La libre expresión en Bolivia

La libre expresión en Bolivia
Por Jorge V. Ordenes L.
La libre expresión en Bolivia está siendo amenazada y hasta vulnerada por acciones planificadas e implementadas por los “duros” del Poder Ejecutivo, Órgano Ejecutivo mejor dicho (OE) y sus representantes, nada menos que con premeditación, alevosía y ventaja que no solamente los sitúa fuera de la ley, y desde luego fuera de la constitución de Oruro, sino que los hace atentar contra la verdad e integridad histórica del pueblo boliviano que está compuesto mayormente de mestizos. Y aquí no hay presunción de que esto esté pasando sino que hay acciones oficiales persistentes que lo corroboran según resumo más abajo. Pero expongamos primero el marco jurídico internacional que el OE está infringiendo de una manera persistente e increíble, sobre todo en nombre de ciudadanos bolivianos que tienen poco que perder con este accionar oficial ya que incluso se les está diciendo que tienen mucho que ganar. Yo creo que es infracción de monta. Esto por si hay algunos que todavía creen en la “ley de la jungla” como posible sustituto de lo que resumo a continuación.

La libre expresión es un derecho humano y atentar contra ella de cualquier forma o por cualquier razón es desacatar o dar por tierra con la heredera jurídica de la Carta Magna inglesa de 1215, la Declaración de Independencia de EEUU de América de 1776, y la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del ciudadano de la revolución francesa de 1789. Esa heredera jurídica es la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS (DUDH) que, por si no recuerdan los “duros” del OE, se aprobó en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) mediante la Resolución 17 A (III) el 10 de diciembre de 1948, y que Bolivia fue libre y soberano firmante según debería constar en la versión de la DUDH firmada y refrendada por el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la época, el abogado Javier Paz Campero. Para refrescar memorias, los derechos consagrados en los treinta artículos de la DUDH incluyen prominentemente la defensa de “las libertades tradicionales” como ¡OJO! la LIBERTAD DE EXPRESIÓN y EL DERECHO DE REUNIÓN que en Bolivia hoy se están intentando no solamente mellar sino ¿desmantelar? hasta con presuntas tramas prefabricadas.

Fuera de la ley nacional e internacional y completamente antidemocrático es socavar paulatinamente la crítica que del accionar de los “duros” del OE hacen cada vez más bolivianos por los medios de difusión y desde luego por el rumoreo de vox populi cuyo instrumento más accesible es la red internet. O sea que no es sostenible auto llamarse Gobierno democrático y al mismo tiempo buscar progresivamente intervenir o estatizar instituciones jurídicamente civiles e independientes como las academias nacionales (que no tienen mayormente pegas a sueldo) y otras agrupaciones organizadas con fines culturales y artísticos. Por otro lado es ilegal prohibir regional y solapadamente el ingreso de candidatos a la presidencia de la república a cualquier parte del territorio nacional. Al contrario, el Gobierno debe ofrecer las garantías constitucionales y democráticas para que eso se realice libremente.

Por otro lado nada de democrático es hacer vista gorda cuando algunos proceden a practicar lo que se ha venido a llamar “justicia comunitaria” que no es otra cosa que atentar de facto y bárbaramente contra la libre expresión ¡y sin juicio! que haya declarado a nadie culpable como lo contemplan las leyes del país que todavía no han sido desmanteladas del todo, al menos que yo sepa.

Intentar soslayar la importancia de nuestro ancestro venido de España, la que muchos consideramos la madre patria, es atentar contra la libre expresión; amenazar con marginar la importancia de los símbolos patrios como el escudo y la bandera nacionales, además de la música y letra de los himnos departamentales, es atentar contra la libre expresión; prohibir enseñar con material escolar que resume la verdad de lo acontecido históricamente en lo que ahora es Bolivia, y quiere seguir siéndolo, es atentar contra la libre expresión; desalojar por ejemplo a la Academia Boliviana de la Lengua que idónea y especializada tarea viene haciendo nacional e internacionalmente desde hace décadas en pos de preservar el sitial digno que ha costado el ingente y diligente esfuerzo individual y colectivo de sus miembros sin ayuda pecuniaria de ningún gobierno boliviano, es atentar contra la libre expresión. Sería penoso y largo seguir detallando cuestiones afines que nunca antes se habían sentido amenazadas en nuestro país en la medida que están sintiéndolo ahora.

Que muchos ciudadanos bautizados políticamente de originarios deben salir de la pobreza, yo creo que todos estamos de acuerdo y también estamos dispuestos a echarle el hombro al cometido, pero no a costa de empobrecer y hasta anular el mestizaje y sus valores que de todos modos es mayoría. Desandar lo andado históricamente sólo se hará construyendo sobre lo que hay y nunca tratando de inventar lo que no hay ¡y a costa de lo que hay!

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