El agua puede escasear

marzo 19, 2017

 

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El agua puede escasear en América del Sur porque estamos alborotando los “ríos aéreos”. Bolivia y los territorios de países del este de la cordillera de los Andes dependen del Océano Atlántico para abastecerse de agua año redondo ya que el Océano Pacífico no la provee. De allí que la costa suramericana del sur de Perú, hasta el sur de Atacama y el norte de Coquimbo en Chile, sea desértica. Se trata de la zona seca que mayormente colinda con el territorio de Bolivia.

Las forestas amazónicas e incluso árboles individuales de Brasil, el oriente de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela absorben carbón y emiten oxigeno, en tanto que refrescan y reciclan el agua de lluvia que acumulan porque la condensan y la convierten en grandes y perennes flujos que ascienden a la atmósfera en inmensas cantidades formando nubes que el viento marero del atlántico, soplando hacia el oeste, las lleva hasta los Andes mojando así todo el trayecto, y abasteciendo de agua el vasto este de la cordillera, a todas las ciudades y poblaciones, campos y cuencas que se encuentren entre los Andes y el Atlántico.

El geógrafo Alan Forsberg, que conoce de cerca la situación boliviana, postula que el monto de agua de este gigantesco fenómeno amazónico natural alcanza 20.000 millones de toneladas de agua o 20 kilómetros cúbicos que van del suelo a la atmósfera cada día, lo que supera el total de flujo que el Río Amazonas vierte en el océano Atlántico también en un día. Se trata de verdaderos “ríos aéreos” que se desplazan de este a oeste en frentes amplios… y que riegan nuestra pervivencia, diría el experto… y lo ha venido repitiendo en Bolivia donde el afán empedernido de “desarrollo económico a como dé lugar”, sobre todo en la zona amazónica, desforesta poco menos que desaforadamente ignorando la importancia de las selvas bolivianas no solamente para abastecernos de agua, sino para absorber dióxido de carbono (CO2) y generar oxígeno, procesos que tanta falta hacen para detener el calentamiento climático que viene haciendo daño planetario desde hace décadas.

La ingeniera ambiental Katherine Jesús Hurtado, con datos de 2012, postula que el funcionamiento de motores de vehículos en Santa Cruz de la Sierra (hasta el Séptimo Anillo) genera casi dos veces más CO2 que lo que absorben los árboles que en ese momento alcanzaban un promedio de 340 por hectárea. Lo que significa un deterioro innegable y progresivo del aire que la gente respira por su calentamiento. Quizá los vientos que caracterizan la región alteren para bien los guarismos aludidos. De todas maneras la plantación de árboles debería ser un cometido perenne de las autoridades y de la población en general no solamente en Santa Cruz donde la tala de árboles también es una constante en pos de parcelaciones de terrenos para el “desarrollo” suburbano sin una significante participación de la autoridad que vigile y preserve los corros de árboles y las forestas.

En el compendio Global Environmental Change, veintidós expertos en cambio climático ilustran con amplios ejemplos el beneficio refrigerante del planeta que ofrecen los árboles. Los científicos comprobaron la validez del postulado, hoy generalizado, de que los árboles y las forestas influencian las lluvias. Los expertos insisten en que el agua, y no el carbón, debería ser la razón principal de la conservación de árboles y desde luego las forestas del Oriente de Bolivia que hogaño está siendo dilapidadas en pos del cultivo de soya y otras cosechas que también necesitan agua.

Las forestas y todo árbol en sí tienen que ver con la temperatura, la humedad, las lluvias y la velocidad del viento de un determinado territorio a menudo inmenso. La relación entre la desforestación y el calentamiento climático hasta ahora ha sido venida a menos lo que incita a la reflexión de cualquier persona medianamente consciente de que la Amazonía… es un pulmón importante y único del planeta Tierra… que urge cuidar sobre todo sembrando árboles y preservando los que hay.


Se desforesta pero se siembra cocales

marzo 1, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

La tala perniciosa de bosques en las selvas de Bolivia ha aumentado en forma alarmante y no hay quién le ponga coto. Mientras tanto el gobierno de Bolivia, obsesionado con el campo, autoriza siete mil hectáreas adicionales para el cultivo de cocales en El Chapare aduciendo un posible uso industrial de la coca que hasta el momento ha probado ser una quimera… y un sucedáneo de producción de cocaína con entretelón político sobre todo ante el peso popular del 21F y el no a la reelección de S.E. quién, además, se ha mostrado molesto por atrasos en la construcción de la planta hidroeléctrica San José que ¡ahá! también está en El Chapare. Todo esto mientras la exportación de quinua cae veinticinco por ciento en 2016, por ahí van el sésamo y la chía.

Hace una década el movimiento “Salvemos la selva húmeda” logró disminuir la deforestación en la cuenca del Amazonas sobre todo en Brasil, pero la tala ha vuelto con vigor incluso en Bolivia para satisfacer la demanda de soya y otras cosechas en detrimento de (1) la biodiversidad de los bosques que urge conservar, y (2) la lucha contra el calentamiento climático. Los bosques generan oxígeno que contrarresta el efecto negativo de dióxido de carbono, CO2, que contribuye nocivamente al calentamiento de la atmósfera y a la acidificación de los océanos.

El diario The New York Times del 27 de febrero decía que hace unos meses un representante de Carhill llegaba a la localidad de Colonia Berlín, en el oriente boliviano, con una tentadora oferta de comprar soya que por esa zona la cultivan los menonitas que al parecer vienen talando bosques desde hace cuarenta años. La oferta incluía la construcción de un depósito y la instalación de una balanza de modo que las ventas de soya fueran directas a Carhill.

El gigante estadounidense en su página web dice que está decidido a terminar con la deforestación en Bolivia y Brasil, reduciéndola a la mitad hasta 2020 y eliminándola hasta 2030. También dice: “Nuestro trabajo en deforestación está relacionado con nuestras metas de incrementar la seguridad alimentaria y mejorar el nivel de vida de los agricultores.”

¿Será? Carhill es tan grande que quizá la mano derecha no sabe lo que hace la izquierda, o prefiera no saberlo. Desde ya hasta 2030 se puede acabar con los bosques orientales bolivianos a un costo inconmensurable tanto para la ciencia y los posibles remedios que los bosques albergan, como los muy necesarios antibióticos que hoy hacen falta más que nunca para combatir bacterias resistentes a los medicamentos conocidos. Carhill es comprador de soya a como dé lugar.

El diario estadounidense añade que el presidente Morales de Bolivia, un socialista, propugna la “soberanía alimenticia” pero descuida la protección de bosques al proclamar la necesidad de deforestar catorce millones de acres hasta 2025 para convertirlos en áreas de cultivo que seguramente ha de incluir soya de exportación. Luego cita a la escuela graduada, Insead de Fontainebleau, Francia, diciendo que los niveles de emisión de gas invernadero de Bolivia exceden los de varios países europeos pese a tener un ingreso per cápita inferior.

La deforestación causa más del 80 por ciento de la emisiones de dióxido de carbono de Bolivia. ¿La causa principal? El cultivo de soya, la mayoría de exportación, que ha aumentado más del 500 por ciento desde 1991 alcanzando a cubrir 3,8 millones de hectáreas en 2013. El artículo incluso cita al Director Ejecutivo de Instituto Boliviano de Investigación Forestal diciendo que: “el bosque se considera terreno inservible que necesita convertirse en servible”… “la presión tras el desarrollo económico es muy fuerte.”

De ahí a conversar de ciencia y medicinas, y del efecto invernadero que acosa al planeta, con los bolivianos que persiguen el “desarrollo económico” a como dé lugar, quizá sea mucho pedir en un país donde la falta de educación seria de todo nivel ha dejado históricamente qué desear y continúa dejándolo.


¿Cambiar la letra de los himnos?

febrero 16, 2017

 

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

 

Alguien sugirió al presidente constitucional de Estado Plurinacional de Bolivia cambiar la letra de los himnos que tengan referencia a nuestra herencia española, lo que me parece un desacierto y hasta una perogrullada de marca mayor porque sangre española, de una proporción u otra, la tenemos la mayoría de los bolivianos incluyendo los que apelliden Morales que, por si las moscas, es categóricamente español y, seguramente, de un árbol genealógico donde hay buenos, menos buenos y malos como es el caso de todos los apellidos tanto de origen español como de origen aymara, mexica, leco o escandinavo. Otra cosa es que en Bolivia lo ignoremos como ignoramos mucho de nuestro pasado porque no lo estudiamos cuando deberíamos estudiarlo para hablar con un mejor conocimiento de causa.

Si de españoles peninsulares, criollos y mestizos idóneos y hasta de comportamiento heroico se trata, en cualquier momento histórico tanto del continente americano como de lo que vinieron a ser los virreinatos del Perú, Río de La Plata y luego Bolivia, el número de “españoles” o americanos con apellido español o sangre mestiza, que sacrificaron vida y hacienda por el bien de los demás sean estos españoles o indígenas, es ingente.

Para empezar habría que recordar los célebres sermones del 21 y 28 de diciembre de 1511 del dominico fray Antonio de Montesinos (español), pronunciados ante conquistadores y encomenderos también españoles en la isla Española, en los que condenó airadamente el maltrato que recibían los indígenas por parte de los europeos, sermones que dieron pie a cuatro cosas: (1) el comienzo de la cruzada que siguieron otros españoles durante siglos en pos de la defensa de los derechos de los indígenas americanos; (2) el inicio de la pugna ético-religiosa, en defensa del indio, de fray Bartolomé de Las Casas que tomó buena parte del siglo XVI; (3) las Leyes de Burgos emitidas por Carlos I de España, V del imperio Absburgo, a las que seguirían las Leyes Nuevas y Las leyes de Indias todas muy españolas y en defensa del indio americano; y (4) la leyenda negra difundida sobre todo por ingleses y franceses contra España.

El profesor de Universidad de Harvard, Lewis Hanke, considerado el padre de los estudios históricos iberoamericanos en EE.UU. y autor de su clásico La lucha por la justicia en la conquista de América (1949) y de La ciudad imperial de Potosí (2012), deberían ser lectura obligada para quienes opinen y busquen sopesar el mérito de miles de españoles, criollos y mestizos de España y América que rompieron espadas físicas, intelectuales y jurídicas en defensa de los indígenas americanos, de la ley y el orden. “La conquista y colonización de América fue un violento choque de civilizaciones, y si el español no pudo respetar la de los indios, por lo menos hizo un esfuerzo para comprenderla. Ningún otro pueblo lo hizo.” Opina el profesor argentino, Enrique Anderson Imbert, en su Historia de literatura hispanoamericana (1954).

La rebelión de Tupac Amaru a fines del siglo XVIII en el Alto Perú tuvo ¡ojo! …tropa mestiza y criolla que desistió luego de las victorias realistas. Los jesuitas, mayormente españoles, fundaron once misiones en Moxos y Chiquitos en el Oriente boliviano, empezando con San Francisco Xavier, 1691, y culminando con Santo Corazón, 1760, demostrando que el esfuerzo comunitario aunado gesta paz y progreso entre europeos y oriundos americanos… que duró hasta 1776.

La verdad es que tanto bolivianos indígenas como mestizos, de ayer y de hoy, devenimos de una historia común que urge estudiar para evitar la repetición de errores y tonterías. Generar discordia por “razones históricas” de “españoles” y “los demás” es erróneo y hasta indigno con nuestros antepasados muchos de los cuales han pagado alto precio por darnos lo que tenemos empezando por el territorio y sobre todo la posibilidad de hacer un país mejor para todos. Es la única forma en que otros países nos empiecen… ¡a tomar en serio!

