Creer para ver

Creer para ver
Por Jorge V. Ordenes L.
La credulidad impera entre los adeptos del, y/o adictos al, Órgano Ejecutivo (ÓE) o ex Poder Ejecutivo porque éstos esperan con paciencia bíblica (la de Job del Libro de Job de escritor anónimo del siglo cuarto o quinto A.C.) que las ubres del Estado comiencen a repartir los réditos de un socialismo de casino que hasta ahora ha lanzado promesas a los cuatro vientos incluyendo la de paquedermizarse o crecer hasta hacer de lo que queda del país ¡una Cuba! o algo por el estilo lo que continúa siendo increíble. O sea que se siguen las instrucciones castristas vigorizadas por el mandatario de Venezuela, otro que opera en función a la credulidad de mucho venezolano esperanzado en ver “un futuro mejor”. Ese futuro quizá sea mejor pero ¿para quién? Para nadie diría yo, sobre todo cuando se busca pelea con países económicamente importantes, algunos vecinos donde los parientes, amigos e intereses comerciales abundan.

El problema es que cumplir las promesas del ÓE se hace cada vez más difícil y éste lo sabe porque los resultados de su gestión hasta ahora han sido paupérrimos sobre todo para la población que ha votado por él. Tanta teoría política reciclada por ONGs desactualizadas y en su momento hipnotizantes ha sido un fracaso e incluso algunas lo admiten. Es claro que los beneficios en divisas han caído en manos de algunos sinvergüenzas encaramados en el poder. Y los que esperan por el momento no se desesperan porque desesperarse socavaría la credulidad a la que están poco menos que encadenados. Saben que para conseguir una pega estatal vale más la credulidad dócil que la educación y la titulación universitarias.

Por eso hoy se cree a pie juntillas en lo que el ÓE promete digamos “mostrar” de modo que los pie juntilleros continúen fieles a la creencia y con el tiempo (nadie sabe cuánto tiempo) “vean” países y hasta vivencias quiméricas prometidas… pero nada más. La dura realidad se impone en tanto que continuamos sin carreteras, sin una educación decente al alcance de todos y, para colmo de errores, pegados ciegamente a un UNASUR que no tienen futuro porque los pueblos no son siempre lo mismo todo el tiempo y menos en Iberomérica. Precisamente Cuba es el mejor ejemplo de fracaso económico-social. Por otro lado yo creo que la situación de Honduras es la bisagra que muestra capacidad de oposición incluso ante una OEA que nunca podrá quedar bien con Dios y con el diablo.

Cumplir promesas idóneamente ha sido prácticamente imposible en el cotorreo histórico nacional, y esto no tiene cara de cambiar. Por eso el tradicional dicho “ver para creer” se ha trastrocado. La desesperación paulatina y hasta ahora silenciosa del crédulo ha trastrocado el dicho como ha trastrocado otras cosas en la que fue la tierra de “hado propicio”. La lógica no rige en este momento en el país plurinacional e incluso plurirracional. Y digo plurirracional porque la razón, o tener razón, es menos que nunca resultado del razonamiento lógico. Es más bien resultado múltiple del condicionamiento basado en la amenaza dosificada que conmina a creer lo que el ÓE dice o cree que dice… porque tampoco le conviene hablar claro. En Bolivia la claridad ha sido y continúa siendo enemiga del politiqueo como oportunidad porque de practicarla se ventilarían entretelones que a nadie en un puesto estatal conviene. ¿Más de lo mismo? Sí, pero con el agravante de que los contingentes de crédulos desempleados o subempleados buscan más empleo estatal o más control estatal del empleo. De ahí que esperan votar por las promesas del socialismo en las elecciones de diciembre. Y votar por promesas es jugarse el futuro como individuo y como posibilidad de llegar a ser un país unificado por la ley consensuada por todos y unificada por sus logros. Soñar no cuesta, claro.

Esos seguidores crédulos que por razones seguramente calculadas y sobradamente discretas, o solapadas mejor dicho, están hasta el momento persuadidos, aunque no creo que convencidos, de que “el Estado será quien controle a todas las instituciones y sus respectivas funciones” según cita atribuida a Su Excelencia, el Presidente Constitucional del Estado Plurirracional de Bolivia, por un medio internacional de prensa y requeté contra difundida por la red internet relacionándola con la Iglesia católica como ente que ese Estado debería controlar seguramente por decreto ya no supremo sino supino… por lo desvirtuado y romántico. Y después de la Iglesia católica seguramente se decretará la estatización de otras iglesias y otros entes como las cooperativas y la empresa privada una tras otra sin importar el tamaño o la índole. Y como estatizar para el ÓE y sus adeptos significa, por lo menos hasta ahora, abundancia de puestos estatales, entonces vale la pena creer a como dé lugar en el mérito socialista de estatizar todo. Una vez que esto se logre recién se verá y cuantificará la ganancia para jolgorio de los adeptos. ¡Se cree hoy para ver en el futuro!… lo que es perfectamente ilógico y pueril.

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