Un mundo no es el mundo

Un mundo no es el mundo
por Jorge V. Ordenes L.
Una característica persistente aunque zigzagueante de los grupos que gobiernan Bolivia en este momento es que están persuadidos de que su mundo es el mundo, lo que es un error. A propósito,
de la persuasión pocos o quizá ninguno de ellos pasa al convencimiento porque prácticamente todos están aprendiendo que no toda la carga se arregla en el camino ni mucho menos, y que las metidas de pata cuestan hoy y costarán sobre todo en la historia del país. Vaticino que ese mundo no tardará en pasar las primeras facturas que a más de uno no solo costará el cargo sino el prestigio y otras cosas. Es fácil hacer el ridículo así como es difícil salir de él. Mire usted, señor lector, la historia reciente de Bolivia y verá que las cosas han cambiado de siglas y de cariz, pero no de sustancia. Los viejos vicios persisten en medio de espejismos, promesas, y usufructo despiadados de la ignorancia y la pobreza de muchos bolivianos. Las muertes y los heridos causados por este histrionismo son, por desgracia, el comienzo de un vía crucis más abultado que por razones repetitivas estamos conminados (¿condenados?) a sufrir. Ojala me equivoque.

Decía que lo de “su mundo es el mundo” es un error porque se trata de una postura antidemocrática y, como si fuera poco, inviable. Por qué. Porque pregonando democracia y actuando antidemocráticamente o arbitrariamente es autoeliminante; es decir, la antidemocracia o la imposición de cualquier mundo en un mundo como el boliviano, multiétnico, pruricultural, pluriansioso, pluricereblal, multipreocupado, plurinecesitado, pluriconfuso, y pluri varias cosas más, siempre propenderá al conflicto antidemocrático autodestructor que, en el caso del actual Gobierno de Bolivia, significa pugna y hasta violencia entre los mismo grupos gobernantes que sufrirán los embates de sus propias fórmulas. “Cría cuervos que te quitarán los ojos” reza el adagio castellano, que no sé cómo se dirá en aymara o quechua que para el caso no importa. Y en el proceso pagamos y sufrimos todos, claro, incluyendo aymaras, quechuas y otros respetables bolivianos.

Aquí el elemento “imposición” es el bastidor del desacierto antidemocrático que refiero. El problema mayor de este proceso es su altísimo costo porque una vez que pasen los temporales, digamos en un año o dos, habrá que empezar de nuevo. Quizá la experiencia sirva como recordatorio de los políticos que vengan después que “imponer” cualquier cosa, sobre todo en las sufridas sociedades bolivianas, no va con nada ni con nadie. Ya no. La imposición usando colectividades azuzadas por pregones de venganza y “justicia social” es una forma infantil de hacer las cosas. Bolivia no es Venezuela ni menos Cuba. Venezuela tiene una historia dura y larga de gobiernos irresponsables con los pobres, de ahí que millones de ellos voten por Hugo Chávez en forma esperanzada y enceguecida. Cuba ha sido hecha y mantenida hasta hoy en gran medida por los errores de política exterior de EEUU. De no haber el bendito bloqueo, es probable que Cuba sea otra. Bolivia, o las Bolivias mejor dicho, continúan jugando a tener un país. Digo “jugando” porque todavía hoy se considera válido eso de querer gobernar para beneficio de una parte de la población. Otra vez vamos tras lo lúdico. Es que no cambiamos. Hay una contumacia en el error que hasta ahora nadie ha podido alterar a favor de todos los bolivianos.

Sabemos que su excelencia todavía lidera a los cocaleros del Chapare. Tal es reñido con el sentido común, con la ética elemental y con la ley que en democracia se debe respetar por sobre todos los peligros y tentaciones. Socavar el sistema que me hizo presidente no solamente es contraproducente sino, repito, autodestructivo. Ahí existe imposición por parte de su Excelencia y sobre todo de los que lo aconsejan. Ni qué decir cuando los chapareños invaden Cochabamba y arrazan con la vida de un joven boliviano de diez y ocho años, Christian Urresti Ferrel, en la forma más salvaje. Si esa es la manera de protestar por lo que sea, ¿qué librará a los persuadidos del Gobierno actual de una posible suerte afín o algo por el estilo? El que a hierro mata a hierro muere. Por supuesto que es lamentable la muerte de Nicomedes Gutiérrez, manifestante cocalero. Una diferencia es que Christian murió en su ciudad, y Gutiérrez no.

Otra cosa, la Cancillería de Bolivia recientemente redactó un documento que al parecer circuló entre el cuerpo diplomático en el exterior, y por internet, en el que maltrata la verdad con respecto a lo acontecido en Cochabamba diciendo que la manifestación de los cocaleros fue pacífica y que los que defendieron su ciudad fueron los agresores cuando la verdad es exactamente lo contrario y todos lo sabemos. Si el tal documento es genuino, puede ser que no lo sea por las faltas de ortografía, se trata de otro intento de manipuleo de la democracia que, de ser cierto, refuerza mi tesis.

La popularidad de los movimientos

La popularidad de los movimientos
por Jorge V. Ordenes L.
“Los movimientos populares” es una combinación de términos que en Bolivia viene adquiriendo categoría de sagrario, cuando la verdad es que nadie sabe cuán populares son los tales movimientos, ni si popularidad alguna tiene movimiento. No hay horda que sea popular ni siquiera entre los montoneros que la forman. La horda une a salvajes hambrientos de salvajadas que bien pueden resumirse en revanchismo, racismo y destrucción que tras espejismos revindicadores creen que fuera de la ley lograrán qué ¿ayudar a gobernar? Qué error. Error de gobernantes es instar a que la horda actúe fuera de la ley, y error de gobernados descarriados, realmente “gobernados”, es proceder como “movimiento” dizque “popular”.

Se quema la propiedad pública como el edificio de la Prefectura de Cochabamba en la forma más cobarde y encima el Poder Ejecutivo sitúa a la Policía boliviana entre la espada y la pared, o entre hacer respetar el mandato de la Constitución y obedecer a un ministerio chapareizado cuando Cochabamba, y desde luego Bolivia, es mucho más, muchísimo más, que el Chapare. Menos mal que su Excelencia tuvo más cabeza y palió el conflicto que se gestaba con la Policía Boliviana.

El desbarajuste de “movimientos” y “popularidades” es tal que incluso en la víspera de la elección que elevó al poder al actual Gobierno la gente voto más contra el pasado de politicastros que por un futuro socialista dependiente de gente extranjera que recién ahora está mostrando no sólo uñas sino garras socio-políticas, entre otras cosas. Desgraciadamente lo malo se aprende en momentos, en tanto que lo bueno se aprende cuesta arriba o no se aprende. Como lo dije alguna vez, toma a un burro cinco minutos destruir un pesebre; en tanto que el carpintero se tarda días en terminar uno nuevo. Bloquear un camino es tan elemental como ilegal y costoso. No bloquear y recurrir a la ley al sistema legal es más lento e intrincado, claro, sobre todo en Bolivia donde la oposición política en estos momentos tampoco encuentra norte.

En nombre de los “movimientos populares” hoy se socava la Constitución queriendo hacer prevalecer ese desbarajuste en base a una especie de seudoautoridad de la “asamblea constituyente”que jamás nadie le ha conferido. Menos se le ha conferido autoridad de carta blanca porque tener la obligación y compromiso de preparar una nueva Constitución nunca ha querido decir que nadie de esa Asamblea tenga autoridad para decir o hacer nada más. Por otro lado se desconoce y hasta se ultraja la Constitución al cuestionar el referendo de Cochabamba cuando la máxima autoridad de ese departamento, legal hasta la médula, recurre a él. Claro, se teme que el referendo ratifique la autonomía que no conviene a totalitarios.

Se distorsiona y se usufructúa de la multietnicidad y pluricultulalidad del país con fines populacheros de raigambre caribeña. Se marea la democracia gobernando por decreto sabiendo que hay un Congreso que por más alicaído que esté ¡no hay otro!, y es donde se deberían ventilar diferencias en pos de vigorizar ese foro tras consenso y funcionalidad. Si los que gobiernan creen que pueden convencernos, ¡qué mejor que un Congreso vigorizado para hacerlo constitucionalmente!

La oposición política hoy reacciona a codazos y sin estrategia. Actúa a la antigua en un accionar que esquiva lo obvio que es tomar la iniciativa formando y conformando ofertas concretas que motiven por lo menos a algunos “originarios” de Occidente a pensar en que el mundo puede girar en torno a otros valores y no en torno a desvalores como los que nos merodean y hasta irrumpen en total detrimento de nuestra dignidad y don de gentes, y de la ley. La forma de hacer “política” de hace unos cuantos años en Bolivia ya no va. Si hay algo menos cuestionable y hasta rescatable en este momento es que la política del futuro, o el que pretenda hacer política, tiene que apartarse de lo trillado y proceder a la manera de un nuevo país abarcando las aspiraciones y demandas de todos los segmentos de la población, pobre y no tan pobre, del este y del oeste, que por desgracia los gobernantes del momento explotan con el eufemismo de “movimientos populares” basados en ideologías inactualizables.

Por lo anterior, debe haber forma de mostrar que el bien de los hasta hora desamparados de Occidente, y de otras regiones, radica en negociar la llegada de empleo; de la carretera que se pavimenta y se señaliza; de la escuela con maestros y equipos; del hospital con médicos, camas, y demás; de una autoridad más incorrupta que corrupta. Ahí está el verdadero reto. Insisto, la oposición política al actual Gobierno debe afianzarse también en los desamparados. Es parte del asunto confeccionar un discurso creíble, y ahí está el reto intelectual ¡y qué reto! inédito en Bolivia, de modo que los actuales desesperados que pueblan esas hordas vislumbren posibilidades en otro tipo de gobernanza que entre otras cosas dé por tierra con el eufemismo de “movimiento popular”.

La exigencia de visa a estadounidenses

La exigencia de visa a estadounidenses
por Jorge V. Ordenes L.
Exigir visa a estadounidenses tiene que ver con ¿dignidades?, ¿represalias?, ¿ignorancia?, ¿politiquería?, ¿sumisión a extranjeros?, ¿una combinación de estas cinco? Ninguna, tiene que ver con estulticia, o sea estupidez. ¿Por qué? Porque es tonto dispararse en el pie. Por eso. Pero se ha dado más de un caso en Bolivia en que dispararse en el pie ha sido por llamar la atención y/o cobrar seguro. Lo lato es que cualquier razón se descubre rápidamente, como se descubre que exigir visa a estadounidenses no es solamente tonto sino innecesario. Entre otras cosas nefastas, será pasto de corrupción de los cuatro consulados que Bolivia tienen en un mundo de 300 millones que es EEUU, y, peor, será causa de pelea entre gente boliviana para ser asignada como cónsul. Así no más es todavía nuestra idiosincrasia pluricerebral.

Por más que uno busque, no hay razón para exigir visa a estadounidenses que vienen con dinero de gasto turístico o de inversión que los bolivianos necesitamos poco menos que desesperadamente, sobre todo para nutrir un sector económico tan importante como el de servicios. Por si no saben los que deben saber, el sector servicios de todos los países es el que da más empleo. La contribución del sector servicios al producto interno bruto (PIB) de todos y cada uno de los países del mundo es el mayor y más importante. En Bolivia el sector exportador, incluyendo el de hidrocarburos, es importante en cuanto a valor en divisas, pero no ofrece el mayor empleo. Repito el sector servicios lo supera en importancia como contribuidor al PIB de Bolivia. Por eso digo que atentar contra este sector vertebral de la economía es estúpido. Más claro agua.

“Agua” que hace recuerdo a ese dicho del poeta y crítico de arte francés, Charles Baudelaire, que dice que hay instancias en que “la vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama”. Pero por más cama que cambie enfermo queda. O sea que no importa cuántas medidas raras tome la actual Cancillería porque, como van las cosas, los mayores e históricos problemas de Bolivia, que con el paso del tiempo vamos viendo que van convirtiéndose cada vez más en males de índole multiétnica y pluricerebral, y moral, no podrán plantearse debidamente. Es más, no habrá quién los plantee y por lo tanto las soluciones van quedando en el estribo de la quimera.

Alguien de rango del Gobierno dijo que exigir visa a estadounidenses era cuestión “de dignidad”. Me imagino que se refiere a la dignidad del boliviano, lo que viene a ser una perogrullada porque por ningún lado el boliviano gana dignidad ¡con exigir visa!. Yo diría más bien que la pierde porque se limitan la posibilidades de vender lo boliviano. Vender a buen precio es justo porque es el momento de encuentro de la oferta y la demanda del mercado. Y si es justo ¡es digno!, según el ateniense Platón y otros. Sólo se gana dignidad en el mundo actual con la elaboración, aprobación e implementación de leyes que sirvan de bastidor al comportamiento de moros y cristianos, a la inversión gravada de acuerdo al monto y al producto; a la propiedad que paga impuestos justos; al contrato, a la competitividad de productos primarios, manufacturados y semimanufacturados, hechos por particulares o por el Estado. Vender electricidad estatal o privada a Chile, en vez de gas, sería bueno, ¡encomiador! Y desde luego DIGNO de admiración. Ahí sí el concepto dignidad tiene asidero. Pero exigir visa a estadounidenses, no lo tiene.

Otro alguien del Gobierno dijo que la exigencia de visa era “en represalia” a las exigencias de visa de ingreso a bolivianos. Aquí es fácil. Los bolivianos van o intentan ir a EEUU, España, Argentina, Brasil y a otros países, a buscar el empleo.. que los sabios de Bolivia no ofrecen. En tanto que los gringos vienen a Bolivia sobre todo a sostener empleo, y a darlo, particularmente cuando vienen a invertir, y todos deberíamos saberlo. Pretender ignorarlo es simplemente digno de los que no tienen la menor aspiración de viajar a EEUU por frustrados, o de facilitar el ingreso de gente que tradicionalmente ha buscado ayudar más que perjudicar. Si algunos han perjudicado, como por ejemplo la Standard Oil en los años 1930, o la Gulf de los años 1960, es porque los gobernantes bolivianos lo permitieron y todos sabemos que las cosas no fueron transparentes, y que la que más sufrió fue la “dignidad” de Bolivia. La verdad es que las compañías extranjeras que en lustros recientes han hecho batería y media en combinación con autoridades de los gobiernos del momento han sido todo menos estadounidenses.

Ahora, es necio menoscabar a EEUU a sugerencia de cubanos, venezolanos y quizá otros, en función a la aguda credulidad de huestes desinformadas o mal informadas, ¿por qué? Porque en todos los países hay gente buena, menos buena, y mala. Catalogarlos a todos de cuestionables, cuando se los necesita, es, insisto, necio.

El socialimo de Argentina

El socialismo de Argentina
por Jorge V. Ordenes L.
El crecimiento de la economía argentina desde 2003 ha sido el mayor de Iberoamérica alcanzando una cifra promedio anual mayor al ocho por ciento lo que no deja de ser un guarismo respetable y también comparable con los buenos tiempos de los llamados “tigres asiáticos”como Singapur y Corea del Sur. Para un país de 39 millones de habitantes y un ingreso per cápita anual de alrededor de 10.500 dólares no está mal. Anoop Singh, director del Fondo Monetario, acaba de decir que la economía del país crecerá del siete al ocho por ciento en 2007, lo que tampoco está mal. Por eso seguramente el proclamado socialismo de Argentina continúa enfatizando el crecimiento económico.

Pero lo que debe aplaudirse menos e incluso rechiflarse es la distribución del ingreso de ese crecimiento que registra una asimetría significante y, a la larga, perniciosa puesto que se está acumulando en unos cuantos bolsillos en detrimento de la mayoría de la población. Lo que sorprende es que esa asimetría de impacto social y político negativo esté vacilantemente combatida por el Gobierno peronista que siempre ha proclamado dedicación al que tiene menos. La proclama histórica de ayudar al “descamisado”se esfuma.

De acuerdo al New York Times y a otras fuentes, a mediados de los 1970, el diez por ciento de la población de mayor ingreso percibía doce veces más que el diez por ciento de la población más pobre del país. En 1995 esa brecha registró una diferencia de 18 veces más; y en 2002, cuando la crisis se agudizó con la desdolarización; la pérdida de millones de ahorros de la población; el aumento del valor de la deuda externa; la contracción de la economía en once por ciento en 2003; y el descrédito de las autoridades de entonces; esa brecha creció hasta alcanzar de nada menos que 43 veces más. Una diferencia sin precedentes a favor de los ricos y nuevo ricos.

Lo peor es que la tal brecha ha disminuido muy poco desde entonces. Ahí está el problema que debería ser inherente a un gobierno de centro derecha más que a un gobierno peronista-socialista democráticamente electo. O sea que las villas miserias van en aumento en tanto que los locales exclusivos para gente pudiente a la manera de Nueva York y Londres, solo para miembros que pagan dólar tras dólar para ingresar a ellos, en sectores urbanos de la Capital Federal como San Telmo, Belgrano, Villa Crespo, Palermo Hollywood, La Recoleta, y otros, han proliferado de tal manera que bien reflejan, entre otras cosas, la mala distribución del ingreso que viene registrándose en todo el país incluyendo seguramente la provincia de Santa Cruz de donde proviene el presidente Néstor Kichner.

Excelente que Argentina hoy se destaque enarbolando justicia ante las contorsiones judiciales de los casos de comprobados autores de crímenes contra los derechos humanos perpetrados durante las dictaduras militares; excelente que también se destaque por los vinos de Mendoza y la ya famosa y venidera Feria de Febrero que congrega a enólogos, conocedores, chefs y público internacional; por el Festival de Cosquín; por la leche de La Paila; por el notable tenis de David Nalbandian; o por la película El aura del malogrado pero no menos notable director Argentino Fabián Bielasky, que hace unos días se estrenó con éxito en Manhattan; entre otros hechos destacados que continúan caracterizando una sociedad pujante y merecedora de mayor empleo e, insisto, mejor distribución del ingreso.

Pero no tan excelente ni mucho menos es el rimbombante, y en su momento aplaudido, “crédito para inquilinos” promovido por el Gobierno y lanzado el primero de octubre de este año, que buscó balancear en cierta medida (muy poca) el desequilibrio que refiero en base a un préstamo bancario que el inquilino se comprometía a pagar con el dinero del alquiler de modo que en algún momento llegase a ser propietario de la vivienda. Un problema surgió casi inmediatamente y es que los precios de los inmuebles subieron, y los bancos se vieron obligados a exigir mayores garantías que la inmensa mayoría de los inquilinos no poseen. Según el diario Clarín, un banco comercial fuerte recibió en octubre y noviembre un total de 11.000 consultas de las cuales ¡trece están en trámite! Y hasta ahora se aprobaron solamente siete créditos lo que quiere decir que la iniciativa, como política de equilibrio, es un fracaso.

El presidente Kichner dejará el poder el 10 de diciembre de 2007 y no parece que buscará la reelección ante el asombro de muchos. Entre ahora y entonces él está decidido a reorganizar el peronismo de centro izquierda con el propósito de renovar la forma de hacer política en Argentina. A esto hay que añadir la promoción de su esposa, la senadora Cristina Kichner, como candidata a la presidencia del país. El proyecto “Cristina 2007” es serio.

Así, está claro que los vectores económicos que han permitido el desface en el ingreso habrán de perdurar unos años más en detrimento de la mayoría del pueblo argentino. Una lástima.

Los dos tercios

Los dos tercios
Por Jorge V. Ordenes L.
Los dos tercios del voto para aprobar cada uno y todos los asuntos de la Asamblea Constituyente y sus comisiones es el último tubo de oxígeno que todavía da vida a la comatosa legalidad de la democracia boliviana. Insistir en los dos tercios del voto no solamente significa salvar el único y último nexo con la salubridad electoral, sino que también significa salvar la única vía de incorporación legal de la autonomía departamental a la nueva Constitución. Es precisamente el voto de los dos tercios y su pronta implementación que viene a ser el mejor antídoto del voto de mayoría simple que quiere imponer la propuesta oficial en Sucre. Ese antídoto debemos utilizar con toda legalidad, insistencia y serenidad ante los ímpetus totalitarios de los que buscan arrebatarnos Bolivia en nombre de un totalitarismo que de cuerdo no tiene nada y de enloquecido tiene todo. Increíble.

Quebrantar el esquema de los dos tercios significa entregar el país a un centralismo demente y vengativo que provocaría violencia y hasta una guerra civil entre dizque “K’haras” por un lado y aborígenes occidentales por otro. De ganar ellos, y según postulados escritos de la plana mayor del Gobierno, si ciertos, significarían dar por terminada la era del castellano, el cristianismo, la democracia, el boliviano como moneda, los nombres de ciudades, la poblaciones, la calles y plazas, el carnaval, la semana santa, el himno nacional, los himnos departamentales, la bandera nacional y las departamentales, etc. También significa echar abajo todos nuestros monumentos y símbolos patrios incluyendo la obra de Bolívar y Sucre (qué diría Chávez con su preferencia por lo bolivariano) para reemplazarlos con símbolos presuntamente andinos. No dicen que harán con la música pentatónica que siempre ha sido una de las muestras más significantes de nuestra simbiosis cultural. Hasta la rueda y la mula tendrían que erradicarse. Ni hablar de vacunas, penicilinas y condones, todo tendría que volver a como estaba en 1532. Ridículo.

Lo curioso es que los individuos más recalcitrantes del Gobierno central, muchos de ellos “K’haras” de raza, creen que todavía pueden imponer en Bolivia lo que algunos de ellos bautizan como “redistribución del poder simbólico” y “reemplazo de todo lo individual por lo colectivo”, entre otras ideas que por lo alocadas, si ciertas, deben llamar la atención al colectivo nacional e internacional incluyendo a los “originarios” de la Media Luna, y personas como Raúl Castro y Hugo Chávez.

A propósito, los Castro en Cuba nunca han querido redistribuir ningún “poder simbólico”. O sea que no se han ido por las ramas de las ideologías de izquierda. Han confiscado, limitado la libertad de reunión, expresión y movimiento, y lo han hecho a sangre y fuego durante medio siglo a costa de millones de emigrados, encarcelados y postergados. Pero ahora Raúl Castro reconoce que el poder tiene que pasar a otra gente que probablemente inicie un proceso de cambio en Cuba, lo que deja huérfanos ideológicamente a los redistribuidores del “poder simbólico” de Bolivia. Hugo Chávez depende en una gran medida de la gran industria privada venezolana para ofrecer empleo y pagar impuestos, etc. O sea que los condenadores de “K’haras”, y de lo que estos supuestamente representan, lucubran por escrito pero no piensan. Y todo dizque en nombre de “los andinos” que por desgracia no parecen haberse percatado del aprovechamiento de que están siendo objeto. El día que se percaten, los Andes tronarán como en sus mejores épocas.

Por otro lado los genios del Poder boliviano actual vienen enunciando por internet y quizá por otros medios que Bolivia debe regresar a lo precolombino. Pero no dicen a qué época porque, por si no lo han descubierto, la cuestión andina es más compleja de lo que ellos exponen. Para su información, duró alrededor de 1700 años que ahora sabemos conllevó docenas de alteraciones profundas no solamente desde el punto de vista del “poder simbólico” sino del poder mitológico que por donde se analice es más importante y profundo que cualquier asunto simbólico. Por ejemplo, para el estudioso serio de lo andino el mito de la Llama astral es más importante que el mundano símbolo de la wippala, el “poncho rojo”, o el látigo. El periodo incaico duró menos de 100 años, y no fue el más representativo de lo andino ni mucho menos.

Quebrantar el voto de los dos tercios significaría la opresión de los K’haras por orden de los andinos de modo que los papeles dizque se reviertan y los K’haras hagan de servidumbre de los otros. Sabemos que en Bolivia no tenemos los mejores manicomios del mundo, pero sí tenemos en este momento los mayores ¡enajenados! Lo único que podría salvarse es la inocencia de su Excelencia, el Presidente, que bien puede resumirse en el dicho: “es fácil sacar un campesino del campo pero es imposible sacar el campo de un campesino” lo que no tiene nada de malo pero sí de vulnerable.

Hablar del pueblo

Hablar del pueblo
Por Jorge V. Ordenes L.
El comediógrafo latino Publio Terencio decía, creo que en El verdugo de sí mismo, 163 años antes de Cristo: “Tantos hombres, tantos pareceres.” O sea que muchísimos pareceres e intereses, ambiciones, tendencias y militancias conforman lo que barrócamente se puede llamar “pueblo”, sobre todo en este momento, en Bolivia. La definición de democracia en cuanto a ser “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” es un eufemismo y siempre ha sido. Deriva de un concepto griego que en su momento significó ciudadanos varones, o sea originarios de la ciudad solamente, con exclusión de mujeres, sirvientes y desde luego esclavos que también habitaban ciudades sobre todo Atenas.

Hablar del “pueblo” es fácil para el metido a político porque se trata de un sustantivo de significado dúctil y hasta contorsionista que en realidad significa poco o nada porque en la Bolivia alborotada de hoy la población sigue siendo urbana, rural, pudiente, empresarial, profesional, tecnificada, institucionalizada (como las fuerzas armadas), asalariada, desempleada, subempleada, dedicada a la informalidad, pobre, delictiva, etc., con todas las distancias de actitud vital, idiosincrasia y contexto geográfico que tal implica sea éste oriental, occidental, sureño, norteño, andino, valluno o llanero, cada cual diferenciado históricamente y por lo tanto diferenciado en todo lo demás. Ahora, en estos estratos humanos y regiones seguramente hay personas ejemplares. También las hay menos ejemplares, incapaces, inmorales, etc. Lo cierto es que todos tienen intereses distintos lo que es lógico y hasta necesario. Entonces, ¿se trata realmente de un “pueblo” al que se puede dirigir un mensaje común en este momento convulsionado?

De ninguna manera. Cuando autoridades de Bolivia, a finales de 2006, hablan de “pueblo” o “en nombre del pueblo”, seamos claros: se refieren a la población mayormente rural y poblana de Occidente que por falta de caminos, vigencia de las leyes, hospitales, escuelas, y tecnología, “vive” en la más aparente simpleza que bien puede llamarse pobreza, aunque no miseria. Come, se viste y sobrevive e incluso tiene sus organizaciones y festividades en medio de esa simpleza y quizá en función a ella. Claro, tarde o temprano iba a llegar a saber cómo viven los bolivianos de otras regiones y lógicamente quiere vivir como éstos, lo que viene a ser un deseo legítimo por donde se mire. Pero no por eso el vocablo “pueblo” en el contexto boliviano de hoy significa solamente la población de Occidente que si bien llega a la mitad de los habitantes del país, nunca, políticamente ni mucho menos, nos incluyó a todos. Ahí radica el error contumaz de su excelencia el Presidente de la República y sus allegados.

Por otro lado, no solamente es cuestión de intereses sino de veracidades históricas que también incluyen intereses históricos. Una verdad histórica es que los que descuidaron y hasta entorpecieron el trato y en general las relaciones entre el Occidente y Oriente de Bolivia desde comienzos del siglo XX han sido mayormente los mestizos collas que cursaron por el poder central, muchos de éstos emparentados con mestizos orientales. Aquellos más estos menos estropearon históricamente las relaciones con las minorías hoy llamadas “étnicas” que, por esas cosas de la vida y de la democracia, hoy están en el poder y buscan revanchas abiertas y/o camufladas.

¿Por qué digo esto? Porque las cosas entre regiones, idiosincrasias y formas de ver la vida están alteradas en Bolivia. Siempre lo estuvieron solapadamente, encubiertamente. La diferencia es que ahora brotaron y el pus salpica por doquier… lo que por desgracia tenía que suceder tarde o temprano. Y hoy están más alteradas en parte porque discursear del y al “pueblo” no solamente es una mueca, sino que es una pérdida de recursos, tiempo, y salud.

Para entendernos, en la coyuntura actual, delicada y muy susceptible al mal entendido, es necesario hablar identificando qué se quiere decir con “pueblo”, y cómo se propone relacionar los intereses de ese “pueblo” con los intereses de los otros pueblos que conforman el país. Tampoco es tan difícil. A no ser que la intención del discurso sea crear “ríos revueltos” donde los “pescadores” nacionales y extranjeros tengas los anzuelos listos de una manera artera propensa al desquicie.

La Constitución Política del Estado es o debería ser un acuerdo de todos los arriba mencionados
(nunca lo ha sido del todo) sobre el que supuestamente descanse el conjunto de leyes, regulaciones y decretos que rijan las relaciones entre los ciudadanos de las varias etnias y culturas, conjunto que debería fungir como denominador común sobre el que cabalgue, insisto, la estructura jurídica del país. Sólo las leyes deben actuar como denominador común que inhiba lo multiétnico y pluricultural. Entonces, entre nosotros y en este momento incierto, ¿no debemos hablar claramente de pueblos y gobernantes que deben acatar las leyes en vez de barajar consignas montoneras?

Tres salidas

Por Jorge V. Ordenes L.
Los bolivianos nunca concibieron que el sistema democrático moderno (que tuvo sus prólogos en la Grecia antigua o sea antes de Jesucristo, y que se perfeccionó en revoluciones y batallas libradas mayormente en Europa y América que consumieron 2000 años en medio de reflexiones cristianas y seglares) hubiera sido el tobogán histórico por el que llegasen al poder hace menos de un año los bautizados de “originarios” (y sus turiferarios extranjeros) que históricamente, sobre todo antes del Descubrimiento de América, tuvieron la observación astronómica como cuna de mitos, y al emperador o mandamás como resultado de esos mitos y como representante de divinidades o como divinidad en sí. Urge recordar a los “originarios” que han leído miles de libros y a los que proponen no leer ninguno, que no hubieran llegado al poder ni mucho menos sin la vigencia del sistema democrático… que tanta sangre y tiempo tomó implementar en la angustiada Bolivia de hoy.

Nunca antes se había sentido la incertidumbre que reina y hasta se huele en todos los rincones del país. Nunca antes los “quechuas”, “aymaras” y sus seguidores habían estado en el poder central. Nunca antes el Gobierno central había dispuesto el cierre de las dependencias gubernamentales de servicio al pueblo como represalia a la disensión que en toda democracia es imprescindible. Nunca antes los extranjeros se habían interesado en el acontecer “boliviano” por razones antropológicas y de sicología colectiva, o sea de probeta. Nunca antes el accionar de organizaciones no gubernamentales también del exterior como CEJIS, CIPCA, ALAS, SNV, CÁRITAS, y Fundación Solón, se había metido en el brete actual, o nos había metido en el brete mejor dicho, a costa de dinero y cruzadas educativas de gente que actualmente está en el Gobierno aprovechándose en la estela generosa de la democracia boliviana. Nunca antes se había utilizado una situación boliviana como la de ahora para avanzar causas populistas de otros países como Venezuela, que poco tienen en común con el socialismo antojadizo que intenta implantar en Bolivia un sector de los grupos que gobiernan. Nunca antes se había barajado la idea de partir de facto el país. Nunca antes se había escuchado a gente de la Media Luna hablar de Consejos Departamentales que llegasen a reemplazar al Poder Legislativo. Nunca antes un presidente de Bolivia había dicho “no se permitirá la división de Bolivia”, lo que quiere decir que ha llegado a su atención el elevado grado de descontento que viene generando el circo de Sucre y el desacato oficial.

Algunos de nosotros creemos que la situación actual de distorsión de la democracia que se traduce en el obvio usufructo de las tradiciones indígenas, en el menosprecio y hasta desprecio de la cosmogonía andina, en el endiosamiento de la coca, en el rechazo del lado moral y justo del cristianismo, en el total desacato de las leyes, y en el apego a países de regímenes equivocados, solamente puede tener una de tres salidas.

Una sería continuar socorriendo diferencias en forma perentoria y mediocre de modo que sigamos con más de lo mismo entre pedidos y promesas de autonomía, paros y bloqueos, más la prolongación indefinida del “trabajo” de la Asamblea Constituyente entre forcejeos legalistas y otras insólitas y costosísimas manifestaciones.

Otra salida es la intransigencia y el desgaste que lleven al calvario de la partición del país entre bataholas de facto y jurídicas, y de costo emotivo. Que cada vez hay más gente sobre todo en la Media Luna que está dispuesta a sufrir ese calvario y ese costo dada la increíble, insensata y poco iluminada intransigencia del Gobierno, no hay duda y tampoco broma. Aquí hasta las fuerzas armadas pueden verse contra la pared porque lo que quizá provoque los hechos es la tozudez del Gobierno central, y no las regiones que proponen autonomías y menos aislamiento.

Una tercera salida, la más sensata aunque en estos momentos la menos probable, es que nuestros gobernantes se den cuenta de que Bolivia ha sufrido la revolución de 1952 y su secuela de minifundio improductivo, de estatismo incompetente y corrupto, de opresión, y de inusitadas ambiciones de poder; y que más de la mitad del país no permitirá otra “revolución”, por más coreografiada que sea, que arrase con los derechos civiles, la propiedad privada que paga los impuestos de ley, y en general con la Constitución existente y las leyes. Todo en pos de un socialismo que en nombre “del pueblo” intente dizque “gobernar” soliviantando los peores instintos de una población que necesita educarse, vacunarse y tranquilizarse por medio del empleo razonablemente bien remunerado que es hoy definitivamente alcanzable con los ingresos del gas, la minería actual y el comercio.

Toda esa angustia popular, a ratos desesperada, se desenvuelve, paradójicamente, en medio de cifras macroeconómicas y de balanza de pagos que gobiernos anteriores hubiesen envidiado, y que el Gobierno actual procura de mil formas, acaso sin percatarse, destruir.

Benedicto XVI en Estambul

Por Jorge V. Ordenes L.
La idea vaticana de que el Papa Benedicto XVI visitase al mayor Patriarca de la Iglesia Cristiana Ortodoxa con sede en Estambul, Bartolomé I, fue buena y acaba de llevarse a cabo con dificultades previsibles, sobre todo porque en la historia del mundo separar la política de la religión ha sido a menudo imposible como lo estamos viendo en Turquía con repercusiones en las guerras del Oriente Medio y la postulación de ingreso de Turquía a la Unión Europea (UE).

Los deslices oratorios de José Ratzinger, antes y después de llegar a ser Papa, sobre todo en temas religioso-políticos en torno al islamismo, y la alborotada y hasta bélica situación actual de las relaciones entre Occidente y el Islam, tienen que moderarse y hasta erradicarse porque, por un lado, el Vaticano es un Estado con derechos y obligaciones, y por otro lado, para muchos, es incluso más importante como sede de la Iglesia Católica y como domicilio emotivo nada menos que del Vicario de Cristo.

La idea de la visita fue buena porque ya es tiempo de que el Vaticano tome iniciativas de mayor envergadura que aúnen intenciones de unificación de las grandes iglesias Católica Romana y Cristiana Ortodoxa. Aquélla en 2004 albergaba espiritualmente a 1.106 millones de católicos del mundo; y ésta tenía 218 millones de cristiano-ortodoxos distribuidos 38 millones en África, 13 millones en Asia, 159 millones en Europa, 850.000 en Iberoamérica, casi siete millones en Norte América, y 750.000 en Oceanía. En Europa los países de mayor preferencia cristino-ortodoxa son Rusia, Ucrania, Grecia, y Chipre.

Recordemos que el Cisma de Oriente, o sea la separación de la Iglesia Católica Romana de la Iglesia Cristiana Ortodoxa, que culminó en 1054 DdC, se debió sobre todo a la predilección política del Papado, en ese momento de León IX, por los crecientes y poderosos reinos de Alemania y Francia, y su alejamiento de los cristianos de Constantinopla (hoy Estambul) liderados en ese momento por Miguel Cerulario que con el Emperador Bizantino habían visto sus patriarcados de Antioquía, Jerusalén y Alejandría caer en manos de invasores musulmanes. Lo que menos podía hacer Cerulario políticamente era declararse igual e incluso mejor que los latinos “bárbaros” de Roma. El Papa lo excomulgó, etc. El cisma se produjo y ambos bandos hasta ahora han tenido poco éxito en reducir diferencias. De ahí el significado del viaje de Benedicto XVI a Turquía.

Como cabeza de la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano, el cardenal José Ratzinger, electo Papa en abril de 2005 para reemplazar a Juan Pablo II, adquirió la fama de estricto e incluso implacable lo que se corrobora por la forma como trató, en mi opinión precipitadamente, al religioso Leonardo Boff, uno de los gestores de la Teología de la Liberación latinoamericana que propugnaba un trabajo más directo de la jerarquía de la Iglesia con los pobres. Lo que estamos viendo ahora con gobiernos como el de Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, y seguramente el de Ortega en Nicaragua, Correa en Ecuador, y menos ruidosamente con los gobiernos de Bachelet, Kirchner, Lula, y Vázquez de una u otra manera se asemeja a lo que postulaba la Teología de la Liberación hace 35 años. Perdimos tiempo precioso.

El Cardenal Ratzinger también se opuso, y el papa Benedicto XVI se sigue oponiendo, a que las mujeres se ordenen de sacerdotisas, oficien misa, confiesen y, en general, que los sacerdotes y monjas se casen de modo que, entre otras cosas, disminuya la incidencia delictiva de pederastia que solamente en EEUU ha alcanzado proporciones alarmantes en los últimos años con más de 2000 casos pendientes.

Pero volviendo a Estambul, la BBC de Londres dijo recientemente que el cardenal Ratzinger había escrito en 1996 que el Islam tenía dificultad en adaptarse a la vida moderna; y que se sintió contrariado cuando su antecesor, Juan Pablo II, se constituyó en el primer Papa que ponía pie en una mezquita en 2001 en Siria. También dijo que en 2005 el Cardenal acusó a los líderes musulmanes de Alemania de haber permitido la formación de la juventud de una manera que él describió como “el oscurantismo de un nuevo barbarismo”. El Cardenal Ratzinger decía al diario Le Figaro de París en 2004 que Turquía siempre había sido un continente distinto y en contraste permanente con Europa. El 27 de septiembre de 2006 en una conferencia citó a un emperador bizantino diciendo que el Islam sólo había engendrado violencia, lo que resultó en protestas por parte de los musulmanes del mundo que ahora en Turquía se han hecho escuchar en medio de explicaciones de funcionarios del Vaticano que dicen que el Papa dijo lo que dijo el 27 de septiembre pero que no se adhería a lo dicho, y que ahora se veía con buenos ojos la intención de continuar considerando el ingreso de Turquía a la UE.

De todas maneras, cabe estar alerta a lo que diga Benedicto XVI ya que su récord de dichos muestra momentos de insensibilidad e incluso descuido. Nadie es perfecto, claro.

Exceder el mandato

Por Jorge V. Ordenes L
El mandato concedido a los representantes de la Asamblea Constituyente tiene que ver con prepararse y organizarse para escribir una nueva Constitución y nada más. O sea que debería tratarse de un cometido edificante que de ninguna manera debería utilizarse para hacer otra cosa, como perder el tiempo hablando de fraccionar el país en base a descalabros raciales que, llevados al extremo lógico, sólo conduciría a la división del territorio en ocho millones de pedazos ya que por ese camino cada uno de nosotros tendría la prerrogativa de hacer de su genoma, diferentes a todos los demás, una sólida, solemne y “originaria” solicitud de territorio. Si ciertos señores informados a medias y/o mal informados, o informados en y por tendencias resentidas, rebuscan la razón racial ¿quién habrá de ser el que tire la primera piedra enarbolando esta o aquella “raza”? Tonterías. Bolivia ha sido constituida multiétnica y pluriculturamente lo que está bien para empezar y todos deberíamos saberlo incluyendo los de la Asamblea Constituyente. Para eso se les paga. También deberían saber los límites de su mandato.

Por otra parte cabe recordar a los Uyustos que pueblan los escaños del teatro de Sucre, que históricamente desde los griegos, romanos, europeos feudales, y europeos aristócratas, revolucionarios del siglo XVIII, europeos y americanos de la época moderna y posmoderna hicieron del racismo una manifestación completamente supeditada a las leyes y regulaciones que si bien se respetaron en grado diverso, a la larga se estamparon en las leyes modernas de todos los países que se respetan. La ignominia del nazismo en Alemania fue racial y quizá fue la muestra más clara de que con etnocentrismos no se llega a ninguna parte que no sea el crimen. Insisto, ambular solapadamente por temas raciales en la Asamblea Constituyente es salir del cause autorizado. Si a los asambleístas se paga con dinero público, lo que menos pueden hacer es respetar al pueblo y sujetarse a la comisión encomendada que no tiene nada que ver con “refundar” el país ni menos refundirlo despedazándolo.

En primer lugar lo de “multiétnico” de la Constitución es aceptable en la medida en que describe el mestizaje que ha habitado y habita el territorio nacional desde antes de 1825, lo que impide que nadie de los aymaras, quechuas, lecos, pakawaras, araonas, baurés, weenhayeks, tapetes, y docenas de otros puedan reclamar pureza étnica. Lo pluricultural se va también por ahí. Y ahí termina el asunto. Cuestión que más se presta a una interpretación folklórica y quizá turística que de ninguna manera ofrece fundamento alguno para organizar nada que no sea folklórico y turístico.

Que lo racial y lo cultural para muchos van de la mano es cierto. Pero obligar a rezar el padrenuestro en aymara a los alumnos de primaria no aymaras de Santa Cruz es atrabiliario porque el aymara nunca ha sido un idioma nacional, ni mucho menos. Con que todo Bolivia lo rece, si lo reza, en castellano sería una gran cosa porque con el castellano quizá lleguemos a entendernos entre multiétnicos y pluriculturales. Tratar de imponer una regulación atrabiliaria también es exceder autoridad. Tal es por desgracia la idiosincrasia que abunda en la Asamblea Constituyente. Por favor, exceder autoridad no lleva a ninguna parte. Más de media Bolivia hoy se opone a que los aymaras y quechuas que pululan en los estratos del poder hagan lo que les venga en gana. No están solos ni nunca lo han estado. Hacer de la verdad una mueca es estulto.

Todos sabemos que la cuestión surgida en Sucre la semana pasada tiene la inequidad económica y la pobreza de la mayoría de la población como trasfondo. En el caso de este gobierno y sus huestes (cada vez más descontentas y hasta fraccionadas) se trata de una cuestión ideológica acarreada a medias que, entre otras cosas dizque socialistas, busca quitar al boliviano que tiene activos en vez de hacer producir al que no tiene lo que es, insisto, un cometido económico que debería identificarse como tal y no disfrazarlo de otra cosa. He ahí la madre del cordero que la Asamblea Constituyente debería acatar con nombre y apellido a efectos de redactar un borrador de Constitución que se someta al veredicto de todas las “etnias” de modo que sirva de fundamento de lo que se debe hacer para sacar el país adelante sobre todo ahora que las “nacionalizaciones” están comenzado a provocar la reacción extranjera.

La ley hoy, empezando por la Constitución, es o debería ser el elemento aglutinante de o entre “etnias”. Que unas “etnias” históricamente han abusado de otras “etnias” no cabe duda. Pero que éstas recurran al revanchismo camuflado es inadmisible. Lo admisible es acatar la ley. Con excesos de autoridad lo único que conseguimos es soslayar la verdad. Y la verdad es, hoy, la pobreza de Bolivia que merece atención preferencial lo que significa, entre otras cosas, trabajar seriamente en la redacción de una ley fundamental que se llama Constitución. Lo demás es demagogia.

A %d blogueros les gusta esto: