nuevo gobierno de EEUU proclama dizque la no intervención en asuntos de otros países (incluyendo la OTAN), cuando el país del norte ha sido mayormente bastión y ejemplo de tolerancia socio-política internacional además de defensor de la democracia libre y representativa después de la Segunda Guerra Mundial, ahora son los países africanos que dan el ejemplo de sensatez y justicia internacional al impedir que la ignominia continúe arraigada en el continente más grande del planeta. Ojalá que Joseph Kabila, del Congo, que también perdió elecciones en diciembre, deje el mando sin tener que obligar a los países africanos a proceder como lo hicieron acertadamente con Jammed en Gambia.


A %d blogueros les gusta esto: