Al “Puente” no queda más que soportar

marzo 23, 2017

 

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Se trata del “Puente Simón Bolívar” que une y contrasta tristemente (por no decir separa) la ciudad de Cúcuta, Colombia, de la ciudad de San Antonio de una Venezuela en crisis porque la escasez de productos básicos y hasta de paciencia se ha adueñado de la vida de la inmensa mayoría de los venezolanos que además hoy sufren por la falta de libertades civiles de reunión, de oposición política, de prensa, entre otras. Hay políticos y periodistas encarcelados por el madurismo sin veredicto judicial ni mucho menos. También los hay que han muerto en las cárceles del régimen. A lo que hay que añadir el muy posible narcotráfico y las corruptelas que éste gesta, fomenta, desprestigia y enriquece a delincuentes que quizá también sean parte de la autoridad, según se argumenta internacionalmente.

Por el “Puente Simón Bolívar” pasan venezolanos cargados de bolívares que en infladas cantidades reciben los supermercados de Cúcuta a cambio de papel higiénico, medicinas, comestibles, repuestos y cien cosas más que en Venezuela no hay. Hay venezolanos y también Colombianos que residen en Venezuela donde la vivienda cuesta menos, y trabajan en Cúcuta donde los sueldos son mucho mejores. Vienen hasta de San Cristóbal que está a treinta kilómetros del Puente. Por el “Puente Simón Bolívar” hoy pasan de ida y vuelta tanto guerrilleros colombianos de izquierda como paramilitares colombianos de ultraderecha, ambos comercian con arroz, cocaína, gasolina y ganado, y hasta hay quienes se saludan pese ha haber sido acérrimos enemigos.

La situación de Venezuela agotó la paciencia del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, que se ha manifestado en contra del gobierno de Nicolás Maduro y sus descuidos al punto de que en su reciente Segundo Informe dice que Venezuela viola todos los artículos de la Carta Democrática Interamericana (el Primer Informe, de mayo de 2016, activó la Carta) “y que nuestros esfuerzos deben concentrarse en restaurar el derecho a la democracia del pueblo venezolano” a través de elecciones libres que si no se realizan en treinta días no quedaría más que expulsarla.

La situación venezolana últimamente también provocó un comentario crítico de Pedro Pablo Kuczynski, presidente electo de Perú, que Maduro respondió furiosamente… aunque será difícil para el venezolano “ocultar el sol con un dedo”. Anteriormente había fracasado el intento de diálogo del ex presidente del gobierno español, Felipe González. El Papa Francisco todavía intenta.

Existe también crisis en Colombia con la firma de ausencia de guerra entre el gobierno del país y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, después de una guerra cruenta, sucia y costosa en vidas humanas de más de medio siglo en el que la derecha colombiana pudo haber sido menos inflexible hace décadas de modo que este conflicto no durase lo que duró ni menos costase lo que costó. El Plan Colombia de ayuda militar a las fuerzas armadas, apoyado también por el presidente Obama, persuadió a las FARC a negociar en 2012. Ante el eminente fracaso de las negociaciones en 2014, el presidente Santos pidió ayuda a EEUU (otro puente) que le fue concedida por medio del embajador Bernard Aronson quien en 1970 cooperó en la negociación que dio fin a la guerra civil de El Salvador. Aronson colaboró en las negociaciones FARC-Gob. de Colombia en Cuba. Por otro lado, el 14 de marzo, el presidente Santos reconoció que en 2010 su campaña electoral recibió financiamiento ilegal de Odebrecht (otro puente). También lo recibió el candidato opositor Oscar I. Zuluaga. El presidente pidió disculpas públicamente.

¿Qué haríamos sin “los puentes”? Tenderlos es más importante de lo que creemos sobre todo para enarbolar, defender y nutrir la democracia representativa, abierta e incluyente, con gobiernos nacionales que compitan en eficiencia con la empresa privada idónea… aunque mejor sería solo fiscalizarla competentemente… también idóneamente.