El autor es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua.


Hacia un código de ética

febrero 11, 2017

 

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

La semana pasada el Presidente del Estado Plurinacional reconoció públicamente la existencia de algo repetido a voces desde siempre por el pueblo de Bolivia de todo ámbito, nivel y solar: la incesante corrupción estatal, edil, provincial y cantonal de todo rango. Habló de los poderes ejecutivo y legislativo y en general de todas las reparticiones de gobierno nacional y local (creo que no mencionó al poder judicial), y de la elaboración de un código de ética que se aplique sobre todo a los niveles inferiores del aparato estatal donde pululan los trámites y las corruptelas de toda índole perennemente y en prácticamente todas las instituciones públicas. Quién no ha recurrido a un “tramitador” para que complete algún trámite en Bolivia.

La Coordinadora Nacional para el Cambio (Conalcam) al parecer ha de tener la intrincada e histórica tarea de elaborar un Código de ética para combatir la “microcorrupción” que afecta sobre todo a los que menos tiempo y recursos tienen, aunque la muy posible macrocorrupción, asociada a la minería (minas en las faldas del Illimani y otras), y a empresas privadas que estando vinculadas a funcionarios públicos logran contratos de construcción, entre otros, una y otra vez.

Algunos creemos que Conalcam podría empezar instaurando un sistema de exámenes escritos de materias básicas como aritmética, gramática, geografía e historia de Bolivia de modo que los que pasen tengan acceso a llenar los demás requisitos del cargo por más relativamente bajo (o alto) que sea. Con el tiempo la pauta podía ser recogida por la empresa privada, por la universidades y escuelas primaria y secundaria del país lo que sería una manera práctica de educar y conformar el trasfondo ético del boliviano. Una fórmula aplicable a un costo burocrático mínimo en pos de un logro mayúsculo y perenne.

El 3 de febrero de 2017 el diario La Palabra de Trinidad, Beni, en una columna de opinión decía acertadamente que en Bolivia “todavía los sistemas educativos no han podido mostrar una forma de generalizar el gusto por la lectura, todavía no han encontrado la mano para pelear con el Internet.” También decía que Bolivia, según la ONU, es país colero en el mundo en cuanto a la lectura. ¿La razón?

Algunos creemos que es la falta masiva de asociación entre el estudio que incluye la lectura, y las oportunidades de trabajo competente y desde luego honesto… para lo que también es necesario un sueldo que alcance para vivir… que puede ser que sea “otro cantar”, pero en última instancia todos deberíamos saber que la “microcorrupción” existe en Bolivia en gran parte porque un sueldo estatal de “nivel inferior” apenas alcanza para vivir decentemente… y eso.

Como inicio, yo creo que valdría la pena que Conalcan iniciase su difícil tarea elaborando un cuestionario con preguntas cambiantes básicas como “qué extensión territorial tiene la Bolivia actual”, “cuantas letras tiene el alfabeto castellano”; “si el ejército de Bolivia ganó o no una batalla o combate en la Guerra del Pacífico de 1879”; “quién fue el primer presidente Boliviano de Bolivia”; “cuándo se acentúa el monosílabo TI”; “dónde se sitúa la isla en la novela boliviana La isla del cruceño Manuel María Caballero”, etc. (Importante este “etcétera”).

Tanto el mejor fútbol como la honradez se forman conociéndose cada vez mejor uno mismo, su medio y circunstancia. Conociéndose se logra conocer mejor a los demás y sobre todo “lo demás”.

Insisto, está muy bien empezar de nuevo e intentar hacer culto a la ética funcionaria… que mucha falta hace. Pero la forma de desarrollarla con la esperanza de que se afiance, crezca y cunda es más difícil de lo que parece. La manera de proceder con un “Código de ética” no solamente es un reto al conocimiento, sino que también es un reto al “saber ser”… como lo demanda y merece el sufrido pueblo de Bolivia y sus variadas idiosincrasias.


Once años de ruleta

enero 19, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz *

Los años de ruleta con fichas de cada uno de los bolivianos que solamente mueven unos cuantos que gobiernan, sobre todo al nivel nacional, han significado muy poco para la educación de los bolivianos. Las gobernaciones, alcandías y otros también han movido fichas en el tablero de lo que desde hace once años se apoda Estado Plurinacional y su invertebrada población.

El 22 de enero de 2006, tomando el poder, Su Excelencia (S.E.) discurseaba que para tener seguridad jurídica en Bolivia “primero tiene que haber seguridad social”… “resolviendo el problema económico, el problema de educación, el problema de empleo, fundamentalmente, para que no hayan protestas sociales”.

“Seguridad jurídica” en Bolivia no hubo y no la hay. ¿La razón? El reconocimiento poco jurídico de que una oposición política electa, libre y garantizada, supiese más que uno que gobierna, sobre todo en el Congreso Nacional y lo que éste apruebe o desapruebe en lo que va a la conformación del Poder Judicial y su independencia. La espera de casos que necesitan curso legal en Sucre raya en lo inverosímil lo que enferma a muchos bolivianos que esperan años un amago de justicia. El costo en desprestigio y dinero es incalculable.

Recalquemos: para que en Bolivia empiece a haber “seguridad social” es imprescindible tener primero “seguridad jurídica” seria, competente y expedita porque, por ejemplo, cuando un boliviano es víctima de lo que se llama “justicia comunitaria”, éste pueda hacer juicio a los perpetradores de modo que se llegue a un veredicto constitucional de un Estado Plurinacional que hasta la fecha no lo tiene.

La adicción al politiqueo lucrativo, la mentira de haber dicho que se tiene pero no se muestra títulos universitarios, la inconcebible escasez de agua potable no solamente en Cochabamba, LAMIA y sus entretelones tétricos, el narcotráfico, el contrabando también lucrativo a como dé lugar, la epidemia del crimen callejero, las colas y falta de cupos en las inscripciones escolares, la COB y sus demandas consabidas, el desorden del SOAT, entre otros, son producto directo de la falta de educación, primaria, secundaria y terciaria competente en Bolivia… y causa de la desnutrición de muchos bolivianos. El reciente logro en Abu Dhabi del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de San Juan de Yapacaní es una notable excepción. En las pruebas PISA andaríamos coleros, como en el fútbol y en general el deporte internacional.

Es que el hecho de que una parte del pueblo se trague lo del Dakar, o que nos paliemos porque Papelbol ofrezca material ecológico, o que el renovado Código Penal sea una copia de la ley ecuatoriana… no son suficientes para decir que las cosas mejoran en Bolivia. Ni menos para decir nada de la educación. Demandar que un funcionario público tenga que hablar un idioma nativo es una aberración. Lo que más tenemos que aprender todos es un buen castellano porque lo necesitamos para comunicarnos en forma oral y escrita incluso en la función pública.

Bolivia tiene un inmenso problema económico incluyendo desde luego las plagas del desempleo y el subempleo porque mantienen a la mayoría de la población en la ignorancia lata o en la ignorancia funcional. Que se proclame políticamente que el analfabetismo ha disminuido en los últimos diez años no lleva a ninguna parte si no se complementa sistemáticamente, o sea constantemente y relevantemente, hasta silenciosamente, con estudios de primaria, secundaria y universidad serios. Lo chicos bolivianos se lo merecen, siempre se lo han merecido. Ha sido el desenfreno mal educado de los-no-chicos que tiene a Bolivia en una endémica ignorancia que en última instancia es la razón de no tener un Poder Judicial independiente de la política.

Que a uno lo fijen a un “palo santo” es falta sobre todo de vertebración educativa y, por ende, falta de país afianzado en la ley cuya existencia debería ser el antídoto del salvajismo. Las hormigas no tiene la culpa de tener hambre y todos deberíamos saberlo.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


Fuera del tiesto

enero 13, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Al parecer el presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia afirmó recientemente sin tapujos que “si vamos a estar toda la vida sometidos a la ley, no se puede hacer casi nada”, lo que, para empezar, es contradictorio al juramente que Su Excelencia (S.E.) hizo al tomar la presidencia de Bolivia en el Palacio Legislativo. Con ese juramento S.E. se comprometió a respetar la Constitución y las leyes del Estado Plurinacional, nada menos. Sin respetar e incluso enaltecer la leyes, simplemente nos remontamos a la época de cuando los humanos vivían en cavernas y hacían lo imposible por sobrevivir.

Sabemos que la ejemplar organización de los oriundos americanos antes de la llegada de los españoles hizo posible el orden humano que se refleja en buena medida en notables reliquias escritas como en el venerable Popol Vuh de los quichés, en los registros rupestres de Amambai de los guaraníes y la gran tradición oral del Tupa, Ñamandú, Ayvú y el Augatupyry o personificación del bien que había que emular personal y colectivamente. Ni hablar de la consigna quechua de considerar la mentira, la pereza y otras infracciones muy contrarias a la ley sobreentendida de los incas. O sea que la reglamentación y las leyes existían en el mundo americano mucho antes de que llegaran los k’aras europeos.

Hablando de Europa, el jurista francés Fréderic Bastiat en su libro La ley (1850) postula que cada individuo tiene el derecho natural de defender su persona, su libertad y su propiedad. Añade que el Estado viene a ser la fuerza común que protege y defiende al individuo y sus derechos. Nadie de autoridad debe saquear este derecho de ningún ciudadano o grupo de éstos. Ni menos la autoridad máxima de un país. Si bien el Dakar hace olvidar, dizque a algunos, desde luego no a todos, los problemas económicos de Bolivia, jamás nada nos debe hacer olvidar el respeto a la ley y su vigencia perenne y solemne.

La ley del Estado Plurinacional y más concretamente la Constitución vigente, también dice que el presidente boliviano no puede volver a ser presidente ¡por cuarta vez!… emulando nada menos que al rey borbón de Francia, Luis XIV, que a principio del siglo XVIII dijo monárquicamente “el Estado soy yo”. O a los dictadores Antonio Oliveira Salazar, Anastasio Somoza Debayle, Rafael Leónidas Trujillo, Francisco Franco, Alfredo Stroessner, Augusto Pinochet, Fidel Castro, entre otros. Además el electorado boliviano dijo no a la reelección de S.E. en el histórico referéndum de febrero de 2016. El diario The New York Times decía no hace mucho en un editorial que la derrota de febrero de S.E. fue resultado de hechos concretos y consumados, como los derivados de las corruptelas presuntamente asociadas con la Sra Zapata, y no de coberturas tendenciosas de ninguna prensa.

Una verdad es que la gestión de S.E. ha logrado distribuir buena parte de la riqueza que hasta hace poco ingresó a la economía boliviana como resultado de las exportaciones sobre todo de gas, minerales y productos agrícolas que luego bajaron de precio y comenzaron a eclipsar los años de apogeo en los que las reservas monetarias del país ascendieron considerablemente aunque de un tiempo a esta parte han descendido sin vestigio de que la bonanza vuelva ni mucho menos.

Al respecto, señor presidente, ¿no sería mejor pasar a la historia como un gobernador aceptable en vez de convertir lo hecho en un periodo de “vacas flacas” sin posibilidad de repetir lo alcanzado en más de una década de gobierno?… la segunda más larga de la historia de Bolivia después de los años en el poder de Víctor Paz Estenssoro?

En este sentido, menos mal que también se cita a S.E. diciendo hace poco que “tiene tres años para prepararse y volver a su chaco”… que debe estar en el Chapare y no en la acicalada Orinoca. Sería por demás de atinado e históricamente destacable… y muy dentro del tiesto.

* Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua


Fuera del tiesto

enero 13, 2017

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

Al parecer el presidente constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia afirmó recientemente sin tapujos que “si vamos a estar toda la vida sometidos a la ley, no se puede hacer casi nada”, lo que, para empezar, es contradictorio al juramente que Su Excelencia (S.E.) hizo al tomar la presidencia de Bolivia en el Palacio Legislativo. Con ese juramento S.E. se comprometió a respetar la Constitución y las leyes del Estado Plurinacional, nada menos. Sin respetar e incluso enaltecer la leyes, simplemente nos remontamos a la época de cuando los humanos vivían en cavernas y hacían lo imposible por sobrevivir.

Sabemos que la ejemplar organización de los oriundos americanos antes de la llegada de los españoles hizo posible el orden humano que se refleja en buena medida en notables reliquias escritas como en el venerable Popol Vuh de los quichés, en los registros rupestres de Amambai de los guaraníes y la gran tradición oral del Tupa, Ñamandú, Ayvú y el Augatupyry o personificación del bien que había que emular personal y colectivamente. Ni hablar de la consigna quechua de considerar la mentira, la pereza y otras infracciones muy contrarias a la ley sobreentendida de los incas. O sea que la reglamentación y las leyes existían en el mundo americano mucho antes de que llegaran los k’aras europeos.

Hablando de Europa, el jurista francés Fréderic Bastiat en su libro La ley (1850) postula que cada individuo tiene el derecho natural de defender su persona, su libertad y su propiedad. Añade que el Estado viene a ser la fuerza común que protege y defiende al individuo y sus derechos. Nadie de autoridad debe saquear este derecho de ningún ciudadano o grupo de éstos. Ni menos la autoridad máxima de un país. Si bien el Dakar hace olvidar, dizque a algunos, desde luego no a todos, los problemas económicos de Bolivia, jamás nada nos debe hacer olvidar el respeto a la ley y su vigencia perenne y solemne.

La ley del Estado Plurinacional y más concretamente la Constitución vigente, también dice que el presidente boliviano no puede volver a ser presidente ¡por cuarta vez!… emulando nada menos que al rey borbón de Francia, Luis XIV, que a principio del siglo XVIII dijo monárquicamente “el Estado soy yo”. O a los dictadores Antonio Oliveira Salazar, Anastasio Somoza Debayle, Rafael Leónidas Trujillo, Francisco Franco, Alfredo Stroessner, Augusto Pinochet, Fidel Castro, entre otros. Además el electorado boliviano dijo no a la reelección de S.E. en el histórico referéndum de febrero de 2016. El diario The New York Times decía no hace mucho en un editorial que la derrota de febrero de S.E. fue resultado de hechos concretos y consumados, como los derivados de las corruptelas presuntamente asociadas con la Sra Zapata, y no de coberturas tendenciosas de ninguna prensa.

Una verdad es que la gestión de S.E. ha logrado distribuir buena parte de la riqueza que hasta hace poco ingresó a la economía boliviana como resultado de las exportaciones sobre todo de gas, minerales y productos agrícolas que luego bajaron de precio y comenzaron a eclipsar los años de apogeo en los que las reservas monetarias del país ascendieron considerablemente aunque de un tiempo a esta parte han descendido sin vestigio de que la bonanza vuelva ni mucho menos.

Al respecto, señor presidente, ¿no sería mejor pasar a la historia como un gobernador aceptable en vez de convertir lo hecho en un periodo de “vacas flacas” sin posibilidad de repetir lo alcanzado en más de una década de gobierno?… la segunda más larga de la historia de Bolivia después de los años en el poder de Víctor Paz Estenssoro?

En este sentido, menos mal que también se cita a S.E. diciendo hace poco que “tiene tres años para prepararse y volver a su chaco”… que debe estar en el Chapare y no en la acicalada Orinoca. Sería por demás de atinado e históricamente destacable… y muy dentro del tiesto.

* Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua