Tienen que fracasar

Tienen que fracasar
Por Jorge V. Ordenes L.
La elección de congresales de Argentina con resultados contundentes en contra de la presidente del país y su esposo, incluso en su propia provincia de Santa Cruz, ha dejado claro que la mejor forma de comenzar a derrotar el populismo izquierdista es a través de las urnas, lo que se puede lograr también en Bolivia si es que se forma un frente común y se presenta un candidato de coalición para diciembre que dé por tierra con la mayoría que este régimen se anotó en 2003. Lo mismo acontecerá en los países en que el populismo zurdo, militante y dictatorial está tratando de afianzarse a como dé lugar en nombre dizque de los pobres y en contra de los adinerados “neoliberales”, y sobre todo en detrimento de la clase media que hoy es la que más paga el precio de la aventura izquierdista populista en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, pese de que en este último la escases de comestibles y otros productos esenciales es vergonzosa dada la cantidad de dinero que percibe el país por concepto de exportaciones de petróleo.
Honduras está en un brete porque el presidente electo como representante de lo tradicional decidió de pronto dar un vuelco político de 180 grados olvidando y acaso traicionando a los que lo eligieron, que fue mayormente la clase media, para favorecer al populismo izquierdista que internacionalmente lo apoya descarada y desde luego mediáticamente como lo instruye el populismo de salón venido de Europa. La mentada y fragante ilegalidad del proceder del presidente electo y exiliado temporalmente debe denunciarse internacionalmente de modo que se salga al encuentro del populismo izquierdista doctrinario que pretende acaparar la representación del pueblo y no sólo eso sino que, a la Robespierre, pretende ¡SER EL PUEBLO¡ Al respecto cabe recordar a ese populismo izquierdista metete que su admirado profesor de sociología francés, Pierre Bourdieu, dice, en su dizque releído libro El campo político (2001), que la afirmación del diputado de los Estados Generales de 1789: “Yo soy el pueblo”, fue “la afirmación más ingenuamente perentoria”.
El problema para la legalidad, cordura y sensatez democráticas es que los ciudadanos pobres del continente todavía ven en ese populismo de izquierda, emulador del castrismo cubano, una forma de esperanza; y mientras esa forma de ver las cosas prevalezca, resulta contraproducente y hasta equivocado estrellarse contra ella porque está segura de su cometido pese a que éste no tiene futuro ni mucho menos. La desesperación enceguece y la frustración de docenas de décadas también. Aquí se trata de esperar que los errores de todo tipo y ciencia, más la corrupción, den por tierra electoralmente con ese populismo que buscaba y todavía busca detentar el poder tiránico dizque “por 500 años”. Bueno pues, en Argentina, las cosas cantan el miserere de tanto oportunista desaforado llevado del cuello por ideólogos europeos de salón que de Iberoamérica quisieron hacer una probeta que en la mesa de la experimentación ideológica les ofreciera el deleite del espectáculo espumoso donde las jóvenes democracias iberoamericanas danzaran al son de ese otro miserere de corte estalinista europeo. El fracaso de sus fórmulas populistas de izquierda se afianza.
Los consejeros europeos y sobre todo españoles que han colaborado y que quizá sigan colaborando se olvidaron de la clase media y sólo pensaron, increíblemente, en los desposeídos y, en muchos casos, explotados y marginados que bien pueden llegar al sesenta por ciento de la población iberoamericana sobre todo rural lo cual debemos admitir, y remediar claro. Pero no es momento de rememorar este archiconocido descuido de la mayoría de los gobiernos sobre todo bolivianos. Argentina históricamente tuvo y sigue teniendo una clase media numerosa y enterada que se ha dado cuenta de que el socialismo descarriado de los Kirchner no los lleva a ninguna parte. La presidencia de la señora Cristina Fernández está herida posiblemente de muerte sobre todo si no se da cuenta de que su política necesita un golpe de timón hacia la social democracia que de una manera u otra estamos viendo en las presidencias de Bachelet, Vázquez, Funes, Lugo y Lula da Silva. Si de socialismo se trata yo creo que la pobreza en Chile, Uruguay, El Salvador, Paraguay y Brasil tiene mucho mejores perspectivas de seguir disminuyendo que en Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela donde el énfasis está puesto en la logomaquia o discurso rimbombante como el que la presidencia de Bolivia ha utilizado con el mandatario peruano de una manera totalmente innecesaria.
Insisto, en estos cuatro países y en vista de la angurria de poder de sus líderes, es muy probable que sus tácticas totalitarias de miedo e intimidación, y de acusaciones falsas, maduren en la mente de la gente hasta que ésta sopese lo precioso manoseado pero no perdido y demande elecciones limpias y contundentes como las de Argentina.

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