La integración latinoamericana en bandeja (II)

enero 17, 2018

 

Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Los gigantes tecnológicos Alibaba de China por su lado y Microsof de EEUU por el suyo acaban de anunciar que sus respectivos ordenadores por primera vez superaron al ser humano en pruebas de lectura y comprensión, y ambos lo celebran como logros históricos. Se trata de inicios que seguramente han de perfeccionarse, en tanto que los latinoamericanos estamos lejos  de contar con la organización y los medios para pensar en unir recursos y empezar de modo que con el tiempo compitamos en áreas tecnológicas que, como las referidas, constituyen formas de vanguardia del quehacer humano. ¿Imposible? De ninguna manera. Es cuestión de unirnos política y económicamente  empezando por el reconocimiento básico de que solo la unión de todos los países iberoamericanos en un sistema de libre empresa y elecciones idóneas que elijan gobiernos que estimulen esa libertad microeconómica de modo que los impuestos recogidos se fiscalicen con poderes judiciales independientes y apolíticos. Todo afianzado en una mejor educación y un mejor manejo de nuestros recursos y nuestra infraestructura empezando por el comercio sobre el que hoy se basan arreglos internacionales como Mercosur y Alianza del Pacífico cuyo ámbito y competitividad urge afianzar, vigorizar y avanzar dando guerra sin cuartel a la endémica pobreza de mucha gente ampliándole su poder adquisitivo, crucial en toda integración.

La integración se vigorizó en los años 1990 con nuevos acuerdos comerciales y aranceles menores. Hasta 2000 el país promedio tenía cuatro acuerdos comerciales preferenciales con países de la zona. En 2013 estos llegaron a diez. Por otro lado, según Latinobarómetro, citado por HoffPost, más de tres cuartas partes de los latinoamericanos encuestados recientemente favorecen una mayor integración regional y un mayor comercio con el mundo. No debemos esperar más si no queremos ser víctima de un renovado colonialismo. Lo primero es empezar a remediar nuestras deficiencias estructurales.

Según el Banco Mundial el 70% de nuestras carreteras no están pavimentadas. El 30% o menos de las carreteras de Asia Oriental, el Pacífico, Medio Oriente y Norte de África están pavimentadas. Mucho más en el Sudeste Asiático y Europa. Y lo que es peor, muchas carreteras nuestras de fronteras no se usan de noche debido a la delincuencia endémica que afecta negativamente nuestra competitividad. Este acercamiento infraestructural necesita ser acompañado por un renovado esfuerzo en investigación y desarrollo masivo de la educación de modo que con el tiempo una mayor cantidad de gente se dé mejor cuenta de que solo sabiendo se piensa mejor en cómo cimentar la integración de modo que la región empiece gozar de un mejor nivel de vida sobre todo sostenible. Solo así se conseguirá un mayor respeto colectivo al cometido en cuestión.

Algo se está haciendo ya que hace poco la Alianza del Pacífico que integran México, Colombia, Perú y Chile acordó ofrecer la categoría de Miembro Asociado a los países observadores… que lo esperaban. Al mismo tiempo se está buscando un acercamiento entre la Alianza del Pacífico y Mercosur, que conforman Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, (Venezuela está suspendido y Bolivia está en proceso de adhesión) de modo que la cooperación entre ambos grupos se constituya en el paso definitivo hacia la hasta ahora aletargada integración latinoamericana… que sobre todo continúa en manos de Argentina, Brasil y México.


La integración latinoamericana en bandeja (1)

enero 10, 2018

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

En vista del creciente cierre nacionalista del mundo desarrollado cuya génesis quizá esté en el Oriente Medio y en particular en el nacionalismo excluyente de EEUU hoy enarbolado por el gobierno del polémico presidente Donald Trump y su afán de bilateralismo (dividir es conquistar), además del antilatinismo de los millones de estadounidenses anglosajones protestantes que votaron por él. Y en vista también de la metódica indiferencia del gobierno estadounidense ante la tragedia de Puerto Rico, a más de la decisión de expulsar de EEUU a 200.000 salvadoreños, más el afán de hacer una pared en la frontera con México que dizque “la pague México”… habría que ser tonto, ciego y sordo para no darse cuenta de que el vendaval político-económico-social del norte es, pese a la gran cantidad de estadounidenses que piensan menos nacionalistamente pero que por desgracia están desorganizados y sin el cuantioso tesoro económico de los derechistas-racistas que están en el poder, ese vendaval del norte, decía, es una señora pauta nítida y contundente de que los latinoamericanos estamos frente a una disyuntiva única para destacar, de una vez por todas, que la unión hace la fuerza… y que la integración político-económico-social de América latina es una necesidad coyuntural que hay que aprovechar porque el país del norte nos la está espetando en bandeja.

Ahora, del cierre nacionalista estadounidense urge exceptuar diamantinamente a los que no votaron por Trump que incluye la sexta economía del mundo que es el estado de California. Es que no se trata solamente de EEUU y su actual gobierno. El periódico de Munich, Alemania, Süddeutsche Zeitung, comentó recientemente que “el mundo está enfrascado en Trumpismo, populismo y vulgarismo, y que la alternativa no se muestra visible aunque en Alemania quizá todavía sea Merkel”. Veremos. Según el HoffPost, Juan Notaro, Presidente Ejecutivo de Fonplata, comentó recientemente que “El cierre del mundo desarrollado es una oportunidad para la integración de América Latina.” Europa da la pauta: el presidente Emmanuel Macron, en visita reciente a China, habló de una mayor integración comercial entre Europa y China, ¡ojo! no solamente Francia y China.

Los presidentes latinoamericanos deberían procurar una integración latinoamericana con el mundo. Lo políticamente integrable hay que realizarlo socio-económicamente ya nomás. Enredarse en el tema como ocurrió en los años 1960 y la afamada pero miope “sustitución de importaciones” debe servir de pauta y modelo de cómo iniciarlo hoy sobre una base política y no sobre lo económico que debe ser el resultado del acuerdo político y no al revés. En aquella época la “guerra fría” era prioridad de muchos que hablaban de integración como algo quimérico. Hoy es una obvia necesidad si a la larga queremos pervivir libres como lo cantan cada uno de nuestros himnos nacionales.

Para empezar y cuanto antes es necesario aumentar el comercio entre los países latinoamericanos y para eso necesitamos más carreteras y ferrocarriles respetando las reservas forestales irremplazables, además de flotas mercantes, puertos y aeropuertos donde mejor convengan al comercio continental. Por donde pasen mejorarán la vida y el poder adquisitivo de los habitantes. Los nacionalismos limitantes no sirvieron ni sirven. Menos los izquierdismos que se tropiezan en su propia sombra. La geopolítica y la geo-economía libres de trabas son primero.


Sin educación no hay integración iberoamericana

agosto 30, 2017

 

por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

La integración económica y jurídica entre países sirve para mejorar sus niveles de vida y para negociar con otras naciones y/o otros grupos. Pero el cometido resulta difícil cuando se trata de colectividades relativamente menos educadas en pos de integrarse con una o varias mejor educadas. Bolivia en general tiene un nivel educativo inferior al de los países vecinos y desde luego inferior a otros, lo que la sentencia a la exportación de gas natural y minerales sin valor agregado, y productos agrícolas y madereros exportables con dificultad por la sobrevaloración de la moneda nacional que, entre otras cosas, impide la capitalización, denuesta los impuestos perjudicando el gasto público que incluye el educativo. Y porque hay dólares de las reservas menguadas del Banco Central, de la exportación de gas, granos y otras cosas, de las remesas del exterior y del contrabando. Hoy es considerablemente más barato almorzar en el lado argentino que en Yacuiba, pero es mucho más difícil exportar… lo que viene ser una ignominia.

Desde los 1960 se habla de integración económica latinoamericana impulsada por el entonces flamante Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y el Instituto de Integración Latinoamericana y el Caribe (INTAL). Incluso el presidente de EEUU John F. Kennedy coadyuvó lanzando la afamada “Alianza para el Progreso” que tuvo un desempeño político dada la guerra fría que duraría hasta 1989, con bemoles izquierdistas que perduran con resultados cuestionados sobre todo en Cuba donde, después de más de medio siglo, todavía no existe la libertad de expresión, entre otras. Venezuela bulle y es posible que nunca llegue a ser otra Cuba.

En los 1990 la integración aumentó a un promedio de cuatro convenios por país alcanzando una media de diez en 2013. La Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México) y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) son encomiables pero necesitan complementarse mejor y en eso están dado el éxito del primero. Según el Banco Mundial, en 1914 el porcentaje de las exportaciones dentro de la Unión Europea fue del 57%; Asia Oriental y el Pacífico 49%, EEUU-Canadá 31%, Europa Oriental y Asia Central 30%, América Latina y el Caribe solo 15%. Pero hemos mejorado, según una encuesta reciente de Latinobarómetro, el 20% del valor de la exportaciones es entre países de la región, pero todavía muy bajo comparado, por ejemplo, con el comercio entre naciones de Asia-oriental-Pacífico que llegó al casi 50% en 2014. Lo alentador es que el 75% de los latinoamericanos continúa favoreciendo la integración, pero ésta se ve entorpecida porque el 70% de la red vial latinoamericana no está asfaltada, ni los puertos están modernizados o no existen como en el oriente de Bolivia. En el reciente Índice de Conectividad de Transporte Marítimo de Línea, solo Panamá figura entre los primeros 30 países.

La integración regional aumenta el nivel de vida de la gente aunque en América Latina continúa anémico sobre todo por la falta de educación universitaria seria lo que, entre otras cosas, nutre el desbarajuste político que retarda y frustra. La gente no llega a educarse en Bolivia sobre todo por razones políticas que giran en torno a si la educación terciaria tiene que ser privada o pública. Y esa pugna perenne continuará subdesarrollada mientras la economía no exporte valor agregado que solo lo hace posible el gran capital que empieza con profesionales de productividad creciente que incluye la instrumentalización organizada de sus necesidades y pericias. Hoy, un cirujano bien titulado y académicamente exitoso no puede ejercer la cirugía sin el hospital, el personal, los equipos, las medicinas, el agua limpia, el alcantarillado, la higiene y los seguros médicos gubernamentales y/o privados que hagan posible la seriedad de la sala de operaciones que existe en los países vecinos mejor que en Bolivia. Reconocerlo es empezar a plantear el problema. “Educar es poblar” … decía Domingo Faustino Sarmiento. Poblar sin educar es de tontos.


Al “Puente” no queda más que soportar

marzo 23, 2017

 

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

Se trata del “Puente Simón Bolívar” que une y contrasta tristemente (por no decir separa) la ciudad de Cúcuta, Colombia, de la ciudad de San Antonio de una Venezuela en crisis porque la escasez de productos básicos y hasta de paciencia se ha adueñado de la vida de la inmensa mayoría de los venezolanos que además hoy sufren por la falta de libertades civiles de reunión, de oposición política, de prensa, entre otras. Hay políticos y periodistas encarcelados por el madurismo sin veredicto judicial ni mucho menos. También los hay que han muerto en las cárceles del régimen. A lo que hay que añadir el muy posible narcotráfico y las corruptelas que éste gesta, fomenta, desprestigia y enriquece a delincuentes que quizá también sean parte de la autoridad, según se argumenta internacionalmente.

Por el “Puente Simón Bolívar” pasan venezolanos cargados de bolívares que en infladas cantidades reciben los supermercados de Cúcuta a cambio de papel higiénico, medicinas, comestibles, repuestos y cien cosas más que en Venezuela no hay. Hay venezolanos y también Colombianos que residen en Venezuela donde la vivienda cuesta menos, y trabajan en Cúcuta donde los sueldos son mucho mejores. Vienen hasta de San Cristóbal que está a treinta kilómetros del Puente. Por el “Puente Simón Bolívar” hoy pasan de ida y vuelta tanto guerrilleros colombianos de izquierda como paramilitares colombianos de ultraderecha, ambos comercian con arroz, cocaína, gasolina y ganado, y hasta hay quienes se saludan pese ha haber sido acérrimos enemigos.

La situación de Venezuela agotó la paciencia del Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, que se ha manifestado en contra del gobierno de Nicolás Maduro y sus descuidos al punto de que en su reciente Segundo Informe dice que Venezuela viola todos los artículos de la Carta Democrática Interamericana (el Primer Informe, de mayo de 2016, activó la Carta) “y que nuestros esfuerzos deben concentrarse en restaurar el derecho a la democracia del pueblo venezolano” a través de elecciones libres que si no se realizan en treinta días no quedaría más que expulsarla.

La situación venezolana últimamente también provocó un comentario crítico de Pedro Pablo Kuczynski, presidente electo de Perú, que Maduro respondió furiosamente… aunque será difícil para el venezolano “ocultar el sol con un dedo”. Anteriormente había fracasado el intento de diálogo del ex presidente del gobierno español, Felipe González. El Papa Francisco todavía intenta.

Existe también crisis en Colombia con la firma de ausencia de guerra entre el gobierno del país y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, después de una guerra cruenta, sucia y costosa en vidas humanas de más de medio siglo en el que la derecha colombiana pudo haber sido menos inflexible hace décadas de modo que este conflicto no durase lo que duró ni menos costase lo que costó. El Plan Colombia de ayuda militar a las fuerzas armadas, apoyado también por el presidente Obama, persuadió a las FARC a negociar en 2012. Ante el eminente fracaso de las negociaciones en 2014, el presidente Santos pidió ayuda a EEUU (otro puente) que le fue concedida por medio del embajador Bernard Aronson quien en 1970 cooperó en la negociación que dio fin a la guerra civil de El Salvador. Aronson colaboró en las negociaciones FARC-Gob. de Colombia en Cuba. Por otro lado, el 14 de marzo, el presidente Santos reconoció que en 2010 su campaña electoral recibió financiamiento ilegal de Odebrecht (otro puente). También lo recibió el candidato opositor Oscar I. Zuluaga. El presidente pidió disculpas públicamente.

¿Qué haríamos sin “los puentes”? Tenderlos es más importante de lo que creemos sobre todo para enarbolar, defender y nutrir la democracia representativa, abierta e incluyente, con gobiernos nacionales que compitan en eficiencia con la empresa privada idónea… aunque mejor sería solo fiscalizarla competentemente… también idóneamente.


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